Crítica de la película Mision Imposible: Fallout

La mejor de las misiones imposibles de la 3 en adelante y muy cerca de la 1. Cruise se supera.

La sexta entrega de la franquicia de Misión imposible no da muestra alguna de agotamiento de la saga. Todo lo contrario. Completa el proceso de reinvención de la misma que se inició con la entrada en la franquicia de J.J. Abrams y pienso que de algún modo cierra un segundo ciclo tras el comienzo de cine más clásico de la primera película dirigida por Brian De Palma y el fallido resbalón de la segunda entrega, sin duda la peor de toda la saga. Esta película es la culminación de muchas claves que empezaron a manejar los artífices de la franquicia desde la tercera película y lo hace con una capacidad de autoparodia, un humor y un desarrollo de personajes en uno de los mejores guiones de toda la serie que consigue batir sin problemas a la última entrega de James Bond, Espectra, por poner un ejemplo de producto similar en el cine de evasión y enretenimiento.

Por otra parte, en lo que se refiere precisamente a cine de evasión y entretenimiento, lo que nos ofrece esta nueva Misión imposible es precisamente la propuesta más apetecible del cine de blockbuster para el verano. Es la mejor entre los estrenos que han llegado a nuestras pantallas en las últimas semanas y además va a situarse sin problemas como una de las mejores películas de este año, una de las más eficaces en su banda de explotación del cine como herramienta de evasión y entretenimiento. Pero además es muy sólida como película. Aprovecha las claves de sus predecesoras pero funciona perfectamente en solitario sin necesidad de ver el resto, cosa de la que no pueden presumir la mayoría de las franquicias de nuestros días.

El guión de Fallout hace dos cosas interesantes. La primera es poner al personaje de Tom Cruise en una nueva posición más interesante. A ver, el hombre siempre ha sido un pupas, resolutivo y eficaz, pero siempre luchando en primer lugar contra la incompetencia de sus jefes, lo que le otorgaba cierto tono de clásico y trágico perdedor. En la fase iniciada por J.J. Abrams empezó a cultivarse una segunda personalidad para este personaje de antihéroe que ha ido fructificando en varias entregas y alcanza su forma más completa en ésta última. Encontramos así a un Ethan Hunt que ajusta cuentas con sus fantasmas del pasado pero al mismo tiempo es capaz de incorporar claves de humor como el propio guión, que parodia, homenajea y al mismo tiempo bromea con las claves de la serie –el tema de las máscaras, por ejemplo-, sin renunciar a la solidez de los personajes, tanto el principal como los secundarios que le rodean y están mejor desarrollados y utilizados que nunca. Me atrevo a decir que, sin perder su propia personalidad, aquí Ethan Hunt me ha recordado más que nunca el tono y estilo de antihéroe trepidante que caracterizara los mejores momentos del Indiana Jones de Spielberg y Harrison Ford, un tipo que se pasa la película improvisando y con un diálogo y personajes y actitudes que en más de una ocasión arrancaron sonrisas y carcajadas a los espectadores incluso en el pase de prensa.

Divertida, trepidante, con un ritmo que hace que llegues a las dos horas y pico de metraje pensando que sólo has estado una hora en el cine esta es sin duda la mejor y más completa propuesta de la saga. Además Tom Cruise se supera, está en su salsa y consigue meterse al público en el bolsillo desde el prólogo. La secuencia en la que se lesionó es buena prueba de la dedicación que tiene a su trabajo y ver cómo completa su plano tras hacerse polvo la pierna como si no ocurriera nada es un ejemplo a seguir para todo actor. No hay truco: él se sigue jugando el físico en sus secuencias de riesgo, y está en una forma física propia de un atleta de alta competición, más que de un actor. Es grato ver eso en una pantalla tratándose de una estrella del cine de acción.

Pero dejando al margen el despliegue del protagonista hay otros factores en el reparto a tener en cuenta. El primero es lo bien que encaja en el conjunto la entrada de Henry Cavill. Parece que hubiera estado en la saga desde la primera entrega, y compone una pareja de acción con Cruise con buena química. Además los personajes de Ving Rhames y Simon Pegg reciben el homenaje y mérito que merecen y tienen un buen puñado de momentos de protagonismo propio para lucirse. Sin poner en cuestión el protagonismo de Cruise, podríamos decir que esta es la entrega más coral de toda la saga. Dicho sea de paso, es también una de las que mejor maneja la parte femenina de la misma, con cuatro mujeres dominando parcelas clave de la trama de manera nutritiva para todo el conjunto. Por cierto, si alguien se está preguntando si se echa de menos a Jeremy Renner, tengo que contestar que no. De hecho casi es mejor para el actor y para el equilibrio de fuerzas y protagonismos del reparto de esta entrega que no esté. Renner merece tener más papel del que ha tenido en las entregas anteriores, pero para ello tenemos un problema, y es que no hay metraje para desarrollar ese protagonismo. Para tenerle a un nivel de no desarrollo de su personaje, con participación meramente cosmética, es preferible que no esté presente. Y Alec Baldwin, que tiene poco papel, está perfecto dando un toque de estilo que completa y mejora el de todos sus antecedentes en ese mismo rol de jefe del departamento de misiones imposibles. Finalmente, en cuanto a las secuencias de acción, está tan bien servida como las entregas anteriores.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Sicario: El día del soldado

Cinco estrellas de buen cine de acción e intriga, sólido y para adultos.

El público tendrá que ponerse otra vez el chip de estado adulto para poder reencontrarse con el cine de acción de calidad y madurez en esta segunda peripecia del sicario interpretado por Benicio Del Toro que dirige Stefano Sollima con mano firme, las cosas claras, personalidad y contundencia. No defrauda. Y quienes esperaban más de lo mismo, se equivocan. Sollima ha rodado una película según su propio criterio, respetando su precedente, sin faltar a la identidad trazada por Villeneuve en Sicario, pero sin depender de la misma para elaborar su propio discurso. Le agradezco enormemente eso, porque estoy harto del “más de lo mismo” en las películas de saga, trilogías, secuelas, etcétera. De hecho, me resisto a etiquetar y minusvalorar Sicario, el día del soldado, como una secuela. Aviso que puede verse sin haber visto la película de Villeneuve, y no pasa nada. Tiene mimbre de sobra este cesto para salir adelante por sí mismo y estoy seguro de que cuando repasemos toda la producción que llegará este año a nuestra cartelera, Sicario: el día del soldado estará entre las diez mejores.

Es justo y conveniente aplaudir uno de los mejores guiones de cine que vamos a disfrutar esta temporada. Taylor Sheridan se confirma como pieza esencial en el puzle de los maestros que cuentan historias para el cine y la televisión de nuestros días. Y además coincide que acaba de estrenar serie, Yellowstone, tan recomendable para los amantes del buen audiovisual como sus otros guiones para la pantalla grande: Sicario, Comanchería, Wind River y por supuesto Sicario: el día del soldado. En una etapa en la que el género policíaco necesita más que nunca adoptar nuevas estrategias de desarrollo, necesita arriesgarse y reforzarse con personajes y argumentos sólidos, Taylor Sheridan es hoy por hoy el valor más seguro para apostar sin dudar un segundo por todo lo que nos proponga en este territorio. Y en Sicario: el día del soldado, el rendimiento del guionista Sheridan con el director Sollima le da al aficionado a este género el máximo de satisfacción.

La palabra clave es sobriedad. Y para que quede más claro cómo trabajan el concepto de menos es más Sollima y Sheridan, les propongo que cuando vean la película, se fijen en la manera contundente y eficaz, y que me recuerda al buen cine de conspiraciones y policíaco de los años setenta, en que presentan a los personajes de Josh Brolin y Benicio Del Toro. Y cómo desde el momento en que se presenta la acción en el supermercado con esa madre y su hija en la puerta, empiezan a removernos en la clave de empatía por las motivaciones y la moral ambiguas de los personajes principales. En el caso de Sollima y Sheridan esa elección de simpatía o antipatía por los personajes nunca es fácil. Y tener a Brolin y a Benicio Del Toro agigantándose como actores en esta producción es un refuerzo de potencia extra para los resultados de la película. Otro ejemplo de la adusta sobriedad de western crepuscular y setentero que trabaja la película lo encontramos en la secuencia de la llegada de Benicio Del Toro e Isabela Moner a esa especie de rancho decrépito, y la charla con el propietario. Momento de pura magia del cine. Para terminar con las referencias al western, en este caso al western mediterráneo, en el que el padre del director, Sergio Sollima, fuera tan definitorio junto a Sergio Leone, quiero llamar la atención sobre la parte final del viaje que hace el personaje de Benicio Del Toro, que encaja perfectamente con la fase de martirio y crucifixión que seguían los antihéroes principales del western mediterráneo y además es toda una lección de cine en lo que se refiere a su puesta en escena.

Pero eso no es todo, porque Sicario: el día del soldado no se conforma con hacer las cosas bien, sino que persigue hacerlas mejor. De manera que además de liberarse con habilidad y elegancia de la nada desdeñable sombra y la estructura de su precedecesora para buscar su propia identidad como propuesta más centrada en el duelo de personajes de Brolin y Del Toro, haciendo de éste último el hilo conductor de la trilogía de películas sobre el asunto, y por tanto el principal protagonista de esta segunda producción, cultiva no sólo a sus actores y personajes principales, sino también a sus supuestos secundarios. Isabela Moner en el papel de Isabel Reyes, tiene papel y desarrollo dentro de esta película de itinerario para todos los personajes, lo mismo que el otro destacado más joven el reparto, Elijah Rodriguez. Ambos jóvenes son un apunte de lo que le espera a las generaciones del futuro a los dos lados de la frontera de Méjico con Estados Unidos cuya identidad y complejidad va más allá de lo meramente geográfico, como bien ha sabido ver y escribir Taylor Sheridan y ver y narrar visualmente Stefano Sollima. Introduciendo a los personajes de Moner y de Rodriguez, la película incorpora y completa las distintas visiones de distintas generaciones sobre el conflicto fronterizo, pero también cultural y psicológico entre ambos países. Los viajes de los personajes de Moner y Rodríguez a ambos lados de la frontera son el relato dentro del relato de toda una nueva generación condenada por los pecados de sus mayores. Y ese punto de vista enriquece el conjunto de la propuesta argumental de Sicario: el día del soldado, tanto más cuanto que las voces que suenan en el mismo no son solo las de los personajes principales. Otro par de apuntes sobre esa forma de construir con verosimilitud tanto en el primer plano del relato como en el segundo son los personajes de Matthew Modine y Catherine Keener, que aparecen poco, lo justo y suficiente para dejar una impronta esencial en el relato general y marcarlo con el tufo de la política maquiavélica del fin justifica los medios que pudre y afecta al resto de los personajes.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El Hombre que mató a Don Quijote de Terry Gilliam

Si algo se puede decir de ella es que no dejará a nadie indiferente…

Para bien y para mal. Convertida ya en película de culto desde antes de su estreno, la última “extravaganza” de Terry Gilliam viene acompañada de un tortuoso proceso de creación y una polémica en torno a los derechos de exhibición que se ha resuelto hace poco en contra de los intereses del director en Francia. Un caos que empezó hace más de 13 años, justo cuando servidor colaboraba en un libro sobre la figura de Don Quijote en el cine y sobre la maldición que acompaña a los que intentan acometer un proyecto en torno al personaje desde fuera de nuestro país. Y ya entonces, en el año 2005, esa parte del libro se encabezaba con esta película, que en aquel momento protagonizarían Jean Rochefort y Johnny Depp.

Casi 15 años después aquí estamos. La película, con Adam Driver y Jonathan Pryce a la cabeza del reparto, sustituyendo a Depp y Rochefort respectivamente, ha llegado a nuestras salas. Y no es una película para todo tipo de público, eso seguro. Tampoco una que deje al espectador indiferente. No, no es una mala película, ni mucho menos, pero tampoco es buena en el sentido más estricto de la palabra. La mezcla de drama, comedia, aventuras y fantasía deja una película desestructurada, inclasificable, única, imperfecta, demencial… Por momentos ridícula, por momentos sublime. Un viaje para el espectador, una montaña rusa de emociones y sensaciones, más preocupada de transmitir emociones que de contar una historia.

Para quien esté acostumbrado al cine de Gilliam, sabrá que eso es habitual. Impactar al espectador, hacerle soñar despierto, trasportarle a un mundo distinto, donde las sensaciones quizá no sean como en el nuestro, pero que no olvidará. Una historia en la que el propio espectador tiene un personaje con el que identificarse claramente, un hombre que acompaña en su viaje de locura a otro que cree ser Don Quijote, pasando por aventuras cada vez más surrealistas, en las que realidad y fantasía se mezclan, no solo para el caballero sino también para el propio Sancho (Driver forzado a ello) y el espectador. Y donde el humor campa a sus anchas elevándose a cada minuto de proyección.

Ese humor tiene momentos sublimes (la Guardia Civil es memorable), otros no tan efectivos, y otros directamente vergonzosos. La química entre los dos actores protagonistas funciona con elegancia, y la presencia de nombres como Olga Kurylenko, Jordi Mollá, Stellan Skarsgard, Óscar Jaenada o Sergi López, ayudan a dar esa sensación de reparto de grandes actores que se unen a esta fiesta, este caos ruidoso y aparentemente sin control. Es curioso que incluso cuando más caótica parece la película, cuando menos sentido tiene, todo sigue pareciendo parte de un plan mayor. Contradictorio, sí. Como la propia película. Una contradicción continua, una mezcla asonante, un accidente a punto de ocurrir. Pero tan fascinante que no podemos dejar de mirar. No, no será la mejor película del año, pero será difícil que nos olvidemos de ella…

Jesús Usero

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Crítica de la película No dormirás

Gustavo Hernández consigue crear una película en la que la atmósfera y el espacio se convierten en las principales armas para generar terror y misterio.

Los psiquiátricos abandonados suelen dar un juego especial en el género del horror de naturaleza psicológica y gótica. Quizá, esa sea la razón principal por la que el cineasta uruguayo Gustavo Hernández ha decidido otorgar un protagonismo determinante a una de estas siniestras instituciones, para construir el fantasmagórico y efectivo decorado de No dormirás.

A modo de pesadilla constante, el guion del filme sigue los pasos de una actriz llamada Bianca (excelente Eva De Dominici, en la piel de un personaje que siempre está al límite de la locura). La chica intenta despegar en su carrera, aunque tener que cuidar a su padre –aquejado de una enfermedad mental- le resta la debida concentración para mantener el nivel de ambición de sus colegas. Una noche, mientras Bianca representa una obra en un papel secundario, la joven es citada para el casting del nuevo proyecto de Alma Böhm (Belén Rueda): una reputada creadora, famosa por sus trabajos de extrema exigencia. La protagonista piensa que no va a ser seleccionada, pero al final recibe la llamada del encargado de Alma, y le comunica que la directora está interesada en su incorporación al elenco interpretativo.

Sumidos en un absoluto secretismo, los miembros de la producción son trasladados a un antiguo manicomio, donde se les pone al corriente de que la historia va sobre una interna, que fue acusada de intentar dar muerte a su bebé. Alma exige a Bianca y a su amiga Cecilia (también elegida para competir por el papel principal) que no duerman en ningún momento, para llegar a un nivel en que los mecanismos actorales queden supeditados a la identificación total con el papel. Poco a poco, las horas de insomnio y la oscuridad reinante en el inmueble hacen mella en la salud mental de la protagonista, hasta el punto de ver extraños seres que amenazan su integridad física.

Gustavo Hernández acierta en la manera en que retrata los desangelados pasillos y habitaciones del psiquiátrico, manteniendo la intensidad en los giros de cámara y en la evolución del papel de Eva De Dominici. Los planos retratan con imaginación el tortuoso camino que emprende la joven, hasta perder cualquier signo de raciocinio. Estos elementos son los que poseen más fuerza en la historia, la cual se ve algo frenada en su precipitación hacia el anunciado abismo mental, con una trama tangencial que genera una cierta desconexión con el potente ejercicio audiovisual que se percibía al principio del filme.

Conforme se suceden las aclaraciones de lo que esconde el oscuro propósito de Alma y de su equipo, No dormirás se vuelve un tanto farragosa en su desarrollo. No obstante, Hernández se muestra hábil, al no permitir que los rocambolescos y artificiales giros del argumento perjudiquen totalmente a la atmósfera medioambiental desplegada a través de los fotogramas.

Un acierto de escenificación, más que de contundencia del guion, al que contribuyen sobremanera las esforzadas y convincentes caracterizaciones de las destacables Eva De Dominici y Natalia de Molina. Ellas logran que el interés no decaiga, incluso en los momentos menos brillantes del metraje. Labor en la que también pone su granito de arena Belén Rueda, pese a que su parte no posee tantos asideros dramáticos como las de De Dominici y De Molina.

Jesús Martín

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El Justiciero ★★

Marzo 26, 2018

Crítica de la película El Justiciero con Bruce Willis

Un remake de la película de Charles Bronson, algo regulero. La moda de los remakes llega ya hasta la serie B con esta película de Eli Roth protagonizada por Bruce Willis que intenta recuperar el espíritu de justicieros vengadores que nacieron con y a la sombra del Paul Kersey que Bronson interpretó en los años 70 por primera vez, una especie de Harry el Sucio en versión justiciero, que reflejaba un clima político y social, una época muy concreta, en la que Estados Unidos vivía en un momento crítico que definiría en gran medida las décadas posteriores. No es la misma situación, aunque pueda parecérsele (no hay un Vietnam de por medio) pero hay suficientes paralelismos para que la idea pudiese funcionar. Y no lo hace.

Un médico que vive de forma impecable, buen padre, marido y hermano. Mejor profesional, que ve como una noche su mujer es asesinada y su hija puesta en coma tras un robo en su casa. Harto de ver cómo la policía es incapaz de hacer algo por encontrar a los culpables, se pone manos a la obra él mismo para hacer justicia y buscar por su cuenta a los responsables. Y lo que en los 70 era la protesta de la clase media ante una situación de descontento, crisis y crimen en las grandes ciudades, aquí no sabemos nunca si quieren glorificar el uso de las armas, o satirizarlo. Si están a favor o en contra del justiciero. Desaprovechando el tema de las redes sociales, internet y la opinión pública, algo que queda en mera anécdota.

Crítica de la película Errementari. El Herrero y el Diablo

Cine fantástico con toques de cuento tradicional y mucha artesanía. La propuesta de Paulo Urkijo Alijo es sin duda arriesgada. Tomar una leyenda popular vasca y convertirla en un relato de poco más de noventa minutos de duración con todos los elementos de la misma y profundizando en sus personajes y universo propios, pero además hacerlo en euskera antiguo, en arabarra o euskera alavés, que es la región en la que ocurre la historia. Es arriesgado porque más que nunca para disfrutar de la película hay que verla en versión original, y no sé hasta qué punto el doblaje permitirá acercarse a una historia tan personal y distinta, pero en el fondo tan nuestra, tan particular de esta tierra.

Crítica de la película Molly's Game

Muy buena. Una de las mejores películas del año que acaba de comenzar.

En su carrera como guionista, Aaron Sorkin ha demostrado ya su eficacia para devolverle al cine su estilo más elegante y a los actores sus mejores armas de diálogo para hacer frente a la construcción de sus personajes. Series como El ala oeste de la Casa Blanca, Studio 60 o The Newsroom y películas como Algunos hombres buenos, La red social, Moneyball: rompiendo las reglas o Steve Jobs así lo demuestran. Pero ahora, ejerciendo como director en Molly´s Game completa ese viaje que inició en el guión consiguiendo que esos diálogos trepidantes, esa creación brillante de personajes y conflictos y, no lo olvidemos porque es lo más importante, la capacidad de sus fábulas de poder para definir los puntos débiles y los puntos fuertes de nuestra realidad, lo bueno y lo malo trabajando sin maniqueísmo en el territorio gris de la ambigüedad, se acoplen como un guante al desarrollo visual de su propuesta. Era el paso final. Y es un paso que ha dado con decisión y pericia en este primer donde además demuestra que domina la dirección de actores desde la propia creación de los personajes. Se diría que ya estaba dirigiendo a los actores cuando estaba escribiendo sus personajes. Ojo porque esto nos sitúa en el arranque de una filmografía como director de Aaron Sorkin que a primera vista se presenta con muy buenas perspectivas de futuro. Si todo va como puede deducirse después de ver Molly´s Game, nos espera muy buen cine de este director. Y tal como está el paisaje de fabulación cinematográfica en los últimos años, eso siempre es buena noticia.

Crítica de la película Liga de la justicia

La he disfrutado más que Batman V Superman pero es menos película que aquella otra y que Wonder Woman.

Trepidante. Entetenimiento garantizado. Acción. Acción. Acción. Esto se lo puedo asegurar: no hay los bajones de ritmo que en algunos casos se registraban en Batman V Superman: el amanecer de la justicia. Es más, resuelve mejor algunos personajes como los de Lois Lane y Martha Kent que aquella otra. Y sabe administrar bien sus dos horas de metraje para presentar a todos los personajes de manera solvente. Flash hace las veces del nuevo Spiderman en el universo Marvel, el fricazo como contrapunto cómico. Pero por ejemplo hay cierto desencuentro entre esa imagen de friqui y el tema del padre en la cárcel que está metido como con calzador. Es como si en Spiderman Homecoming nos hubieran metido, otra vez, el drama de los padres muertos del héroe. Aquí es el padre en la cárcel que no pega ni con cola con toda la movida del personaje en su faceta fuera de la cárcel. Esa falta de solidez en la propuesta de guión, a pesar de su eficacia en el ritmo para contar la peripecia, se produce también en el personaje de Aquaman. Te cuentan su historia en una charla con Mera, pero de manera un tanto forzada, como con calzador. Y vuelve a repetirse el mismo asunto con el personaje de Ciborg. Toda la película produce justo la sensación contraria de ritmo operístico que tenían las dos películas anteriores de Zack Snyder en el universo de superhéroes de la DC, El hombre de acero y Batman V. Superman: El amanecer de la justicia: parece que van como con prisas durante toda la película, que fundamentalmente es casi en todo momento una sucesión de secuencias de acción con casi ningún desarrollo dramático y con apresurados resúmenes del origen de los tres superhéroes nuevos, Aquaman, Flash y Ciborg, a los que ya se nos presentó en Batman V. Superman. No aporta nada nuevo al personaje de Wonder Woman. Antes al contrario: nos reencontramos con unas amazonas en guerra, pero no llegamos a tener la emoción épica de las que nos presentó Patty Jenkins en su película sobre Wonder Woman.

Crítica de la película Liga de la Justicia

Convincente película de superhéroes de DC.

Dos horas justas de proyección, que pueden parecer pocas si tenemos en cuenta que lo habitual en el género es irse hasta las dos horas y media últimamente, sobre todo cuando se trata de grupos de personajes en acción. En esta ocasión DC ha optado por reducir la duración de la película, que inicialmente se rumoreaba que duraría casi tres horas, para potenciar las secuencias de acción y el tono épico de la historia. Sí, tiene más humor que Batman v Superman o El Hombre de Acero, pero está perfectamente integrado en la historia y tiene un sentido. Y si no me parece que esté a la altura de algunas de las anteriores, como explicaré en estas líneas, no tiene que ver con el estilo o con el hecho de que me hubiese aburrido, que no es el caso ni mucho menos. Tiene que ver con el desarrollo dramático de los personajes, con sus ideas de fondo, más que de forma. Porque al final Liga de la Justicia es un entretenimiento de lujo, y no busca más que eso. Un episodio dentro de una gran saga, el primero de varios esperemos.

No ha sido un parto sencillo el de esta película. Tras el fiasco de crítica de Batman v Superman (que nunca me cansaré de defender una y otra vez contra viento y marea), y pese a la enorme acogida de Wonder Woman, con la nueva película se era cauto, y más con Zack Snyder detrás de las cámaras. Muchos temían otra fría acogida como la de su anterior película. La tragedia acompañó a la película cuando a inicios de año la hija de Zack Snyder falleció, haciendo que el director y su esposa dejasen la postproducción de la película, que pasó a manos de Joss Whedon, quien dirigió escenas nuevas durante cuatro semanas en verano, con diversos problemas añadidos. La película tiene un coste final de 300 millones que evidentemente esperan recuperar en las salas de cine. Pero la sensación que tenían muchos es que se encontrarían ante una película híbrido entre los dos estilos, entre el tono épico de Snyder y el tono también divertido y ágil de Whedon, que, para quienes lo hayan olvidado, es un director que controla la épica de las historias de forma brillante como demostró no sólo en Los Vengadores, sino en sus series de televisión.

Crítica de la película Thor Ragnarok

La mejor de las tres películas de Thor hasta la fecha.

No está exenta de algún que otro problemilla y con el final de esta trilogía nos queda la sensación de que no han sabido cogerle la medida real al personaje en algunos aspectos, o en muchos. Por mucho que algunos acabasen decepcionados, la versión del personaje que ofrece la primera película de Kenneth Brannagh, es la más cercana a lo que Thor es en los cómics, en su vertiente de viaje al mundo humano, a la Tierra y los problemas que allí encuentra, incluyendo su relación romántica con el personaje de Natalie Portman. Solemne, con toques de ópera y de drama de Shakespeare, a la que, por motivos de presupuesto al ser la primera entrega, le faltaba algo de acción al más puro estilo Thor… No era perfecta pero era un magnífico comienzo para el personaje. Con la segunda parte, servidor tiene sentimientos encontrados. Me lo pasé bien con ella, reflejaba muy bien el universo de Asgard y los elfos oscuros, todo el tema de la magia y tenía grandes batallas. Pero la película era fría, sin alma, y el exceso de humor la hacía perder el norte en momentos cumbre.

En cierta medida eso le sucede a Thor Ragnarok. De hecho tiene aún más chistes que las dos anteriores juntas, con una manía preocupante por convertirse en una comedia, mucho más cercana a Guardianes de la Galaxia en tono y argumento que a una historia de Thor. En cierta medida es como si los responsables de Marvel no creyesen en el potencial del personaje a nivel cinematográfico y tuviesen que aderezarlo con elementos propios de otros personajes. Y Thor necesita un aire de solemnidad en determinados momentos, un punto de seriedad narrativa que aporte épica en determinados momentos. Épica que, por ejemplo, sí supo tener Doctor Extraño, pero que se encuentra ausente en muchas películas de Marvel recientemente. Esa sensación de que todo está perdido y los héroes no tienen más que una solución, seguir luchando. Si esos momentos siempre se salpican con humor, pierden mucho fuelle. Pierden peso. Y por mucho que me encante Taika Waititi, director de la película, ni todo el humor funciona, ni el personaje y su universo lo necesita a todas horas. Es un tono habitual ya en muchas producciones Marvel, aunque parece que Black Panther con Ryan Coogler al mando podría devolvernos algo de lo visto en otras películas (sí, yo también pienso en Winter Soldier o Avengers).