Crítica de la película First Man (El primer hombre)

Una de las mejores películas del año tanto en lo visual como en la interpretación.

Damien Chazelle confirma las buenas vibraciones y críticas que ha venido suscitando su nuevo largometraje y demuestra, una vez más, que su mirada hacia los géneros y temas aparentemente más clásicos y manidos es única, original, muy madura, completa e inevitablemente interesante. Capaz de atraparnos desde el primer fotograma, First Man confirma que el cine, el gran cine, el cine capaz de proporcionarle una experiencia al espectador que éste no olvide rápidamente al salir de la sala, sigue siendo posible, y que incluso en el código y necesidades de eso que podríamos llamar el cine “comercial”, encontramos oportunidades para disfrutar de unos niveles de calidad y personalidad, de miradas únicas de directores, que están más allá del adocenamiento, la reiteración, las franquicias previsibles y las temerosa recuperación de asuntos ya abordados. Nada de eso lo encontrará el espectador en esta película cuyos puntos de interés paso a enumerar de inmediato para aprovechar el corto espacio que tengo en este artículo para hablar de un largometraje que merece mucha más labor de reflexión y análisis del que aquí corresponde.

Crítica de la película Ha nacido una estrella 

Gran tarjeta de presentación de Bradley Cooper como director y Lady Gaga como protagonista de cine. Una película que seguro sonará en alguna categoría durante la temporada de premios, y que presenta una historia de sobra conocida por todos, porque es la cuarta ocasión que llega a las pantallas, y en esta, la verdad, creo que podemos decir que es la mejor de las cuatro. La historia de William A. Wellman y Robert Carson fue presentada al público por primera vez en 1937, con Wellman a los mandos de la película como director. Seguramente la más conocida fuese la de 1976 con Kris Kristofferson y Barbra Streisand. Y la mejor hasta la fecha era la de George Cukor de 1954. Hasta la fecha, claro.

Crítica de la película Searching

Thriller sorprendente en sus formas, al que finalmente traiciona el fondo… Dicho de otro modo, Searching es una película que si durase sólo 90 minutos, sería uno de los mejores thrillers del año. Una película casi redonda, dura, inquietante y, sobre todo, adictiva. Un viaje frenético que nos deja enganchados a través de una serie de pantallas que cuentan la historia de forma poco convencional pero extremadamente convincente. Una magnífica pieza de orfebrería que esconde en su aparente sencillez una enorme complejidad a todos los niveles, con un reparto que funciona a las mil maravillas, sobre todo gracias a su protagonista principal, John Cho, quien aparece en pantalla casi todo el tiempo. Lo dicho, sería una película sensacional si no fuese por los últimos cinco minutos o diez minutos…

Crítica de la película La Aparición

Xavier Giannoli no levanta el vuelo en esta confusa historia, sobre la supuesta conexión de la Virgen María con una joven francesa.

Un paisaje boscoso y desangelado, rodeado de naturaleza salvaje y susurrantes montañas, es la mejor arma que utiliza el director Xavier Giannoli para elaborar esta oscura película sobre manifestaciones marianas, y negocios florecientes en torno a las creencias religiosas.

El responsable de Madame Marguerite escoge una amplia gama de tonos grisáceos y aparente sobriedad, para ilustrar este relato de quebradizo discurso narrativo; en el que una adolescente llamada Anna dice ser la privilegiada interlocutora de la madre de Jesucristo.

El guion antecede los hechos con un artificioso prólogo de verosimilitud, que no responde a las expectativas creadas. Esa aparente pátina de documentalismo profesional se halla personificada en el papel del periodista Jacques Mayano (a quien presta su endurecido rostro el actor Vincent Lindon), y a través de su mirada -algo incrédula, por cierto- es como se suceden los acontecimientos exhibidos en el filme.

Crítica de la película Matar o Morir: Peppermint

Floja película de acción con guión propio de telefilme y Jennifer Garner desperdiciada.

Icónica para muchos espectadores por su papel en la seri Alias, Jennifer Garner no ha tenido mucha suerte con este retorno a las tramas de acción trepidante aunque ella cumpla con su cometido como repartidora de leña y aficionada a tirar del gatillo. No es ya que le pongan pelucón intratable incluso recordando los excesos capilares del amigo Nicolas Cage, es que el guión que le han enchufado tiene muchas vías de agua abiertas y en su conjunto todo en esta película la deja muy sola sin respaldarla en absoluto. Es pena porque tienen la película ahí, ahí, pero no han sabido verla. Y no parecen advertir sus debilidades.

La primera sin duda es que parece una película de otra época, como mínimo de diez años antes de que se estrene Atómica, por poner un ejemplo. Las secuencias de acción pueden tener un pase, pero lo que las respalda es demasiado tópico y vacío.

Crítica de la película I Love Dogs

Simpática comedia situacional protagonizada por perros y humanos, en la que al menos los canes no hablan y los actores bípedos no ladran.

Un grupo de mascotas y la relación con sus diferentes dueños y dueñas son los engranajes de esta película coral, con la que Ken Marino desarrolla su peculiar visión de una feel good movie; siempre pendiente de no abandonar el sincero y necesario mensaje de acabar de una vez por todas con el abandono de animales domésticos.

A modo de tramas superpuestas, el guion de I Love Dogs (Dogs Days, en Estados Unidos) sigue un esquema formal en el que los verdaderos protagonistas son los perros, más que sus despistadas familias. El travieso Charlie, el tímido Sam, la simpática Mable, la asustadiza Gertrude, y la enérgica Brandy son los canes a los que hace referencia el título con la palabra dogs; y que, con su expresividad y ocurrencias, llenan la pantalla con una atmósfera de contagiosa empatía generalizada.

Poco importa que los actores humanos queden desdibujados ante la explosión de gestualidad cuadrúpeda que inunda cada uno de los fotogramas, ya que los perros demuestran su generosidad al integrar el trabajo de sus compañeros men and women en medio de su despliegue de frescura y naturalidad. Ante semejantes armas de interpretación activa, los espectadores siguen con soltura las vicisitudes de Charlie y del caótico hermano de sus verdaderos dueños; los problemas de Sam para conseguir que su ama alcance el amor; la confusión de Mabel para decidir cuál es el hogar donde tiene que residir; los sueños de Gertrude para salir de las calles y dormir caliente; y la bondad de Brandy para establecer una amistad fuerte con Sam, y sacarle de su ostracismo y depresión.

Las expresiones y carantoñas de este grupo de animales domésticos consiguen borrar, o apagar en gran medida, el estrellato de colaboradores de la talla de Eva Longoria y Vanessa Hudgens; las cuales comparecen en un par de personajes que no alcanzan el lucimiento excesivo, por lo menos no por encima del de sus colegas con collar antiparásitos.

Pero este problema –consistente en el evidente desequilibrio argumental entre el peso humano y el canino- no es una pega que lastre la efectividad de la película ideada por Ken Marino, en la que funcionan los gags por la contundencia de una moraleja tan potente como la de compartir la existencia con el denominado mejor amigo del hombre. Un objetivo argumental, que el cineasta reitera en cada una de las historias que pueblan el metraje del filme; y que llenan su discurso de escenas cargadas con emotividad contagiosa.

Bajo tales premisas, Marino acierta también al no quedarse simplemente con el elemento triste y desangelado referente a los problemas de los perros en las ciudades; y resuelve las diferentes tramas con una fórmula de agradable factura sentimental, que provoca nostalgia y risas casi al mismo tiempo.

Esto hace que I Love Dogs encaje sin reservas en el género feel good, que tan buenos resultados está dando en el género del musical a nivel taquillero.

Jesús Martín

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Crítica de la película Alpha

Buen cine de aventuras para aguantar el calor del verano. Esa es la propuesta de Albert Hughes, la otra parte de lo Hughes Brothers que, al contrario que su hermano gemelo Allen, no había vuelto a dirigir una película de ficción desde El Libro de Eli, su última película como codirectores. Albert regresa tras las cámaras con una película basada en su propia historia, que además tiene las agallas de contar toda la historia, excepto el arranque y final del narrador, en un idioma inventado completamente ajeno al inglés, al menos en versión original, y con una trama que pretende contar el origen de la relación entre el hombre y su mejor amigo, el perro. El primer lobo domesticado a través de los ojos de Hollywood, y el resultado es más que satisfactorio.

Una tribu de cazadores que cada año viaja durante varias jornadas antes de que caigan las primeras nieves, para cazar a la gran bestia, que les sirva para sobrevivir al invierno y mantener la tribu un año más. Un padre lleva por primera vez a su hijo, el líder de la tribu y su heredero, en un viaje para convertirse en hombre que no acabará como esperan… A partir de ahí una historia de aventuras y supervivencia que sirve de relato para toda la familia, grandes y pequeños, que disfrutarán con la historia increíblemente disfrutable y de ese punto de amistad y lealtad, de descubrimiento de uno de los momentos menos conocidos de nuestra historia, pero que más alegrías ha dado a lo largo de la historia.

Cuesta imaginarse un mundo sin perros, y cuesta imaginarse en realidad cómo durante la prehistoria, comenzó esa relación, algo que la película hace, aunque por momentos recuerde por ejemplo al juego Far Cry Primal. Es una aventura emotiva y entretenidísima, con muchos momentos para el recuerdo, y con un camino a recorrer de regreso a casa lleno de complicaciones y problemas, que no deja que nos aburramos ni un solo momento. Kodi Smit-McPhee lidera la historia con esa mezcla de inocencia y descubrimiento del mundo necesaria para su personaje, que ayuda a que todo sea mucho más creíble. Y el arranque, tan interesante como el resto de la trama, con esa tribu viajando para cazar es magnífico…

De hecho es tan magnífico y toma tanta importancia que para cuando llega la trama real de la película, uno podía perfectamente quedarse con la historia inicial, sin necesidad de lobos. Es uno de los pequeños problemas de la película, remontar ese primer tercio de película tan espectacular. Y luego darle un digno final. Es cine familiar, sí, pero la historia se presta a una épica que finalmente no llega, cuando todo se resuelve demasiado deprisa y sin la carga emocional que debería. Es algo que ya pasaba en El Libro de Eli, por ejemplo. No tenía la épica que requería la historia. Finalmente es una película de aventuras clásica, arriesgada en ciertas cosas, visualmente preciosista y muy entretenida, que debería haber rematado algunas cosas de otro modo. Pero sigue siendo muy recomendable.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El Rehén

Inteligente y activa cinta de conspiraciones terroristas y agencias de espionaje, donde Jon Hamm realiza una interpretación a la altura del inolvidable Don Draper, de la serie Mad Men.

El título original de Beirut sitúa a la perfección el curso narrativo de esta poliédrica película, dirigida por el competente Brad Anderson (incomprensiblemente, algunas de sus obras, como Vanishing on 7th Street y Asylum, todavía no han sido estrenadas en salas). El responsable de El maquinista pinta un desolado y caótico paisaje humano y vivencial, con la capital del Líbano como telón de fondo, como si se tratase de un protagonista más dentro de este argumento agrio y descorazonador.

La acción del filme comienza en los años setenta, con un diplomático norteamericano llamado Mason Skiles (Jon Hamm): un experto en manejar situaciones complicadas, el cual enmascara sus servicios a la CIA con el disfraz de trabajador en la embajada de USA en Beirut. Él piensa que controla todos los hilos de la complicada política de la zona; pero sus percepciones se hunden, cuando su esposa es asesinada en un ataque terrorista a la mansión donde ambos residen. Décadas más tarde, Mason se ha convertido en un abogado alcoholizado, que malgasta su talento en juicios que no le interesan lo más mínimo. Sin embargo, un día recibe la visita de un agente de la “compañía” para la que colaboraba en los setenta. El gobierno pide al antiguo diplomático que medie para la liberación en Beirut de un amigo, secuestrado por el familiar de un peligroso terrorista vinculado con los atentados de Múnich de 1973. No obstante, la cosa se pone un tanto difícil para el protagonista, cuando descubre que el líder de los secuestradores es alguien muy ligado a su pasado.

Brad Anderson aprovecha al máximo el enriquecedor guion elaborado por Tony Gilroy (Michael Clayton): un escritor cinematográfico que engrandece sus historias cuando el personaje principal es un tipo golpeado por las circunstancias. Y en esa tesitura se encuentra el papel que encarna Jon Hamm, el cual muestra sus cicatrices sin ocultar el sentimiento de pérdida y culpa que preside cada una de sus acciones a lo largo de la movie. El maquiavélico Don Draper consigue, con las trazas apuntadas por Gilroy, firmar una de las mejores caracterizaciones de su carrera, en la piel de este individuo entregado al olvido que proporciona el alcohol y la embriaguez.

A su lado, la normalmente efectiva Rosamund Pike (Perdida) logra mantener la tensión sobre lo que ocurre en la pantalla, sin aflojar el pulso de las tramas políticas laberínticas; y que desgraciadamente mantienen en la actualidad su reguero de sangre y violencia, enquistadas en el escenario de Oriente Medio. Brad Anderson diseña un espectáculo reflexivo, en el que no hay buenos ni malos; y donde la incongruencia de los posicionamientos interesados y de los fanatismos ciegos marcan una trama que revela sus mejores momentos al reflejar las contradicciones sentimentales de Mason, como del resto del plantel de personajes que conjuntan el argumento.

Una galería de seres superados por las sombras que planean constantemente por las decisiones de los diferentes gobiernos, y que –como exhibe El rehén- suelen salpicar con dolor la vida de los inocentes.

Jesús Martín

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Blackwood

Terror sobrenatural disfrazado, para una película de género puro. Cuando nos hablan de una película para adolescentes con producción de Stephenie Meyer y basada en una novela para jóvenes adultos, como las llaman en territorio anglosajón, uno piensa más en la saga Crepúsculo de la propia Meyer que en lo que se encuentra en Blackwood. Lo que es una sorpresa en todos los sentidos, y convierte la visita a esta peculiar escuela en un viaje más que interesante y revelador. Una película de terror clásico, más interesada en crear una atmósfera y una sensación de angustia en el espectador, que en doblegarse a los intereses habituales de Hollywood, a quien a lo mejor le interesaba más una película en la línea de lo antes mencionado, en lugar de Blackwood.

El público sale ganando con esta historia, sin lugar a dudas. Un viaje de una joven a un recóndito lugar, a una escuela que se cae a pedazos, pero que parece el único lugar del mundo donde puede ser aceptada. Allí, junto a un reducido número de alumnas y profesores, y bajo la atenta mirada de una muy peculiar directora, las chicas desarrollarán increíbles habilidades en un campo diferente cada una, aunque los oscuros rincones de Blacwood esconden demasiados secretos, algunos de ellos podrían ser demasiado peligrosos y determinar el destino de las chicas. Lo curioso de la trama, tan sencilla y funcional, es que apenas hace caso al componente romántico, y lo relega al rincón como si se tratase de un incordio.

La película tiene una notable influencia del cine de terror de los años 70 y 80, pero no del género más campy, sino del serio, del interesado en mostrar el terror en cada esquina, en lo aparentemente cotidiano convertido en terrorífico. Con un punto sobrenatural y una iluminación brillante, donde comprendemos desde el inicio el título original, Down a Dark Corridor, porque esos pasillos oscuros existen, y Rodrigo Cortés, director de la película, les saca todo el partido. Siempre buscando (o casi siempre) crear tensión, generar en el espectador la angustia de lo que viven las protagonistas, ese camino de dolor que produce el arte. Pero no abusa de sustos, no quiere que sea ese tipo de película. No le interesa que sea la película previsible que, sin duda esperábamos.

La música es un componente imprescindible de la película, y hay que reconocer que AnnaSophia Robb y Uma Thruman ante todo (no quiero olvidarme de Isabelle Fuhrman ante todo) dan un empaque al reparto magnífico. Sobre todo porque los personajes tienen algo que contar. Pero el guión es demasiado autocomplaciente, demasiado visto en cine y televisión, como para sorprendernos lo más mínimo en sus giros, y sobre todo, demasiado acelerado al final, cuando los hechos empiezan a acumularse casi por necesidad, más que de forma orgánica. El resultado la hace irregular, pero el talento de su director y reparto, hacen que sea una grata sorpresa. Una película de terror que recuerda una forma de abordar el género casi olvidada. Pero que sigue siendo muy efectiva.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Solo

Cine de supervivencia rodado con mucho estilo. Una historia basada en hechos reales que demuestra que el espíritu de lucha del ser humano es muy superior a lo que imaginamos habitualmente. Una persona empeñada en sobrevivir pese a las circunstancias, el paisaje, las heridas y pese a sí mismo. Hugo Stuven, en su segunda película como director, demuestra tener muy claras las cosas a la hora de narrar una historia así, con un enorme potencial visual, aprovechado perfectamente el paisaje en el que se mueve, un personaje más de la historia, tan importante o más que los humanos, sobre todo porque se trata, en principio, del enemigo, del rival a batir para el protagonista de la historia, aunque no es ni mucho menos el único. O el más importante…

La película narra la historia de un surfista que cae desde un acantilado y se ve obligado a sobrevivir en un rincón remoto de la costa, alejado de todo y todos, durante 48 horas, con graves heridas y enfrentándose a sus propios demonios, que son al final el enemigo a batir. Un tipo solitario y que ha buscado vivir sin ataduras toda su vida, que se encuentra solo y aislado de verdad en un momento puntual, lo que le hace valorar, entre la realidad y el sueño, lo que tiene, ha tenido o ha perdido a lo largo de su vida. Sus decisiones vitales. En definitiva, quién es y en quién se ha convertido o podría convertirse. Algo habitual en situaciones de vida o muerte, que la película refleja muy bien.

Al frente del reparto, presente casi en cada plano de la película, Alain Hernández como el surfista que se encuentra ante la situación que definirá su vida, un Álvaro que no siempre es la persona más agradable o cariñosa del mundo, ni siquiera con aquellos más cercanos a él, ni tampoco el más considerado, aunque en el fondo es buena gente. Un tipo decente cuando se le conoce. Decidido, determinado, inteligente, con un punto de soberbia… Como cualquiera de nosotros. Aunque, nuevamente, si destacamos a alguien más del reparto es a Aura Garrido. Su “relación” con el personaje de Hernández es sin duda de lo mejor de la cinta, y la actriz demuestra una vez más su espectacular talento de la forma más sencilla.

La película, con un metraje de lo más ajustado, es excelente visualmente, atractiva, potente en su historia y desarrollo, un cruce entre 127 horas e Infierno Azul, mezclando las visiones y alucinaciones del protagonista con la realidad a la que debe sobrevivir (el momento caída es sensacional). Es emotiva y entretenida, y nos tiene al borde del asiento gran parte del tiempo. Los diálogos, sobre todo al principio, necesitaban pulirse más, bastante más, y no tiene el mismo interés ciertas partes de la trama, que no revelamos por no hacer spoilers. Pero se trata de una buena película, sólida y distinta a lo que se hace habitualmente dentro de nuestras fronteras.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

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