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CONCURSOS

Crítica de la película Mentes poderosas

Entretenido relevo de la saga de El corredor del laberinto con superpoderes.

Todo parece indicar que esta película es el comienzo de una franquicia llamada a sustituir, en la oferta de productos de ocio audiovisual de Fox, a la saga de El corredor del laberinto, con la que tiene muchos puntos de contacto argumentales en propuesta de conflicto y personajes. Pero ya que estaban metidos en el lío, los responsables de este proyecto, adaptado de la novela de Alexandra Bracken, incorporan al mismo el tema de los superpoderes y revisten todo el asunto, siguiendo la pista del material original, de una especie de mensaje de integración racial y liberación con fémina empoderada como protagonista.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no es difícil entender que estamos, ya desde el origen literario de la trama, ante una especie de traje fabricado en serie, eficaz para lo que ha sido fabricado, pero fruto de un proceso de creación cuidadosamente pautado por una fórmula que replica cuidadosamente los elementos presentes en otros productos anteriores de esa misma “especie” o “familia”, con poca posibilidad para la sorpresa.

Hay un factor de serialización en la fórmula que impide que pueda haber una sorpresa real en el espectador, y se observa una inevitable inclinación hacia lo previsible y la réplica de esquemas. Nada de ello impide que todo el asunto resulte eficaz como entretenimiento, aunque nos encontramos con más de lo mismo que hemos estado viendo en las sagas de Los juegos del hambre, Divergente, Percy Jackson, El corredor del laberinto, La quinta ola y alguna otra producción de ese mismo tipo. Naturalmente con diferencias en cuanto a resultados, porque está más cerca de La quinta ola que de Juegos del hambre o El corredor del laberinto, de las que está lejos en cuanto a espectáculo. La publicidad intenta vincular la película a otras propuestas que, independientemente de los trabajos anteriores de sus artífices, le pillan bastante más lejos, como la serie Stranger Things y La llegada. Es una lástima que realmente no esté más cerca de estas dos, sobre todo de la primera, que habría podido encajar bien en un planteamiento de alternativa a la fórmula de jóvenes adolescentes buscando su propia identidad en un mundo en el que se sienten traicionados por los adultos, tema recurrente en todas las sagas que he citado anteriormente. De haber tirado por el camino de Stranger Things, y considerando el cruce argumental con superpoderes el asunto podría haber tenido mayor interés acercándose al territorio de Chronicle, Josh Trank, pero en lugar de arriesgar por ese camino los responsables del proyecto han decidido ir a lo seguro, y al hacerlo creo que han cometido un error, porque la fórmula de Juegos del hambre y sus emuladoras está bastante sobrexplotada y la propuesta está bastante agotada. Es lástima que no hayan preferido jugar la baza de darle otra vuelta, al cine de superhéroes franquiciados desde fuera de las franquicias, aunque por lo demás cualquiera que haya leído tres cómics de X-Men o Nuevos mutantes sabe perfectamente que en lo esencial Mentes poderosas no es precisamente original o innovadora. Según veía la película pasaba ante mis ojos la oportunidad perdida de haber fabricado un híbrido con elementos de Cuenta conmigo y Stranger Things cruzados con superpoderes y arriesgando algo más estilo Chronicle, todo ello teniendo como referencia una aplicación de la fórmula de niños y adolescentes en una pesadilla de adultos que tan bien tratara Mark Twain en Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn… pero supongo que eso ya va a ser mucho pedir para los tiempos de reciclaje sistemático de propuestas que vive el cine estadounidense actualmente, así que toca conformarse con un moderado nivel de entretenimiento y repetición de la fórmula. El caso es que incluso en la repetición de la fórmula tiene algunos puntos flacos, como la falta de aprovechamiento de personajes como los del presidente interpretado por Bradley Whitford y la cazadora de recompensas Lady Jane interpretada por Gwendoline Christie. Dicho sea de paso es en esos personajes donde está lo verdaderamente interesante de la historia, pero incomprensiblemente son poco más que cameos para adornar una trama que en su primer y segundo acto, aun siendo presa de la repetición y la fórmula, sale adelante como historia de viaje y aventuras juveniles pero en su ecuador se convierte en una atropellada carrera hacia un desenlace en el que revela torpemente su verdadera naturaleza como historia de amor que se come casi todo lo demás, en una propuesta argumental que desde los libros posee elementos para resultar más entretenida y trepidante en su paso al cine.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Los increíbles 2

Excelente secuela de la película Pixar, que se ha tomado el tiempo adecuado para regresar. Quizá por eso es tan bueno el regreso de esta familia de héroes. Aunque otros elementos de gran éxito de la familia Pixar habían tardado un tiempo similar en volver, como Monstruos, y no habían tenido el mismo brillante desarrollo de guión que esta secuela de nuevo dirigida por Brad Bird, quien siempre ha dicho que sólo haría la secuela si tenía la historia perfecta, y no era sólo un producto más para hacer caja. Parece ser que las dos cosas las ha clavado, porque no sólo tiene un producto de enorme éxito comercial (va a recaudar el doble que la película original en todo el mundo) sino también de gran calidad.

Los Increíbles 2 comienza justo donde acababa la película original, explorando un poco más el conflicto entre héroes y humanos, entre personas con poderes y un mundo que los necesita y teme a partes iguales, por lo que su presencia está prohibida. Y no va a ser fácil cambiar eso, por lo que un par denuevos personajes ofrecen a Elastigirl la posibilidad de ser el nuevo rostro que cambie eso, y devuelva a los superhéroes su estatus anterior. Eso obliga a su marido a quedarse en casa cuidando de la familia, tarea que para él no será nada sencilla. A partir de aquí he oído comentarios de todo tipo, desde que se trata de una película verdaderamente feminista a que es un ataque al feminismo desde el liberalismo. Y análisis geopolíticos de la película…

No creo que sea el principal aspecto de la película, que al final es una sátira sobre el mundo de los superhéroes, con mucho humor para toda la familia y un excelente tono de cine de aventuras con estética sesentera. Reírse de todo y de todos es la clave, y usar los tópicos familiares para ello (ante la ausencia de la figura materna como cuidadora, la familia se tambalea) funciona siempre y cuando lo tomemos como la comedia que es. Trepidante, humana, con la que podemos identificarnos, con ganas emocionarnos y cercana. Pero no, no es un análisis político completo de la situación mundial, aunque apunte maneras respecto a ciertos temas que en todo el mundo están de absoluta actualidad.

Pero sin perder nunca de vista la meta. El entretenimiento. La aventura trepidante con set pieces de acción tan brillantes como la del tren (y sus homenajes), el asalto a la casa o el tercio final. Con momentos realmente divertidos y con mala uva sobre criar a los hijos (Edna y Jack Jack reyes de la función), y con sus gotas, dentro de quienes hacen la película, de feminismo y demás, pero sin alejarse demasiado de los valores tradicionales de Disney, que al fin y al cabo es donde nos movemos. Muy bien escrita, muy bien dirigida aunque le sobren un par de minutos a sus casi dos horas de metraje. Una magnífica secuela.

Jesús Usero

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Aprovechando el re-estreno de EL PADRINO el 29 de JUNIO podréis ganar una de las 8 camisetas de la película

Basada en el bestseller de Mario Puzo, y considerada una de las mejores películas de la historia, El Padrino es el violento y emocionante retrato de una familia siciliana que lucha por mantener su poder en la norteamérica de la posguerra, llena de corrupción, engaños y traiciones. La película, que obtuvo 10 nominaciones a los Oscar® y obtuvo tres, incluyendo el de mejor película de 1972, se presenta ahora restaurada bajo la supervisión del propio director.

Crítica de la película El Justiciero con Bruce Willis

Un remake de la película de Charles Bronson, algo regulero. La moda de los remakes llega ya hasta la serie B con esta película de Eli Roth protagonizada por Bruce Willis que intenta recuperar el espíritu de justicieros vengadores que nacieron con y a la sombra del Paul Kersey que Bronson interpretó en los años 70 por primera vez, una especie de Harry el Sucio en versión justiciero, que reflejaba un clima político y social, una época muy concreta, en la que Estados Unidos vivía en un momento crítico que definiría en gran medida las décadas posteriores. No es la misma situación, aunque pueda parecérsele (no hay un Vietnam de por medio) pero hay suficientes paralelismos para que la idea pudiese funcionar. Y no lo hace.

Un médico que vive de forma impecable, buen padre, marido y hermano. Mejor profesional, que ve como una noche su mujer es asesinada y su hija puesta en coma tras un robo en su casa. Harto de ver cómo la policía es incapaz de hacer algo por encontrar a los culpables, se pone manos a la obra él mismo para hacer justicia y buscar por su cuenta a los responsables. Y lo que en los 70 era la protesta de la clase media ante una situación de descontento, crisis y crimen en las grandes ciudades, aquí no sabemos nunca si quieren glorificar el uso de las armas, o satirizarlo. Si están a favor o en contra del justiciero. Desaprovechando el tema de las redes sociales, internet y la opinión pública, algo que queda en mera anécdota.

Potente visualmente, poderosa aunque imperfecta. La primera película como director de Samu Fuentes seguramente será comparada con El Renacido, la película que le dio el Oscar a Leonardo DiCaprio, aunque no es del todo justa la comparación. Pero sí comprensible. Su uso del paisaje y el tipo de paisaje que presenta, su ausencia de diálogos durante gran parte del metraje, la fuerza de sus imágenes y el carácter de su protagonista, un cazador solitario entre montañas, le dan un tono cercano, sí, aunque en esencia sea una película completamente distinta. No se trata de una búsqueda de venganza y supervivencia, sino de una historia sobre la soledad y el aislamiento en la naturaleza, y sobre lo poco preparados que estamos entonces para relacionarnos con otros seres humanos.

La película cuenta la historia de un cazador, interpretado por Mario Casas, que es el último habitante de un pueblo perdido en las montañas, y que baja muy de cuando en cuando al pueblo que hay en el valle, para comerciar con las pieles de lo que caza (mantiene al pueblo a salvo de los lobos) y para comprar lo que necesita… bueno, y otras cosas. Cuando una mujer entre en su vida, todo cambiará para él. A partir de ese momento comienza realmente la película, la historia de ese hombre aislado y la situación que le lleva a encontrarse con no una, sino dos mujeres, lo que incluso en el último tercio de la película incluye una pequeña parte de thriller con un tono casi cercano a Hitchcock.

Crítica de la película Captain Fantastic

Matt Ross diseña una imaginativa odisea en clave ecologista, con una familia que abandona voluntariamente la vida urbana para instalarse en pleno bosque. El filme resulta convincente y emocionante, liderado por la presencia de un brillante Viggo Mortensen.

Tras bucear por las experiencias juveniles al lado de su madre, el peculiar Matt Ross (28 Hotel Room) ha sacado adelante una activa película, que centra su discurso en varios frentes: las relaciones entre padres e hijos, las cosas innecesarias que dominan al ser humano contemporáneo y la defensa a ultranza de poder llevar una vida alternativa a la del resto de los mortales.

Aliado con un actor tan comprometido con las causas aguerridas como Viggo Mortensen, Ross construye con las citadas tesis un filme compacto y reflexivo, en el que las posiciones rígidas respecto a la existencia quedan superadas por perspectivas diferentes en la manera de entender la comunión absoluta con lo que nos ofrece la Tierra.

Crítica de la película Interstellar de Christopher Nolan

Interstellar: Obra maestra. Lo mejor que ha hecho Nolan en su carrera. Brillante.

En mi opinión, Interstellar supera todo lo que hemos visto de Nolan hasta el momento. Y con eso ya lo digo todo. ¿Por qué? Se lo explico: cuestión de sentimientos, emociones, lirismo, filosofía, especulación… Y un largo etcétera que, como la nave en la que se desplazan los protagonistas, gira en torno a la madurez. Lo que ha hecho Nolan con el género de ciencia ficción en esta película no lo hacía nadie desde que Stanley Kubrick rodó 2001 (1968) y Andrei Tarkovski estrenó Solaris (1972). Lo que ocurre es que, seamos sinceros, 2001 y Solaris no son películas fáciles de ver, sino excelentes pero muy complejos ejercicios de reflexión filosófica que suelen desanimar a buena parte de los espectadores. Interstellar es todo lo contrario: un notable ejercicio de reflexión, como las dos películas citadas, pero al mismo tiempo un brillante, trepidante, emotivo, entrañable y absolutamente imprevisible viaje a la aventura en el que el guionista y el director no dejan que nos separemos de lo que ocurre en la pantalla ni un segundo. Trabajando con un guión en el que vuelve a brillar el talento de Jonathan y Christopher Nolan para trabajar elementos de distintas mitologías y referencias múltiples tanto cinematográficas como literarias, los artífices de Interstellar han creado la película de ciencia ficción perfecta, forjada en una aleación salida de un crisol donde se mezcla la ciencia, la fantasía, la ficción, el amor y las aventuras en las dosis correctas. Los aficionados a la literatura de ciencia ficción sabrán advertir sin duda el íntimo parentesco que tiene esta aproximación al género con uno de los clásicos literarios esenciales del mismo: Crónicas marcianas, de Ray Bradbury. De hecho es muy significativo que Interstellar se sitúe más cerca de Bradbury que de Arthur C. Clarke, inspirador literario de 2001, porque el secreto de su excelente manejo del cine de ciencia ficción radica precisamente en las mismas claves de tratamiento con los conflictos y personajes que siempre manejó Bradbury, quien como los Nolan en esta película hacía algo tan sencillo y al mismo tiempo tan mágico y grande como simplemente contar historias de la gente, por mucho que al mismo tiempo estuviera hablando de salir al espacio exterior y terraformar un planeta. Los cuentos que constituyen Crónicas marcianas son buena prueba de ello. Y si después de ver Interstellar se quedan con ganas de leer buena literatura de ciencia ficción les recomiendo que empiecen por ellos, y no duden que verán rápidamente la similitud en su tono  planteamientos narrativos. En esa línea, Interstellar destaca por ser al mismo tiempo una historia de exploración espaciotemporal que sin embargo no se aparta ni un milímetro de la exploración de nuestros sentimientos y emociones. Así evita ser sólo otra space opera más y se convierte en una obra maestra que además se ajusta a las claves, intereses y preocupaciones esenciales de Nolan como autor. Dicho sea de paso, todos los resortes y pistas que anticipé en el artículo que publiqué en el último número de la revista Acción están presentes también en esta película. Allí hablé del papel de la mentira en el cine de Nolan como uno de sus aspectos más destacados, y ciertamente la mentira tiene un protagonismo muy destacado en Interstellar, así que les recomiendo echarle un vistazo a ese artículo de la edición en papel de Acción si quieren completar claves y pistas sobre Interstellar.

Pero lo más brillante de esta propuesta no está en su naturaleza y eficacia como aventura de ciencia ficción, sino en el verdadero corazón de la misma, que no es otro que su historia de amor. La historia de amor era ya el epicentro, la verdadera alma de Origen, pero en Interstellar es mucho más potente. De hecho como refleja uno de los diálogos de Anne Hathaway, es una fuerza capaz de saltarse todos los límites y trabas del espacio, el tiempo y cualquier otra dimensión que se nos pueda ocurrir. Además en esta ocasión no hay una, sino varias historias de amor, entre las cuales la más potente es la de ese padre por sus hijos, sobre todo por su hija, que arranca la trama señalando el camino emocional del resto de la historia. Y, amigos, cualquiera que sea padre sabe que el amor de un padre o una madre por sus hijos supera cualquier otra cosa. En Origen era la historia de amor por la esposa, aunque los hijos también estuvieran implicados en la trama, sin ser el epicentro, al contrario que en Interstellar. Multipliquen por cien ese sentimiento y tendrán una idea aproximada, sólo aproximada, de lo que es capaz de hacer un padre por sus hijos. Como ven, nada de esto tiene que ver con la ciencia ficción. Sin embargo sí tiene que ver con la gente. De hecho, el protagonista realiza su acto más heroico en ese primer paso de la trama, en la despedida. Ese será su máximo sacrificio, que nos es imposible no compartir emocionalmente. Interesante cómo la amenaza se manifiesta allí donde no existe vínculo emocional.

Otro aspecto en el que los Nolan han mejorado su propuesta en Interstellar frente a la ya de por sí muy notable Origen es en la perfecta sinergia entre las escenas de acción y esa trama emocional. En Interstellar ambas cosas encajan perfectamente y contribuyen a alimentarse una de otra con una fluidez mucho más afinada que la de las secuencias de acción con el romance de Origen. Buena prueba de ello es la acción en paralelo que Nolan desarrolla aproximadamente a las dos horas de película vinculando lo que ocurre en la Tierra con lo que les ocurre a los exploradores, o lo que es lo mismo, la peripecia de la hija y el padre, que se desarrolla además con un acompañamiento musical perfecto y tan brillante como el de las imágenes que en mi opinión lleva un punto más allá la sinergia entre lo visual y lo musical en el cine de lo que lo llevaron las colaboraciones entre John Williams y Steven Spielberg. Por cierto, los primeros compases del relato en la granja, con el padre, el abuelo, los hijos, son muy Spielberg, pero también mejoran mucho el tipo de propuestas que nos suele hacer Spielberg en sus películas.

Siguiendo con la música, esencial contribución de Hans Zimmer a la película, les pido que reparen también no sólo en el uso que hace Nolan de la música, sino también del silencio. El director ha conseguido que en el espacio exterior un silencio se convierta en algo mucho más espectacular que cualquier ruido, estallido o parafernalia acústica que hayamos visto en cualquier otra película de ciencia ficción.

Otro detalle a tener en cuenta: el sentido del humor, cuidadosamente dosificado, y astutamente repartido. La trama que se presenta es eminentemente dramática, pero el diálogo ha encontrado una vía sutil para desarrollar el humor en un recurso que sin duda habría satisfecho a otro de los grandes literatos de la ciencia ficción, que entra así en el cuadro de fuentes de inspiración de la película, Isaac Asimov.

Además el reparto está perfecto, en una composición clavada de los personajes, pero teniendo en cuenta la calidad que hay reclutada en el mismo es casi una obviedad. Como obvio es decir que Matthew McConaughey pone otro brillante trabajo en su filmografía, aunque en mi opinión debería haber más de un nominado al Oscar en este reparto y en el equipo técnico de la película.

Lo que sigue recomiendo leerlo después de ver la película.

Presumo que los furiosos antinolanistas, virtuosos de negarle el pan y la sal a este brillante director por los caminos más pedestres que uno pueda imaginar, podrían criticar esta película pretextando que han sabido ver de qué va el tema del fantasma desde el principio. Para ellos y para todos los lectores va esta aclaración por la vía de las teorías de argumentos universales: este es un viaje de Jasón convirtiéndose en Ulises, así que lo importante no es llegar, sino lo que se aprende durante el viaje. El propio Nolan siembra pistas de sobra para que quede clara la intriga del fantasma antes de que emprendamos con Cooper el viaje. La clave no es saber a dónde vamos a llegar, sino cómo vamos a llegar hasta allí, y lo que aprenderemos en el camino. Por eso el viaje de Interstellar es eminentemente emocional.

Feliz viaje.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El juego de Ender

El juego de Ender, ciencia ficción de calidad, imprescindible para los amigos del género y recomendable para aficionados al buen cine.

La adaptación al cine de El juego de Ender, la novela de Orson Scott Card, no era nada fácil y de hecho todo apunta que muy posiblemente el mejor terreno para trasladarla al audiovisual era el de la serie o miniserie de televisión. A pesar de ello, el resultado final de esta adaptación a la pantalla grande de la fábula sobre sobre la corrupción de niños soldados convertidos en asesinos tiene una excelente factura visual, saca el máximo partido a su despliegue de efectos visuales, y propone una forma de entender la ciencia ficción más madura y cercana a los planteamientos literarios del género. Esa misma tendencia marcó las películas de ciencia ficción en su paso a la edad adulta, iniciada con 2001 de Kubrick a finales de los sesenta, y finalizada abruptamente con ele estreno de La guerra de las galaxias de George Lucas más o menos una década más tarde. El juego de Ender en su forma como película es el perfecto ejemplo para definir esa frontera que separa las versiones cinematográficas de las historias que adaptan, en una lógica mutación que impone las necesidades del medio cinematográfico sobre las necesidades y logros de la literatura. La película elige centrarse en el personaje que da título al libro, podando el resto de las subtramas implicadas en el relato original Fundamentalmente la gran sacrificada es la subtrama que protagonizan la hermana y el hermano de Ender, que en el momento de aparición de la novela fue un excelente ejercicio de prospectiva de su autor, anticipando el papel de internet y las redes sociales en el devenir político. Eso elimina casi totalmente el papel del hermano de Ender, que en la novela era un antagonista, la gran amenaza, y deja el papel de la hermana bastante mermado narrativamente. Teniendo en cuenta que todas las novelas de Orson Scott Carr hablan de la familia, es una pérdida que muchos seguidores del libro podrían considerar lógicamente muy sensible. Pero al leer los créditos de la película se me ocurrió que el término “basado en…” tiene un significado que quizá a muchos se nos podría haber escapado cuando hacemos balance de las adaptaciones de la novela al cine. Lo cierto es que dentro de una novela no hay nunca una sola, sino muchas historias distintas, y como ejemplo basta citar una destacada obra maestra de la ciencia ficción cinematográfica, Blade Runner, que dejó fuera de su relato varios elementos y subtramas interesantes de la novela de Phillip K. Dick que la inspiró, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, especialmente el tema del Mercerismo. Es un excelente motivo, entre muchos otros, paras volver a insistir en que es esencial leer, porque además leer sigue siendo el mejor pasatiempo que conozco. Teniendo en cuenta esa pluralidad de historias que habitan en toda novela y el hecho de que leer sigue siendo mi pasatiempo favorito, incluso por delante del cine, no me causa mucho problema ni escrúpulo ver versiones cinematográficas que adaptan la parte del libro original que a sus creadores les parece más significativa. Siempre y cuando sigan siendo fieles a eso que algunos llaman “el espíritu” del original y yo prefiero calificar simplemente como las tripas del asunto. Ese “espíritu” y esas tripas están plenamente presentes en esta versión cinematográfica de El juego de Ender, aunque inevitablemente sus artífices hayan decidido podar toda la parte “política” de la novela, que servía como contrapeso de equilibrio de la parte más belicista de la misma. Lo cierto es que me molesta más que la simplificación que se impone en la versión cinematográfica nos deje una peripecia de formación de Ender más concentrada en lo referido a su largo periodo de aprendizaje, promoción y liderazgo, una reducción de las batallas que debe librar y del papel del libro que da título a la historia así como un resumen del papel que tiene el videojuego como alternativa de género de fantasía y cuentos infantiles que en la obra de Orson Scott Card complementa con excelentes resultados las claves de ciencia ficción.

Lo que ocurre con esta versión cinematográfica de El juego de Ender, es que mirada desde la experiencia de haber leído la novela puede hacernos caer en la trampa del purista fundamentalista, llevándonos a pensar que esa poda de elementos de la misma es perjudicial para el relato, porque rompe la trinidad de distintas caras que presentaba el mismo: la peripecia de formación y superación de Ender en el entorno militar, que es un excelente ejemplo de la ciencia ficción militarista aplicada a reflexiones humanistas; las fábulas fantásticas desplegadas en el videojuego del gigante que introduce la fantasía en esa fórmula narrativa de ciencia ficción, incorporando elementos grotescos que son como un eco de las aventura de Alicia en el país de las maravillas, y finalmente la trama de manipulación y ascenso al poder de los dos hermanos en el frente civil, que añade una nota de distopía tecnológica al conjunto, además de constituirse en principal valedora del relato como interesante ejercicio de prospectiva y anticipación dentro de la ciencia ficción de carácter sociológico.

Pero lo mejor de El juego de Ender es que contrarresta esa pérdida de personajes, elementos y subtramas con un vigor visual que emparenta la película con el gran clásico entre las obras maestras del género, 2001 una odisea del espacio, y aunque el director cita como influencia al cine de David Lean en la vídeoentrevista que le hicimos para esta misma página, lo cierto es que a quien esto escribe le parece que la principal influencia de El juego de Ender está en las películas de Stanley Kubrick. Además de la lógica presencia como referente en clave de eco visual que se incorpora desde 2001, la película se desarrolla argumentalmente como una especie de variante de La chaqueta metálica en todo lo referido al entorno cuartelero que rodea al protagonista y su educación para dar la muerte a sus enemigos, incluyendo su antagonismo con el superior inmediato, Bonzo Madrid, o la manipulación emocional a que es sometido por el encargado de su formación, interpretado por Harrison Ford, y por el responsable de su entrenamiento como líder de la flota, interpretado por Ben Kingsley, dos “padrinos” del protagonista que incorporan a la historia el tema de la suplantación de la paternidad y la familia por el ejército. El tema de los niños convertidos en guerreros encuentra además una forma de desarrollarse que convierte a los jóvenes reclutas en una variante de los Drugos que protagonizaban La naranja mecánica, aunque para satisfacer las necesidades de amortización del presupuesto se hayan limado los momentos más violentos de la novela original en los duelos de Ender con sus compañeros, especialmente en el caso del personaje de Bonzo Madrid.  Por otro lado, el viaje de búsqueda de aceptación y definición de sí mismo que emprende Ender lo aproxima al antihéroe más completo de la filmografía de Kubrick: Barry Lyndon. Todo eso mientras la película bascula en lo referido a su escenografía entre 2001 (en el interior de la base y el espacio exterior) y Teléfono rojo: ¿volamos hacia Moscú? (en el diseño y la iluminación de los fragmentos que transcurren en el juego final con los mandos contemplando el resultado de la batalla).

De manera que cabe asegurar que todo aquello que la película ha podado de la novela original, está equilibrado sobradamente con su factura visual, sus referentes cinematográficos y un reparto que realmente consigue meternos incluso más que las propias imágenes en esta muy recomendable y madura propuesta de ciencia ficción cinematográfica, que además consigue hacernos reflexionar sin perder un ápice de su poder de entretenimiento.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Thor, el mundo oscuro.

Mejor que Thor, me gusta más que Iron Man 3 y es más cercana a Los Vengadores.

Esta segunda película sobre Thor tiene las cosas más claras sobre su identidad como producto Marvel que la primera. Dicho de otro modo: es más cercana a los comics en que se basa en todos sus aspectos. Y conste que la película dirigida por Kenneth Branagh siempre me ha parecido buena, aunque personalmente me divirtiera más viendo la película de El Capitán América. Además Thor el mundo oscuro tiene gran habilidad para administrar el protagonismo de sus distintos personajes en diferentes fases del relato, lo que fue sin duda uno de los mayores aciertos de Los Vengadores y es una característica que define los comics de superhéroes de la editorial Marvel. En éstos los superhéroes propiamente dichos son sin duda los principales protagonistas, pero nunca son los únicos protagonistas. Por eso la película nos propone primero el reencuentro con Loki, antes de saltar a un momento que deja claro que Thor el mundo oscuro es mucho más cercana a las viñetas de la Marvel que la película anterior: la batalla en Vannaheim. Ahí es donde empieza a hacerse patente que Sif va a tener mayor peso en la trama, lo mismo que los compañeros guerreros del protagonista. Esa apertura de carácter épico marca la pauta del resto de la película, que mezcla con habilidad elementos de las historias de Espada y Brujería y el género de aventuras con la ciencia ficción. Además deja claro que estamos ante una visión del universo Marvel en el cine perfectamente conjuntada con las estrategias narrativas y de explotación cinematográfica de los cómics de esa editorial aplicadas en Los Vengadores. Continuidad total que se extiende tanto a una broma visual entre Thor y Loki a mitad de la película en clave de cameo de otro personaje como al primer fragmento post-créditos en el que se deja bastante claro cuál será el tema y el villano de Los Vengadores 2. La continuidad que toma como epicentro del universo Marvel en el cine Los Vengadores es probablemente lo que buscaba la productora cuando cambió al autor de la música de la película propuesto por el director por el compositor de Iron Man 3, Brian Tyler. Otro elemento de continuidad de las claves que propiciaron el éxito de Los Vengadores lo encontramos en el uso del sentido del humor. Tras el comienzo en Asgard con los “dioses”, entra en el relato la Tierra y los humanos aportando la parte más humorística al argumento, antes de convertir a Jane Foster (Natalie Portman) nuevamente en el puente entre el mundo de Thor y nuestro planeta y al mismo tiempo en una especie de variante de Alicia en el país de las maravillas que pasa al otro lado del espejo.

Thor, el mundo oscuro desarrolla un papel más interesante para Loki, y con un conflicto que da más juego que el tradicional encuentro entre protagonista y antagonista.  En esta película, Loki se confirma como el gran villano o antagonista de las producciones de superhéroes producidas por Marvel. Además los elfos oscuros son más sólidos y tienen más personalidad que los gigantes del hielo de la primera entrega. Frente a la primera entrega, ésta cuenta con más secuencias de acción (la batalla de Vannaheim, las mazmorras, el ataque a Asgard en plan batalla de Inglaterra, el enfrentamiento final …), saca el máximo partido a la misión imposible de Thor y sus compañeros en la línea de explotación del grupo de personajes, cada cual con su momento de protagonismo. Además la película exhibe una gran capacidad para aportar información con un solo plano a modo de viñeta de cómic (por ejemplo el plano de Thor, Odin, Frigga y Jane Foster después del ataque de los elfos a Asgard). Y para completar el trabajo cierra su trama con una batalla espectacular y con un final de cliffhanger imposible de superar que además encaja perfectamente con la personalidad del relato y los personajes del comic en el que se basa la película. El guión se mueve con más libertad y ritmo que en la primera entrega una vez que presentara en aquella a los personajes, los actores están más cómodos en sus papeles, Hiddleston tiene totalmente dominado su papel como Loki y sus secuencias con Hemsworth interpretando a Thor son mejores que las de la primera entrega. Todos los actores del reparto sacan partido del mejor aprovechamiento de sus personajes en el guión, empezando por Stellan Skarsgaard y su breve pero hilarante papel como contrapunto cómico o Idris Elba dando vida a la clave más épica de su papel como Heimdall, el guardián del puente, o Kat Dennings ejerciendo como la chispeante becaria/amiga de la protagonista.  

Aviso: es preciso quedarse hasta el final de todos los títulos de crédito para conocer el verdadero desenlace de este relato. Además del guiño de anticipo para próximos proyectos Marvel, esta es la primera película de los superhéroes de la compañía que termina el arco dramático de su argumento después de los créditos finales. Sospecho que más de un impaciente se va a quedar sin ver el verdadero desenlace de la película.

En cuanto a verla o no en 3D, opino que ésta es una de esas ocasiones en las que merece pagar el sobreprecio por la carga de acción constante que nos propone el argumento. Thor el mundo oscuro tiene más acción y de forma más continuada que cualquier otra película producida por la Marvel, excepto Los Vengadores. Y realmente en las escenas de batalla saca buen partido a la aplicación del 3D.

Miguel Juan Payán

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Rodar esta película ha sido como hacer tres películas en una”, afirmó el director Eugenio Mira (The Birthday, Agnosia), en una charla con periodistas y aficionados que asistimos ayer por la tarde a un pase de Grand Piano, película que produce Rodrigo Cortés (Buried, Luces rojas) y que se ha ganado el respaldo de la crítica y los espectadores que han tenido la oportunidad de verla por su excelente construcción de una intriga en la línea de los clásicos del suspense de Alfred Hitchcock.

Mi relación con Eugenio es sobre todo de admiración –apuntó  Cortés para introducir la presentación de la película-. Le conocí con su primer corto, Fade, una película con un trabajo visual estupendo que estaba muy lejos de lo que se estaba haciendo en ese momento, muy spielbergiano en su imagen, pero todo transmutado a través de esa sensibilidad que está dialogando en su cabeza constantemente creando universos completamente distintos. Todo eso se confirmó con su primera película, The Birthday, una auténtica locura que hizo con Corey Feldman hace algunos años, con una propuesta de diseño, de manejo de la cámara y del sonido absolutamente narrativo en términos semánticos. En aquel momento yo acababa de estrenar mi primera película como director, pero yo mandaba a todo el mundo a ver su película, incluso a mis productores, y pensaba: incluso a quien no le guste esta película debería lanzarse a por este tío, porque tiene una forma única de hacer las cosas”.

Esa forma única ha llevado a Mira y Cortés a compartir el reto de poner en pie el difícil proyecto de Grand Piano, película protagonizada por Elijah Wood y John Cusack que si bien tiene algunos puntos de contacto con el tipo de cine planteado por Rodrigo Cortés en su película Buried (Enterrado), cuenta con su propia personalidad desde el primer fotograma. Cuando  le preguntan cuánto hay del cine de Rodrigo Cortés en Grand Piano, el productor contesta que, como en el caso de las películas de Hitchcock, es “claramente una película del director, dirigida por Eugenio Mira y de Eugenio Mira. Hay una mirada determinada. Lo que de verdad destila la película, es el  alma de la voz que ha tomado una serie de decisiones creativas, que en este caso es el director. Si de repente alguien ve esta película y dice: es un tío tocando un piano, y eso es de Rodrigo Cortés aunque él metió al tío en una caja, es como decir que Gravity también es mía. Mi función como productor no es intentar que la película se parezca a lo que yo habría hecho, dado que nada en la película se parece a lo que yo habría hecho, porque tengo en mi cabeza ideas o soluciones diferentes, sino intentar ser útil para que la visión de Eugenio llegue a la pantalla de la forma más eficaz posible”.

Cortés explica su primer contacto con el guión afirmando: “Cuando lo leí me estalló la cabeza, y no por los elementos dramáticos de la historia, sino porque como director me veía obligado a desmenuzar todo ese material y suponer lo que eso significaría desde el punto de vista de la producción. Si tú ves Última llamada, tienes a un tío hablando por teléfono. Te va a interesar lo mismo que en esta película: qué está diciendo a la persona con la que habla, si la tensión se resuelve en algo interesante o no y si el tío se salva o muere. Pero lo que tienes es un tío en una cabina. Aquí lo que tienes es un tío al que le pasa todo eso mientras toca el piano junto con una orquesta en un gran auditorio de Chicago. ¿Qué significa eso? Que cualquier cosa que veas tiene que sincronizarse de una forma muy específica con una música que tiene que tener múltiples funciones. Eso obliga a que previamente había que hacer un trabajo complejo para desmenuzar la película en términos musicales consiguiendo un mapa de carreteras, exacto segundo a segundo que determine la duración de cada uno de los diálogos, las miradas, las reacciones, etcétera. O tienes a un director con un conocimiento muy profundo del lenguaje cinematográfico y muy profundo de la música o es imposible llevarlo adelante. Eugenio es un director que tiene ambas cosas. Fue compositor de la música de sus dos primeras películas, tiene formación musical y fue capaz de hacer ese trabajo matemático para la película”.

La música es junto con la intriga la gran protagonista de Grand Piano, para lo cual ha sido necesario que el compositor Victor Reyes elaborara una partitura para la película siguiendo cuidadosamente las indicaciones derivadas del trabajo previo de Eugenio Mira desarrollado para encajar un guión cuyos referentes musicales eran falsos y hubieron de ser construidos desde cero para sustentar la tensión y el ritmo de las múltiples escenas de suspense que contiene este largometraje.

Tanto el director como el productor demostraron tener mucho juego de cintura para evitar significarse respecto a las declaraciones del ministro de Hacienda Cristóbal Montoro poniendo en duda la calidad del cine español. Eugenio Mira afirmó: “No puedo decir qué es el cine español ni opinar sobre algo que en mi opinión no existe. Grand Piano se exhibe fuera y no se puede decir de dónde viene. Vigalondo acaba de rodar Open Windows también con Elijah Wood, y no sé lo que tenemos en común más que esa característica de ratas en un barco que se hunde. Es curioso porque desde fuera piensan que en España existe una situación en la que toda una generación de jóvenes directores puede hacer las películas que les interesan sin problema, creen que aquí hay una industria potente, aunque en realidad no es así. Yo jamás he pensado en términos industriales, y de repente ya no existen las ayudas, así que para mí de repente he tenido la suerte de asistir a este sueño que es Grand Piano, la oportunidad de ver cumplido este sueño de trabajar con una gente que hace las películas que les gustan, y en España. ¿Quién iba a decir que esto iba a ocurrir en España, cuando eso ya no está ocurriendo ni en Estados Unidos?” Por su parte, Rodrigo Cortés explica: “No tengo nada que decir a ese respecto porque creo que es contraproducente. Ahora mismo hay una percepción del cine español que es ideológica. Lo cual hace cualquier tipo de opinión sea radicalmente irrelevante, para empezar. Y para seguir, cuando intentamos cambiar esa percepción, estamos haciendo el idiota: no conseguimos nada nunca, salvo llorar, y conseguir que los demás te vean como un llorón, algo que es tremendamente contraproducente. Es mucho más fácil cambiar la realidad que cambiar la percepción de la gente. Hace años, cuando éramos adolescentes oíamos hablar de las españoladas, las americanadas, una serie de conceptos que hace mucho tiempo que ya no oímos, no sabemos cómo aparecieron ni cómo desaparecieron. Cuando  se habla de cine español se pueden decir cosas como esa de la calidad, y si de repente te gusta una película entonces se dice, bueno, pero es que esa no parece española. De manera que creo que nuestra responsabilidad no es hablar de eso. No hay nada que decir sobre eso. Sólo hacer las cosas que creemos que deben o pueden hacerse. El resto es absolutamente incontrolable, entrar en una guerra ideológica que no es en absoluto competencia nuestra”.

En cuanto a la relación de la película con el espectador y si el público es capaz o no de captar todos los matices de la película, como a los oyentes del concierto de Elijah Wood en el largometraje les cuesta reconocer si toca o no la tecla adecuada en la pieza difícil que cierra su concierto, Eugenio Mira reconoce: “Algo que tengo claro es que llega un momento en que tú no eres responsable de lo que la gente pueda ver en lo que estás haciendo. Si incluyes un chiste esperas que la gente se ría en el momento adecuado y entonces sabes que ha funcionado, pero a un nivel semántico, que es un nivel con el que puedes trabajar, un nivel de artesanía, trucos y resultados. Yo por ejemplo la primera vez que vi Vértigo de Alfred Hitchcock, cuando James Stewart se cruza con Kim Novak pelirroja pensé que era parte de una trampa de los malos que querían torturar al protagonista, y no, era una casualidad. Es la segunda mitad de la película, que nos pinta a James Stewart como un pervertido. David Fincher dice que Vértigo es la primera película sobre un pervertido… No eres responsable de lo que puede llegar a pensar el espectador ante la película. Lo haces lo mejor que puedes, tomas las decisiones que te parecen más adecuadas para contar la historia y no puedes hacer más. El comentario del personaje habla de eso: llega un punto en que tú lo haces lo mejor que puedes, pero no te puedes responsabilizar de la traducción que hace el espectador de la película, y al final, da lo mismo. Hay que aprender a relajarse un poco. La unanimidad a mi no me interesa, y hay directores a los que les gusta que la gente vea diferentes cosas en sus películas”. Frente al mismo tema Rodrigo Cortés tiene claro que: “No debe hacerse cine desde la condescendencia. Hay una forma de hacer cine que es asegurándote de que si hay un niño con siete años con síndrome de Down en la sala entiende perfectamente todo lo que está pasando en la película. Por supuesto que siempre tratas de analizar los mecanismos de percepción del espectador, para intentar que aquello que tú haces les golpee de una forma específica al margen de que les complazca o no. En lo personal no intento cerrar todo para que haya una visión única, sino que de repente me puede interesar mucho dejar ciertos territorios abiertos para que empiecen a generar en el espectador diferentes interpretaciones semánticas, que me parece que forman parte de esa interpretación. En todo caso, si tocas alguna nota mal, lo que esperas es que nadie se dé cuenta. Es tu única protección”.

Miguel Juan Payán

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