Crítica de la película Terminator Génesis

Terminator Génesis: un buen retorno, más cerca de las de Cameron que la 4 y mejor que la 3.

Eficaz y competente. Respetuosa con las dos primeras películas de la saga dirigida por James Cameron. Con un Schwarzenegger que sabe sacarle jugo a su propia imagen y a su situación actual como retornado al cine en fase de recuperación del estrellato y regreso a sus personajes de mayor éxito, con una Sarah Connor que está a la altura de las circunstancias y a la que Emilia Clarke, de notable parecido físico con Linda Hamilton, le proporciona al mismo tiempo un buen ejercicio de continuidad con su antecedente de la fase Cameron de la saga y una personalidad propia. Esa es la parte buena, junto con un buen ritmo que la convierte en una buena opción de cine de entretenimiento y evasión. Es capaz además de sembrar todo su recorrido de guiños que hacen homenaje a Terminator y Terminator 2: el juicio final. De hecho, si tuviera que definirla, diría que es una especie de pacto entre ambas películas, no tanto una mezcla, sino exactamente eso: un pacto. Juega con el tono y el despliegue visual de la segunda, rodada en un momento en que Cameron contaba ya con respaldo económico suficiente para mostrar en la pantalla todo aquello que había querido mostrar en la primera, pero al mismo tiempo intenta transmitirle al conjunto del relato un tono similar al que tuvo la primera y más modesta entrega, que para quien esto escribe sigue siendo, cinematográficamente hablando, la mejor de la saga. Lamentablemente en este segundo aspecto, lo rendir cierto homenaje intentando seguir la pista de la primera, es donde falla algo más, porque, y esa es la clave de la sensación agridulce que nos deja este Terminator Génesis, la sorpresa está perdida, la novedad ya no es tal, y aunque no caiga en la repetición aberrante y poco original, lo cierto es que este largometraje padece lo mismo que viene padeciendo todo proyecto que intenta sacar partido de un éxito precedente: en lugar de explorar nuevos aspectos de la historia original, prefiere repetir esa historia original, y cae así antes presa del remake que de la verdadera refundación del relato base. Pongo un ejemplo para que quede más claro: lo que aquí en Terminator Génesis han querido hacer es lo mismo que hizo J.J. Abrams en su reboot de Star Trek, y además con la misma herramienta argumental: viajes en el tiempo. No digo más para no hacer spoiler, que bastante atacada ha sido ya Terminator Génesis por el exceso de información visual y argumental vertido en sus trailers y elementos promocionales como para que venga yo ahora aquí a contar más cosas. Tal y como comentamos Usero y yo en el videocomentario sobre la película que se ha subido a esta misma página a finales de la pasada semana, el peor enemigo de Terminator Génesis ha sido ese excesivo despliegue promocional que ha desnudado completamente de sorpresas el largometraje reventando todos los giros interesantes salvo uno, que por supuesto yo no voy a aclarar ahora aquí, pero en el momento en que se estrene el largometraje será seguramente puntualmente reventado y difundido a los cuatro vientos por los adictos a destripar películas en las redes sociales. Volviendo a la comparativa con la dos película de Star Trek de J.J. Abrams, Terminator Génesis no consigue la misma capacidad para reinventar la mitología y el universo con el que trabaja que consiguieron aquellas, y la clave de ello es que carece totalmente de personalidad propia, de elementos realmente potentes y personales e intransferibles que pudieran defender “su” versión de las cosas. Además, por si eso fuera poco, renuncia a explorar e inventar aspectos propios de ese universo, cosa que sí hacía Abrams en las de Star Trek, y prefiere rendir un excesivo tributo a los precedentes de Cameron. Esa naturaleza de “Cameronadicta” cierra todos los caminos para desarrollarse en plenitud e independencia que necesita para brillar por su cuenta tal y como han brillado plenamente los dos largometrajes de Star Trek dirigidos por Abrams frente a su nutrida colección de precedentes televisivos y cinematográficos, y eso a pesar de que ésta es mucho más nutrida que los antecedentes con los que tiene que lidiar Terminator Génesis. Pongo algunos ejemplos concretos para que quede más claro a qué me refiero. 1: Entre el Kyle Reese de Jay Courtney y la Sarah Connor de Emilia Clarke hay química, pero no llega a desarrollarse plenamente por el camino que debería: guerra de sexos, comedia de diálogo galopante, dimes y diretes, enredo… Lo de estos dos en la película debería haber sido una variante de La fierecilla domada de William Shakespeare, que no en vano en el original es La doma de la furia. La historia original de lo Kyle y Sara en la versión Cameron era una tragedia romántica, un drama en toda regla. Terminator Génesis podría haber explotado ese giro a la comedia que habría encajado además a la perfección con el trabajo que hace Schwarzenegger en toda la película, sin por ello perder la parte más seria de todo el asunto. Ese tono de sarcasmo lo aplicó muy bien J.J. Abrams al personaje de Kirk interpretado por Chris Pine en Star Trek y le funcionó a la perfección. De manera que no estoy inventando nada. Es una estrategia de eficacia probada. Por cierto, canta mucho esa bajada de pantalones por intento de ganar el mayor número de espectadores posibles sometiéndose a las exigencias de la calificación por edades a base de disfrazar la componente sexual entre ambos personajes. La sombra en la pared de ella es un intento torpe y tópico de fabricar un sucedáneo del sexo sin sexo que define muy bien la sociedad de pichaflojas asustadizos en que se está convirtiendo nuestro mundo occidental. El otro problema está en el personaje de John Connor, que me temo ha caído víctima de lo que podríamos denominar “Síndrome Annakin”, por el Annakin Skywalker de los episodios 1, 2 y 3 de Star Wars. El error es el mismo: es alarmante la superficialidad  estulta, simplona y puritana con la que trata el cine norteamericano de evasión conceptos tan serios y argumentalmente jugosos como el bien, el mal y el encuentro del hombre con esa especie de paradigma de la bíblica fruta prohibida del jardín del Edén que es la tecnología.  No duden ni por un momento que toda película que simplifica y aplica visiones y conclusiones maniqueas, estereotipadas y estrechas de miras al sexo, el amor, la moral y la muerte, es floja. Podrá ser más o menos hábil para salir adelante como espectáculo de evasión y entretenimiento, como de hecho ocurre con Terminator Génesis, que como ya he dicho funciona muy bien en esa clave de pasarratos entretenido, pero sentiremos siempre que le falta algo, que no llega a donde podría haber llegado, que le falta fuelle, empuje, que no alcanza del todo la épica de sus precedentes. Sumen eso a lo que podríamos calificar como una tendencia  a ser excesivamente complaciente y tributaria de las dos primeras película de James Cameron y una reticencia a arriesgarse por otros caminos y comprenderán por qué pienso que Terminator Génesis es una buena película, pero en definitiva vuelve a contarnos otra vez la misma historia… Y además tiene el peor final de toda la saga de Terminator, en cine y televisión.

 

Miguel Juan Payán 

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Crítica de la película Espías con Jason Statham, Melissa McCarthy y Jude Law

Espías: divertida sátira de 007 y buen pasatiempo de evasión para el verano. Risas seguras. Vehículo claramente concebido para el lucimiento cómico de Melissa McCarthy que además está bien respaldada por Jason Statham en un papel de autoparodia con momentos desternillantes que sacan el jugo hasta las últimas consecuencias a su imagen cinematográfica como tipo duro del cine de acción. La asociación de estos dos actores en principio tan distintos y distantes es lo mejor de esta película que trabajándose la fórmula de Loca academia de policía o Superagente 86, es una sátira más lúcida de lo que podría pensarse en principio por su naturaleza disparatada sobre las frustraciones de la mujer que intenta abrirse paso en un mundo laboral dominado por hombres. De manera que en su superficie es una gamberrada bien trabajada para sacarle al personal algunas risas por la vía de la parodia, pero si uno rasca un poco más se encuentra una crítica a cómo camufla el audiovisual los roles sexuales más tradicionales en el cine de acción. En ese sentido es curioso cómo se acerca al tono –salvando todas las distancias y las obvias diferencias de presupuesto-, de la comedia de James Cameron sobre el cine de espionaje Mentiras arriesgadas, pero desde un punto de vista que la sitúa en las antípodas de aquella otra (nunca me expliqué cómo James Cameron, el director que le había dado tanta cancha a las féminas en su cine, haciendo de películas como Terminator, Terminator II, Aliens el regreso o The Abyss, motores de la instalación en la era blockbuster de las féminas guerreras en el cine de acción, castraba el personaje de Jamie Lee Curtis convirtiéndola en florero de las peripecias de su marido de ficción…).  

Darle la vuelta a la imagen de Statham es sólo uno de los aspectos más divertidos de ese ejercicio de reivindicación de lo que tienen que aguantar las féminas, que se inicia con una caricatura de James Bond eficazmente servida por Jude Law y por unos títulos de crédito que no ofrecen lugar a dudas de por dónde van a ir los tiros. McCarthy encuentra así su papel más divertido y con posibilidades de darle carrete en taquilla, pero con algo más de contenido de lo que suele ser habitual en su filmografía. Statham parece muy relajado cambiando al registro autoparódico. El resto del reparto de secundarios es un buen respaldo para la protagonista, aunque sus apariciones sean tan breves como las de la gran Allison Janney y la de Morena Baccarin (ésta última fichada casi a modo de cameo y poco más).

Obviamente, como suele suceder en toda película de encadenado de gags, unos chistes funcionan mejor que otros, pero en su conjunto me atrevo a decir que me he reído más con Espías que con Superagente 86, por poner un ejemplo. Y que tiene mejor ritmo que aquella. En sus disparates me parece más sólida, no tiene momentos en los que decaiga porque cuando empieza a estancarse entra en funcionamiento el cambio de registro de McCarthy como guardaespaldas del personaje de Rose Byrne, y la combinación de las dos anima el asunto hasta el desenlace, que por otra parte es tan tópico como cabría esperar, pero incluso en esos momentos más obvios consigue seguir sacándole algo al personaje de Statham… hasta la escena postcréditos.

La cosa apunta a posible éxito de taquilla y deja claramente abierta la posibilidad de secuela. Si la ruedan, un consejo para ellos: que saquen más partido al dúo McCarthy-Statham. Aquí no les han dejado volar tanto como podrían, pero pueden ser una pareja ciertamente explosiva.

Resumiendo: entretenida, divertida, con algunos momentos para carcajada.

 

Miguel Juan Payán 

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Crítica de la película Poltergeist (2015)

Remake entretenido, pero no supera al original. Los ochenta pasaron para siempre.

A Poltergeist le falta en su nueva versión tener más gallardía a la hora de plantear su propuesta y arriesgarse más a la hora de apartarse de lo que ya conocemos. En esencia hay poco realmente propio y nuevo salvo lo que mejor funciona, aunque no sea lo mejor aprovechado. Me refiero a ese personaje de investigador de lo paranormal y estrella televisiva que interpreta Jared Harris, y que no obstante no está tan bien aprovechado como podría, aunque le saquen algo de juego por la vía del humor. Empieza como una especie de variante del John Constantine de los comics Hellraiser, y cuando aparece anima la segunda parte de la película. Lástima que no hayan rodado más escenas con él y que le den una resolución al personaje tan chapucera y apresurada, como si tuvieran prisa por quitarse de encima lo más sugerente de este remake que en el resto de sus elementos es bastante anodino, convencional, adicto al tópico, y no obstante todo ello moderadamente eficaz en lo referido a generar cierto nivel de entretenimiento.

No obstante la nueva Poltergeist carece totalmente del poder evocador que tuviera el original, principalmente porque ahora estamos en 2015, y la década de los ochenta nos queda cada vez más lejos. Muchas de las cosas que se hicieron en la misma resultan hoy totalmente superadas por sus herederas. En el caso de esta película por ejemplo encontramos que Poltergeist ha tenido ya su ración de herencia y continuidad por ejemplo en las manos de James Wan en películas como Expediente Warren o en las dos primeras entregas de Insidious. El aporte de estas nuevas aproximaciones al mismo tema, más reciente y mucho más actualizado, deja el remake de Poltergeist desguarnecido de recursos inquietantes si simplemente se limita a reproducir más o menos las distintas fases del original, sin buscar nuevos puntos de vista, aproximaciones visuales o recursos que puedan darle al espectador la sensación de que está viendo algo más que una copia.

Los actores funcionan bien, hacen lo suyo, pero están atados a ese recorrido por lo ya visto, y privados de la posibilidad de sorprendernos que tuviera, con un toque spielbergiano muy marcado, la película ochentera. En el intento por replicar aquella y al mismo tiempo dotarla visualmente con pertrechos del cine de terror actual, la nueva versión de Poltergeist se queda en tierra de nadie, deslavazada y un tanto desnaturalizada, y no consigue reunir momentos realmente inquietantes que sí estaban presentes en la versión anterior.

Desde un punto de vista de aficionado, lo más interesante está en ver cómo han orientado la parte de espectáculo grotesco y tenebroso con algunas buenas ideas que mejoran la película original. Me refiero a la manera de resolver visualmente la secuencia del viaje al otro lado, el mundo de los muertos mal enterrados, que queda unido al nuestro por la cuerda. Es un punto fuerte haber potenciado esa manera de crear un espectáculo de lo grotesco y lo atroz sin caer en el alarde pirotécnico que lucía la película original, muy tocada por el “estilo de lucecitas made in Spielberg ochentero”. Lo que ocurre es que ese otro mundo les ha quedado tan curioso que uno se queda con ganas de que le saquen más partido, especialmente teniendo en cuenta que en lo referido a metraje la película no pasa de los noventa minutos, así que se podría haber permitido una mejor explotación de esa parte asociada a una más amplia parcela de protagonismo para el personaje de Jared Harris, del que no es exagerado mencionar que su participación y trabajo en la crisis, así como su resolución final en la misma es notablemente abrupta y, visto el fragmento post-créditos, incluso algo confusa.

 

Miguel Juan Payán 

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Crítica de la película Mad Max: Furia en la carretera

Mad Max furia en la carretera recupera y supera todo lo bueno de Mad Max el guerrero de la carretera. La mejor entrega de la franquicia.

Dos horas de persecuciones imparables y plenas de imaginación. Hemos tenido que esperar unos cuantos años, pero la espera ha merecido la pena: finalmente tenemos en la cartelera una digna heredera de la mejor película de la saga del loco Max, y descartando fatuos y oportunistas arrebatos de nostalgia ochentera que ademas cada vez me parecen más fruto del postureo generacional friqui, lo cierto es que teniendo las más mínimas dosis de sentido común no creo que nadie pueda discutirle a e este trepidante, espectacular y muy oportuno ejercicio de puesta al día de la franquicia cualidades que mejoran la película que toma como referencia principal, la segunda de la trilogía original, aunque en algunos momentos hace guiños a la primera, con ese antagonista de la misma tuneado para la ocasión, e incluso a la tercera, ese fallido ejercicio de lo que pudo ser y no fue, o de lo que solo era realmente Mad Max en su primera parte. Ya el hecho de que Miller haya ido directamente a buscar referente estético y argumetal en la segunda de Mad Max es toda una declaración de principios y hasta una disculpa por lo que hizo en la tercera. Rectificar es de sabios. Pero es que además, con te comentado al principio, creo que mejora algunos aspectos de aquella película. La segunda de Mad Max siempre me ha parecido casi perfecta en su astuto ejercicio de renovación de las claves del western y cruce de las mismas con la ciencia ficción de tono apocalíptico, pero era muy parca en su anécdota argumental. Lo positivo de eso es que te quedaban ganas de ver más. Y ese "más" está ahora en Mad Max furia en la carretera. De hecho ese "más" tiene nombre propio: Charlize Theron. Como digo siempre, cualquier cosa es mejor con mujeres. Y cuanto más completas y resolutivas por sí mismas sean dichas mujeres, mucho más divertido todo. Theron ya por sí misma demuestra aquí, otra vez, que se basta ella solitario para sostener lo que haga falta en una pantalla grande que ademas George Miller agiganta con su peculiar estilo de entender y filmar el cine de acción. Más claro: a mí Theron ya me vale ella solita como variante femenina de Max Rockatansky. Además mis ojos disfrutan más, no voy a negarlo. Por otra parte su personaje introduce en la trama nuevas claves que ampliando el arco de posibilidades dramáticas. Para que quede todavía más claro, George Miller ha hecho aquí lo que quiso hacer y no supo o no pudo hacer Sam Raimi con Sharon Stone y el espagueti western en Rápida y mortal (1995). La diferencia es que Miller trata a Theron y su personaje con más respeto y le da más sentido y contenido que el que le proporcionó Raimi a Stone, que a pesar de las apariencias en esa película era sólo una cáscara decorativa en una trama eminentemente masculina que se repartieron Gene Hackman, Russell Crowe y Leonardo Di Caprio.

Y así llegamos al otro punto fuerte de Mad Max furia en la carretera: Tom Hardy. Si había alguien capaz de estar a la altura de Mel Gibson en las originales era él. Este tipo es una máquina. Intenten ver la película en versión original porque la voz de este actor es única. Si hace un tiempo me hubieran preguntado quien podría heredar el personaje de Max Rockatansky de manera competente habría dicho que Russell Crowe, pero hoy sin duda es mejor Hardy, que con todos mis respetos para el de Gladiator me parece un actor mas completo, capaz de ir más a fondo con el personaje incluso en un vehículo de acción trepidante como el que nos ocupa. Creo que Hardy aporta a Max más matices y una personalidad diferente de la que propusiera Gibson. Hardy no se limita a tunear a Max para a actualizarlo y darle algún toquecillo personal. Hace mucho más. Hace que el personaje crezca, y sin faltar al respeto o renegar de su precedente, algo que no es nada fácil, especialmente teniendo en cuenta que dicha precedente es un icono de la cultura popular. Afirman los rumores que Hardy quiere interpretar al Castigador de la Marvel, y después deber Mad Max furia en la carretera no se me ocurre mejor actor para darle a ese personaje todo lo que merece en la pantalla grande, todo lo que hasta ahora no han conseguido darle ni Dolph Lundgren, ni Thomas Jane, ni Ray Stevenson.

El tercer punto a favor de MadMax furia en la carretera es su capacidad para hacer la evolución desde la personalidad más cercana a la serie b de las dos primeras películas de la trilogía original hasta el producto de era blockbuster que ahora se presenta en la cartelera. Esa evolución quedó fatalmente truncada en Mad Max III porque Miller hizo una serie de concesiones de cara a la galería que desvirtuaban el espíritu de las dos primeras películas, pero en Mad Max furia en la carretera ha sabido gestionar mucho mejor esa evolución hacia lo comercial sin perder por el camino todo lo que perdió en Mad Max III, y además nos propone algo distinto, más sólido y coherente.

Quiero ver más entregas de esta franquicia, y con eso creo que ya está dicho todo. El tope son cinco estrellas pero por diversión y entretenimiento sólido y coherente merece seis.

Miguel Juan Payan

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Crítica de la película Fast and Furious 7

Más espectacular que las anteriores, pero también más floja de ritmo y repetitiva.

La última entrega de la saga de Fast and Furious parece empeñada en superarse a sí misma y a sus antecesoras en un reto que la lleva a apuntarse algunos tantos a favor y algunos  tantos en contra.

A favor tiene una sucesión de secuencias de acción que consiguen darle una nueva dimensión al término “espectacular” en la saga. No hay opción alguna para aburrirse viendo la película porque es un encadenado de secuencias de acción empeñadas en redefinir el término de “más difícil todavía”. El propio guión de la película bromea sobre ello con esa secuencia en la que O´Conner (Paul Walker) le dice a su hijo que los coches no vuelan . Es un anticipo de los alardes visuales y la suspensión de la credibilidad que nos espera en el resto del relato.

A favor tiene igualmente las peleas cuerpo a cuerpo, que son mejores que las de la película anterior. Fast and Furious 7 saca más partido a la contribución en las secuencias de puñetazo y patada del protagonista de Ong Bak, Tony Jaa, y de la aportación de Ronda Rousey, que en mi opinión está mejor explotada en pantalla que la que hiciera en la película anterior Gina Carano. Eso lo han cuidado más. Y nadie podrá ponerle pegas al plato fuerte de esta entrega, que navega a medio camino entre una de Misión imposible y otra de James Bond, con toque al estilo de Los Mercenarios.  Tal y como era totalmente previsible, la acción es el mejor elemento de esta séptima entrega, capaz de ganarse al público incondicional de la saga, desde la primera pelea de Statham con uno de los integrantes de la misma hasta la última.

Sin embargo es significativo que Jason Statham sea el personaje más interesante de esta séptima película, en su papel como villano incuestionable, amenaza temible que es algo repetitiva en sus recursos (me refiero a que sus enfrentamientos con la familia Toretto acaban siempre con un algo repetitivo ¡¡¡ Kabooom !!!, la explosión como  medio expresivo algo reiterativo en esta entrega). Creo que el personaje de Statham merecía más tiempo de metraje y más imaginación en sus duelos con la banda Toretto. No obstante lo cual, Statham es, a mi parecer, lo mejor de esta séptima película, que ayuda a arrancar con ese principio al estilo de Transporter, macarruzo y perdonavidas, que encaja a la perfección en el “Mundo Toretto” y presta un buen juego en este momento clave de la serie en el que ésta debe empezar a buscar nuevos recursos para mantener el aliento ante el lógico agotamiento de sus claves primordiales.

Pero como digo resulta significativo que Statham sea el elemento más interesante de esta nueva entrega. Afirmando eso quiero decir que se percibe un lógico pero no por ello menos llamativo agotamiento de los personajes y situaciones habituales de la saga Fast and Furious, cuyos responsables afirman no obstante que están pensando en hacer de esta película el arranque de una nueva trilogía. Ese  agotamiento se hace notar especialmente en el intento por dotar al guión de diálogos. Si en lo referido a la acción la película cumple sin problemas, en lo referido a los diálogos y las subtramas, Fast and Furious hace aguas por varios orificios en su línea de flotación. Para empezar su guión es flojo, la incorporación del personaje de Kurt Russell no está a la altura del mismo tipo de fórmula de asociación de estrellas que aplica por ejemplo la saga de Los Mercenarios. Por otra parte la subtrama de pérdida de memoria y enlace sentimental conToretto del personaje de Lety suena muy falsa, es muy “love story made in polígoneros”, y no se la cree nadie. Está metida con calzador y mal resuelta con unos flashbacks que no encajan in en tono ni en nada con el tono y el ritmo del resto de la película. Ocurre lo mismo con esas escenas hogareñas de O´Conner y su “churri”. Absolutamente intratables. La saga de Fast and Furious siempre ha hecho aguas por esa parte de “yo no tengo amigos, tengo familia”, que pregona el personaje de Toretto interpretado por Vin Diesel y que no se cree nadie que no esté hasta arriba de psicotrópicos. De hecho, sospecho que ese tipo de consigna sólo es digerible junto con un camión de pastillas de éxtasis asociado a esa música de la banda sonora que no deja de recordarme la banda sonora de los programas más cutres de “reality show” de la cadena televisiva Tele 5. El rollete “familiar” que se traen estos prójimos nunca ha colado, y aquí ver a O´Conner peleándose con un monovolumen o aguantar esa escena de boda metida con calzador en un flashback digno de culebrón televisivo es particularmente hiriente. Testimonia esa falsa premisa de “tipos duros pero familiares” que es el peor lastre de la saga. Lástima que no le hayan echado más narices al asunto y resulte que estos tipos son realmente gente fuera de la ley, y no forajidos domesticados que trabajan para el gobierno y quieren formar familias, o lo que es lo mismo, “malotes” de postal adictos al postureo. Hay mucho postureo visual en toda la película, y aunque nos resulta entretenido y por tanto lo acepto con gusto para pasar el rato, no deja de resultar crispante esa ambigüedad en algunos momentos. Para que quede más claro recomiendo repaso al artículo de antecedentes e influencias de la saga de Fast and Furious que he publicado en la edición en papel de la revista Acción, que puede revelar mejor a qué me refiero cuando aludo a esa contradicción y esa ambigüedad en la saga que nos ocupa. En teoría nos vende un relato de forajidos pero nos los domestican cada vez más (esas escenitas playeras finales, esos rayitos de sol con niño correteando entre la arena con sus papás, esa boda digna de “chonilandia”…).

Total, que la película es espectacular y entretenida, pero empieza a fallar de ritmo después del encuentro con Statham comiendo y sacándole la anilla a una granada, que la acumulación de secuencias de acción se hace algo agotadora,  y que si alguien quiere tener todavía más claro a qué me refiero puede mirarse la manera de tratar un guión plagado de acción, personajes y más acción en Los Vengadores o Capitán América: el soldado de invierno para comprobar que sólo con acumular secuencias de acción espectaculares no se mantiene un buen ritmo o un buen pulso de la acción en una película… de acción.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Focus

Entretenida película donde destaca Margot Robbie.

La actriz ha venido para quedarse. Nos robó el corazón en El Lobo de Wall Street junto a Leonardo DiCaprio y aquí resulta al final lo más refrescante y memorable de la película, gracias no sólo a su atractivo animal (la cámara la adora y con ella el público) sino también a ese desparpajo que tiene que le da una naturalidad a todo lo que hace y que, en esta película, aumenta el interés de la misma por su sola presencia. No quiere eso decir que su compañero y protagonista, Will Smith, quede eclipsado o sea borrado por ella (aunque a veces así sea…), simplemente la presencia de Robbie es refrescante. Más que la trama de estafadores y timadores de la película.

Una trama que comienza en Nueva Orleans con un grupo muy habilidoso de carteristas, y que nos lleva hasta Buenos Aires, con un timador veterano que intenta enseñar los trucos del oficio a una novata con mucho potencial. Desde ahí los robos y los engaños se multiplican en ambas ciudades, aunque el problema es que tras el final en Nueva Orleans, la trama se estanca durante gran parte del relato hasta llegar a la gran traca final. Es una pena porque el inicio y su humor, los robos y, sobre todo, lo del partido de fútbol, son realmente ingeniosos, divertidos y enganchan, por cómo consiguen atraparte pensando que sabes lo que va a suceder. Y sin embargo la segunda parte de la película, más centrada en lo romántico por partes, es mucho menos interesante y divertida.

Crítica de la película Perdiendo el Norte

Buena comedia para hablar de un tema muy actual.

Aunque en realidad sea un tema cíclico, que se repite desde hace décadas en nuestro país, el de la gente que debe emigrar para buscar un futuro mejor, como ya mostraron otras películas como Vente a Alemania, Pepe o Un Franco, 14 Pesetas. A la primera Perdiendo el Norte no tiene ningún problema en homenajear con muchas ganas a través del personaje de José Sacristán, uno de los protagonistas de la otra historia. Y además lo hace brindándole quizá la mejor historia de la película, una película que repasa el viaje que emprenden dos jóvenes a Berlín buscando un futuro mejor del que pueden conseguir en España, engañados por los rumores que llegan del país germano, y trabajando finalmente en cualquier cosa menos lo que ellos soñaban.

Y en lugar de hacer un drama social lacrimógeno como harían otros, Nacho G. Velilla, experto en comedias de éxito como Fuera de Carta o Que se mueran los Feos, nos muestra un divertido retrato de nuestra sociedad actual, de la española, a través de los ojos de dos jóvenes muy preparados, que deben partir a Alemania, creyendo que allí encontrarán el trabajo de sus sueños, sin imaginar que todo lo que les han dicho es mentira y que deberán buscarse las habichuelas de las formas más peculiares. Quizá no sea su sueño, pero quizá sea el camino para la felicidad, aunque con ello decepcionen a aquellos que les esperan en España. Y del extraño que llega a un sitio nuevo sale la comedia casi sin querer.

Aprovechando a la colonia española en Berlín (o la que nos muestra la película) y el choque de culturas, dejándose llevar por el talento natural de Julián López, Malena Alterio o el propio Sacristán para la comedia, sin olvidarnos de los que esperan en casa, Carmen Machi y Javier Cámara. El humor, ácido, satírico, metiendo el dedo en la llaga de muchas de las cosas que vivimos por la crisis, funciona de maravilla, dejando de paso gotas de drama (la situación de Cámara, lo que vive el personaje de Sacristán…) que le dan más peso a la historia que nos están contando. Mención aparte para Yon González y Blanca Suárez, su excelente química y los detalles del personaje de él, que puede ser un chulo que va de listo la mitad de las veces y, con todo, nos acaba cayendo bien.

El problema es cuando la película se mete en la trama romántica, desaprovecha a Úrsula Corberó, y se olvida del motivo central de su historia, el tema de la fuga de cerebros que vivimos, lo mal que lo pasan algunos fuera de España buscándose la vida… para interesarse por algo que hemos visto demasiadas veces en pantalla y que no aporta nada nuevo, entre otras cosas porque el personaje de Suárez no están tan desarrollado como el del protagonista masculino. Con todo, la comedia funciona, muy bien, nos arranca carcajadas y nos enfoca un problema actual sin lágrimas y con mucha ironía, que siempre se agradece. Y ojo al cameo de Arturo Valls que lo clava…

Jesús Usero

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Crítica de la película Kingsman: Servicio Secreto

Cine de acción y espías con mala uva y mucho estilo. La clave de la película de Matthew Vaughn que está siendo un éxito en medio mundo, podría resumirse en el chiste que se puede ver en el tráiler sobre el nombre del perro del protagonista, JB, y de dónde vienen las iniciales. Ni James Bond, ni Jason Bourne. Jack Bauer, damas y caballeros. Que los otros dos lo mismo son un poco blanditos para los tiempos que corren, y Jack Bauer tortura a los malos, reparte estopa y se preocupa poco por ir rompiendo corazones, y más por ir rompiendo brazos. Hay otro chiste hacia el final de la película que no debe ser revelado antes de tiempo y que también apunta a lo que nos vamos a encontrar en Kingsman. Cine de acción y de espías, pero irreverente, distinto, vibrante, con unas secuencias de acción que son puro estilismo y potencia, llenas de violencia exagerada, sangre y humor salvaje. Y con un protagonista en muchas de ellas, como poco inesperado, como es Colin Firth, que reparte estopa de una forma nunca antes vista en su caso. Con lo formalito y caballero inglés que parecía. Una máquina de matar con buenos modales.

No he tenido la suerte de leer el cómic de Mark Millar, pero sí puedo decir que la anterior adaptación de su cine que hizo Vaughn no terminó de cuadrarme. Le faltaba parte de la mala leche del cómic, de esas relaciones padre/hijo tan demenciales que tenían los personajes centrales, y que la película prefería pasar de puntillas para centrarse en lo mucho que le costaba al personaje central echarse novia y llevársela al catre. Y luego mantener la relación. Es decir, más de lo mismo, pese a la envoltura en apariencia irreverente que tenía. Con momentos y personajes muy conseguidos, como lo era Chloe Moretz y su Hit Girl, pero poco más. Simpática, entretenida, a ratos con potencial de más… Kingsman es otra cosa, otro nivel, que explota sus posibilidades como lo hacía, en cierto sentido, otra adaptación de Millar, Wanted, quedándose con ciertas cosas, pero cambiando muchas del cómic para dar una versión diferente, única y personal del universo en el que se plantea la acción. Y en el caso de Kingsman sale muy ganadora de ese pulso ofreciendo un espectáculo de primer orden, pero también una sátira del mundo de los espías en el cine, empezando por ese Colin Firth que se rumoreó podía haber sido James Bond, pero al que nadie terminaba de verle en el papel. Demasiado héroe romántico decían. Se ha quitado la espinita a lo grande.

Porque, hablando de Firth y del reparto, menuda lista de ilustres nombres británicos y alguno americano, que han puesto en la película para acompañar al casi debutante Taron Egerton, que, por cierto, lo hace de maravilla para sacar adelante al personaje central, con su aire de chulo y quinqui de barrio que tiene mucho más que decir de lo que el mundo que le rodea espera, pero sin perder nunca la chulería. Firth lo clava como el otro protagonista de la película, con un porte elegante de caballero inglés, pero unas formas en la acción que no le suponíamos. La escena de la iglesia es perfecta para ver lo que podía haber dado de sí de haberle confiado antes alguien un personaje así. Una pasada. Y Egerton aguanta los cara a cara con el ganador del Oscar, que no son pocos y es donde está parte de la chicha del film, con mucha solvencia. Junto a ellos, Michael Caine (siempre el mejor, siempre el más grande, haga lo que haga), Mark Strong, tan brillante como siempre, o Jack Davenport. Entre los americanos, Samuel L. Jackson, riéndose de su imagen habitual y de los villanos de este tipo de películas, y un pequeño cameo/papel para Mark Hamill, que siempre queda bien. Aunque a quien no hay que perder de vista es a Sofia Boutella y su papel de despiadada asesina con espadas por piernas…

Todo en Kingsman tiene un tono festivo, exagerado, incluyendo la violencia. Que no es poca. La película no es una muestra del Hollywood edulcorado y preparado para engatusar al público adolescente. Es sangrienta y brutal, con muchas amputaciones y momentos realmente gore, pero muy exagerados, lo que añade al impacto inicial una nota de hiperrealismo que acerca la película al mundo del cómic del que parte la historia. Eso sí, la forma en que han sido rodadas por Vaughn nos mete de lleno en esas escenas tan potentes como psicodélicas. Sin olvidar nunca la psicología de los personajes, su historia que suena a cliché, pero que es convertida en entretenimiento gracias a ese tono de sátira irreverente que antes mencionábamos. Puede que no sea para todos los paladares, pero no saben lo que se estarían perdiendo.

Porque destaca mucho en la película esas ganas de intentar reinventar un género en el que ya está todo dicho o casi. A través del humor, siempre efectivo, siempre llevándolo un paso más allá de lo esperado, y también a través de los personajes, que parten como meros arquetipos con clichés y se desarrollan de la forma más peculiar, ya sea a través de la madre del protagonista (esa escena con la niña… inquietante) o de su nuevo novio y sus matones, como de Firth y sus dos caras (con qué facilidad pasa de una a otra) o del protagonista y su evolución. Todo en Kingsman es una fiesta y como tal debe ser entendida. No quiere que la tomen en serio porque no quiere ser un remedo de 007, ni nada parecido. Quiere ser la versión de los agentes secretos para el siglo XXI y lo consigue. Hace reír, nos pone al borde de la butaca y nos presenta algunas de las mejores escenas de acción que vamos a ver este año, y eso que acaba de empezar. Una película para no perdérsela que seguramente tendrá secuela, y muy merecidamente. Un soplo de aire fresco en el género que no debe pasar desapercibido.

Jesús Usero

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Crítica de la película El Francotirador

Cine con agallas, la mejor película de Eastwood en mucho tiempo.

Por lo menos desde Cartas desde Iwojima, si no antes. Parece que el parón creativo del director le ha sentado de lujo a su cine, y, aunque en septiembre nos llegó el fallido musical Jersey Boys, parece que estaba guardándoselo todo para El Francotirador, una película que ha arrasado en la taquilla americana como pocas lo han hecho en los últimos tiempos (a la hora de escribir estas líneas llevaba más de 307 millones sólo en Norteamérica), y que se ha convertido en la de mayor éxito para su director en toda su filmografía, aunque también ha levantado una enorme polémica entre el público americano que ha acusado, una parte de él al menos, a su protagonista real, Chris Kyle, y a la película poco menos que de asesinos y de fascistas. Creo que alguien ha malinterpretado el tema de la historia y la propia película en sí. No estamos ante la historia de un asesino, estamos ante el descenso a los infiernos de un hombre, ante la crueldad del conflicto armado, sea donde sea, y ante lo que la guerra es capaz de hacerle a cualquier persona, por muy buenas intenciones que ésta tenga.

He de mencionar que, aunque considero a Clint Eastwood un genio, su cine casi nunca termina de gustarme como debería. Tiene películas magistrales que me encantan (Cartas desde Iwojima, Sin Perdón, Mystic River…) pero no soy fan. A veces me parece demasiado blando (Gran Torino, y si tienen dudas, vean la genial Harry Brown, con Michael Caine) y otras no termina de engancharme. Ojo, como espectador subjetivo, como crítico objetivo, repito, me parece un monstruo detrás y delante de las cámaras. Tiene que ver con gustos y no con la calidad de su cine. En El Francotirador me he encontrado con una de esas películas sensacionales que el director nos dedica de cuando en cuando y que se te quedan grabadas dentro, a poco que sepas separar el polvo de la paja y no te quedes sólo en la superficie. Sí, es la historia de un francotirador, el que mayor número de bajas ha causado en la historia del ejército de Estados Unidos, sí, es una película violenta, sangrienta y cruda que nos muestra lo salvaje que es una guerra. Y no, la película no juzga a su protagonista, ni fuerza las cosas. Deja que sucedan y que seamos nosotros quienes juzguemos si Chris Kyle era un héroe, un villano o simplemente un hombre que no sabía cuándo retirarse a tiempo.

Apuesten por la última, por favor. Hay una frase al inicio de la película que demuestra de lo que realmente va la historia, la explicación que el padre de Kyle da a él y su hermano (un hombre recto, pero justo) sobre los tres tipos de personas que hay en el mundo, lobos, ovejas y perros pastores. Y cómo algunos creen que el mal no existe, pero el mal existe y es deber de los perros pastores proteger a las ovejas de los lobos. Esa frase quedará grabada en el personaje y determinará quién va a ser, en quién va a convertirse, a lo largo de los años que vendrán. Sobre todo una vez se incorpore al ejército y demuestre que su verdadero talento (como ya aventuraba su padre) sea el de ser un cazador. Un francotirador. Y sí, la película tiene una estructura de thriller de acción, con escenas que recrean el conflicto en Irak, sin plantearse realmente nunca si era justo o no, si Estados Unidos debía haber invadido el país o no. Simplemente, la película no va de eso. La película analiza lo que ese conflicto deja como secuela en el corazón de un hombre.

Quizá no tenga ninguna posibilidad en los Oscars, sobre todo porque hace de tipo normal y corriente, arrastrado por las circunstancias. Pero qué pedazo de interpretación se marca Bradley Cooper como Chris Kyle. Qué sutil, llena de matices, vigorosa y auténtica. Cómo nos muestra el viaje del personaje, perfectamente orquestado por el guión y un soberbio director, para mostrarnos cómo aquél convencimiento de que está luchando por su país, queda borrado según pasan los años, para perderse y dejar simplemente el sentimiento de proteger a los suyos, al soldado que está a su lado. Salvar más vidas de los suyos. Salvarlos a todos. Algo imposible que será lo que le lleve a perderse y casi perderlo todo. Ojo a Sienna Miller y su interpretación también, injustamente olvidada en los premios y nominaciones. Con la fuerza de un ancla para salvar a su marido. Ambos son el núcleo de la historia y el corazón de una película con mucha tela que cortar y mucha miga. No es postureo lo de El Francotirador. Son agallas de no amilanarse ante el qué dirán. Sus actores también entienden eso. Además de las vibrantes secuencias de acción, Eastwood sabe exprimir a sus actores y dejar que la naturalidad fluya, que la historia nos lleve al punto donde el director quiere dejarnos meditando. Ese final sutil, sencillo y tan irónico que asusta (cuando la vean discutimos sobre esa tremenda ironía del azar, sobrecogedora). Y deja en los créditos finales imágenes de archivo para no ser él quien ponga la nota final, sino la realidad y la opinión que de todo ello se haya creado el espectador. Digan lo que digan, El Francotirador es una película antibelicista, que demuestra en qué se puede convertir un ser humano, y cómo queda por dentro cuando no es capaz de abandonar la trinchera (esa escena frente al televisor, ese momento en el bar…). No, no defiende las acciones de Chris Kyle, pero tampoco las critica. Nos deja elegir. Nos deja pensar en lo devastador que es quitar una vida o cien, incluso para el más justo de los mortales. Lo que hace a las familias. Eastwood, digan lo que digan algunos, sale vencedor y nos presenta una de esas películas que no olvidaremos con facilidad. Cine en estado puro.

Jesús Usero

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Crítica de la película La señal

La señal. Ciencia ficción, intriga y algo de terror con final espectacular y toque independiente y de serie B.

Cuatro millones de dólares es el presupuesto oficial de esta producción estadounidense que aplica la fórmula del cine independiente a lo que no es sino la recuperación de las claves de serie B del género en el que se inscribe. Empieza como road movie intimista sazonada con paisaje espectacular, gira luego hacia el terror cámara al hombro estilo “bruja de Blair” y finalmente se instala con comodidad y desde la modestia de su inversión en los decorados clínicos en interior de un relato claustrofóbico que recuerda tanto algunos clásicos de la ciencia ficción cinematográfica, estilo La amenaza de Andrómeda, como películas más recientes, coincidiendo en algunos aspectos argumentales con One Point 0, Chronicle, The Machine o Ex Machina.  En su tercer acto vuelve a dar otro giro de tono, sale a exteriores, se trabaja persecuciones y espectáculo visual  de acción… Todo ello puede ser interpretado en positivo como película capaz de sorprender, inquieta e inquietante, que lo es, pero también evidencia una variabilidad de planteamientos y una indefinición de objetivos en su desarrollo argumental y visual que produce una sensación de indefinición y puede despistar a algunos espectadores. Ciertamente la película juega con astucia la capacidad de sorprender, aunque luego se deje llevar por la aplicación fiel de las fórmulas que marcaron el cine de ciencia ficción norteamericano de los años cincuenta, precisamente enfocado sobre los temas de invasión, quintacolumnismo, desconfianza hacia el prójimo, que quedaron definidos en su mejor versión en clásicos como La invasión de los ladrones de cuerpos, La cosa, el enigma de otro mundo, Invasores de Marte o Me casé con un monstruo del espacio exterior. Aquí esos planteamientos están hibridados con un arranque de cine indy. Creo que en su conjunto, y con su final abierto, es una buena propuesta de ciencia ficción e intriga, pero también me parece que en su último giro se pasa de la raya y habría sido mejor que siguiera desarrollando su parte más interesante, que no es otra que la del encierro de los personajes, hasta explotar todas sus posibilidades. En ese territorio por ejemplo saca el máximo partido a la intriga y siembra muy bien un puñado de incógnitas. De hecho es tan eficaz en ese trabajo de planteamiento de incógnitas que cuando finalmente empieza a dar respuestas algo más tópicas y previsibles en su desenlace genera cierta sensación de bajada del ritmo y el interés. El cambio de subgéneros constantes que practica a lo largo de todo su metraje no la beneficia especialmente en esa parte final, quizá porque el giro de retorno hacia el exterior se produce demasiado tarde y estamos ya cómodamente interesados en ese planteamiento de relato claustrofóbico del que hablaba anteriormente. En todo caso, después de ver su desenlace, consigue que ese fleco que deja suspendida la trama en una incógnita aún más grande que todas las que nos ha planteado hasta el momento se convierta en poderoso anzuelo para que nos apetezca conocer cómo prosigue la historia, en un ejercicio de final abierto que nos inocula el virus de la secuelitis.

Miguel Juan Payán

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