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Crítica de la película Guns Akimbo

Divertida, disparatada, llena de acción… pero podía haber sido mucho más.

Se queda en la superficie la nueva película protagonizada por Daniel Radcliffe, quien está empeñado tras la saga Harry Potter en sorprendernos con cada papel. Estoy seguro que tiene ofertas de superproducciones en papeles protagonistas o secundarios, y el actor sigue empeñado en hacer películas que le gustan y le apetecen. Digno de elogio con títulos como Swiss Army Man, Fuga de Pretoria, Imperium o Lost in London. O Guns Akimbo, la película de Jason Lei Howden, artista de efectos visuales en El hombre de acero o El Hobbit, y responsable de la interesante Deathgasm. Película a la que le sucede lo mismo que a esta… el arranque es muy interesante, pero se diluye cuando confunde fondo con forma.

La película se centra en la vida de un pobre tipo que trabaja en una compañía de videojuegos, un mediocre trabajador al que su novia le dejó, al que su jefe presiona sin piedad y que no es capaz de hacer nada de auténtica utilidad con su vida. De hecho, ahora pierde el tiempo con un “programa” que está haciendo arder internet, en el que la gente se mata los unos a los otros, para desgracia de la policía que no es capaz de encontrarlos y acabar con ellos, y donde Nix es la reina del mismo, una joven asesina brutal y despiadada que es capaz de acabar ella sola con un decenas de asesinos de una tacada. Allí puede dar rienda suelta a su odio… hasta que los responsables del programa le incrustan dos pistolas a sus manos y le obligan a matar o ser matado…

Crítica de la película Jay y Bob el Silencioso: el reboot

Como tantos reboots, completamente innecesario… y tardío.

Mientras haya vida, hay esperanza, y tras el susto que supuso para su salud aquel infarto, Kevin Smith no sólo perdió un montón de peso, sino que nos trajo de vuelta sus personajes más icónicos, Jay y Bob el Silencioso, interpretados por Jason Mewes y él mismo, como siempre. Pero no lo hizo para hacer la prometida Mallrats 2, en tv o cine, ni para cerrar la trilogía de Clerks. Cogió su mayor gamberrada, Jay y Bob el Silencioso Contraatacan y decidió hacer una secuela, remake y reboot, todo a la vez, contando con los sospechosos habituales y recaudando dinero a través de crowdfunding incluso. Y por el camino hasta hizo las paces con Ben Affleck, quien fuese su amigo íntimo y protagonista de muchas de sus películas, con quien la relación se había roto.

La lástima es que todo ese esfuerzo se haya convertido en un chiste sin gracia alargado en el tiempo durante… bueno, demasiado tiempo, perdonen la repetición. Han pasado 19 años desde que la película original nos llegó, 18 si contamos el estreno en USA. Y aunque la idea de reírse de los reboots y los remakes haciendo un reboot y remake, me parece realmente interesante, el problema es el planteamiento. Una vez puede funcionar el truco de dar a Jay y Bob el protagonismo, pero los personajes no aguantan dos películas como protagonistas, no importan los cameos, las estrellas invitadas o el sentido del humor que quieras ponerle.

Crítica de la película Togo

Buena película de aventuras familiar que descubre al verdadero héroe de la carrera del suero.

También conocida como la Gran Carrera de la Misericordia, la carrera del suero a Nome en 1925 es una de las gestas caninas y humanas más impactantes de la historia. El pequeño pueblo de Alaska se quedó incomunicado por una tormenta de nieve en medio de un brote de difteria que amenazaba la vida de los más pequeños, por lo que los habitantes decidieron crear varios grupos de perros tirados por trineos para recorrer una distancia superior a los 1000 km. y hacer llegar la cura a distintos puntos. Esa era la historia que conocía hasta ahora el gran público, con Balto como gran héroe, sin saber que Togo y su dueño, Leonhard Seppala, jugaron un papel fundamental: ellos fueron quienes recorrieron 563 km., mientras que el famoso cánido y su dueño, Gunnar Kaasen, solo hicieron el relevo final de 88.

El director Ericson Core (que ya había colaborado con Disney en Invencible), aborda la historia de Togo como si de una superproducción para la gran pantalla se tratara. Siendo una historia sencilla de aventuras y supervivencia, me parece mucho más sólida en todos los aspectos que otras muestras del género con cánidos de por medio como Bajo cero o Balto: La leyenda del perro esquimal. Mucho más entretenida y trabajada, rayando a un muy buen nivel en lo visual; desde la propia fotografía, que diferencia perfectamente la calidez del hogar de los flashbacks con el destino incierto y los paisajes desolados y fríos del presente, a la puesta en escena y la construcción de las escenas de supervivencia, especialmente las que acontecen en el mar helado.

Crítica de la película Stargirl

Satisfactoria mezcla de drama indie americano con las comedias de instituto de Disney Channel.

Los dramas adolescentes coming of age existen desde hace décadas, pero los últimos años han llegado muestras de cine independiente que le han dado al subgénero un poso de madurez hasta entonces casi desconocido. Hablamos de películas como Yo, él y Raquel de Alfonso Gomez-Rejon o Miss Steve de Julia Hart. Con la experiencia demostrada en su ópera prima para entender los sentimientos adolescentes, es esta última quien asume el reto de adaptar el libro homónimo de Jerry Spinelli y acercarlo a los suscriptores de la plataforma Disney+.

El film cuenta la historia de Leo Borlock (Graham Verchere), un joven tímido de penúltimo curso cuya vida cambia por completo con la llegada de Stargirl (Grace VanderWaal), una chica extravagante y carismática empeñada en hacer el bien por los demás que se fija en él. Una trama que a priori resulta tan manida gana enteros gracias a la inteligencia de la directora y de los guionistas Kristin Hahn, Jordan Horowitz y el propio escritor del libro para meterse en la mente de estos jóvenes y proponer conflictos propios de la edad como la soledad, la necesidad de encajar o la complicada decisión de pasar tiempo con los amigos o con las mariposas del primer amor. Por si no fuera suficiente, añadámosle a la ecuación la frustración que supone no poder contentar a todo el mundo. Son temas que dan personalidad y profundidad a la película y la alejan de las clásicas tv movies de Disney, a pesar de que los personajes y las situaciones que proponen sean un compendio de clichés de las dramedias de instituto.

Crítica de la película La dama y el vagabundo

El nuevo remake live action de Disney es uno de los más flojos de la compañía y no aporta nada nuevo respecto al original.

Uno de los principales reclamos en cuanto a producción original en el desembarco de Disney+ en nuestro país eran la serie The Mandalorian y la adaptación en imagen real de todo un clásico como La dama y el vagabundo. Mientras que la primera tiene un acabado visual y un estilo narrativo cinematográfico que marca el camino a seguir para el resto de series de la plataforma, la película de Charlie Bean (La LEGO Ninjago película) simplemente no tenía un lugar mejor a donde ir.

La historia original de 1955 es de sobra conocida por todos. Es sencilla y cálida, además de funcionar como un reloj en sus escasos 75 minutos de metraje. El problema viene cuando ese relato que ya se ha contado infinidad de veces se estira, perdiendo ritmo y encanto, con un tono más propio de los remakes Disney de los años 90. En ese tiempo extra el guionista Andrew Bujalski hace que la historia de amor entre Reina (Tessa Thompson), una mimada cocker spaniel, y Golfo (Justin Theroux), un curtido perro callejero, sea más ingenua que la original, debido en parte a la ausencia de subtexto. La escasa expresividad de los caninos fruto de la mezcla de imagen real con CGI -mejorada, eso sí, si se compara con el remake de El rey león- provoca que subrayen en exceso mensajes del original que todavía siguen calando entre el público, como la importancia del hogar, la eterna lucha entre el sentimiento de libertad y de abandono o la denuncia del maltrato animal.

Crítica de la película El Hoyo

Brillante metáfora sociopolítica disfrazada de thriller de supervivencia.

El cine ha mostrado a lo largo de su historia el enfrentamiento del hombre contra seres de otros mundos o la propia naturaleza, pero a veces olvida que los monstruos más peligrosos pueden habitar dentro de cada uno de nosotros. El hombre es un lobo para el hombre, y a partir de esta reflexión el director Galder Gaztelu-Urrutia construye en El hoyo una intrigante y tensa distopia sobre la corrupción moral y la insolidaridad en tiempos críticos.

Todo comienza cuando Goreng (Ivan Massagué) despierta en una celda únicamente provista de dos camastros y un lavabo. Tan desconcertados como el protagonista, no sabemos dónde se encuentra, qué hay fuera o cómo ha llegado allí. De compañero de encierro tiene a un tipo sabio y turbio llamado Trimagasi (Zorion Eguileor) que le explica todo lo que debe saber. Se encuentran en el nivel 33 de El hoyo, un lugar conformado por un número desconocido de celdas (Trimagasi asegura que pueden ser más de doscientas) construidas unas sobre otras y comunicadas únicamente por un agujero en el centro de la habitación. Por él desciende una vez al día una mesa repleta de comida que disfrutan primero los que están en el primer nivel y que va menguando hasta desaparecer. Cada mes los internos cambian de nivel al azar, por lo que ambos deberán disfrutar de su privilegiada posición mientras puedan.

Crítica de la película Hogar

Los hermanos Pastor nos traen un interesante thriller apoyado en sus protagonistas.

Especialmente el papel espectacular como siempre, que hace Javier Gutiérrez, un tipo que conocemos poco a poco y acabamos descubriendo quién es realmente a lo largo de la historia. Pero también en un muy sólido Mario Casas dándole la réplica y por supuesto sin olvidarnos nunca de Ruth Díaz y Bruna Cusí, los personajes femeninos centrales de una trama que empieza en una dirección y acaba sorprendiendo para bien. Lo que en principio parece un cuento voyeurista sobre no dejar atrás el pasado y lo que ocupa en nuestra vida, pasa a ser una historia oscura de deseos, envidias y poder que obsesiona al protagonista durante todo el metraje. No es perfecta, ojo, pero consigue engancharnos sin lugar a dudas.

La historia nos lleva a un publicista, despedido de su trabajo, que no consigue encontrar quien le dé un nuevo empleo. Acuciado por las necesidades de la familia, de su mujer y de su hijo, se ve forzado a dejar su lujoso apartamento y mudarse a un modesto piso en las afueras. Pero es incapaz de dejar atrás el pasado. Atormentado por su situación, conservando una llave de su antiguo apartamento, pronto empezará a estudiar a sus nuevos inquilinos, envidiando la vida que él tuvo que dejar atrás y que ellos ahora poseen. Ahí es donde la trama comienza a dar un giro hacia un punto mucho más siniestro, del drama social al thriller de suspense cercano por ejemplo a Alguien me espía, de John Carpenter.

Crítica de la película Harriet: En busca de la libertad

Ilustrativo homenaje de Kasi Lemmonds a la figura de Harriet Tubman: la mujer que salvó de la esclavitud a cerca de un centenar de personas.

Harriet Tubman (nominada Minty, en su época como esclava en una plantación sureña) es una heroína a la que hay que reivindicar, por su valor y dedicación a la causa de la libertad. Con tal motivo, la cineasta Kasi Lemmonds (Eve’s Bayou) ha elaborado esta activa y reveladora película; en la que pone de manifiesto la valentía de la salvadora de esclavos, a la que conocían los dueños de las plantaciones como el bandido Moses.

La trama del filme comienza con la protagonista enclavada en las propiedades de la familia Brodess, donde siempre ha sido una posesión más del clan para el que presta sus servicios. Pero la joven Minty desea que sus futuros hijos crezcan libres. Tal anhelo hace que el dueño de la finca le imponga numerosos castigos, hasta que el heredero del antiguo patrón sugiere la venta de Minty. Sin más opción que la de escapar antes de la subasta, la muchacha decide huir al norte, para evitar el alejamiento forzoso de sus familiares y de su marido. Una vez en Filadelfia, Minty cambia su nombre por el de Harriet Tubman; y, desde su nueva residencia e identidad, colabora intensamente para la creación del Ferrocarril subterráneo: una organización pensada para sacar a los esclavos del sur, y ponerlos a salvo en las extensiones en las que no existían las prácticas sureñas de explotación contra la población negra.

Crítica de la película Skin

Un necesario alegato contra el racismo que coge fuerza gracias a la interpretación de Jamie Bell.

El racismo y el amor son dos temas que siempre han ocupado un lugar privilegiado en la filmografía de Guy Nattiv. Junto a Erez Tadmor, el director de Skin ya abordaba el poder de la comunicación en las relaciones románticas en el corto Dear God y el racismo en Stranger. Sin embargo, el reconocimiento internacional le llegó en solitario y de la mano de Skin, un interesante cortometraje ganador del Oscar en 2018 que afianzaba sus constantes temáticas y retrataba el auge del supremacismo blanco en Estados Unidos.

Crítica de la película Bloodshot

Entretenimiento al servicio de Vin Diesel.

Un producto más en la lista de los muchos que Diesel ha interpretado en el género durante toda su carrera, y que nos han dejado personajes que ya son parte de la historia del cine reciente, como Dominic Toretto. No es que aquí tengamos persecuciones de coches (aunque alguna hay) imposibles, ni tunning ni nada por el estilo. Pero sí el arquetipo de héroe forzado por las circunstancias, en una adaptación de los cómics de Valiant en torno al personaje que, en esta ocasión, mantiene cierta fidelidad a la esencia del cómic, aunque no del todo a su historia. Digámoslo así. Si usted ha leído los cómics, aunque haya muchos cambios en la trama (muchísimos) sabrá perfectamente lo que va a suceder en cada giro de guión. Porque ya lo ha leído con anterioridad…

No vamos a profundizar mucho en la historia porque muchos desconocen al personaje, pero la idea en apariencia es sencilla. Un soldado fallecido y traído de vuelta a la vida por nanotecnología que le da habilidades muy superiores a las de cualquier humano. A partir de ese arranque encontramos una historia sencilla, apañada, sin pretensiones y con un par de giros ajustados que hacen honor al personaje de cómic. El guionista de La Llegada y Destino Final 5 (sí, es el mismo, Eric Heisserer), une fuerzas a Jeff Wadlow, conocido por su trabajo en Blumhouse, en mediocridades como Verdad o Reto y Fantasy Island, pero también en Bates Motel o The Strain. No van a ganar el Oscar, claro. Pero cumplen y la película no les exige nada más.

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