Crítica de la película Un Verano en Ibiza

Blanda comedia francesa donde sólo se salva el reparto.

Porque la comedia francesa, de la que siempre oímos que es referente en Europa (aunque luego eso hay que demostrarlo en la pantalla y últimamente eso no sucede tan a menudo como debería), no es infalible, y mientras que propuestas como El Gran Baño cumplen y convencen, Un Verano en Ibiza queda lejos de aquello. Es un zafio y ramplón relato lejos de los mejores trabajos de su protagonista, Christian Clavier. Es más, lejos de los más divertidos, aunque no sean los mejores, como Dios Mío, ¿pero qué te hemos hecho? que estrena en breve secuela y que esperemos sea mejor que esta historia de viajes familiares que no funcionaría ni en una teleserie, la verdad.

Una familia poco convencional, con un hombre maduro, podólogo, enamorado de una mujer con dos hijos, que no le adoran precisamente. Ante la obsesión del hijo por encontrar a su amor perdido, que está en Ibiza, la familia entera decide viajar hasta la isla, lo que supone un intento del nuevo cabeza de familia por conquistar a los rebeldes hijos y por no perder a su atractiva esposa, que además se reencuentra con un novio de juventud. A partir de esa entrada, que además tiene un arranque lento y sin gracia, la película se convierte en un devenir de gags muchos de ellos sin mucho éxito, pero sin ningún interés por parte del guión por hilvanar una historia mínimamente coherente, con algún sentido para el espectador.