Crítica de la película Calle Cloverfield 10

Ciencia ficción y misterio servidos de forma brillante. Cuando hace ocho años se estrenó Cloverfield, Monstruoso en nuestro país, no sabíamos muy bien qué esperar de la película. Desde su primer teaser, todo había sido secretismo, sin revelar nunca demasiado por la película, sin contar nada sobre ella, más que un póster con la Estatua de la Libertad semiderruida, unos tráilers en los que apenas se veía nada… Todo era sorpresa, todo era nuevo y no sabíamos que esperar de una película que resultó ser un curioso relato sobre un monstruo arrasando Nueva York (sí, eso lo imaginábamos realmente) a través del found footage que seguía a un grupo de amigos (algo pijos) que recorrían la ciudad. Vista con el tiempo, la película sigue siendo un trepidante relato, pese a sus limitaciones argumentales, contado como no había sido contado antes (pese a seguir siendo una historia convencional de cine de catástrofes con monstruo), que nos sorprendió tanto por cómo estaba contada la historia como por aquella campaña viral de promoción orquestada por JJ Abrams y su gente. Demostrando, una vez más, que Abrams sigue siendo el más listo de la clase a la hora de vender el producto y de hacer que el público se interese por él.

Lo ha vuelto a hacer ocho años después con 10 Calle Cloverfield, cuyo título hace pensar en secuela. Y es lógico, con el escaso coste de producción de la primera película y los beneficios obtenidos, siempre pensamos que una secuela llegaría tarde o temprano. Lo que debíamos haber supuesto es que Abrams, para seguir con la estela dejada por la primera película, ni produciría una secuela al uso, ni la acompañaría de una campaña de promoción convencional. Haría la película en secreto y lanzaría el primer tráiler de la misma sólo dos meses antes del estreno en todo el mundo. Pillando a todo el mundo por sorpresa, casi como con la película original, y además haciendo que la película sea un familiar cercano de la película anterior, pero no una secuela directa. Hay dos formas de tomarse la película. Una, que los hechos de la primera película han llevado, mucho tiempo después, a los hechos que vemos ahora. Otra, que en realidad Cloverfield es una antología cinematográfica, sin relación argumental, donde lo que importa son las pequeñas historias humanas, en un marco de apocalipsis y fin del mundo. El resultado en esta ocasión es todavía más satisfactorio que con la película anterior.

Crítica de la película La Habitación

Una poderosa película, una de las mejores del año. Tenemos los Oscars a la vuelta de la esquina y nos van llegando todas las principales nominadas a las categorías de peso, lo que nos deja cada semana una muestra de gran cine al que puede acceder una mayor parte del público (en otras épocas del año este tipo de cine se estrena de forma mucho más limitada). Ahora le toca el turno a La Habitación, un drama con toques de suspense que nos deja fascinados durante sus dos horas de proyección, en lo que son casi dos películas distintas, ambas igual de poderosas, bellas y fascinantes, con unas interpretaciones simplemente portentosas y una historia sobrecogedora, de esas que uno se lleva a casa y medita durante días.

Crítica de la película Deadpool

La primera gran comedia gamberra de superhéroes da en el blanco.

Risas: muchas. Acción: mucha. Diversión: mucha. Ritmo: perfecto. Chistes: muchos. Guiños y autoparodia: una carreta completa. Capacidad para entretener: garantizada. Respeto por el original: total.

Deadpool se aplica a la tarea de cerrar una etapa y abrir otra en lo que a cine de superhéroes se refiere, o al menos eso me parece a mí. Para empezar es la primera comedia gamberra de calidad del subgénero de superhéroes. En el humor va más allá de lo que Ant-Man sólo podía insinuar muy ligeramente y a pinceladas, así que podemos decir que Fox le ha ganado esta mano de la comedia disparatada a la Disney, porque obviamente Disney, con su producción “para toda la familia”, no puede ni asomarse a olisquear lo que han hecho en esta divertida película de Masacre. De paso aclaro que para mí, como para muchos otros aficionados al cómic españoles, el mercenario bocazas es y siempre será Masacre. Tal y como he escrito en las redes sociales, tres horas después de ver la película me sigo sorprendiendo a media sonrisa al recordar algunas de sus gamberradas.

Crítica de la película Creed, la leyenda de Rocky

Creed, la leyenda de Rocky. La mejor de la saga desde la primera.

El regreso de Sylvester Stallone al personaje que le diera la fama se ha convertido en una de las propuestas de cine de evasión mejor concebidas por la máquina de producir ficción de la industria de Hollywood.

Creed recupera y actualiza las mejores cualidades de la película que la inspira, claramente la primera entrega de la saga de Rocky, curiosamente lo mismo que le ocurre a El despertar de la fuerza con La guerra de las galaxias, a Mad Max: furia en la carretera con Mad Max: el guerrero de la carretera y a Los odiosos ocho con Reservoir Dogs. Eso me hace sospechar que estamos en una clara tendencia de relectura de películas preexistentes más exigente que los fallidos intentos de remake y reboot que han caracterizado el cine comercial en los últimos años con fallidos intentos de reproducir lo precedente que en el fondo venían a contarnos más o menos lo mismo, pero con más instinto de mera explotación que de renovación sincera de la propuesta.

Crítica de la película Pesadillas 

Pesadillas. Amena y divertida peripecia de fantasía para público familiar.

Siguiendo la estela de la fórmula de Jumanji, condimentada con el espíritu de aventura ochentera tipo Gremlins y Los Goonies, el traslado al cine de los libros de fábulas terroríficas para público juvenil encuentra su camino jugando la baza de la comedia y el cine para todos los públicos y sacando brillo con sus criaturas a la parodia de las sesiones matinales de fin de semana que caracterizaron el cine estadounidense de explotación y serie B en los años cincuenta, donde se mezcló con singular habilidad el terror y la ciencia ficción.

Crítica de la película Palmeras en la Nieve de Mario Casas

Buen drama romántico con un gran reparto. No engaña a nadie Palmeras en la Nieve y da a los espectadores justo lo que promete, una historia de romance épico y prohibido en una época convulsa de nuestra historia, donde todo era completamente distinto a como entendemos el mundo ahora. Una película que no tiene nada que ver con mis gustos habituales, que los lectores conocen perfectamente, y que mantiene al espectador casi siempre interesado por lo que sucede en la pantalla, pese a su duración de casi tres horas, con una brillante factura técnica, un gran reparto, muy buen pulso narrativo y momentos más que interesantes. Incluso a quienes como a mí el género no nos llame la atención, la película es amena, entretenida y está muy bien contada.

Tras la muerte de su padre en 2003, una joven descubre el diario de su tío, enfermo de Alzheimer, en el que narra el viaje de ambos hermanos a la Guinea Ecuatorial que era parte de las colonias españolas en los años 50, donde llegaron para trabajar en una plantación de cacao. La historia de los dos jóvenes, llenos de sueños y ambiciones, se entremezcla con la época convulsa y llena de cambios que llevó a que Guinea dejase de ser parte de España, mientras que en el año 2003, la joven regresa al país para completar el puzle y descubrir qué sucedió realmente en aquel lugar, en la isla de Fernando Poo, cuando su padre y su tío tenían su edad, lo que hará que descubra un secreto del que nadie quiere hablar…

Gran trabajo del reparto, liderado por Mario Casas y Adriana Ugarte, como los dos protagonistas del pasado y el presente, ligados por un lazo de sangre y un secreto. Junto a ellos el talento también de nombres como Macarena García, Emilio Gutiérrez Caba, Celso Bugallo, Laia Costa, Luis Callejo, Emilio Buale, Fernando Cayo o Daniel Grao. Y se notan los medios y el talento de Fernando González Molina para poner en pie la historia, para darle fuerza visualmente, para hacerla atractiva a todos los públicos y no sólo a quienes busquen una historia de amor sin más. Vean por ejemplo la llegada del barco a Fernando Poo, o la salida de los españoles de Guinea, sin ir más lejos.

Es cierto que se le va algo la mano con la duración de la película, que podía haber sido reducida en alguno de los viajes de regreso a Guinea de los protagonistas, aunque donde realmente cojea es en la historia presente, mucho menos interesante que la del pasado, confusa a veces con las fechas y que apuesta más por el melodrama sensiblero, en lugar del romance épico e imposible de la historia del pasado. Cada vez que recuperamos a Killian la historia retoma interés. Ese es el mayor problema de una película bien construida que encantará a los fans del género o de su reparto, pero que además tiene suficiente cine en sus venas como para hacer pasar un buen rato a cualquier espectador. Que no es poco.

Jesús Usero

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Crítica de la película Ocho Apellidos Catalanes

Divertida secuela pero no llega a la original. No llega por falta de un argumento más sólido y un arco dramático que haga a los personajes realmente crecer y evolucionar, más allá del humor y los chistes, unos más efectivos que otros. Pero el éxito de la primera entrega obliga a sus responsables a ponerse en marcha quizá antes de tiempo con una secuela que tiene ideas muy buenas y un par de grandes incorporaciones, mucho humor, pero que no deja el mismo sabor de boca a los espectadores, ya no sorprende como la primera, aunque sigue siendo un crowd pleaser perfecto, para que la gente acuda al cine en compañía y se ría muy a gusto de nuestros tópicos y clichés, para desconectar de la vida cotidiana.

El argumento nos presenta de nuevo a Rafa y Amaia separados, aunque la próxima boda de ella con un peculiar personaje catalán lleva a Koldo, el padre de Amaia, a reclutar a Rafa para intentar evitar la boda por todos los medios posibles. El disparate que se crea y las situaciones generadas por tan tensa visita inesperada son el núcleo de la historia, donde además de los personajes conocidos de la primera entrega, se incorporan Belén Cuesta y, sobre todo, Berto Romero y Rosa Mª Sardá. Estos dos son los grandes aciertos de la nueva entrega, sobre todo Romero con su personaje hípster insoportable (ojo al baile con los amigos…) y el saber hacer de Sardá, impecable en sus escenas y en su extremismo catalanista.

Hay que tener en cuenta que es más que posible que esta película, que va a reventar la taquilla, haga más por la unidad de culturas en España que todos los políticos juntos, aprovechando justo eso, los mitos, clichés, tópicos y demás que todos tenemos, para reírse de ellos con ganas y sin prejuicios. Pero le falla el núcleo de la película, la historia de Amaia y Rafa, lo más pobre del guión que no termina de aprovechar a personajes como los de Alfonso Sánchez y Alberto López, que triunfan cuando salen y piden más tiempo en pantalla a gritos. O el humor de Carmen Machi y Karra Elejalde… La historia romántica no cuaja nunca y no por culpa de los actores, es que hay algo que no encaja…

Tampoco ayuda que parezca un encargo para su director y que visualmente sea televisiva y sin ningún aliciente para el espectador, más allá de su reparto. Eso nos deja un puñado de muy buenos chistes, de momentos que interesa descubrir más (los españolistas escondidos en los bares, la guardia civil, el paso por Madrid…) pero que no son explotados a fondo porque la trama romántica lo copa todo. Sí, divierte, tiene chistes, como el final, memorables, pero deja el sabor de boca de ser menos redonda, intranscendente, creada sólo para llenar salas y aprovechar el éxito. No, no es mala película, ni mucho menos, pero podía haber sido mejor. Pido un spin off para los secundarios ya. Porque tercera entrega seguro que tendrá. Y el público seguirá disfrutándola.

Jesús Usero

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Crítica de la película Sicario

Una de las mejores del año. El director de Prisioneros vuelve a dar en el blanco.

Denis Villeneuve tiene pillado el punto perfectamente al cine de género y cómo convertirlo en un ejercicio pleno de autoría sometiéndolo a sus propios intereses y sin perder por ello ni un ápice de su gancho comercial. Sicario vuelve a demostrar que Villeneuve un director al que hay que tener en cuenta entre los narradores más interesantes del cine de nuestros días, algo que ya había quedado bastante claro con sus anteriores trabajos, todos ellos recomendables: Incendies, Enemy, Prisioneros. Tres títulos para apuntar entre las mejores propuestas que nos han llegado desde la pantalla grande en los últimos tiempos, a los que ahora hay que añadir sin duda a Sicario.

Villeneuve arranca Sicario con una escena dantesca, un descenso al infierno de la protagonista,  y casi sin dejarnos tiempo para acomodarnos a la trama, estamos junto a ella metidos hasta el fondo en una operación poco clara de unas oscuras autoridades estadounidenses para imponer la venganza contra un cartel mejicano de la droga en la que están implicados varios servicios de seguridad a ambos lados de la frontera de Estados Unidos con Méjico, y de Méjico con Estados Unidos, porque como no podía ser de otro modo, tratándose de Vileneuve, esquiva el maniqueísmo sobre el tema que aborda abriendo hueco en su relato, de manera sutil y sin subrayarlo en exceso, con una serie de secuencias en la vida de un policía mejicano normal y corriente, al que nos desvela astutamente desde la mirada de su hijo, que sólo ve a su padre en un entorno cotidiano, aunque luego el padre tenga un papel en la parte final del drama policial, que de ese modo se filtra en la vida de esa familia, imponiéndose como desenlace de la historia esa influencia letal en la vida cotidiana de la gente de Méjico de la lucha contra la droga emprendida desde el otro lado de la frontera y de los enfrentamientos entre los distintos carteles de narcotraficantes mejicanos. Eso le permite a Villeneuve tratar su historia policial como una película bélica que se cobra un peaje cotidiano en las vidas de la gente común, manteniendo algo que se repite en todas sus películas. Sin importar el género que aborde, en el cine de este director lo cotidiano y lo intimista se impone siempre a los tópicos y fórmulas de dicho género para convertirse en algo más personal e íntimo a la hora de comunicarse con el espectador.

El tratamiento que hace Villeneuve del personaje interpretado por Emily Blunt en esta película es buen ejemplo de esto. La agente Kate Macer que interpreta Blunt en Sicario es una variante más del viaje de iniciación y cambio que afrontan todos los personajes del director, aunque quizá el personaje con el que se relaciona más estrechamente por las propias características de la historia es el detective Loki interpretado por Jake Gyllenhaal en Prisioneros. Como éste, ella también se ve enfrentada a otro personaje que está igualmente en evolución y cuyo recorrido va a terminar por revelarle como un monstruo. En Prisioneros era el personaje interpretado por Hugh Jackman mientras que en esta ocasión se trata del personaje al que da vida Benicio Del Toro. La revelación del rostro del mal sobre la máscara de la venganza o la justicia se cumple en ambos casos plenamente imponiendo las aristas más inquietantes derivadas de la fragilidad de nuestros principios en el momento en que son sometidos a circunstancias de tensión. Villeneuve se interesa por esa eclosión del monstruo desde nuestro interior y siempre pone al espectador en una ambigua relación de simpatía/rechazo por esos personajes, convirtiendo a su protagonista, Loki o Kate, y por extensión al propio espectador, en testigos hipnotizados, seducidos y al mismo tiempo hipnotizados por el surgimiento del monstruo. Nos encontramos como espectadores sometidos a esa tensión entre la simpatía y la antipatía por los personajes de Jackman y Del Toro. De manera que al final del relato estamos tan vapuleados emocional y éticamente como los propios testigos/protagonistas frente al monstruo, con el que, en contra de nuestros escrúpulos morales, seguimos simpatizando de algún modo retorcido y siniestro.

Para añadir más interés a todo ese juego que sitúa la claves de protagonismo y antagonismo a un nuevo nivel mucho más interesante del que suele utilizarse en las aplicaciones más tópicas y pegadas a la fórmula de los géneros, Villeneuve aborda la narración de la compleja trama de Sicario desde una estructura de mirada coral que nos llega desde distintos personajes. Es una constante temática del director tanto como una preocupación narrativa recurrente en sus películas que acaba por imponerse también en la caligrafía visual de las mismas.  De ese modo Sicario puede tener algunos puntos de contacto con las novelas sobre la guerra contra las drogas escritas por Don Winslow, El poder del perro y las demás. Y naturalmente nos recuerda también algunos planteamientos de la película Traffic (2000), de Steven Soderbergh y de la miniserie Traffic (2004), derivada de la misma. Pero Villeneuve impone su propia firma a todo el relato, trabajando desde unos planteamientos de tensión y vulnerabilidad en las relaciones y conflictos que unen a los tres personajes principales, interpretados por Emily Blunt, Benicio Del Toro y Josh Brolin, sobre una estructura argumental más alejada de esos puntos de contacto desde la temática más obvios para permitirnos pensar en el personaje de Blunt y en la propia película como variantes del personaje de Jodie Foster en El silencio de los corderos (1991), de Jonathan Demme.  

Por otra parte el interés de Villeneuve por tratar de manera cercana e intimista y costumbrista las peripecias de sus personajes no le impide imponerse con solvencia y eficacia en las secuencias de acción, como demuestra el paso de la frontera en ambos sentidos y el ataque en el atasco, que me han recordado el excelente pulso que imprimiera Michael Mann a la secuencia de atraco de la que para mí sigue siendo su mejor película, Heat (1995).

Hay otra cosa que me ha llamado la atención en lo referido a cómo mostrar o no mostrar la violencia, aspecto en el que Villeneuve es muy cuidadoso y trabaja bien la dosificación para dejar al espectador un papel de co-autor de la parte más inquietante de sus películas y que también aparece en Sicario. El director tiene muy claro lo que quiere mostrar y lo que no quiere mostrar en su película, es decir, aquello que prefiere que el espectador imagine. Esto es algo que también destacaba especialmente en Prisioneros. Por ejemplo, al contrario de lo que hiciera Kathryn Bigelow en La noche más oscura, elige hacer elipsis sobre la tortura del confidente, que deja abierta a la imaginación del público con elegancia materializando el comienzo de la misma con el botellón de agua que arrastra Del Toro hasta la sala de interrogatorio y su ominosa frase: “Ahorita vas a ver lo que es como ver a Dios en tierra yanqui”.

Sicario consigue mantenernos en tensión desde ese primer asalto inicial hasta sus último plano, como en tensión están esas familias mejicanas que llevan a sus hijos a jugar al fútbol en una zona en guerra, rodeados por la violencia. Y es que una vez más se demuestra que el cine de Villeneuve es un cine que nos habla de las distintas manera en que vemos y nos inventamos la realidad, sumergiéndonos de lleno en las tramas que viven sus personajes, como nos zambullimos, en primera persona, en ese viaje por el laberinto de los túneles que comunican Estados Unidos y Méjico en la parte final de la película.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Spectre

Gran espectáculo para amantes de Bond, algo inferior a Skyfall.

Entre referencias y ganas de recuperar algunas de las claves de la saga original anda este nuevo Bond, muy potente a nivel visual y de pirotecnia, algo inferior a su predecesora en desarrollo de personajes y drama humano, donde Skyfall bordaba una de las mejores películas de la saga Bond, si no la mejor, y esta prefiere retornar al espectáculo más propio de Connery o Brosnan, sin por ello dejar de lado aquello en lo que Daniel Craig como 007 había alcanzado la excelencia. Un tono más brutal, más terrenal, más cercano a la saga de Jason Bourne, más realista… Pero dentro de todo eso, el asunto con esta nueva película es que es la más “bondiana” de las que Craig ha protagonizado, la más despreocupada incluso, la que más guiños de humor incluye. Sam Mendes regresa tras las cámaras, lo que es una acierto, y hace no mucho comentaba su interés por hacer que Skyfall fuese la lucha de dos hijos por el amor de una madre, y Spectre que sea la lucha de dos hijos por el amor de un padre. En este caso una figura ausente, y no llega a convencer tanto ese drama como en la anterior. Aunque quizá incluso sea más entretenida que las anteriores, más espectacular, más explosiva. Se nota que es la película más cara de la saga y que ha costado más de 250 millones de dólares. Es una pasada incluso para una película como esta. Pero el dinero luce en pantalla.

Sí es cierto que hay algo en la etapa de Daniel Craig como James Bond que acaba de quedar ciertamente curioso en esta nueva entrega, la cuarta ya, es la continuidad. Las películas de Bond eran elementos separados, individuales, exclusivos, únicos, que no continuaban ni se relacionaban entre unas y otras, incluso con el mismo actor, más allá de algunos guiños de los personajes y algunos actores. Ahora hay un cambio radical, algo que ya se intuía en Casino Royale y Quantum of Solace, teniendo en cuenta que Solace continuaba la historia de la primera, mientras que Skyfall tomaba elementos de ambas, aunque parecía menos una secuela de ambas, pero con Spectre se intenta hilvanar la historia de las cuatro películas, a veces más acertadamente que otras, pero dando una sensación final de que todo lo visto en las tres películas anteriores nos lleva a este momento. Podría haber sido simplemente una secuela de Skyfall, pero Spectre lo lleva un paso más allá, lo une todo y lo convierte casi en un círculo perfecto con las cuatro películas vistas en perspectiva. No es perfecto, es casi, pero además hay que tener en cuenta que Craig podría volver a interpretar a Bond una vez más (tiene contrato para otra película, ya veremos si decide seguir o no). Pero al finalizar esta nueva película uno tiene casi la sensación de que podría ser un buen broche final no sólo para Craig, sino incluso para toda la saga de Bond.

Eso sí, el problema recae en que Skyfall era tan redonda (y, lo repetiré mil veces, siendo seguramente la mejor película Bond, me sigue gustando más Casino Royale, siendo algo inferior. Cosa de gustos, no de calidad), que Spectre no llega a ese nivel. Repito también, no es una mala película, ni mucho menos. No es aburrida, es espectacular, es brillante por momentos, tiene momentos de acción sensacionales, gotas de humor brillantes y un desarrollo de algunos personajes muy potente, como es el caso de M, Q y Moneypenny. A veces la trama recuerda demasiado a Misión Imposible Nación Secreta, lo cual nos lleva de vuelta a Sherlock, la serie de la BBC, y encima aquí con Andrew Scott en un papel quizá algo previsible pero con un gran toque del actor. El reparto está en su salsa la verdad, Craig le tiene muy cogido el tono al personaje, y nadie pone cara de asesino como él cuando se pone en marcha, sin importarle lo que se lleve por delante. Cada vez más cómodo con Bond, una pena que lo deje, ahora o dentro de una película. La chicas Bond están a la altura, tanto una impresionante Belluci, como Seydoux, aunque le pesa la sombra de Eva Green, por la trama en sí… Finnes, Whishaw y Harris, como mencionábamos, ven crecer sus personajes y lo hacen muy bien. El único punto débil es, curiosamente, Christoph Waltz, quizá debido a que el guión no dedica lo suficiente a que el personaje tome forma.

El inicio en México es arrollador, con una entrada en acción que es puro espectáculo (el plano secuencia en el tejado es una obra de arte en sí misma), y la película asciende poco a poco durante su primera hora y media de forma brillante en todos los frentes. Es una soberbia muestra de cine de acción y espías. El tiempo pasa volando, las tramas tienen fuerza y mucha potencia, los guiños son geniales. Pero a partir de esa hora y media, pasada la trama en la nieve, a mitad de África, la película pierde fuelle en el aspecto dramático. No en el espectáculo, donde sigue siendo una película excelente. Es en el drama con la presencia en primer plano del villano donde la película pierde algo de ritmo. Se disfruta muchísimo, es una excelente muestra de cine, pero no termina como lo hacía Skyfall. Le falta peso. Un poco, nada más, pero el suficiente. Sobre todo cuando ciertos clichés de la saga se repiten demasiado (la de veces que se puede matar al protagonista y le dejan vivir sin motivo real…). Pero son detalles menores. En conjunto está al nivel de Casino Royale, más o menos. La saga sigue estando en su mejor momento creativo de su historia y esperemos que siga así muchos años, con grandes directores y guionistas ligados al proyecto, y con un James Bond que si no es Craig esperemos que esté a la altura de un hombre que está a punto de hacernos olvidar al resto de Bonds. Pasen y disfruten.

Jesús Usero

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Crítica de la película Black Mass

Recuperación del mejor Johnny Depp y una buena película de tema criminal.

El reto era serio, y opino que tanto Johnny Depp como el resto de sus compañeros, el director y la propia película, salen muy bien parados de esta propuesta. Black Mass es una película totalmente recomendable. Siendo sincero, no puedo por menos que meterla en mi lista de películas realmente favoritas de este año, que se reduce a cuatro: Un día perfecto, Sicario, Deuda de honor y ésta. Quiero decir que son las que más me ha interesado ver y las que, a la larga, más he disfrutado, por motivos distintos entre cada una de ellas, aunque todas tienen en común su capacidad para abordar el cine de géneros y sus respectivas con eficacia y sin renegar del género en el que se desenvuelven con soltura, al contrario que otros recientes ejercicios de géneros con complejo, algo fariseos y que pecan de falsos.

Es comprensible que dada su temática, Black Mass vaya a ser comparada por algunos espectadores y no pocos críticos y comentaristas de cine, entre los cuales me cuento, con otros títulos, así que me lanzo a la piscina y aclaro que por su manera de abordar el tema, y en el amplio abanico de referencias que podrían manejarse para darle a lector una idea de qué se va a encontrar cuando vaya al cine a verla –cosa que les recomiendo hagan sin son aficionados al buen cine, porque ésta película lo es-, me quedo sobre todo con lo mucho que me ha recordado a algunos títulos esenciales e igualmente recomendables de uno de los más afinados cultivadores de este tipo de historias: Sidney Lumet. Varias cosas, distintos momentos de Black Mass, me han llevado a pensar en películas como El príncipe de la ciudad, Distrito 34: corrupción total o La noche cae sobre Manhattan, a las que encuentro más cercanas al título que nos ocupa que, por ejemplo, Uno de los nuestros o Infiltrados de Scorsese, o American Gángster de Ridley Scott, o El precio del poder, de Brian De Palma. No es ese tipo de película. Lo aclaro para que nadie vaya engañado al cine. No es ese tipo de historia. Esto va con otro ritmo. Un ritmo que marcan sus planos de laberinto urbanita utilizados a modo de punto y aparte visual que separa los distintos capítulos del relato, o planos como el de los dos agentes del FBI minimizados en tamaño y casi perdidos entre el cemento del monolítico edificio de la agencia, o esa insistencia en los primeros planos como base de su caligrafía narrativa, en la que destaca también ese sutil movimiento de cámara que repite en los momentos decisivos o de ruptura entre los personajes: en el hospital con Depp y Dakota Johnson, en el último encuentro de Joel Edgerton con Benedict Cumberbatch, etcétera. Todas las batallas de construcción de los personajes se ganan en el territorio del primer plano, todos los conflictos entre los personajes se libran también en primer plano. Y eso me gusta. Hay una buena administración de los recursos de las miradas que lo dicen todo sin una sola palabra, por ejemplo, o principalmente, en el personaje de Depp, en el de Cumberbatch y aún más especialmente en el de Rory Cochrane, con esa pregunta final que no llega a contestar.

La construcción en flashback, hilvanada por esa declaración de los socios de Bulguer, es una fórmula que está bien aprovechada para armar el puzle de la historia con buen ritmo y cubriendo todos los aspectos más destacados del asunto. Además la película tiene esa capacidad esencial de mantener nuestro interés y aportar algo diferente que reactiva nuestro interés cuando parece que la máquina de fabular está parándose o a punto de caer en un bajón de ritmo por repetición. Por ejemplo: claramente empieza teniendo como protagonista a James “Withey” Bulguer, pero después de un primer acto y de una primera mitad del segundo acto en el que Depp parece copar casi todo el protagonismo, hace crecer el personaje de Joel Edgerton, el agente del FBI John Connolly, hasta un nivel de co-protagonista. Ese relato de tres amigos de la infancia finalmente situados en lados distintos de la ley y el poder, o lo que es lo mismo, representando tres maneras diferentes de entender, obtener y ejercer el poder, como son Bulguer, su hermano político y su colega de la infancia Connolly, se constituye en triunvirato nuclear del reparto en torno al cual gravita un reparto de auténtico lujo si medimos el lujo en esa parcela por el nivel de talento de los integrantes del elenco. Apunten, que todos ellos tienen su momento para lucirse, por breve o episódico que éste sea: Dakota Johnson, Kevin Baco, Peter Sarsgaard, Rory Cochrane, David Harbour, Adam Scott, Corey Stoll, Juliane Nicholson, W. Earl Brown, Juno Temple… Un ejemplo de cómo contar con lo mejor de lo mejor incluso para papeles breves lo tenemos en la escena de Depp/Bulguer con la esposa de Edgerton/Connelly, interpretada por Julianne Nicholson, o en la escena en el coche entre Junto Temple, Rory Cochrane y Johnny Depp, o en el diálogo de la receta secreta de familia entre Depp y David Harbour…

A todo lo anterior pueden añadir la evolución del personaje de Bulguer, que Depp construye como una especie de James Dean psicóticamente empeñado en la tarea de ser el depredador más peligroso de su entorno, hasta el punto de que en varias escenas acaba por convertirse en un auténtico monstruo que instala una intriga inquietante cada vez que se acerca un momento de violencia en la película. Depp disfruta dándonos una especie de variante del gánster interpretado por Jack Nicholson en Infiltrados.

Tengo que decir no obstante que quien menos me ha convencido es Joel Edgerton. Esperaba más por ese lado, pero creo que Edgerton no acaba de hacerse con el papel. Sólo hacia el final, en el encuentro con los dos policías en el portal de su casa ha conseguido convencerme. Por el contrario la película le permite a Depp recuperarse de la colección de flojos trabajos que nos ha estado propinando últimamente.

Miguel Juan Payán  

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