Crítica de la película Al filo del mañana

De lo mejor que ha protagonizado Tom Cruise en ciencia ficción, aunque patine en el final.

Mejor que La guerra de los mundos y que Oblivion y casi tan buena como Minority Report, esta nueva propuesta de ciencia ficción protagonizada por Tom Cruise está también entre lo mejor en cine de ciencia ficción que hemos visto en el último par de años. Por ejemplo es mejor que Elysium, y más entretenida.

Su primer acierto es hacer una buena mezcla de géneros. Empieza como película bélica en toda regla, con Tom Cruise en un papel que recuerda al de Cliff Robertson en Comando en el Mar de China (Robert Aldrich, 1970), pero luego consigue salirse del camino más trillado del género jugando con su clave argumental de repetición del mismo día para elaborar una clásica trama de entrenamiento y misión suicida sin caer en redundancias o lugares comunes. Dicho sea de paso, Tom Cruise saca el máximo partido a la parte inicial más cínica de su personajes, reticente a acudir al frente y que humaniza al héroe de la historia por el camino del antihéroe. Además sabe cómo construir la evolución de este héroe a la fuerza hasta su fase final como soldado dispuesto a sacrificarse. Es un abordaje del heroísmo ciertamente interesante que propone mucha reflexión sobre la manera en la que se fabrican los héroes y los líderes.

Crítica de la película Oblivion

Una propuesta interesante de ciencia ficción, visualmente de calidad pero con menos acción de la prevista en el tráiler.

Imaginen que la secuencia final de El planeta de los simios, con Charlton Heston frente a la Estatua de la Libertad, puede prolongarse durante unos 130 minutos de metraje y tendrán la clave visual que preside Oblivion. Esta nueva incursión de Tom Cruise en el género de ciencia ficción me ha recordado muchos de los elementos que presidieron la clásica e imprescindible trilogía protagonizada por Charlton Heston en este género: El planeta de los simios (1968), El último hombre… vivo (1971) y Soylent Green, cuando el destino nos alcance (1973). Su argumento me ha recordado también las fantasías paranoides de Philip K. Dick que envuelven al personaje protagonista como una especie de manto de incógnitas y revelaciones. Me gusta que esta fábula de ciencia ficción se centre más en los personajes y en sus conflictos personales que en el despliegue de efectos visuales o secuencias de acción trepidante. Tiene momentos de acción y el despliegue del paisaje como protagonista de la historia es espectacular. Tan espectacular que recomiendo a los espectadores que intenten disfrutar de este paseo por las ruinas de la Tierra en la pantalla más grande que les sea posible, para sacarle el máximo de rendimiento. Pero la acción con los temibles drones (¿una reflexión sobre la frialdad asesina de la guerra electrónica y a distancia de las superpotencias frente a enemigos más débiles en lo referido a su industria armamentística?), las persecuciones y los disparos no son la parte más interesante ni abundan tanto en la película como podría deducirse viendo el tráiler. Creo que eso puede despistar a algunos espectadores, así que me merece la pena aclararlo. La ciencia ficción que nos propone Oblivion está lejos de los espectáculos de acción continua. Su espectáculo está en el conflicto entre los personajes y en una reposada exposición de su argumento que se toma su tiempo para ir desvelando las claves del mismo, de manera que el ritmo no es el frenético a que podríamos aspirar si viéramos películas como La guerra de los mundos o Minority Report, protagonizadas también por Tom Cruise.

Lo más interesante de Oblivion es que la odisea del héroe se desarrolle al estilo de esas fábulas de Philip K. Dick en las que el protagonista se va descubriendo a sí mismo a través de su viaje por el ruinoso paisaje futurista que le rodea y las relaciones con las dos co-protagonistas femeninas de la película. La trama que se nos cuenta bien podría ser la versión más adulta y menos trepidante del argumento de Desafío total: nuevamente un operario de nivel medio que se dedica a reparar herramientas averiadas tiene sueños y aspiraciones que no quedan satisfechas con su vida diaria con la cónyuge con la que convive. Los sueños están asociados a otra fémina que es el puente hacia una revelación, quizá onírica o quizá real, sobre la verdadera identidad del héroe y le revelan su papel esencial en un esquema de las cosas de escala muy superior a sus aventuras como reparador de mecanismos defectuosos. Si a todo ello le añaden un planteamiento visual de futurismo en la torre de vigilancia que habita el protagonista junto con su compañera que me ha recordado el de clásicos del género de ciencia ficción como Fahrenheit 451 de François Truffaut, la primera versión de Rollerball dirigida por Norman Jewison, THX 1138 de George Lucas o Solaris de Andrei Tarkovsky, entenderán por qué me parece que debo ponerle cuatro estrellas a esta interesante producción que no obstante tiene algunos puntos débiles que voy a comentar ahora.

El primero es ese final feliz que se impone a la trama y la desvirtúa totalmente, renegando de lo que hemos visto previamente en aproximadamente 120 minutos de proyección. La motivación del héroe es el sacrificio épico en el puente, ante el enemigo, en el momento supremo de su viaje heroico, que ha sido un viaje en el que además se conoce a sí mismo, porque Oblivion incluye unos curiosos elementos de road movie. El héroe se enfrenta a su destino mientras cita la poesía épica de la gesta de Horacio. Pero el final maquillado parece privarle de ese sacrifico. Es un maquillaje cuya torpeza no encaja en el resto del puzle, un cambio innecesario del único desenlace posible para la trama: la muchacha en el césped frente a la casa y el plano del cuadro de la mujer.

El segundo punto débil que destaco es el poco rendimiento que le sacan a los personajes de la resistencia. Morgan Freman está muy bien en su papel, como tiene por costumbre, y junto con Andrea Riseborough en el papel de Victoria, la compañera del protagonista, son lo más sólido del reparto. Pero el personaje de Olga Kurylenko les ha quedado bastante tópico y por otra parte no aprovechan como debieran el personaje interpretado por Nikolaj Coster Waldau, el Matarreyes de la serie Juego de Tronos. En cuanto al trabajo de Tom Cruise tengo que aclarar que en mi opinión es mucho mejor de lo que sus habituales detractores van a permitirse reconocer. Lo cual me lleva de vuelta al comienzo de este artículo, recordando que a Charlton Heston también lo calificaban como inexpresivo en esa trilogía de películas de ciencia ficción que he mencionado, hoy consideradas clásicos del género. Cruise no es uno de mis actores favoritos, pero creo que con este trabajo completa eficazmente su propia trilogía de ciencia ficción, Minority Report, La guerra de los mundos y Oblivion. De las tres, la primera es la más afín y por lo tanto más cómoda para el actor, más cercana al tipo de cine estilo Misión imposible. La segunda es en mi opinión la más floja del trío, un intento fallido. Oblivión sin embargo me parece la más difícil de las tres para el actor, muy alejado en este paisaje de lo que suele ser habitual en su filmografía, y su trabajo me parece bastante convincente.

Finalmente insisto una vez más en que el ritmo de esta película no es el de las fábulas trepidantes de ciencia ficción a que nos tiene acostumbrados el cine más reciente, sino otro muy distinto que debería satisfacer a los aficionados a la literatura de ciencia ficción más que a quienes esperen ver un sucedáneo de Matrix o Las crónicas de Riddick, por poner dos ejemplos que me gustan pero evidentemente juegan en otra liga distinta a la que pertenece Oblivion.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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Crítica de la película Jack Reacher

Tom Cruise está en plena forma en esta intriga de calidad con espectaculares secuencias de acción.

El guionista de Sospechosos habituales se pone tras la cámara para llevar al cine a un personaje que reúne todos los tópicos del justiciero del cine de acción mezclados con las criaturas de las novelas de intriga tipo best seller, Jack Reacher. El resultado es una entretenida película de intriga dirigida con enorme solvencia como un producto de evasión de calidad en el que se respetan las claves esenciales del género pero añadiendo a las mismas un acabado elegante incluso en sus escenas de acción más trepidantes.

Dicho de otro modo: Jack Reacher no es una película más del montón de intrigas que nos propone habitualmente el cine norteamericano cada temporada, sino que cuenta con elementos que la ponen en la liga del producto de evasión de calidad. Bien concebido. Me recuerda aquel cine de intriga policial y conspiraciones de los años setenta que ibas a ver para evadirte pero al mismo tiempo te respetaba como espectador y conseguía engancharte por su acabado perfecto. Estoy pensando ahora mismo en películas como Bullit, Los tres días del Cóndor, El último testigo, La organización criminal, El caso Thomas Crown… En definitiva un tipo de cine que aportaba evasión y entretenimiento sin bajar la guardia en lo referido a la calidad. Dicho de otro modo, Jack Reacher me recuerda un cine de intriga anterior al momento en el que el género se perdió definitivamente en la senda de la espectacularidad visual y prefirió olvidar la creación de personajes y situaciones interesantes. Ese cine de los setenta se definía precisamente por contener pocas escenas de acción, pero muy trabajadas y contundentes. Es así como despliega sus secuencias de acción Jack Reacher, que incluye una secuencia de persecución en automóvil espectacular capaz de recordarnos la de Steve McQueen en Bullit, pero haciendo que el perseguidor sea al mismo tiempo perseguido, de tal manera que se implican en la secuencia tres elementos en movimiento, el más difícil todavía. Además las secuencias de combate cuerpo a cuerpo se ven a la perfección, no hay cortes rápidos ni piruetas imposibles en esta sucesión de combates callejeros. Sólo golpes entre los participantes, con un estilo muy especial de lucha desarrollado en España que Cruise aplica con singular contundencia.

Otra característica de aquel buen cine de intriga y acción de los años setenta, era la creación de villanos consistentes, capaces de ganarse su protagonismo en la historia con muy poco tiempo de presencia en la pantalla. Eso también se cumple en Jack Reacher, donde el director alemán Werner Herzog se convierte en una grata sorpresa como actor tras haber sido durante años un maestro tras las cámaras en películas como Aguirre o la cólera de Dios, Nosferatu o Fitzcarraldo. El trabajo de Herzog interpretando al gran malo de esta intriga es modélico y narrativamente su personaje tiene algunos puntos en común con la que sigue siendo una de las grandes creaciones del director de la película, Ralph McQuarrie, como guionista, el misterioso y siniestro Kaiser Sozé de Sospechosos habituales. Ese personaje de Herzog sirve además como excelente ejemplo de los buenos resultados que pueden obtenerse en una trama aparentemente más convencional cuando se trabaja sobre la creación de personajes interesantes desde el comienzo en la fase de escritura del guión. Ocurre lo mismo con el propio protagonista, un personaje al que parecía imposible sacar del tópico pero al que esta película dota de una personalidad que va más allá de los lugares comunes de la narrativa más habitual en el campo del best seller.

Posiblemente la característica más interesante de Jack Reacher es el trabajo que hacen tanto el director y guionista, McQuarrie, como el protagonista y productor, Cruise, para tomar lo que más les interesa del personaje de las novelas originales y convertirlo en otra cosa. Las versiones cinematográficas deben desarrollar siempre su propia personalidad narrativa y visual frente a las fuentes originales de las que parten sus historias. No es un derecho, sino incluso una obligación del cine frente a la literatura o cualquier otra fuente de inspiración. En esa parcela, creo que el trabajo de adaptación de Jack Reacher supera al original en el que se basa sin renegar de sus elementos esenciales. Esa es la clave: respeta el espíritu, pero ha enriquecido el personaje protagonista con referencias propias aportadas por los responsables de la versión cinematográfica. Reacher se ha construido por tanto a la medida de Cruise, que con este trabajo en mi opinión confirma la recuperación de su carrera como estrella que inició en Misión imposible: protocolo fantasma. Pero además se adorna con características propias de la mitología del western: es un nómada, y en la versión cinematográfica está mucho más cerca de las recreaciones del pistolero errante que de las figuras propias del cine de intriga al que pertenece el entorno argumental en el que se mueve. Eso hace mucho más interesante el cruce entre personaje y argumento de lo que pude ser en la novela, más convencional.

Y acompañando a todos estos elementos y a un guión bien construido, Jack Reacher abre con una secuencia de francotirador donde el director echa el resto en lo referido a la creación de suspense visual propio de una intriga intensa de Alfred Hitchcock. Cabía temer que después de un arranque tan potente la película no pudiera mantener el tono, pero McQuarrie es suficientemente hábil al contar su historia para que el tono no sólo no decaiga, sino que progrese e incluso vaya ganando aún mayor interés al construir su intriga, alternando la acción física y de persecución con otros momentos de intriga intensa e inquietante, como la entrevista de la abogada interpretada por Rosamund Pike con el padre de una de las víctimas, el ataque que sufre el protagonista en la casa de un sospechoso o el ajuste de cuentas del villano con uno de sus sicarios a base de meterle dedos al asunto…

Miguel Juan Payán

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Noche y día ★★

Julio 15, 2010

Crítica de la película Noche y día

Sanfermines y patios andaluces. Así podría haber titulado este comentario de la locura de verano que protagonizan Tom Cruise y Cameron Díaz con el título de Noche y día. El astro de Hollywood vuelve a vérselas con la acción en una película donde la geografía española queda empaquetada en un “todo en uno”, o “todo a la vez”, en plan puzzle con las piezas cambiadas de sitio, como ya le ocurriera cuando mezcló fallas valencianas y Semana Santa sevillana en Misión imposible II, pero eso no es sino una anécdota en el esquema de esta colección de secuencias de acción levemente adornado como relato romántico que funciona como una especie de sucesión de trailers trufados de momentos espectaculares.

He escrito a propósito “locura de verano” porque creo que este término define muy bien un tipo de cine de acción cocinado específicamente para estas fechas de evasión y descanso que en el calendario vienen marcadas como vacaciones y en las que el tiempo libre cobra un protagonismo muy especial sobre todo entre el público infantil y juvenil.

Siguiendo la tradición de películas como Tras el corazón verde, La joya del Nilo, Señor y señora Smith o Seis días y siete noches, lo que propone Noche y día es simple cine de evasión, sin complicaciones, ni siquiera en su argumento. Los artífices de la película han citado como influencia referentes más “ilustres”, por decirlo así, como Charada o Arabesco, clásicos del cine de espías (mejor la primera que la segundas), pero están más cerca de estas otras propuestas más sencillas. Algo de su argumento puede hacernos pensar también, salvando todas las distancias que ustedes quieran, en una especie de eco lejano a modo de versión resumida y acelerada de Con la muerte en los talones, pero con Díaz en el papel de Cary Grant.

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En  todas las películas citadas la clave son los actores más que la acción, y más concretamente la química que sean capaces de desarrollar entre sí los integrantes de la pareja protagonista. Eso se da también en Noche y día. Cruise y Díaz tienen buena química, no cabe dudarlo, mejor por ejemplo de la que se daba entre Harrison Ford y Anne Heche en Seis días y siete noches o la que se estableció entre Gregory Peck y la reina mora Sofía Loren en Arabesco, pero les falta algo para llegar a alcanzar las cotas de complicidad que se daba entre Michael Douglas y Kathleen Turner en Tras el corazón verde, y andan más distanciados de lo conseguido por el dúo absolutamente mágico que formaron Cary Grant y Audrey Hepburn en Charada.

Quizá no se trata tanto de la química de los dos actores, como de la manera en que ésta es explotada por el guión y el diálogo, que no acaban de sacar el mejor partido posible de sus dos protagonistas. En todo caso, hay que decir que, también a consecuencia del guión, Cameron Díaz tiene un papel que le permite desenvolverse de manera más completa que Cruise, más atado al tópico y que por ello realiza un encomiable esfuerzo por darle un aire algo enloquecido y bromista a su personaje, luchando contra un guión que comete el error de no explotar convenientemente esa faceta más gamberra del mismo. Algo más de caos y locura le habría sentado bien a este espía, que no obstante Cruise intenta implementar a través de su interpretación con algunos toques que le alejen siquiera un  poco de sus antecedentes en la saga Misión imposible, si bien persisten en la película algunos elementos visuales cogidos sobre todo de la tercera entrega de la misma, dirigida por J.J. Abrams (un ejemplo: la toma que muestra la pelea dentro del avión a través de las ventanillas del mismo nos trae ecos de numerosos planos similares en la serie Alias, creada por ese mismo director, guionista y productor, lo cual, dicho sea de paso, nos da una idea de por dónde pueden ir los tiros en la próxima entrega de Misión Imposible que Cruise prepara para 2011 con Abrams).

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Desde el punto de vista del argumento estamos ante una variante de la típica fábula de féminas solteras y profesionalmente competentes que buscan la pareja perfecta atacadas por el síndrome del reloj biológico y convencidas de que se les pasa el arroz,  y por ello comparte muchas características con las comedias románticas que responden a esa misma fórmula. Esa clave es la que quizá ha llevado a hacer convivir secuencias de acción más habituales en el cine para público masculino con un planteamiento de comedia romántica no del todo desarrollado que atiende más al público femenino (la escena con los padres que referencia al espía como “buen chico” es muy reveladora en ese sentido). Quizá por eso se desaprovecha la introducción de algo más de humor gamberro, y aunque Cruise conserva el protagonismo en las secuencias de acción pierde fuerza como personaje (algo que queda demostrado claramente en el momento en que desaparece de la trama dejando paso a un fragmento de protagonismo en solitario de Díaz).

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En este sentido es interesante recordar que algunos miembros del equipo creativo de la película hacían hincapié en cierto nivel de inspiración sobre la misma ejercido por las películas protagonizadas por Jean-Paul Belmondo en los años 60 y 70, entre las cuales yo destacaría El hombre de río, una farsa de espionaje y aventuras co-protagonizada por la hermana mayor de Catherine Deneuve, Françoise Dorléac, donde queda claro cómo y por qué al personaje de Cruise le habría sentado muy bien una dosis mayor de chulería y gamberrismo sano y algo más de farsa del tópico del espía cinematográfico, si bien queda en la película el guiño genial del actor saliendo del agua al estilo de Ursula Andress en 007 contra el doctor No o Halle Berry en Muere otro día

Es entretenida, pero creo que no explota todas su posibilidades, incluso desde el punto de vista de las claves del blockbuster veraniego.

Miguel Juan Payán

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