Crítica de la película Mary y la flor de la bruja

Precioso largometraje que se convierte en un buen debut para el Studio Ponoc

Tras la estela que dejó el Studio Ghibli con películas tan brillantes como La princesa Mononoke, El Viaje de Chiriro o El castillo Ambulante, el Studio Ponoc ha sido el encargado de coger el relevo, en cierta medida, hasta una fecha anterior a 2020 que será el estreno aún por confirmar del próximo trabajo de Miyazaki. Con esto no me refiero a que Ponoc sea el sustituto de Ghibli, sino que muchos de los ex trabajadores de éste son los que ahora están funcionando, en este nuevo estudio fundado en 2015, con varios largometrajes animados japoneses donde la animación, el colorido y la belleza recuerdan y son casi idénticos a los del estudio pausado hace unos años debido a la retirada del maestro Miyazaki, pero que reanudará sus proyectos muy pronto.

Centrémonos en la película; Como nombraba ya anteriormente, que un grupo de personas a cargo de un estudio tan famoso como Ghibli esté detrás de este film, hay que ir predispuesto a encontrarse un trabajo a la altura de los sus anteriores lanzamientos. ¿Cuál ha sido el resultado? Cumple con las expectativas, aunque, como en muchas ocasiones, hay un pero del que hablaré más adelante… La película tiene elementos realmente buenos, desde una calidad de animación brillante hasta una banda sonora aún mejor. Estos dos pueden ser posiblemente los puntos más fuertes del film, destacando unos temas musicales impresionantes y correctamente elegidos para cada momento y situación, añadiendo unos detalles artísticos y animados maravillosos y cuidados al detalle.

El pero viene cuando hablamos de la profundidad de la historia. Acostumbrados a una trama compleja, así como a unos personajes muy elaborados en el mundillo de la animación japonesa, no es lo que vais a encontrar aquí. Con esto no quiero decir que la historia o los personajes estén mal hechos ni nada parecido, sino que todo es más sencillo. Tiene claros y reconocibles elementos de otras películas de Ghibli, pero tanto la historia como los personajes tienen menos complejidad, quizás porque al tratarse de un nuevo estudio, han querido llegar a un público más variado para poder disfrutar de la película en familia. Y si ese es el caso, han conseguido su objetivo con creces, evitando situaciones enrevesadas que hagan de la película un rompecabezas. No han querido abusar del uso de personajes en escena ni en el resto de la película, dedicando más tiempo al diseño de estos y del paisaje que los rodea. Si que algún que otro personaje podía haberse desarrollado más o saberse algo de él, pero la película no necesitaba de algo así ya que todo está bien hilado y correcto para su perfecto entendimiento. El personaje protagonista, Mary, es todo amor y dulzura, os fascinará.

La duración del film es perfecta, ya que no existe la necesidad de alargar una historia que tiene claro su comienzo, nudo y desenlace, consiguiendo su director, Hiromasa Yonebayashi, un trabajo digno y realmente bueno, encantador por momentos y mágico como la historia que envuelve la película en sí. Sin lugar a dudas, se trata de una película que no podéis perderos y que os sacará una sonrisa al salir de la sala de cine.

Christian Mesa

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

Crítica de la película Yucatán

Comedia de enredo elegante bien resuelta por director y actores.

Aprecio siempre, y en esta ocasión también, el buen trabajo de recuperación del cine clásico y las claves de los géneros que lo habitaron que viene haciendo Daniel Monzón a lo largo de su carrera como director y que ya dejó planteada también como guionista en Desvío al paraíso. Monzón tuvo el valor de afrontar ese empeño de abordar lo genérico sin renunciar a sus inquietudes autorales como narrador ya desde su primer trabajo en la silla del director, El corazón del guerrero, atreviéndose incluso con un subgénero tan difícil como el de Espada y Brujería, sin adulterarlo con un filtro de fantasía monjil como hacen otros. Ahí le echó un par y siempre le he admirado por ello y por su siguiente película, El robo más grande jamás contado, que forma un dúo de sus películas más flojas para la mayoría de los críticos pero tienen mucho más que rescatar de lo que algunos pretenden, y al mismo tiempo comparten mucho de ese afán de Monzón por hacer el cine que le gustaría ver y rendir homenaje a aquello que le ha divertido cuando era solo espectador. Agradecí en su momento esa especie de fuerza de impulsión inicial de lo que luego empezó a ser mejor valorado por la mayoría de mis colegas cuando el misil Monzón comenzó a despegar en una curva de creciente de reconocimiento de crítica y público con La caja Kovak y alcanzó su punto más alto en ese aspecto con Celda 211, cerrando la que podría ser una trilogía de buen hacer en el trato con el género cinematográfico de temática criminal, intriga, policíaco o como ustedes lo quieran llamar con El niño.

Todas las claves positivas que han caracterizado al cine de este director hasta el momento se mantienen, para bien, en su nueva asociación con su guionista de cabecera, Jorge Guerricaechevarría, al que hay que atribuirle todo el mérito que tiene en la construcción de la filmografía que he repasado en las líneas anteriores, pues ha estado presente a la teclas escribiendo los guiones de El robo más grande jamás contado, La caja Kovak, Celda 211 y El niño y volvemos a encontrarlo tras este elaborado ejercicio de comedia sofisticada de enredo que es Yucatán, abierta con un arranque musical que recuerda tanto los títulos clásicos de este género en Hollywood como el uso del número musical que hiciera Steven Spielberg de ese mismo recurso en el arranque de Indiana Jones y el templo maldito.

Podríamos decir que en el ADN de Yucatán hay rasgos de homenaje a los recursos clásicos de la comedia estadounidense que pueden hacernos recordar momentos de Las tres noches de Eva de Preston Sturges y en otros momentos nos hacen pensar en California suite, de Hebert Ross, con guión de otro rereferente a tener muy en cuenta en este caso, Neil Simon, aunque finalmente en el conjunto del viaje que nos proponen sus creadores el crucero hacia Yucatán en el territorio que pisara Fernando Trueba en películas como Two Much, Sal Gorda o Sé infiel y no mires con quién.

¿Qué quiero decir con esto? Pues dos cosas. Que hay momentos en que por un lado Yucatán parece perseguir la elegancia y la sofisticación de unos clásicos y por otro, en algunos personajes más “castizos” que introduce en su fórmula argumental, se acerca a ese intento reiterado de hibridar lo clásico admirado por sus creadores con lo popular pensado como guiño al público autóctono que caracteriza algunas de las comedias de Fernando Trueba. En su conjunto es mejor película que la anterior abordada por Monzón y Guerricaechevarría, El robo más grande jamás contado. Pero pienso que la doble apuesta por los chistes de los cuñaos y el enredo de los timadores acaba siendo víctima de un giro previsible -no hay sorpresa, se veía venir- con sobredosis de fuego artificial emocional en el desenlace que nos saca del tono que parecía tener la película en su primer y segundo acto en manos de los timadores y los cuñaos, reubicando el protagonismo en un personaje que siendo sincero me recuerda a un capítulo de Vacaciones en el mar.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El último Sharknado: Ya era hora

Exclusivamente para los más fans de la saga, que la disfrutarán enormemente. El resto, el que pretenda incorporarse a la sexta y última entrega de la saga de tiburones más demencial de la historia, puede que llegue tarde, a pie cambiado y sin tener ni la más remota idea de lo que va a encontrarse. Esos, esos pocos, puede que se queden de piedra con el humor absurdo y las barbaridades que van a ver en la gran pantalla. El resto, los que llevan ya cinco películas siguiendo las andanzas de Finn Shepard, su familia y sus amigos, tendrán aquí el final de una franquicia que nos ha acompañado durante seis años cada verano, y a la que, tristemente, toca decir adiós.

No es la más fresca ni la más divertida de las seis entregas. Tampoco es la más rompedora, ni la más absurda, y eso se nota. La saga incluso con todo lo que conlleva de humor absurdo, ridículo y estúpido, sufre un agotamiento considerable y ya no daba más de sí. Es el momento de dejarla descansar o de decirle adiós para siempre. Sin pena y sin duelo, pero toca despedirse de Sharknado antes de que en alguna entrega, directamente no tengamos ganas ni de encender la tele para ver una nueva entrega. Lo que nos encontramos aquí es una buena y divertida despedida, que incluye un tema que hasta el momento no habían tratado demasiado en la saga, los viajes en el tiempo. Y vaya si los aprovecha.

Lo que en otras sagas tardan años en recorrer, o en series, aquí se lo ventilan en 90 minutos. De la época de los dinosaurios a la corte de Arturo, de allí a la revolución americana, el salvaje oeste o la California de hace unas décadas, lo que sea para llevar la aventura hacia adelante. Aunque lo de menos sea la aventura en sí, y lo importante sean las risas que producen los momentos imposibles (casi todos), el drama impostado e inverosímil escrito de la peor manera posible e interpretado a como si fuese una broma, los efectos especiales de saldo y la dirección incompetente a más no poder. Es decir, las señas de identidad de Asylum que han tenido su máximo exponente en Sharknado.

Aunque cueste decir adiós es el momento. Para que os hagáis una idea de por qué, aunque hay un cameo de Tori Spelling muy bien aprovechado, hay otro de Chris Owen (Sherminator en la saga American Pie de la que Tara Reid es parte) del que nadie se aprovecha. Nadie lo usa, como si fuese lo más normal del mundo. Un pequeño error, que muestra que no todo está en su sitio ya. Pero por el camino tenemos 90 minutos de locura absoluta, de chistes cinéfilos y seriéfilos con sal gruesa, de motosierras, de tiburones en un tornado y de no importar absolutamente nada más que hacer reír al espectador. Hay que ser muy bueno para hacerlo tan mal adrede y que funcione siempre.

Jesús Usero

Crítica de la película Quien está matando a los moñecos 

Divertida, gamberra, salvaje… pero podía serlo todavía más, y véanla en versión original, por favor. Y antes de que nadie se me eche al cuello, sí, he dicho en versión original. Y no, no tiene que ver con el doblaje o los dobladores. Tiene que ver con la traducción y con quien creyese que era una buena idea meter chistes de Falete, Julio Iglesias o Cristiano Ronaldo en la película en castellano. Sí, como si se tratase de una sitcom de los 90, ¿recuerdan? Como en Cosas de Casa o El Príncipe de Bel Air. Era algo que olía a rancio entonces y sigue haciéndolo ahora. Es tan ridículo que casi nos salimos de la sala. Por suerte la película no abusa demasiado, y permite seguir… pero tuve que verla una segunda vez en VOS…

Por si alguien se lo pregunta, la presencia de David Broncano, aunque no sea doblador profesional, ayuda. Todos sabemos que el título castellano de la película es debido a Broncano, así que es lógico que esté y que meta sus conocidas palabras en sus diálogos. Eso es localizar, la película no lo hace mal. Lo de hablar de Guardiola es hacerlo mal. El público responde mal a eso… Y es una pena porque la película merece más. Su trama de cine negro es bastante normalita y hasta previsible, pero sus continuos homenajes al género (empezando por Vivir y Morir en Los Angeles). No es mal referente para empezar a hacer chistes. Chistes salvajes, la mayoría de las veces…

¿Se ofende usted con facilidad? ¿Cree que el mundo debe ser políticamente correcto y no bromear con algunos temas? Entonces ésta no es su película. Es excesiva, salvaje, abrumadoramente bruta y por momentos no deja títere con cabeza. Tiene una de las escenas de sexo más brutales, divertidas y únicas que se recuerdan, y los “moñecos” son malas bestias pervertidas, drogadictas, violentas, machistas… Los humanos no son mejores, la verdad. Si no se ofende con facilidad, no se preocupe, es su película. Se reirá cada pocos minutos, por momentos incluso se perderá chistes con las risas. Mi favorito sigue siendo uno en una ambulancia que es tan bestia que no me creía que fuesen capaces de incluirlo en la película…

Pero hay temas con los que la película no se atreve. Estupidez, sexo, violencia, drogas… Sin problemas. Otros temas… ni los toca. Tiene la oportunidad, pero se aleja. Se mantiene al margen. Y con películas como La Fiesta de las Salchichas o Agente Contrainteligente tan recientes en la memoria, uno se acuerda de que podía haber sido mucho más salvaje. Como lo fueron Team América o El Delirante Mundo de los Feebles. Salvajes, sí. Pero para ciertas cosas sólo. Una película bien narrada, con unas marionetas perfectamente integradas, un reparto humano que cumple más que a la perfección y un aire de cine negro tan imposible como divertido. Si la trama fuese mejor y tuviese valor de meterse en todos los huertos posibles, sería una película mucho mejor. Por ahora, cumple.

Jesús Usero

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Futbolísimos

Cine familiar que carece del gancho de otras producciones. No he tenido el gusto de leer la novela en que se basa la película de Miguel Ángel Lamata, un libro para los más pequeños de la casa escrito por el también guionista Roberto Santiago, que da inicio a una saga literaria de incontables entregas ya, que además imagino pretende estrenar saga en cine, sin que sea ésta su primera y última aportación. Quizá el resultado no sea el más adecuado para lanzarse a producir más películas, aunque será la taquilla quien determine eso, no nosotros, ni mucho menos. Pero sí es verdad que lo que vemos en pantalla está más cerca de El Sueño de Iván (también de Roberto Santiago y Pablo Fernández Vázquez) o la saga de Los Fieras F.C, que de Matilda, sin ir más lejos.

La historia es sencilla, un equipo de un colegio (con campo de hierba… quien lo hubiese pillado con 11 años) que va a desaparecer si no salva la categoría. Si no gana al menos un partido de los tres que les quedan, descenderá, y será reemplazado por un coro. Pero una conspiración parece que se cierne sobre los niños, quienes tendrán que evitar que quien está durmiendo a los árbitros, consiga su propósito de hacerles descender. A partir de ahí una aventura que lleva a los personajes a varios, problemas, entretenida sin dudas, sobre todo para los jóvenes, pero que no explota el potencial que tiene detrás de ella. Potencial que a veces, solo a veces, sale a la luz.

La película está tan enfocada en los niños que se olvida del público que lleva a los niños al cine, de darles algo que mascar. Si es usted mayor de 12 años, no encontrará casi nada a lo que aferrarse. Un par de chistes (bendita Carmen Ruiz) salvan los muebles. Pero la película siempre lo hace siendo extremadamente condescendiente con los niños (personajes y público) y ridícula con sus personajes adultos. Personajes que, por cierto, sobran en gran medida en una trama que, de haber apostado por una comicidad en la línea de Mortadelo y Filemón, por ejemplo (algo que hace en varios momentos), habría mejorado el resultado final. Para todos los públicos. Grandes y pequeños.

El resultado queda así irregular. El tema del fútbol está tratado como muchas veces en estos casos, como si a nadie excepto a los más jóvenes, interesase realmente el deporte. Como si nadie hubiese jugado al fútbol nunca… El balón digital tampoco ayuda. Viendo la película nos queda la sensación de que no es una experiencia a compartir entre padres e hijos, sino un producto sólo para los pequeños de la casa, y no uno que haya quedado redondo. Resultona en algunas partes. Entretenida a veces (el asalto a la casa del entrenador, la persecución…), pero demasiado irregular, demasiado plana y demasiado simple por momentos. No es terrible el resultado final, ni mucho menos. Pero tampoco es bueno. Se queda en esa peligrosa tierra de nadie de las películas que no llaman demasiado la atención.

Jesús Usero

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Alpha

Buen cine de aventuras para aguantar el calor del verano. Esa es la propuesta de Albert Hughes, la otra parte de lo Hughes Brothers que, al contrario que su hermano gemelo Allen, no había vuelto a dirigir una película de ficción desde El Libro de Eli, su última película como codirectores. Albert regresa tras las cámaras con una película basada en su propia historia, que además tiene las agallas de contar toda la historia, excepto el arranque y final del narrador, en un idioma inventado completamente ajeno al inglés, al menos en versión original, y con una trama que pretende contar el origen de la relación entre el hombre y su mejor amigo, el perro. El primer lobo domesticado a través de los ojos de Hollywood, y el resultado es más que satisfactorio.

Una tribu de cazadores que cada año viaja durante varias jornadas antes de que caigan las primeras nieves, para cazar a la gran bestia, que les sirva para sobrevivir al invierno y mantener la tribu un año más. Un padre lleva por primera vez a su hijo, el líder de la tribu y su heredero, en un viaje para convertirse en hombre que no acabará como esperan… A partir de ahí una historia de aventuras y supervivencia que sirve de relato para toda la familia, grandes y pequeños, que disfrutarán con la historia increíblemente disfrutable y de ese punto de amistad y lealtad, de descubrimiento de uno de los momentos menos conocidos de nuestra historia, pero que más alegrías ha dado a lo largo de la historia.

Cuesta imaginarse un mundo sin perros, y cuesta imaginarse en realidad cómo durante la prehistoria, comenzó esa relación, algo que la película hace, aunque por momentos recuerde por ejemplo al juego Far Cry Primal. Es una aventura emotiva y entretenidísima, con muchos momentos para el recuerdo, y con un camino a recorrer de regreso a casa lleno de complicaciones y problemas, que no deja que nos aburramos ni un solo momento. Kodi Smit-McPhee lidera la historia con esa mezcla de inocencia y descubrimiento del mundo necesaria para su personaje, que ayuda a que todo sea mucho más creíble. Y el arranque, tan interesante como el resto de la trama, con esa tribu viajando para cazar es magnífico…

De hecho es tan magnífico y toma tanta importancia que para cuando llega la trama real de la película, uno podía perfectamente quedarse con la historia inicial, sin necesidad de lobos. Es uno de los pequeños problemas de la película, remontar ese primer tercio de película tan espectacular. Y luego darle un digno final. Es cine familiar, sí, pero la historia se presta a una épica que finalmente no llega, cuando todo se resuelve demasiado deprisa y sin la carga emocional que debería. Es algo que ya pasaba en El Libro de Eli, por ejemplo. No tenía la épica que requería la historia. Finalmente es una película de aventuras clásica, arriesgada en ciertas cosas, visualmente preciosista y muy entretenida, que debería haber rematado algunas cosas de otro modo. Pero sigue siendo muy recomendable.

Jesús Usero

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El Rehén

Inteligente y activa cinta de conspiraciones terroristas y agencias de espionaje, donde Jon Hamm realiza una interpretación a la altura del inolvidable Don Draper, de la serie Mad Men.

El título original de Beirut sitúa a la perfección el curso narrativo de esta poliédrica película, dirigida por el competente Brad Anderson (incomprensiblemente, algunas de sus obras, como Vanishing on 7th Street y Asylum, todavía no han sido estrenadas en salas). El responsable de El maquinista pinta un desolado y caótico paisaje humano y vivencial, con la capital del Líbano como telón de fondo, como si se tratase de un protagonista más dentro de este argumento agrio y descorazonador.

La acción del filme comienza en los años setenta, con un diplomático norteamericano llamado Mason Skiles (Jon Hamm): un experto en manejar situaciones complicadas, el cual enmascara sus servicios a la CIA con el disfraz de trabajador en la embajada de USA en Beirut. Él piensa que controla todos los hilos de la complicada política de la zona; pero sus percepciones se hunden, cuando su esposa es asesinada en un ataque terrorista a la mansión donde ambos residen. Décadas más tarde, Mason se ha convertido en un abogado alcoholizado, que malgasta su talento en juicios que no le interesan lo más mínimo. Sin embargo, un día recibe la visita de un agente de la “compañía” para la que colaboraba en los setenta. El gobierno pide al antiguo diplomático que medie para la liberación en Beirut de un amigo, secuestrado por el familiar de un peligroso terrorista vinculado con los atentados de Múnich de 1973. No obstante, la cosa se pone un tanto difícil para el protagonista, cuando descubre que el líder de los secuestradores es alguien muy ligado a su pasado.

Brad Anderson aprovecha al máximo el enriquecedor guion elaborado por Tony Gilroy (Michael Clayton): un escritor cinematográfico que engrandece sus historias cuando el personaje principal es un tipo golpeado por las circunstancias. Y en esa tesitura se encuentra el papel que encarna Jon Hamm, el cual muestra sus cicatrices sin ocultar el sentimiento de pérdida y culpa que preside cada una de sus acciones a lo largo de la movie. El maquiavélico Don Draper consigue, con las trazas apuntadas por Gilroy, firmar una de las mejores caracterizaciones de su carrera, en la piel de este individuo entregado al olvido que proporciona el alcohol y la embriaguez.

A su lado, la normalmente efectiva Rosamund Pike (Perdida) logra mantener la tensión sobre lo que ocurre en la pantalla, sin aflojar el pulso de las tramas políticas laberínticas; y que desgraciadamente mantienen en la actualidad su reguero de sangre y violencia, enquistadas en el escenario de Oriente Medio. Brad Anderson diseña un espectáculo reflexivo, en el que no hay buenos ni malos; y donde la incongruencia de los posicionamientos interesados y de los fanatismos ciegos marcan una trama que revela sus mejores momentos al reflejar las contradicciones sentimentales de Mason, como del resto del plantel de personajes que conjuntan el argumento.

Una galería de seres superados por las sombras que planean constantemente por las decisiones de los diferentes gobiernos, y que –como exhibe El rehén- suelen salpicar con dolor la vida de los inocentes.

Jesús Martín

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El Pacto

Belén Rueda se echa a las espaldas esta intriga con pinceladas de terror.

No es nada nuevo. Belén Rueda puede hacer que historias más o menos convencionales y tópicas salgan adelante simplemente estando ahí, ante la cámara, defendiendo su personaje y lo que se cuenta como una loba defendiendo a sus cachorros. Es lo que ocurre en este caso, donde además encuentra buen respaldo con el trabajo de Dario Grandinetti y la breve pero contundente aparición de Antonio Durán “Morris”, al que habría estado bien ver en más metraje de la historia, sobre todo porque su personaje se interesante pero entra demasiado tarde en el asunto, restando más peso a la trama de intriga.

Todo gira no obstante en torno a la presencia y el personaje de Belén Rueda, y eso en cierto modo presta cierto tono de endeblez a la trama en su conjunto. Solo otro personaje en la trama, el de Grandinetti, llega para ejercer como contrapeso y como resultado de este equilibrio la trama y la película ganan puntos. Queda desdibujado el personaje de la hija, interpretada por Mireia Oriol, que en una clave más ambiciosa para la historia habría tenido sin duda más desarrollo.

En cualquier caso, es elección del director y co-guionista cómo va a conducir su historia y su película, y hay que decir que El pacto funciona correctamente como producto de intriga, y si tiene alguna pega en todo caso responde a la ambigüedad sobre su verdadera naturaleza que pueda transmitirse al espectador a través del tráiler. Es un relato interesante, curioso a su manera, eficaz en su desarrollo, pero no es una película de terror como quizá puedan esperar algunos espectadores a tenor del tráiler que se ha difundido sobre la película. Tiene pinceladas de terror, pero su manera de desenvolverse en la mayor parte de su metraje la sitúa sobre todo en el territorio de la intriga. Quiero decir que la película en sí misma no engaña en ningún momento en ese sentido. Tiene muy claro lo que es y se desarrolla coherentemente por el camino que ha elegido. Pero la promoción puede jugarle una mala pasada llevando al espectador a buscar en ella otro registro narrativo que no posee.

De hecho, una de las cosas que me ha gustado de El pacto es precisamente esa capacidad para arriesgarse y tirar por el camino menos fácil a la hora de plantear su trama. Podría haber tirado por el espectáculo fantástico dominado por el terror y con pinceladas de intriga, pero invierte su carga genérica para buscar por un camino de intriga con pincelada de terror que la lleva por ejemplo a potenciar más el peso de la interpretación de sus actores y asentar su propuesta sobre el eficaz dúo Rueda-Grandinetti. Me parece una opción interesante, aunque ya he comentado que habría sido interesante desarrollar más algunas subtramas con personajes como el de la hija y el de Antonio Durán. En lo referido al argumento propiamente dicho, opta por la simplificación de la anécdota y por un perfil de rapidez y brevedad que lleva a los personajes a tener poco desarrollo más allá de lo imprescindible para que sirvan como herramientas de la trama. Por eso pienso que es tan destacable el trabajo de Belén Rueda y Darío Grandinetti, así como el de Antonio Durán: porque estamos ante uno de esos casos donde es el actor el que presta casi toda la “carne” al personaje, cuyo desarrollo esquemático en una trama bastante esquemática y que va al lío del asunto sin desviaciones ni subtramas puede producir la sensación de excesiva sencillez buscando la máxima eficacia. Quizá por eso El pacto me produce la sensación de tener prisa por contarnos su propuesta y no querer complicarse la vida, y pienso que desperdicia algunos elementos interesantes que incluye en su conjunto pero desdibujados como en un segundo plano.

No me parece mal del todo. Una industria que se precie tiene que producir este tipo de historias de género sencillas y eficaces, y en eso me ha recordado todo el tiempo el tipo de relatos con más intriga que terror que consumíamos en las revistas de cómics de terror tipo Creepy y Dossier Negro, relatos breves y contundentes a los que no cabe pedirles más que precisamente esa eficacia como vehículo de entretenimiento bien defendido por sus protagonistas y correctamente resuelto en lo visual.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El espía que me plantó

Un rato de evasión veraniega de perfil bajo mezcla de comedia y acción.

Quede claro desde el principio que es una especie de poco o nada sorprendente “cuento de hadas” en la misma línea y con los mismos elementos que abundaban en otras propuestas de comedia y acción que suelen aparecer por la cartelera en estas fechas veraniegas, producto muy habitual en la filmografía de Mila Kunis , por otra parte. En lo esencial es el mismo tipo de producto que nos propusieron hace dos veranos o así con Melissa McCarthy en Espías, y en su versión masculina con Ryan Reynolds en El otro guardaespaldas, aunque ambas eran algo más ambiciosas y acertadas en su resultado final, mientras que El espía que me plantó prefiere jugar más sobre seguro. Aún trabajándose el humor gamberro, sobre todo merced al personaje de Kate McKinnon, no acaba de apostar por él con tanta decisión y no la deja tan suelta y a su aire como McCarthy en Espías, además de contar con secuencias de acción menos resolutivas y espectaculares que las de El otro guardaespaldas y faltarle el nervio que a aquella aportaba el histriónico pero eficaz tío de Reynolds, Samuel L. Jackson y sobre todo Salma Hayek. Suele ocurrir por otra parte en este tipo de historias que en la turbulencia de la búsqueda de las risas fáciles se les escape construir más sólidamente personajes y situaciones, algo que impide que acaben desarrollando el verdadero potencial de sus elementos. En Espías lo mejor de la película era la interacción de Melissa McCarthy y Jason Statham. De manera que el personaje de Jude Law sobraba. En El otro guardaespaldas lo verdaderamente interesante y con potencial de disparate cómico era la asociación de Samuel L. Jackson y Salma Hayek. Y el personaje de Ryan Reynolds sobraba. Pues bien, en El espía que me plantó han tenido algo más de puntería a la hora de plantear el asunto centrándolo en el dúo Mila Kunis y Kate McKinnon. Lo que ocurre es que han equivocado la proporción y debería ser una propuesta con Kate McKinnon como protagonista y Mila Kunis como acompañante. Además le faltan más chistes como los de las “americanas estúpidas” que están ahí, y funcionan, pero no acaban de ser la verdadera materia prima del asunto, que sería lo más recomendable, porque la película parece verse obligada a desarrollar esa naturaleza como “cuento de hadas” para féminas urbanitas actuales con aspiraciones a empoderamiento pero sin sacarse de encima la dependencia del estigma de “príncipe azul” materializado por los personajes de Justin Theroux y Sam Heughan.

A pesar de todo ello, y aunque es cierto que se sostiene sobre tópicos y la fórmula, con el aditivo de algunas referencias al empoderamiento femenino que aborda más como pincelada de moda que como propuesta sólida en su argumento, lo cierto es que es coherente con sus objetivos, muy primarios: ser pasarratos veraniego más o menos aseado, aunque menos divertido de lo que pretende. Y, eso sí, transmitiéndonos la sensación de que todo lo que nos están contando ahí ya lo hemos visto antes, pero resulta moderadamente distraído, aunque en mi opinión se les ha ido un poco de metraje, y prolonga en exceso el chiste en su conjunto.

Miguel Juan Payán

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

©accioncine

VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Megalodón

Simpática por momentos, pero sin aprovechar el tremendo potencial que tiene.

Es decir, que estamos hablando de una película que propone el enfrentamiento entre un Megalodón, un tiburón gigante, y Jason Statham, lo que con las suficientes dosis de sorna y un director que supiese qué hacer con el proyecto podía haber dado una de las películas más divertidas y especiales del verano. Una especie de Sharknado pero con presupuesto. Quizá algo más seria, pero sin tomarse nunca en serio a sí misma del todo. Y sobre todo entretenida. Salvajemente entretenida. Eso esperábamos y eso es lo que no consigue la película durante la mayor parte de su metraje, en un efecto similar al que sufrió recientemente Operación Rampage, y que hace que toda la cinta esté a medio gas.

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

Contacto

 
91 486 20 80
Fax: 91 643 75 55
 
© NOREA Y ALOMAN EDICIONES, S.L.
c/ La Higuera, 2 - 2ºB
28922 Alcorcón (Madrid) NIF: B85355915
 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En caso de duda para pedidos, suscripciones, preguntas al Correo del lector o cualquier otra consulta escríbenos por WhatsApp