Crítica de la película Calle Cloverfield 10

Ciencia ficción y misterio servidos de forma brillante. Cuando hace ocho años se estrenó Cloverfield, Monstruoso en nuestro país, no sabíamos muy bien qué esperar de la película. Desde su primer teaser, todo había sido secretismo, sin revelar nunca demasiado por la película, sin contar nada sobre ella, más que un póster con la Estatua de la Libertad semiderruida, unos tráilers en los que apenas se veía nada… Todo era sorpresa, todo era nuevo y no sabíamos que esperar de una película que resultó ser un curioso relato sobre un monstruo arrasando Nueva York (sí, eso lo imaginábamos realmente) a través del found footage que seguía a un grupo de amigos (algo pijos) que recorrían la ciudad. Vista con el tiempo, la película sigue siendo un trepidante relato, pese a sus limitaciones argumentales, contado como no había sido contado antes (pese a seguir siendo una historia convencional de cine de catástrofes con monstruo), que nos sorprendió tanto por cómo estaba contada la historia como por aquella campaña viral de promoción orquestada por JJ Abrams y su gente. Demostrando, una vez más, que Abrams sigue siendo el más listo de la clase a la hora de vender el producto y de hacer que el público se interese por él.

Lo ha vuelto a hacer ocho años después con 10 Calle Cloverfield, cuyo título hace pensar en secuela. Y es lógico, con el escaso coste de producción de la primera película y los beneficios obtenidos, siempre pensamos que una secuela llegaría tarde o temprano. Lo que debíamos haber supuesto es que Abrams, para seguir con la estela dejada por la primera película, ni produciría una secuela al uso, ni la acompañaría de una campaña de promoción convencional. Haría la película en secreto y lanzaría el primer tráiler de la misma sólo dos meses antes del estreno en todo el mundo. Pillando a todo el mundo por sorpresa, casi como con la película original, y además haciendo que la película sea un familiar cercano de la película anterior, pero no una secuela directa. Hay dos formas de tomarse la película. Una, que los hechos de la primera película han llevado, mucho tiempo después, a los hechos que vemos ahora. Otra, que en realidad Cloverfield es una antología cinematográfica, sin relación argumental, donde lo que importa son las pequeñas historias humanas, en un marco de apocalipsis y fin del mundo. El resultado en esta ocasión es todavía más satisfactorio que con la película anterior.

Crítica de la película La Habitación

Una poderosa película, una de las mejores del año. Tenemos los Oscars a la vuelta de la esquina y nos van llegando todas las principales nominadas a las categorías de peso, lo que nos deja cada semana una muestra de gran cine al que puede acceder una mayor parte del público (en otras épocas del año este tipo de cine se estrena de forma mucho más limitada). Ahora le toca el turno a La Habitación, un drama con toques de suspense que nos deja fascinados durante sus dos horas de proyección, en lo que son casi dos películas distintas, ambas igual de poderosas, bellas y fascinantes, con unas interpretaciones simplemente portentosas y una historia sobrecogedora, de esas que uno se lleva a casa y medita durante días.

Brooklyn ★★★★

Febrero 21, 2016

Crítica Brooklyn

Preciosa historia de descubrimiento personal en los 50.

Y mencionemos un dato importante que no debe ser dejado de lado, ni mucho menos olvidado. Se trata del guionista de la película, el brillante escritor Nick Hornby, al que debemos en gran medida el tono muchas veces ligero y distendido de una historia que en manos de otro escritor habría sido algo mucho más dramático, cargado y, quizá cargante. Pero el tono que tiene el guión lo hace mucho más interesante y refrescante, distinto a lo habitual. Hornby es más conocido por su trabajo como novelista, muchas veces adaptado al cine (con mayor o menor fortuna), pero suyos son los guiones de películas como Alma Salvaje, An Education y, ahora, Brooklyn. Y su trabajo merece mucho la pena.

Deadpool ★★★★

Febrero 12, 2016

Crítica de la película Deadpool

La primera gran comedia gamberra de superhéroes da en el blanco.

Risas: muchas. Acción: mucha. Diversión: mucha. Ritmo: perfecto. Chistes: muchos. Guiños y autoparodia: una carreta completa. Capacidad para entretener: garantizada. Respeto por el original: total.

Deadpool se aplica a la tarea de cerrar una etapa y abrir otra en lo que a cine de superhéroes se refiere, o al menos eso me parece a mí. Para empezar es la primera comedia gamberra de calidad del subgénero de superhéroes. En el humor va más allá de lo que Ant-Man sólo podía insinuar muy ligeramente y a pinceladas, así que podemos decir que Fox le ha ganado esta mano de la comedia disparatada a la Disney, porque obviamente Disney, con su producción “para toda la familia”, no puede ni asomarse a olisquear lo que han hecho en esta divertida película de Masacre. De paso aclaro que para mí, como para muchos otros aficionados al cómic españoles, el mercenario bocazas es y siempre será Masacre. Tal y como he escrito en las redes sociales, tres horas después de ver la película me sigo sorprendiendo a media sonrisa al recordar algunas de sus gamberradas.

Crítica de la película Creed, la leyenda de Rocky

Creed, la leyenda de Rocky. La mejor de la saga desde la primera.

El regreso de Sylvester Stallone al personaje que le diera la fama se ha convertido en una de las propuestas de cine de evasión mejor concebidas por la máquina de producir ficción de la industria de Hollywood.

Creed recupera y actualiza las mejores cualidades de la película que la inspira, claramente la primera entrega de la saga de Rocky, curiosamente lo mismo que le ocurre a El despertar de la fuerza con La guerra de las galaxias, a Mad Max: furia en la carretera con Mad Max: el guerrero de la carretera y a Los odiosos ocho con Reservoir Dogs. Eso me hace sospechar que estamos en una clara tendencia de relectura de películas preexistentes más exigente que los fallidos intentos de remake y reboot que han caracterizado el cine comercial en los últimos años con fallidos intentos de reproducir lo precedente que en el fondo venían a contarnos más o menos lo mismo, pero con más instinto de mera explotación que de renovación sincera de la propuesta.

Crítica de la película Spotlight

Spotlight. De las mejores del año. Brillante en todos sus aspectos.

La cartelera nos está dando un montón de alegría en este arranque del año en el que están coincidiendo cada fin de semana varias películas nominadas a los Oscar y ni siquiera el cinéfilo más exigente puede quedarse sin opciones para ir al cine a ver algo recomendable. Sumen ésta a Steve Jobs, La gran apuesta, La juventud, La habitación y El renacido como películas que deberían ver porque están entre lo mejor que se ha nominado al Oscar este año. Pero entre todas las producciones que nos están llegando es sin duda Spotlight, una de las que más destaca por su calidad y porque va a ser una de esas que seguirá apareciendo en las reseñas de lo mejor de este año y también de esta década.

Pesadillas ★★★

Enero 22, 2016

Crítica de la película Pesadillas 

Pesadillas. Amena y divertida peripecia de fantasía para público familiar.

Siguiendo la estela de la fórmula de Jumanji, condimentada con el espíritu de aventura ochentera tipo Gremlins y Los Goonies, el traslado al cine de los libros de fábulas terroríficas para público juvenil encuentra su camino jugando la baza de la comedia y el cine para todos los públicos y sacando brillo con sus criaturas a la parodia de las sesiones matinales de fin de semana que caracterizaron el cine estadounidense de explotación y serie B en los años cincuenta, donde se mezcló con singular habilidad el terror y la ciencia ficción.

Crítica de la película Palmeras en la Nieve de Mario Casas

Buen drama romántico con un gran reparto. No engaña a nadie Palmeras en la Nieve y da a los espectadores justo lo que promete, una historia de romance épico y prohibido en una época convulsa de nuestra historia, donde todo era completamente distinto a como entendemos el mundo ahora. Una película que no tiene nada que ver con mis gustos habituales, que los lectores conocen perfectamente, y que mantiene al espectador casi siempre interesado por lo que sucede en la pantalla, pese a su duración de casi tres horas, con una brillante factura técnica, un gran reparto, muy buen pulso narrativo y momentos más que interesantes. Incluso a quienes como a mí el género no nos llame la atención, la película es amena, entretenida y está muy bien contada.

Tras la muerte de su padre en 2003, una joven descubre el diario de su tío, enfermo de Alzheimer, en el que narra el viaje de ambos hermanos a la Guinea Ecuatorial que era parte de las colonias españolas en los años 50, donde llegaron para trabajar en una plantación de cacao. La historia de los dos jóvenes, llenos de sueños y ambiciones, se entremezcla con la época convulsa y llena de cambios que llevó a que Guinea dejase de ser parte de España, mientras que en el año 2003, la joven regresa al país para completar el puzle y descubrir qué sucedió realmente en aquel lugar, en la isla de Fernando Poo, cuando su padre y su tío tenían su edad, lo que hará que descubra un secreto del que nadie quiere hablar…

Gran trabajo del reparto, liderado por Mario Casas y Adriana Ugarte, como los dos protagonistas del pasado y el presente, ligados por un lazo de sangre y un secreto. Junto a ellos el talento también de nombres como Macarena García, Emilio Gutiérrez Caba, Celso Bugallo, Laia Costa, Luis Callejo, Emilio Buale, Fernando Cayo o Daniel Grao. Y se notan los medios y el talento de Fernando González Molina para poner en pie la historia, para darle fuerza visualmente, para hacerla atractiva a todos los públicos y no sólo a quienes busquen una historia de amor sin más. Vean por ejemplo la llegada del barco a Fernando Poo, o la salida de los españoles de Guinea, sin ir más lejos.

Es cierto que se le va algo la mano con la duración de la película, que podía haber sido reducida en alguno de los viajes de regreso a Guinea de los protagonistas, aunque donde realmente cojea es en la historia presente, mucho menos interesante que la del pasado, confusa a veces con las fechas y que apuesta más por el melodrama sensiblero, en lugar del romance épico e imposible de la historia del pasado. Cada vez que recuperamos a Killian la historia retoma interés. Ese es el mayor problema de una película bien construida que encantará a los fans del género o de su reparto, pero que además tiene suficiente cine en sus venas como para hacer pasar un buen rato a cualquier espectador. Que no es poco.

Jesús Usero

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Crítica de Star Wars: el despertar de la fuerza

Star Wars, episodio VII: el despertar de la fuerza. Un notable alto en cine de evasión y entretenimiento.

J.J. Abrams saca notable muy alto y de paso nos devuelve el universo Star Wars tal y como nos lo propusieron las tres películas clásicas, los episodios IV, V y VI. Lo sorprendente es que el propio George Lucas, que había creado la saga, no acertara a ver por dónde estaba el verdadero camino en sus Episodios I, II y III, a los que en mi opinión este Episodio VII les gana por goleada. Para que quede más claro, esta película alcanza un nivel equivalente al que tuviera en su momento el Episodio IV que en España conocimos como La guerra de las galaxias. Quiero decir con esto que ciertamente todavía no está al nivel de El imperio contraataca, que sigue siendo la mejor película de la saga en mi opinión, pero después de ver El despertar de la fuerza pongo la mano en el fuego y si hace falta en un sable láser por la siguiente, y afirmo que confío plenamente en que en el Episodio VIII pueden alcanzar el nivel de El imperio contraataca. Lo van a conseguir. La magia ya está ahí y se ve plenamente en El despertar de la fuerza, que además tiene todo ese ritmo de aventura imparable, espectacular y trepidante que disfrutamos en las tres primeras entregas de la saga que se estrenaron y en las películas de Indiana Jones. Es ese tipo de cine de evasión y entretenimiento total. Me refiero a ese cine que muestra notable dinamismo y eficacia para presentar a sus personajes en tiempo récord y tenernos totalmente metidos en la historia a los cinco minutos de proyección. Además de un manejo de la épica visual que queda perfectamente definido por la presentación del personaje de Rey en las ruinas del destructor estelar: unas imágenes que recuperan para el cine el reinado de la pantalla grande.

Abrams tenía por delante un reto nada fácil. Debía recuperar el tono y el alma de aquellas tres primeras películas, que era el más adecuado para proseguir la franquicia, pero al mismo tiempo no podía quedarse en la mera réplica de las mismas, sino que tenía que abrir paso a una generación de relevo con nuevos personajes capaces de heredar el legado de Luke Skywalker, Han Solo, Leia, etcétera. En mi opinión, lo ha conseguido. Sus nuevos personajes funcionan muy bien, como la propia película. Los clásicos son el respaldo pero no lo esencial. Eso es bueno. Por eso discrepo de quienes opinan que la película es un remake de La guerra de las galaxias. Creo que se confunden. No es un remake, lo que ocurre es que sigue la misma fórmula de construcción argumental que aquella, que no es otra que las sugeridas por las teorías del monomito, los Argumentos universales, el libro El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito, de Joseph Campbell, que giran sobre el camino de transformación de la persona ordinaria en extraordinaria. Es el mismo camino que siguieron los personaje de la primera película de la saga que se estrenó, especialmente Luke, y es la que sigue J.J. Abrams. Pero si profundizamos en esas fórmulas y sus aplicaciones, veremos que el trabajo con las mismas que hace Abrams en esta película tiene su propia personalidad frente a las películas anteriores y no se limita a ser un remake propiamente dicho, aunque desde un punto de vista industrial sí presente en algunos momentos la naturaleza propia de eso que se ha dado en llamar reboot. Si me obligan a pronunciarme, diría que es antes un reboot que un remake. Pero realmente ese asunto del etiquetado de la cosa me trae un poco al fresco después de haber pasado dos horas quince disfrutando en el cine con esta nueva visita al verdadero universo de Star Wars, que creo es lo que van buscando los espectadores cuando compran su entrada para ver este tipo de cine.

El relevo generacional funciona. Y funciona sobre dos elementos básicos: Rey, esto es, Daisy Ridley, que es el gran hallazgo de la película. Ella además tiene una trama de vínculo con el personaje de John Boyega que funciona bastante bien. Boyega me planteaba algunas dudas a priori, pero funciona perfectamente asociado al sentido del humor. Ese mismo sentido del humor que estaba en las películas clásicas y que se perdió totalmente en los episodios I, II y III. Además la química entre Boyega y Ridley también funciona en pantalla. De ponerle alguna pega a ese tema del relevo, sería que el personaje de Poe Dameron interpretado por Oscar Isaac, aparece menos de lo previsto. Le pensaba más protagónico, pero estoy convencido de que su caso es el mismo de la capitana Phasma interpretada por Gwendoline Christie: ambos personajes van a tener más desarrollo, por decirlo así van a estallar con más protagonismo en las siguientes entregas. Lo cual me parece significativo respecto a cómo puede seguir desarrollándose la franquicia en los siguientes largometrajes y de la solidez que tienen los planes para el nuevo despliegue del universo Star Wars. De paso, esa falta de desarrollo respalda lo que he comentado antes sobre que Abrams no ha rodado un remake. De haberlo hecho le habría resultado muy sencillo reproducir el trío de héroes de La guerra de las galaxias y su mismo reparto de protagonismo. No lo hace. Se reserva a Dameron y Phasma para una futura explotación en entregas posteriores. Y es seguro que ambos personajes van a tener un largo recorrido en el universo Star Wars, porque de hecho el apellido Dameron está ya incluso en la colección de cómics Star Wars Imperio destruido, que argumentalmente enlaza El retorno del Jedi con El despertar de la fuerza. Abrams mantiene ese tono de serialización que presidía las tres películas originales, lo cual me parece perfecto.

Igualmente eficaz y coherente me parece la recuperación de los personajes clásicos en este esquema de legado que preside la película. Sorprende que a pesar del tiempo transcurrido y las canas, Carrie Fisher y Harrison Ford sean capaces de resucitar la química que tuvieran Leia y Han Solo en las películas clásicas. Esa misma química que claramente quieren intentar construir para los personajes de Rey y Finn en la nueva trilogía. No debemos olvidar que la saga debe seguir adelante por su propio camino, no limitarse a repetir o alargar en exceso y artificialmente la explotación de personajes ya conocidos, explotados y sobradamente desarrollados. En ese sentido, Abrams y el guión de Kasdan y compañía juegan con la dosificación precisa de esos elementos y personajes recuperados de las películas clásicas para que sean elementos que suman a su propio rumbo y sus nuevos personajes, no para erigirse en los protagonistas de la función. Son el respaldo de ese legado, concepto que creo preside como motivo central tanto el argumento como la manera de desarrollarse de El despertar de la fuerza. En ese sentido van tres escenas que me han parecido muy significativas. La primera es un plano de Rey con un casco de piloto con un gesto que recuerda al pequeño Annakin en La amenaza fantasma. La segunda, y no es spoiler, está en el trailer, es la escena del cráneo de Vader, y hay una tercera relacionada con los planetas de la República donde Abrams deja clara su intención de pasar página respecto a los episodios I, II y III. El despertar de la fuerza está empeñada en seguir su propio camino, aunque, tal como anticipé en mi artículo sobre la película para la revista mensual Acción (¿todavía no has ido a buscarla al quiosco?), se respira en ella cierto toque de inspiración de algunos elementos y propuestas del Universo Expandido, la Primera Orden etcétera, que son las que le aportan un tono más oscuro.

En el territorio del cine de evasión y entretenimiento no merece menos de cinco estrellas.

Miguel Juan Payán

 

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Crítica de la película Ocho Apellidos Catalanes

Divertida secuela pero no llega a la original. No llega por falta de un argumento más sólido y un arco dramático que haga a los personajes realmente crecer y evolucionar, más allá del humor y los chistes, unos más efectivos que otros. Pero el éxito de la primera entrega obliga a sus responsables a ponerse en marcha quizá antes de tiempo con una secuela que tiene ideas muy buenas y un par de grandes incorporaciones, mucho humor, pero que no deja el mismo sabor de boca a los espectadores, ya no sorprende como la primera, aunque sigue siendo un crowd pleaser perfecto, para que la gente acuda al cine en compañía y se ría muy a gusto de nuestros tópicos y clichés, para desconectar de la vida cotidiana.

El argumento nos presenta de nuevo a Rafa y Amaia separados, aunque la próxima boda de ella con un peculiar personaje catalán lleva a Koldo, el padre de Amaia, a reclutar a Rafa para intentar evitar la boda por todos los medios posibles. El disparate que se crea y las situaciones generadas por tan tensa visita inesperada son el núcleo de la historia, donde además de los personajes conocidos de la primera entrega, se incorporan Belén Cuesta y, sobre todo, Berto Romero y Rosa Mª Sardá. Estos dos son los grandes aciertos de la nueva entrega, sobre todo Romero con su personaje hípster insoportable (ojo al baile con los amigos…) y el saber hacer de Sardá, impecable en sus escenas y en su extremismo catalanista.

Hay que tener en cuenta que es más que posible que esta película, que va a reventar la taquilla, haga más por la unidad de culturas en España que todos los políticos juntos, aprovechando justo eso, los mitos, clichés, tópicos y demás que todos tenemos, para reírse de ellos con ganas y sin prejuicios. Pero le falla el núcleo de la película, la historia de Amaia y Rafa, lo más pobre del guión que no termina de aprovechar a personajes como los de Alfonso Sánchez y Alberto López, que triunfan cuando salen y piden más tiempo en pantalla a gritos. O el humor de Carmen Machi y Karra Elejalde… La historia romántica no cuaja nunca y no por culpa de los actores, es que hay algo que no encaja…

Tampoco ayuda que parezca un encargo para su director y que visualmente sea televisiva y sin ningún aliciente para el espectador, más allá de su reparto. Eso nos deja un puñado de muy buenos chistes, de momentos que interesa descubrir más (los españolistas escondidos en los bares, la guardia civil, el paso por Madrid…) pero que no son explotados a fondo porque la trama romántica lo copa todo. Sí, divierte, tiene chistes, como el final, memorables, pero deja el sabor de boca de ser menos redonda, intranscendente, creada sólo para llenar salas y aprovechar el éxito. No, no es mala película, ni mucho menos, pero podía haber sido mejor. Pido un spin off para los secundarios ya. Porque tercera entrega seguro que tendrá. Y el público seguirá disfrutándola.

Jesús Usero

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