Crítica de la película Terminator.

Director: James Cameron; Intérpretes: Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton, Lance Henriksen, Michael Biehn, Paul Winfield, Bill Paxton; Año de producción: 1984; Nacionalidad: EE UU; Guión: James Cameron, Gale Anne Hurd, Harlan Ellison, William Wisher; Director de fotografía: Adam Greenberg; Director de efectos especiales: Stan Winston; Banda sonora: Brad Fiedel; Color; Duración: 108 minutos.

Nos encontramos ante una película de la que nadie imaginaría, y mucho menos su creador James Cameron, que venía de hacer, una poco menos que desastrosa, Piraña 2 (1981), que acabaría con los años convirtiéndose en toda una franquicia, y que el chicle se estiraría inconmensurablemente hasta los cinco filmes que ya llevamos hasta la fecha, perdiendo color, sabor y sobretodo, esencia. Cada película ha sido contada, a excepción de las dos primeras, por directores diferentes, dando cada cual su particular visión de la misma alejándonos cada vez más de la historia original, y sobretodo de la idea visionaria que tuvo el genio de Cameron y que supo plasmar con absoluta maestría en la que se convertiría en una de las películas más populares de los años ochenta. Por eso quiero hablar de ésta, y rendir mi particular homenaje a una historia en la que a los jóvenes de mi época nos marcó un antes y un después en el género de la ciencia ficción.

Crítica de la película Venom 

No es lo que esperaba, para bien y para mal. Llevamos días recibiendo informaciones distintas de lo que nos íbamos a encontrar en Venom, la película protagonizada por Tom Hardy y dirigida por Ruben Fleischer. Algunos decían que sería la peor película del año. No es la peor película del año, tampoco la mejor. Es una mezcla de ideas brillantes y otras mediocres, de genialidad y amor por el cómic, con necesidades de blockbuster para todos los públicos. Porque la película no tiene categoría R, por lo que la audiencia a la que llega será mayor, pero también veremos menos sangre en la pantalla. Y el personaje de Venom necesitaba de esa sangre para hacer la película que los fans llevan años exigiendo.

Crítica de la película Venom 

Irregular adaptación del personaje con muchos altibajos y a trompicones.

Dejando de lado todos los comentarios que han circulado sobre ella previos a su estreno, la película de Veneno es floja. No es, como algunos han comentado, del nivel de aquella de Catwoman con Halle Berry o del nivel de las dos primeras de Los Cuatro fantásticos. Es mejor que aquellas. Me recuerda más a la última adaptación de Los cuatro fantásticos dirigida por Josh Trank o a las dos primeras propuestas de película de Hulk en solitario, la protagonizada por Eric Bana y la protagonizada por Edward Norton. Pero incluso frente a ellas, resulta más floja que las mismas.

Crítica de la película Mentes poderosas

Entretenido relevo de la saga de El corredor del laberinto con superpoderes.

Todo parece indicar que esta película es el comienzo de una franquicia llamada a sustituir, en la oferta de productos de ocio audiovisual de Fox, a la saga de El corredor del laberinto, con la que tiene muchos puntos de contacto argumentales en propuesta de conflicto y personajes. Pero ya que estaban metidos en el lío, los responsables de este proyecto, adaptado de la novela de Alexandra Bracken, incorporan al mismo el tema de los superpoderes y revisten todo el asunto, siguiendo la pista del material original, de una especie de mensaje de integración racial y liberación con fémina empoderada como protagonista.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no es difícil entender que estamos, ya desde el origen literario de la trama, ante una especie de traje fabricado en serie, eficaz para lo que ha sido fabricado, pero fruto de un proceso de creación cuidadosamente pautado por una fórmula que replica cuidadosamente los elementos presentes en otros productos anteriores de esa misma “especie” o “familia”, con poca posibilidad para la sorpresa.

Hay un factor de serialización en la fórmula que impide que pueda haber una sorpresa real en el espectador, y se observa una inevitable inclinación hacia lo previsible y la réplica de esquemas. Nada de ello impide que todo el asunto resulte eficaz como entretenimiento, aunque nos encontramos con más de lo mismo que hemos estado viendo en las sagas de Los juegos del hambre, Divergente, Percy Jackson, El corredor del laberinto, La quinta ola y alguna otra producción de ese mismo tipo. Naturalmente con diferencias en cuanto a resultados, porque está más cerca de La quinta ola que de Juegos del hambre o El corredor del laberinto, de las que está lejos en cuanto a espectáculo. La publicidad intenta vincular la película a otras propuestas que, independientemente de los trabajos anteriores de sus artífices, le pillan bastante más lejos, como la serie Stranger Things y La llegada. Es una lástima que realmente no esté más cerca de estas dos, sobre todo de la primera, que habría podido encajar bien en un planteamiento de alternativa a la fórmula de jóvenes adolescentes buscando su propia identidad en un mundo en el que se sienten traicionados por los adultos, tema recurrente en todas las sagas que he citado anteriormente. De haber tirado por el camino de Stranger Things, y considerando el cruce argumental con superpoderes el asunto podría haber tenido mayor interés acercándose al territorio de Chronicle, Josh Trank, pero en lugar de arriesgar por ese camino los responsables del proyecto han decidido ir a lo seguro, y al hacerlo creo que han cometido un error, porque la fórmula de Juegos del hambre y sus emuladoras está bastante sobrexplotada y la propuesta está bastante agotada. Es lástima que no hayan preferido jugar la baza de darle otra vuelta, al cine de superhéroes franquiciados desde fuera de las franquicias, aunque por lo demás cualquiera que haya leído tres cómics de X-Men o Nuevos mutantes sabe perfectamente que en lo esencial Mentes poderosas no es precisamente original o innovadora. Según veía la película pasaba ante mis ojos la oportunidad perdida de haber fabricado un híbrido con elementos de Cuenta conmigo y Stranger Things cruzados con superpoderes y arriesgando algo más estilo Chronicle, todo ello teniendo como referencia una aplicación de la fórmula de niños y adolescentes en una pesadilla de adultos que tan bien tratara Mark Twain en Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn… pero supongo que eso ya va a ser mucho pedir para los tiempos de reciclaje sistemático de propuestas que vive el cine estadounidense actualmente, así que toca conformarse con un moderado nivel de entretenimiento y repetición de la fórmula. El caso es que incluso en la repetición de la fórmula tiene algunos puntos flacos, como la falta de aprovechamiento de personajes como los del presidente interpretado por Bradley Whitford y la cazadora de recompensas Lady Jane interpretada por Gwendoline Christie. Dicho sea de paso es en esos personajes donde está lo verdaderamente interesante de la historia, pero incomprensiblemente son poco más que cameos para adornar una trama que en su primer y segundo acto, aun siendo presa de la repetición y la fórmula, sale adelante como historia de viaje y aventuras juveniles pero en su ecuador se convierte en una atropellada carrera hacia un desenlace en el que revela torpemente su verdadera naturaleza como historia de amor que se come casi todo lo demás, en una propuesta argumental que desde los libros posee elementos para resultar más entretenida y trepidante en su paso al cine.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El juego de Ender

El juego de Ender, ciencia ficción de calidad, imprescindible para los amigos del género y recomendable para aficionados al buen cine.

La adaptación al cine de El juego de Ender, la novela de Orson Scott Card, no era nada fácil y de hecho todo apunta que muy posiblemente el mejor terreno para trasladarla al audiovisual era el de la serie o miniserie de televisión. A pesar de ello, el resultado final de esta adaptación a la pantalla grande de la fábula sobre sobre la corrupción de niños soldados convertidos en asesinos tiene una excelente factura visual, saca el máximo partido a su despliegue de efectos visuales, y propone una forma de entender la ciencia ficción más madura y cercana a los planteamientos literarios del género. Esa misma tendencia marcó las películas de ciencia ficción en su paso a la edad adulta, iniciada con 2001 de Kubrick a finales de los sesenta, y finalizada abruptamente con ele estreno de La guerra de las galaxias de George Lucas más o menos una década más tarde. El juego de Ender en su forma como película es el perfecto ejemplo para definir esa frontera que separa las versiones cinematográficas de las historias que adaptan, en una lógica mutación que impone las necesidades del medio cinematográfico sobre las necesidades y logros de la literatura. La película elige centrarse en el personaje que da título al libro, podando el resto de las subtramas implicadas en el relato original Fundamentalmente la gran sacrificada es la subtrama que protagonizan la hermana y el hermano de Ender, que en el momento de aparición de la novela fue un excelente ejercicio de prospectiva de su autor, anticipando el papel de internet y las redes sociales en el devenir político. Eso elimina casi totalmente el papel del hermano de Ender, que en la novela era un antagonista, la gran amenaza, y deja el papel de la hermana bastante mermado narrativamente. Teniendo en cuenta que todas las novelas de Orson Scott Carr hablan de la familia, es una pérdida que muchos seguidores del libro podrían considerar lógicamente muy sensible. Pero al leer los créditos de la película se me ocurrió que el término “basado en…” tiene un significado que quizá a muchos se nos podría haber escapado cuando hacemos balance de las adaptaciones de la novela al cine. Lo cierto es que dentro de una novela no hay nunca una sola, sino muchas historias distintas, y como ejemplo basta citar una destacada obra maestra de la ciencia ficción cinematográfica, Blade Runner, que dejó fuera de su relato varios elementos y subtramas interesantes de la novela de Phillip K. Dick que la inspiró, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, especialmente el tema del Mercerismo. Es un excelente motivo, entre muchos otros, paras volver a insistir en que es esencial leer, porque además leer sigue siendo el mejor pasatiempo que conozco. Teniendo en cuenta esa pluralidad de historias que habitan en toda novela y el hecho de que leer sigue siendo mi pasatiempo favorito, incluso por delante del cine, no me causa mucho problema ni escrúpulo ver versiones cinematográficas que adaptan la parte del libro original que a sus creadores les parece más significativa. Siempre y cuando sigan siendo fieles a eso que algunos llaman “el espíritu” del original y yo prefiero calificar simplemente como las tripas del asunto. Ese “espíritu” y esas tripas están plenamente presentes en esta versión cinematográfica de El juego de Ender, aunque inevitablemente sus artífices hayan decidido podar toda la parte “política” de la novela, que servía como contrapeso de equilibrio de la parte más belicista de la misma. Lo cierto es que me molesta más que la simplificación que se impone en la versión cinematográfica nos deje una peripecia de formación de Ender más concentrada en lo referido a su largo periodo de aprendizaje, promoción y liderazgo, una reducción de las batallas que debe librar y del papel del libro que da título a la historia así como un resumen del papel que tiene el videojuego como alternativa de género de fantasía y cuentos infantiles que en la obra de Orson Scott Card complementa con excelentes resultados las claves de ciencia ficción.

Lo que ocurre con esta versión cinematográfica de El juego de Ender, es que mirada desde la experiencia de haber leído la novela puede hacernos caer en la trampa del purista fundamentalista, llevándonos a pensar que esa poda de elementos de la misma es perjudicial para el relato, porque rompe la trinidad de distintas caras que presentaba el mismo: la peripecia de formación y superación de Ender en el entorno militar, que es un excelente ejemplo de la ciencia ficción militarista aplicada a reflexiones humanistas; las fábulas fantásticas desplegadas en el videojuego del gigante que introduce la fantasía en esa fórmula narrativa de ciencia ficción, incorporando elementos grotescos que son como un eco de las aventura de Alicia en el país de las maravillas, y finalmente la trama de manipulación y ascenso al poder de los dos hermanos en el frente civil, que añade una nota de distopía tecnológica al conjunto, además de constituirse en principal valedora del relato como interesante ejercicio de prospectiva y anticipación dentro de la ciencia ficción de carácter sociológico.

Pero lo mejor de El juego de Ender es que contrarresta esa pérdida de personajes, elementos y subtramas con un vigor visual que emparenta la película con el gran clásico entre las obras maestras del género, 2001 una odisea del espacio, y aunque el director cita como influencia al cine de David Lean en la vídeoentrevista que le hicimos para esta misma página, lo cierto es que a quien esto escribe le parece que la principal influencia de El juego de Ender está en las películas de Stanley Kubrick. Además de la lógica presencia como referente en clave de eco visual que se incorpora desde 2001, la película se desarrolla argumentalmente como una especie de variante de La chaqueta metálica en todo lo referido al entorno cuartelero que rodea al protagonista y su educación para dar la muerte a sus enemigos, incluyendo su antagonismo con el superior inmediato, Bonzo Madrid, o la manipulación emocional a que es sometido por el encargado de su formación, interpretado por Harrison Ford, y por el responsable de su entrenamiento como líder de la flota, interpretado por Ben Kingsley, dos “padrinos” del protagonista que incorporan a la historia el tema de la suplantación de la paternidad y la familia por el ejército. El tema de los niños convertidos en guerreros encuentra además una forma de desarrollarse que convierte a los jóvenes reclutas en una variante de los Drugos que protagonizaban La naranja mecánica, aunque para satisfacer las necesidades de amortización del presupuesto se hayan limado los momentos más violentos de la novela original en los duelos de Ender con sus compañeros, especialmente en el caso del personaje de Bonzo Madrid.  Por otro lado, el viaje de búsqueda de aceptación y definición de sí mismo que emprende Ender lo aproxima al antihéroe más completo de la filmografía de Kubrick: Barry Lyndon. Todo eso mientras la película bascula en lo referido a su escenografía entre 2001 (en el interior de la base y el espacio exterior) y Teléfono rojo: ¿volamos hacia Moscú? (en el diseño y la iluminación de los fragmentos que transcurren en el juego final con los mandos contemplando el resultado de la batalla).

De manera que cabe asegurar que todo aquello que la película ha podado de la novela original, está equilibrado sobradamente con su factura visual, sus referentes cinematográficos y un reparto que realmente consigue meternos incluso más que las propias imágenes en esta muy recomendable y madura propuesta de ciencia ficción cinematográfica, que además consigue hacernos reflexionar sin perder un ápice de su poder de entretenimiento.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Oblivion

Una propuesta interesante de ciencia ficción, visualmente de calidad pero con menos acción de la prevista en el tráiler.

Imaginen que la secuencia final de El planeta de los simios, con Charlton Heston frente a la Estatua de la Libertad, puede prolongarse durante unos 130 minutos de metraje y tendrán la clave visual que preside Oblivion. Esta nueva incursión de Tom Cruise en el género de ciencia ficción me ha recordado muchos de los elementos que presidieron la clásica e imprescindible trilogía protagonizada por Charlton Heston en este género: El planeta de los simios (1968), El último hombre… vivo (1971) y Soylent Green, cuando el destino nos alcance (1973). Su argumento me ha recordado también las fantasías paranoides de Philip K. Dick que envuelven al personaje protagonista como una especie de manto de incógnitas y revelaciones. Me gusta que esta fábula de ciencia ficción se centre más en los personajes y en sus conflictos personales que en el despliegue de efectos visuales o secuencias de acción trepidante. Tiene momentos de acción y el despliegue del paisaje como protagonista de la historia es espectacular. Tan espectacular que recomiendo a los espectadores que intenten disfrutar de este paseo por las ruinas de la Tierra en la pantalla más grande que les sea posible, para sacarle el máximo de rendimiento. Pero la acción con los temibles drones (¿una reflexión sobre la frialdad asesina de la guerra electrónica y a distancia de las superpotencias frente a enemigos más débiles en lo referido a su industria armamentística?), las persecuciones y los disparos no son la parte más interesante ni abundan tanto en la película como podría deducirse viendo el tráiler. Creo que eso puede despistar a algunos espectadores, así que me merece la pena aclararlo. La ciencia ficción que nos propone Oblivion está lejos de los espectáculos de acción continua. Su espectáculo está en el conflicto entre los personajes y en una reposada exposición de su argumento que se toma su tiempo para ir desvelando las claves del mismo, de manera que el ritmo no es el frenético a que podríamos aspirar si viéramos películas como La guerra de los mundos o Minority Report, protagonizadas también por Tom Cruise.

Lo más interesante de Oblivion es que la odisea del héroe se desarrolle al estilo de esas fábulas de Philip K. Dick en las que el protagonista se va descubriendo a sí mismo a través de su viaje por el ruinoso paisaje futurista que le rodea y las relaciones con las dos co-protagonistas femeninas de la película. La trama que se nos cuenta bien podría ser la versión más adulta y menos trepidante del argumento de Desafío total: nuevamente un operario de nivel medio que se dedica a reparar herramientas averiadas tiene sueños y aspiraciones que no quedan satisfechas con su vida diaria con la cónyuge con la que convive. Los sueños están asociados a otra fémina que es el puente hacia una revelación, quizá onírica o quizá real, sobre la verdadera identidad del héroe y le revelan su papel esencial en un esquema de las cosas de escala muy superior a sus aventuras como reparador de mecanismos defectuosos. Si a todo ello le añaden un planteamiento visual de futurismo en la torre de vigilancia que habita el protagonista junto con su compañera que me ha recordado el de clásicos del género de ciencia ficción como Fahrenheit 451 de François Truffaut, la primera versión de Rollerball dirigida por Norman Jewison, THX 1138 de George Lucas o Solaris de Andrei Tarkovsky, entenderán por qué me parece que debo ponerle cuatro estrellas a esta interesante producción que no obstante tiene algunos puntos débiles que voy a comentar ahora.

El primero es ese final feliz que se impone a la trama y la desvirtúa totalmente, renegando de lo que hemos visto previamente en aproximadamente 120 minutos de proyección. La motivación del héroe es el sacrificio épico en el puente, ante el enemigo, en el momento supremo de su viaje heroico, que ha sido un viaje en el que además se conoce a sí mismo, porque Oblivion incluye unos curiosos elementos de road movie. El héroe se enfrenta a su destino mientras cita la poesía épica de la gesta de Horacio. Pero el final maquillado parece privarle de ese sacrifico. Es un maquillaje cuya torpeza no encaja en el resto del puzle, un cambio innecesario del único desenlace posible para la trama: la muchacha en el césped frente a la casa y el plano del cuadro de la mujer.

El segundo punto débil que destaco es el poco rendimiento que le sacan a los personajes de la resistencia. Morgan Freman está muy bien en su papel, como tiene por costumbre, y junto con Andrea Riseborough en el papel de Victoria, la compañera del protagonista, son lo más sólido del reparto. Pero el personaje de Olga Kurylenko les ha quedado bastante tópico y por otra parte no aprovechan como debieran el personaje interpretado por Nikolaj Coster Waldau, el Matarreyes de la serie Juego de Tronos. En cuanto al trabajo de Tom Cruise tengo que aclarar que en mi opinión es mucho mejor de lo que sus habituales detractores van a permitirse reconocer. Lo cual me lleva de vuelta al comienzo de este artículo, recordando que a Charlton Heston también lo calificaban como inexpresivo en esa trilogía de películas de ciencia ficción que he mencionado, hoy consideradas clásicos del género. Cruise no es uno de mis actores favoritos, pero creo que con este trabajo completa eficazmente su propia trilogía de ciencia ficción, Minority Report, La guerra de los mundos y Oblivion. De las tres, la primera es la más afín y por lo tanto más cómoda para el actor, más cercana al tipo de cine estilo Misión imposible. La segunda es en mi opinión la más floja del trío, un intento fallido. Oblivión sin embargo me parece la más difícil de las tres para el actor, muy alejado en este paisaje de lo que suele ser habitual en su filmografía, y su trabajo me parece bastante convincente.

Finalmente insisto una vez más en que el ritmo de esta película no es el de las fábulas trepidantes de ciencia ficción a que nos tiene acostumbrados el cine más reciente, sino otro muy distinto que debería satisfacer a los aficionados a la literatura de ciencia ficción más que a quienes esperen ver un sucedáneo de Matrix o Las crónicas de Riddick, por poner dos ejemplos que me gustan pero evidentemente juegan en otra liga distinta a la que pertenece Oblivion.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

Crítica de la película Cowboys and Aliens

Palomitera y veraniega total, Cowboys y Aliens lleva escrita su naturaleza en su título, no engaña, da lo que promete: uno de los ratos más entretenidos que he pasado en el cine este verano. En referencia a su mezcla de géneros, acierta a manejar los elementos de los dos géneros principales que la habitan, de manera que nunca deja de ser del todo un western para convertirse en película de ciencia ficción. Eso sí, es un western más cercano a las variantes practicadas sobre dicho género en los años sesenta y setenta que a la etapa clásica del mismo, con las películas del retorno de Clint Eastwood a Estados Unidos como modelo principal para el personaje encarnado por Daniel Craig. En lo referido al elemento de ciencia ficción, estamos ante una variante de las películas de invasiones más tradicionales, las que habitaron el cine de los años cincuenta en Estados Unidos, con algunos elementos de terror incorporados en las grutas alienígenas y un aroma de serie B con presupuesto de serie A.  De todo ello se traduce un digno entretenimiento que personalmente no me ha defraudado.

La mezcla es definitivamente la baza elegida por el cine comercial y de entretenimiento de nuestros días para llevar a cabo sus asaltos a la taquilla, y en ese sentido, desde su naturaleza de híbrido movido en según las claves de la sinergia entre varios géneros, Cowboys y Aliens funciona a distintos niveles genéricos. Eso podría despistar al espectador, pero no es el caso, porque la dosificación de elementos está muy clara desde el principio y sus artífices han sabido gestionar con notable coherencia y equilibrio los elementos que forman esta especie de puzzle genérico.  La claves es que domine un género concreto como guía esencial para no desorientar o confundir al espectador, y en este caso todo se construye sobre un andamio central  formado por el western. Desde ahí, con una presentación del personaje principal que es una aceptable actualización de las claves del género para los tiempos que corren, ayudada por el carisma de Daniel Craig, que en esta ocasión recuerda incluso más que en otras al gran Steve McQueen, la película va creciendo cuando tiene que crecer incorporando elementos que sin renunciar a ese punto de partida en el cine del oeste la llevan a convertirse en una peripecia con invasiones extraterrestres capaz de recordar las claves más atractivas de los más disparatados cómics de ciencia ficción, por ejemplo en la línea de algunas historias publicadas en la revista británica 2000 A.D. Dicho sea de paso, en una revista especializada en ciencia ficción británica he leído algún que otro chiste sobre qué va a ser lo próximo que nos proponga Hollywood, y entre las propuestas estaban soldados y dinosaurios, monos y robots, piratas y ninjas, vampiros y monjas y cavernícolas y astronautas. Cachondeo al margen, la revista 2000 A.D. publicó una serie de peripecias en viñetas que en mi opinión bien merecerían su correspondiente adaptación al cine en una línea similar a la que nos ha propuesto Cowboys y Aliens, Flesh, una historia de cowboys del futuro y dinosaurios bastante curiosa y visualmente muy jugosa. Dicho cómic estaba además inspirado por otro híbrido notable en el paisaje de la ciencia ficción cinematográfica que de algún modo podríamos decir es un antecedente de Cowboys y Aliens, Almas de metal (Westworld), dirigida por Michael Crichton en 1973 con Yul Brynner encarnando a un antecedente del Terminator de James Cameron en un parque de atracciones del futuro en el que los visitantes pueden viajar al mundo del oeste para medirse con pistoleros robóticos, lo que permite al director hacer una mezcla de géneros entre western y ciencia ficción bastante curiosa y en muchos aspectos antecedente de la que ahora nos propone Jon Favreau.

La otra mezcla que preside Cowboys y Aliens es de carácter industrial. Si argumentalmente sabe sacarle partido a la mezcla poniendo en pantalla un espectáculo de evasión bastante conseguido, que tampoco aspira a más, industrialmente es ejemplo perfecto de cómo los argumentos, personajes y situaciones más tradicionales de la serie B se aplican en el cine actual a presupuestos y repartos de serie A para dar a luz esa especie de monstruos de Frankenstein cinematográficos que domina en la cartelera de la era del blockbuster. Dicho ejercicio no siempre sale bien. De hecho la mayor parte de las veces deja bastante que desear y suele defraudar, pero creo que en esta ocasión el asunto ha quedado bastante aseado y la película sabe combinar sus elementos esenciales para que nuestra atención no decaiga durante un metraje largo que no lo parece, porque se hace corto. Ello se debe a la alternancia de su arranque como western con su posterior pincelada de invasión, seguida rápidamente de un planteamiento de aventuras con viaje en el que progresa desde el protagonismo único inicial a un protagonismo más coral que administra a su grupo de personajes con acierto. El acierto al que me refiero consiste en darle cancha a los personajes secundarios a través de breves pinceladas, escenas cortas, que van construyendo cierta personalidad para los mismos buscando que sean algo más que meros comparsas del trío principal formado por Craig, Harrison Ford y Olivia Wilde. Ocurre así en la relación breve pero eficaz que se establece entre el predicador y el cantinero, o entre el niño y Ford y también en la historia del indio adoptado por Dollarhyde.

Pero a pesar de haberme resultado entretenida, la película tiene también algunos defectos, al menos en opinión de quien esto escribe. Por ejemplo, nunca debes plantear una muerte de un personaje principal en un guión si no estás dispuesto a mantenerla hasta sus últimas consecuencias. Lo contrario será visto por el espectador, con lógica aplastante, como un retroceso, una bajada de pantalones, una forma de recular ante una situación extrema que tú mismo has creado. No voy a decir más sobre el particular, pero si aclaro que esa situación pone al límite la suspensión de credibilidad del espectador frente a la historia, restándole eficacia a la película a partir de ese momento, por haber introducido en la mezcla de géneros demasiado tarde una clave más de corte fantástico que de ciencia ficción traída por los pelos, que huele a deus ex machina y nos saca totalmente de la película.

En general el guion gestiona bien casi todos sus personajes secundarios, pero llegado un momento, tras la impactante presentación de Craig, parece no saber qué hacer con ese personaje principal inicialmente tan potente, que poco a poco queda convertido en mero boceto y es el que peor gestionan y menos crece de toda la trama. Los viajes a su pasado no son suficientemente interesantes como para sustentar el crecimiento del personaje y hacer que vaya a más. Si alguien ha visto la serie Fringe, por poner un ejemplo, entenderá que un buen ejercicio de introducción del pasado para hacer crecer los personajes lo tenemos allí en toda la historia de Walter y Walternativo. Además en ese caso se cumple un axioma esencial: haz crecer bien un personaje y harás crecer bien toda la trama. En este caso, el personaje de Craig se va frenando y acaba por ser menos de lo que podría haber sido. Gestionan además mal     la peripecia romántica. Desde ese punto de vista sale mejor parado el personaje de Harrison Ford,  aunque un poco más de coherencia con su presentación inicial, más oscura, y la permanencia de la misma en el resto de la aventura no habría estado mal. En cuanto al personaje de Olivia Wilde está mal aprovechado, se desdibuja entre una función de consorte de los papeles masculinos y crece demasiado tarde en la trama para engancharnos.

Finalmente creo que la película habría ganado mucho dándole mayor protagonismo al elemento extraterrestre, que ciertamente entra en escena arrolladoramente pero demasiado hacia el final. El ejercicio me recuerda nuevamente otra película en la que trabajaron mejor ese aspecto: la primera entrega de Depredador.

Dicho todo lo anterior, insisto: no me ha defraudado, aunque podría haber llegado a mucho más. Me convence sobre todo como entretenimiento y evasión y sobre todo por su gestión de la mezcla de géneros dándole al western el mayor protagonismo. Pero en lo referido a sus personajes, gestiona mejor los secundarios que los principales.

Miguel Juan Payán

COMENTARIOS

Crítica de la película Super 8 de de JJ Abrams y Steven Spielberg

¡Valores de producción! ¡Valores de producción! Ese podría ser el grito para definir el último trabajo de J.J. Abrams para la pantalla grande, Super 8, un cuento de hadas que mezcla lo mejor de las estrategias narrativas del cine de los ochenta, con el estilo Spielberg a la cabeza, y al mismo tiempo consigue contarnos una historia realmente muy entretenida, con un envidiable ritmo que nos mantiene pegados a sus intrigas.

Es curioso el tema de cómo la ficción de la película dentro de la película contiene su propia colección de guiños para ponernos en situación, pero también para hacer la crítica pertinente al cine de la era de blockbuster, en el que los “¡Valores de producción!”, esto es, el tren que aparece, consiguen ponerse por encima de la magia de la interpretación de la chica que les ha emocionado a todos. Los “efectos” por encima de la verdad de las interpretaciones. Es ahí, en ese momento, donde encontramos una especie de declaración de principios del director, que entona de ese modo una especie de réquiem por el cine de los setenta y ochenta y la manera en que contaba sus historias sobre los personajes, y no sobre los efectos visuales o la espectacularidad de sus escenas. De hecho conviene reparar en cómo administra las apariciones del monstruo, del mismo modo que lo hizo Spielberg con su tiburón, o Ridley Scott con su alien: la criatura apena se nos desvela al principio, y realmente no la vemos hasta la fase final del relato, el tercer acto. En ningún momento resta protagonismo a los chavales, que son las verdaderas estrella del asunto, ni a las tramas de intriga entre los personajes, que es lo que realmente nos interesa. La historia manda sobre la pirotecnia, las interpretaciones sobre los efectos visuales. Lo dicho: un cine como se hacía en los setenta y los ochenta.

Hay un ejercicio muy interesante de homenaje al cine de los ochenta en general, y a la manera de contar de Spielberg en particular, hasta el punto de que la escena inmediatamente después del accidente del tren, cuando los chavales descubren al profesor y salen huyendo de los militares, está contada exactamente igual, plano por plano, que con el estilo Spielberg, y por supuesto con la misma clave de utilización de la música, lo mismo que en el momento en que el niño busca a su perro, cuelga el aviso en el panel y descubre que todos los perros se han largado… Luego está ese plano general de noche, tras la escena del protagonista en la bañera, mostrando la localidad, que es también Spielberg cien por cien, no ya sólo como director, sino incluso como productor (hay un plano similar sobre la ciudad de Los Angeles en Poltergeist

Abrams celebra el cine de los ochenta en esta película, no sólo homenajea a las películas que han influido en toda una generación de cineastas, sino que las sigue como un mapa de carreteras para contar su historia, pero no se limita a copiar momentos, a mimetizar el ritmo y los planteamientos visuales de películas como E.T., Poltergeist, Cuenta conmigo, Los Goonies, Gremlins, etcétera, sino que además modifica esas influencias para darles sentido en su propia trama y dentro de su propio estilo. Ese plano estilo Poltergeist le sirve para marcar la amenaza con el avance del monstruo, porque en el cine y la televisión de Abrams siempre nos encontramos una vuelta de tuerca más hacia la oscuridad de los modelos que utiliza de partida, en definitiva de sus influencias. El guiño vale como adorno (por ejemplo el de Corazón de cristal del grupo Blondie sonando en el walkman del chaval de la gasolinera) siempre y cuando además aporte algo a la trama, y en el caso de Super 8 es así con cada uno de sus guiños.  Tomemos por ejemplo el papel del padre del chico, un homenaje al sheriff Brodie encarnado por Roy Scheider en Tiburón. Es un guiño, pero al mismo tiempo cumple perfectamente su función en la trama y con ese lado más oscuro que comentaba antes en las series y películas de J.J. Abrams respecto a las fábulas cinematográficas de los ochenta que aquí está homenajeando. La relación entre el padre y el hijo (tema por otra parte recurrente en las películas y series del director), y la intriga que rodea la relación del padre con el padre de la chica, van por ese camino. La incomunicación padre-hijo marca los personajes y la historia. Lástima que al final haya preferido ser fiel del modelo Spielberg y tirar por el camino de lo más ñoño, en lugar de meterle caña a ese lado más oscuro que se insinuaba, pero por otra parte es lógico, incluso coherente con el tono general de la película que haya querido cerrarla con un “momento cien por cien Spielberg”, musiquita incluida. No teman, dura poco y además luego en los títulos de crédito tienen el temita de la Electric Light Orchestra para recuperarse del estallido final almibarado.

Más espectacular aún que el muy currado momento del descarrilamiento del tren es el grupo de jóvenes a través de cuyos ojos vamos desvelando la historia, que aún contando con un final más de cuento de hadas estilo Spielberg que de las sinuosas historias que J.J. Abrams ha venido creando para la televisión en series como Alias, Perdidos, Fringe…, consigue mantenernos en la butaca y hasta hace que el perdonemos el almíbar del desenlace, demasiado dulzón para mi gusto.

Un impecable ejercicio de cine y de memoria de cómo se rodaba el cine que tiene todo el atractivo de ser además un baile con la nostalgia y los guiños y nos trae de nuevo a la cartelera una forma de contar historias que le vendría muy bien recuperar al cine comercial de nuestros días, simplemente porque aventajaba en calidad, coherencia y equilibrio a buena parte de la producción que estamos viendo en la cartelera en los últimos años…

Miguel Juan Payán

COMENTARIOS

Curiosa propuesta de cine de ciencia ficción con trasfondo social, la que nos ofrece esta semana la taquilla con la película Nunca me Abandones, una de esas películas pequeñas, sin apenas efectos especiales (por no decir que no tiene ninguno), centradas en los personajes y en la historia que quiere contarnos, sin grandes alardes ni excesos, tratando con cuidado la historia para hablarnos de muchas cosas que tienen que ver con nosotros, con lo que nos hace humanos, uno de los grandes temas del cine de ciencia ficción de ayer y de hoy.

Siempre he defendido que este género era capaz de mostrarnos, en cine o televisión, algunas de las mejores reflexiones que podían darse sobre ciertos temas quizá más cercanos al drama, pero que cuando la ciencia ficción se pone en serio a ello, supera con creces cualquier drama, no sólo por ser entretenida, sino porque gracias a la metáfora, a las segundas lecturas, a la evocación y muchas veces a los mundos lejanos y desconocidos, se permite una mayor libertad a la hora de contar historias, una mayor sutileza e inteligencia y mucha menos carga de moralina. Quizá sea que los guionistas necesitan currárselo el doble en estas circunstancias para hablar de ciertos temas en un contexto completamente ajeno (en principio) al tema y que además se entienda lo que hace este tipo de cine plataforma perfecta para hablar del ser humano.

Ya sea en cine o en televisión, ojo. Galactica sigue siendo una de las mejores revisiones al mundo tras el 11 de Septiembre jamás vistas en una pantalla. Blade Runner sigue siendo un perfecto estudio de lo que nos hace ser humanos en realidad, mientras que cualquiera de las versiones de La Invasión de los Ladrones de Cuerpos (menos la de Nicole Kidman, me temo), tiene diferentes lecturas, pero permite repasar, por ejemplo, asuntos como el miedo a perder la humanidad, aquello que nos define como individuos. Y son sólo tres ejemplos. Ahora que está a punto de fallecer, recomiendo a cualquiera que repase esa joya que es Stargate Universe y se zambulla en sus personajes, situaciones y dobles lecturas. Un perfecto ejemplo de lo que estoy diciendo.

También es cierto que Nunca me Abandones tiene un presupuesto que debe de ser poco superior a cualquier episodio de cualquiera de las series antes mencionadas. Y es cierto que aquí el argumento de ciencia ficción sirve apenas como punto de partida para una historia pequeña, sobre sentimientos, que es lo que realmente acaba haciendo de ella una gran historia, su ausencia de grandilocuencia o de excesos en lo que quiere contarnos. No pretende contarnos más que el drama de tres personajes, lo que hace que su historia sea más universal.

El punto de partida es la clonación y el uso de dobles para mantenernos con vida más allá de lo normal, lo que nos ha llevado a criar a estos dobles como personas ajenas al mundo para poder emplearlos cuando llegue el momento de necesitarlo. Nuestra propia granja de miembros sanos en caso de enfermedad. Este mundo paralelo, tan similar y tan distinto al nuestro, es donde los tres personajes protagonistas, tres dobles criados para donar órganos, viven, crecen, se enamoran y mueren. Y la película aprovecha todo ello para crear un escalofriante relato sobre el ser humano y lo que nos da derecho a la vida.

No hay efectos especiales, como decía al principio, ni alardes de pirotecnia. Sólo una historia gris, dura, a veces cruel, a veces escalofriante por su frialdad, sobre esas tres personas a las que el mundo no ve (o mejor dicho, no quiere ver) como auténticos seres humanos, sino como animales de granja. La historia comienza en los 70 y a lo largo de tres décadas nos permite ver crecer y evolucionar a los tres personajes centrales, con un cariño y un mimo por ellos realmente único.

Vamos, que Nunca me Abandones es coger la historia de La Isla y quitarle toda la acción y los efectos especiales para contar una historia centrada en sus personajes, sus ilusiones, miedos, esperanzas, victorias y derrotas. Inevitables derrotas, porque la película crea una espiral que poco a poco te va absorbiendo y que lleva, de una u otra forma, a una gran y terrible derrota moral para el espectador. Un golpe en la boca del estómago en el que la esperanza reside en el nivel de credulidad que tengamos. En lo que sigamos creyendo en sueños y cuentos de hadas o la fría realidad.

Mark Romanek (Retratos de una Obsesión) y Alex Garland (guionista de 28 Días Después o Sunshine entre otras), componen un relato que convierte en terrorífico lo común, como esa escena en la que Keira Knightley aguarda en el umbral de la puerta para hablar con Carey Mulligan, como si fuese un asesino de una película de terror, y en trágico lo natural, haciendo que ciertas cosas (el mercadillo de cosas usadas en el colegio de los dobles, el viaje a la playa, la última donación de Knightley que resulta brutal, el desayuno en soledad de Carey Mulligan…) se conviertan en detalles brillantes y complejos, pese a su sencillo origen.

Y los actores, ejemplares, con Knightley y Andrew Garfield (qué gran actor hay detrás del nuevo Spiderman) guardando las espaldas a una contenida Carey Mulligan, auténtico motor y narradora de la historia, que acaba siendo simplemente sublime en su despedida de Garfield… Un grupo de jóvenes actores que ayudan a la credibilidad de la película de forma brillante.

No todo es alegría para el espectador. Que sea una historia de amor hace que sea un pelín moñas en muchos momentos, y algunos pasajes de la cinta de puro contemplativos hacen sufrir al ritmo de la película, por no decir que desaprovecha el humor que podía tener (la escena en el restaurante, por ejemplo). No es redonda. Pero es valiente y deja un poso en el espectador para meditar sobre la condición humana, el alma y cómo nos tratamos (ojo a la gente normal evitando a los dobles, quizá por miedo, quizá por no encariñarse con quienes van a morir, quizá por conciencia culpable). Sobre lo que somos capaces de hacer por alargar nuestra vida, a quién y cómo se la negamos. Sobre nuestras miserias y sobre el amor. Perfecta para pensar y sentirse un poco peor al acabar la proyección. Como debe ser un buen drama, de ciencia ficción o de cualquier otro género.

Jesús Usero

Crítica de la película Destino oculto con Matt Damon

Empiezo aclarando, para que luego el personal más despistado no se despiste y prepare los tomatazos de rigor para un servidor: sí, vale, ésta película se basa en un relato de Phillip K. Dick, y sí, a mí me ha gustado bastante, pero no esperen ver ni Blade Runner, ni Desafío total, ni Minority Report, que esto va de otro palo. Saca a la luz de una manera original y hasta cierto punto novedosa en su hibridación de géneros, lo mejor de las reflexiones paranoicas y de teoría de conspiración de este autor genial y esencial en la literatura estadounidense… moviéndose en los términos y el territorio de las historias románticas.

Sigo aclarando la fórmula, porque puede despistar en su comienzo. Empieza como lo que parece ir a convertirse en una historia centrada en la política, estilo El candidato, aquella de Michael Ritchie protagonizada por Robert Redford.

Luego da un giro y parece que estuviera uno viendo la comedia romántica de rigor, más entretenida, más creíble y mejor escrita que la media de las comedias románticas de rigor que nos caen encima en la cartelera en estos días, construida sobre la química de sus dos actores protagonistas, en una escena en un baño que, aunque el romanticismo de fórmula cinematográfica “made in Hollywood” te de cien patadas, consigue ganarte y hacer que te intereses por cómo van a acabar esos dos pardillos que se ponen a ligar en un retrete, o excusado, si son ustedes de la parte alta y finolis de la ciudad. Es entonces cuando advertí una estructura de cine más clásico de Hollywood, estilo Frank Capra, que no es mi director favorito precisamente pero nunca he sido tan imbécil como para negar que era un maestro en esto de tejer historias de “American Way of Life” y “hombre hecho a sí mismo”, de ésas que tanto les gustan a los estadounidenses y se venden tan bien fuera idealizando esta realidad perra que nos rodea para que nos parezca un cuento de Disney en el que además no han matado a la madre de Bamby.

Viene a continuación un giro inquietante que por unos momentos me hizo temer que me la habían colado doblada otra vez con un pestiño tipo ¿Conoces a Joe Black? (pues no, no le conocía, pero no me iría a tomar dos cañas con él aunque le tocara pagar después de tragarme esa abominación de más de dos horas sólo tolerable a ratos por los ojos de Claire Forlani y con Brad Pitt más empanado que nunca y Anthony Hopkins urgentemente necesitado de convertirse en Hannibal Lecter y regalarse un ración de sesos). ¡Falsa alarma! Afortunadamente Destino oculto no es algo parecido a ¿Conoces a Joe Black?

A partir de ese inquietante momento, la cosa se enfoca finalmente y se orienta más hacia el relato fantástico que hacia la ciencia ficción. Y una vez orientada, funciona muy bien, porque mantiene un curioso equilibrio entre el relato romántico con fundamento y la fábula sobre la teoría de la conspiración que tanto obsesionaba a Dick. Algún listo vendrá diciendo ahora que han copiado el argumento de Matrix, así, con un par, y estará olvidando que lo que ocurre es que los Wachowski saquearon a modo, con cierto talento para el pastiche y la mezcla en la primera entrega (de las otras dos, mejor no hablar) la narrativa de Phillip K. Dick. Siendo Destino oculto la adaptación de una de las obras de este autor, lógico es que se detecten puntos en común entre ambas.

Pero la oferta de Destino oculto va por otro camino.  En mi opinión su aportación  principal reside en su habilidad para trabajar la mezcla de géneros sin traicionar el interés inicial que suscita en el espectador. La historia sigue teniendo el vínculo romántico de los dos pardillos del retrete como epicentro,  y seguimos interesados  por lo que les pueda ocurrir. Pero cuando parece que va a estancarse en eso, da un giro que hace crecer no sólo la trama, sino los propios personajes. Y eso caminando por el filo de la navaja, al borde de un abismo que en cualquier momento podría haber sumergido toda la historia en las pantanosas aguas de bodrios infumables y “moñoños” (calificativo favorito de mi colega y sin embargo amigo Usero), como Xanadú o Tal para cual, esas dos atrocidades que machacaron la carrera cinematográfica de Olivia Newton-John, una de mis musas del paso de la infancia a la adolescencia, dicho sea de paso… Estaba totalmente encoñado con ella cuando me empecé a quitar de encima los granos, no me importa reconocerlo. Vayan al Youtube, escriban The Rumor Olivia Newton John y ya me dirán si la chica no estaba para tirarse por un barranco, o lo que toque, y con una voz para escucharla, aunque ciertamente las letras de las canciones fueran muy moñas.

Destino oculto se aparta de ese insondable abismo de moñez en el que se precipitaron Xanadú y Tal para cual y vuela más alto en su peripecia romántica precisamente cuando incorpora a la misma la trama de conspiración paranoide de clave fantástica. Conste que un servidor el romanticismo lo aguanta sólo si está muy bien hecho, si lo cantan Olivia Newton-John, Carly Simon (en mi opinión el tema Nobody Does it Better en La espía que me amó es el mejor de toda la saga de 007), Basia con su basianova, o Phil Collins, pero éste sólo si es cantando el tema Against All Odds (Take a look at me now) en los títulos de crédito de la película Contra todo riesgo y está allí Rachel Ward. A pesar de eso Destino oculto me parece una buena opción para ver cine romántico con fundamento, sin moñadas, y creíble… Y con creíble quiero decir que, como en ese tema de Phil Collins, comprendamos que, como el protagonista, estamos dispuestos a hacer todo lo que sea preciso saltándonos los planes del temible Equipo de Ajuste de Phillip K. Dick (o incluso pillando una hipoteca asesina, doy fé de ello después de 20 años de matrimonio) simplemente para que ella se vuelva a mirarnos cuando damos con la Mujer, así, con mayúscula, como decía Sherlock Holmes hablando de Irene Adler, la única fémina que le puso el mundo del revés y las hormonas a bailar la conga.

¡A ver si al final resulta que Frank Capra llevaba razón…!

¡Vaya! Ahora para quitarme toda esta tiña romántica que se me ha quedado pegada tendré que ver otra vez Grupo salvaje como penitencia… y de paso impedir por todos los medios que mi mujer lea esta crítica para que no me suba los impuestos conyugales.

Miguel Juan Payán

Página 1 de 2

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

Contacto

 
91 486 20 80
Fax: 91 643 75 55
 
© NOREA Y ALOMAN EDICIONES, S.L.
c/ La Higuera, 2 - 2ºB
28922 Alcorcón (Madrid) NIF: B85355915
 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En caso de duda para pedidos, suscripciones, preguntas al Correo del lector o cualquier otra consulta escríbenos por WhatsApp