Star Wars, episodio VII: el despertar de la fuerza. Un notable alto en cine de evasión y entretenimiento. J.J. Abrams saca notable muy alto y de paso nos devuelve el universo Star Wars tal y como nos lo propusieron las tres películas clásicas, los episodios IV, V y VI. Lo sorprendente es que el propio George Lucas, que había creado la saga, no acertara a ver por dónde estaba el verdadero camino en sus Episodios I, II y III, a los que en mi opinión este Episodio VII les gana por goleada. Para que quede más claro, esta película alcanza un nivel equivalente al que tuviera en su momento el Episodio IV que en España conocimos como La guerra de las galaxias. Quiero decir con esto que ciertamente todavía no está al nivel de El imperio contraataca, que sigue siendo la mejor película de la saga en mi opinión, pero después de ver El despertar de la fuerza pongo la mano en el fuego y si hace falta en un sable láser por la siguiente, y afirmo que confío plenamente en que en el Episodio VIII pueden alcanzar el nivel de El imperio contraataca. Lo van a conseguir. La magia ya está ahí y se ve plenamente en El despertar de la fuerza, que además tiene todo ese ritmo de aventura imparable, espectacular y trepidante que disfrutamos en las tres primeras entregas de la saga que se estrenaron y en las películas de Indiana Jones. Es ese tipo de cine de evasión y entretenimiento total. Me refiero a ese cine que muestra notable dinamismo y eficacia para presentar a sus personajes en tiempo récord y tenernos totalmente metidos en la historia a los cinco minutos de proyección. Además de un manejo de la épica visual que queda perfectamente definido por la presentación del personaje de Rey en las ruinas del destructor estelar: unas imágenes que recuperan para el cine el reinado de la pantalla grande.

Abrams tenía por delante un reto nada fácil. Debía recuperar el tono y el alma de aquellas tres primeras películas, que era el más adecuado para proseguir la franquicia, pero al mismo tiempo no podía quedarse en la mera réplica de las mismas, sino que tenía que abrir paso a una generación de relevo con nuevos personajes capaces de heredar el legado de Luke Skywalker, Han Solo, Leia, etcétera. En mi opinión, lo ha conseguido. Sus nuevos personajes funcionan muy bien, como la propia película. Los clásicos son el respaldo pero no lo esencial. Eso es bueno. Por eso discrepo de quienes opinan que la película es un remake de La guerra de las galaxias. Creo que se confunden. No es un remake, lo que ocurre es que sigue la misma fórmula de construcción argumental que aquella, que no es otra que las sugeridas por las teorías del monomito, los Argumentos universales, el libro El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito, de Joseph Campbell, que giran sobre el camino de transformación de la persona ordinaria en extraordinaria. Es el mismo camino que siguieron los personaje de la primera película de la saga que se estrenó, especialmente Luke, y es la que sigue J.J. Abrams. Pero si profundizamos en esas fórmulas y sus aplicaciones, veremos que el trabajo con las mismas que hace Abrams en esta película tiene su propia personalidad frente a las películas anteriores y no se limita a ser un remake propiamente dicho, aunque desde un punto de vista industrial sí presente en algunos momentos la naturaleza propia de eso que se ha dado en llamar reboot. Si me obligan a pronunciarme, diría que es antes un reboot que un remake. Pero realmente ese asunto del etiquetado de la cosa me trae un poco al fresco después de haber pasado dos horas quince disfrutando en el cine con esta nueva visita al verdadero universo de Star Wars, que creo es lo que van buscando los espectadores cuando compran su entrada para ver este tipo de cine.

El relevo generacional funciona. Y funciona sobre dos elementos básicos: Rey, esto es, Daisy Ridley, que es el gran hallazgo de la película. Ella además tiene una trama de vínculo con el personaje de John Boyega que funciona bastante bien. Boyega me planteaba algunas dudas a priori, pero funciona perfectamente asociado al sentido del humor. Ese mismo sentido del humor que estaba en las películas clásicas y que se perdió totalmente en los episodios I, II y III. Además la química entre Boyega y Ridley también funciona en pantalla. De ponerle alguna pega a ese tema del relevo, sería que el personaje de Poe Dameron interpretado por Oscar Isaac, aparece menos de lo previsto. Le pensaba más protagónico, pero estoy convencido de que su caso es el mismo de la capitana Phasma interpretada por Gwendoline Christie: ambos personajes van a tener más desarrollo, por decirlo así van a estallar con más protagonismo en las siguientes entregas. Lo cual me parece significativo respecto a cómo puede seguir desarrollándose la franquicia en los siguientes largometrajes y de la solidez que tienen los planes para el nuevo despliegue del universo Star Wars. De paso, esa falta de desarrollo respalda lo que he comentado antes sobre que Abrams no ha rodado un remake. De haberlo hecho le habría resultado muy sencillo reproducir el trío de héroes de La guerra de las galaxias y su mismo reparto de protagonismo. No lo hace. Se reserva a Dameron y Phasma para una futura explotación en entregas posteriores. Y es seguro que ambos personajes van a tener un largo recorrido en el universo Star Wars, porque de hecho el apellido Dameron está ya incluso en la colección de cómics Star Wars Imperio destruido, que argumentalmente enlaza El retorno del Jedi con El despertar de la fuerza. Abrams mantiene ese tono de serialización que presidía las tres películas originales, lo cual me parece perfecto.

Igualmente eficaz y coherente me parece la recuperación de los personajes clásicos en este esquema de legado que preside la película. Sorprende que a pesar del tiempo transcurrido y las canas, Carrie Fisher y Harrison Ford sean capaces de resucitar la química que tuvieran Leia y Han Solo en las películas clásicas. Esa misma química que claramente quieren intentar construir para los personajes de Rey y Finn en la nueva trilogía. No debemos olvidar que la saga debe seguir adelante por su propio camino, no limitarse a repetir o alargar en exceso y artificialmente la explotación de personajes ya conocidos, explotados y sobradamente desarrollados. En ese sentido, Abrams y el guión de Kasdan y compañía juegan con la dosificación precisa de esos elementos y personajes recuperados de las películas clásicas para que sean elementos que suman a su propio rumbo y sus nuevos personajes, no para erigirse en los protagonistas de la función. Son el respaldo de ese legado, concepto que creo preside como motivo central tanto el argumento como la manera de desarrollarse de El despertar de la fuerza. En ese sentido van tres escenas que me han parecido muy significativas. La primera es un plano de Rey con un casco de piloto con un gesto que recuerda al pequeño Annakin en La amenaza fantasma. La segunda, y no es spoiler, está en el trailer, es la escena del cráneo de Vader, y hay una tercera relacionada con los planetas de la República donde Abrams deja clara su intención de pasar página respecto a los episodios I, II y III. El despertar de la fuerza está empeñada en seguir su propio camino, aunque, tal como anticipé en mi artículo sobre la película para la revista mensual Acción (¿todavía no has ido a buscarla al quiosco?), se respira en ella cierto toque de inspiración de algunos elementos y propuestas del Universo Expandido, la Primera Orden etcétera, que son las que le aportan un tono más oscuro.

En el territorio del cine de evasión y entretenimiento no merece menos de cinco estrellas.

Miguel Juan Payán

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