A la venta en quioscos

A la venta en quioscos

También podéis ojear la revista, incluso desde desde dispositivos móviles:

o bien pinchad aqui para verla a pantalla completa

CONCURSOS

Crítica de la película Carta blanca

Los Hermanos Farrelly vuelven a la carga. Hacía tiempo que no sabíamos nada de ellos, pero aquí les tenemos otra vez, intentando reverdecer los laureles de un éxito que una vez fue suyo y que últimamente les elude de forma considerable. Y eso que Carta Blanca fue número 1 de taquilla en USA durante el fin de semana de su estreno. Pero ni con esas. El resultado final en la taquilla ha sido otro fiasco, otra película de la que se esperaba mucho más y que al final no ha sido tan tanto como prometía ser.

También es cierto que los Farrelly vuelven pero sobre todo vuelven en nombre, no tanto como aquel par de directores y guionistas totalmente salvajes y descacharrantes que hacían chistes sobre prácticamente lo que fuese sin importar el mal gusto o lo políticamente correcto, sólo hacer reír al espectador con películas como Algo pasa con Mary o Dos Tontos muy Tontos. Parece ser que el paso de los años ha terminado por irlos domesticando poco a poco y hacer que su cine se vuelva cada vez más común, más para todos los públicos. En ese sentido Carta Blanca era una especie de intento de recuperar su vertiente más salvaje y gamberra.

Claro que, no nos engañemos, tras todas las capas de humor soez y vulgar del cine de los Farrelly, siempre se escondían historias más o menos bienintencionadas y con final feliz en el que lo que realmente importa es el amor, la familia, la historia de “chico se queda con chica”, etc. Algunos de sus chistes son memorables, pero el contenido de sus películas es más bien blandito. Tierno si se quiere.

No cuesta mucho imaginar que Carta Blanca nace a la luz del éxito de Resacón en las Vegas. Es una película que, incluso por temática, cae en las redes de lo políticamente incorrecto, con un grupo de amigos que intentan recuperar el tiempo perdido, la juventud y el ligoteo, las fiestas salvajes, cuando sus mujeres les conceden una semana para hacer lo que deseen sin repercusiones para su matrimonio. El sueño de cualquier hetero sapiens, según los directores. Aunque uno se plantea si estando casado con Christina Applegate realmente se necesita ir a buscar mujeres de mejor ver… No tiene mucho sentido, porque al menos la historia de Owen Wilson está planteada de forma que podamos entender cierta frustración sexual en el matrimonio.

Pero lo que en Resacón en Las vegas se convierte en gamberrismo puro y duro, en un trío de personajes completamente fuera de lugar que montan un pollo de padre y muy señor mío, lleno de secuencias cada una más bestia que la anterior, y donde al ir recordando la noche perdida las cosas se salen aún más de madre, y en la que pese al final feliz, las fotos nos recuerdan que de niños buenos estos tipos no tienen nada, aquí todo es mucho más sencillito, más calmado, más inocente. Tienen momentos gamberros e incluso asquerosos, pero no son Bradley Cooper y compañía. Les falta mala baba.

Es por eso que el guión no termina de funcionar y nos lleva de un lado a otro sin lanzarse nunca del todo a la piscina, sin llegar a rematar la faena ofreciéndonos la cara más salvaje de este grupo de amigos que pronto se convierte en pareja debido a que la mitad de ellos abandona la aventura. Ese par de amigos que se enfrentan a su semana en soledad son un par de ositos de peluche algo despistados. No son un par de cafres, y ahí es donde se equivoca la película. Este tipo de cinta necesita cafres, frikis o similares para llegar a buen puerto. O gente drogada que no sepa lo que anda haciendo. Aquí se desaprovecha el momento de las drogas en un campo de golf. Y es una pena.

Por supuesto que tiene momentos memorables en los Farrelly recuperan todo su esplendor como directores y nos recuerdan que siempre queda algo de su anterior magia. EL chiste de la masturbación en el coche (mudo, en el que todo se dice con los gestos), la salida del jacuzzi en el gimnasio (ofensivo a más no poder, hace daño a la vista), la visita a la mansión de los amigos sin saber que la cámara les espía… Son instantes en los que las risas se elevan, son los mejores momentos de la cinta.

Esos y la presencia de Stephen Merchant, productor, guionista y actor ocasional, el que era representante de Ricky Gervais en la brillante serie Extras (además de responsable junto al actor), aparece lo justo en la película para que no lleguemos a olvidarnos de su cara tan particular, de su voz y sus expresiones británicas, y de un personaje y un actor que son unos robaplanos de mucho cuidados. Suyo es el genial chiste final, suyo el mejor momento con las drogas. Cuando termina la película, es a él al que más echamos de menos. Y su ausencia se nota en gran parte del metraje.

Wilson y Sudeikis tiene buena química, y se nota. Y la película es tiene momentos muy divertidos. Pero le puede ese final ultraconvencional que acaba con nuestras esperanzas de ver algo distinto (además de ser altamente inverosímil), a veces le pierde la escatología, algo común en los directores, y a veces se pierde en largas escenas que no llevan a ninguna parte y no hacen reír.

Pero acompañando de un grupo de amigos y unas birras, es la película perfecta para ver el fin de semana sin prestarle mucha atención a la trama y sí a sus momentos de salvajadas extremas, que los tiene y con toda seguridad arrancarán más de una carcajada en la platea. Quizá no vuelvan a ser los directores que una vez conocimos, pero el que tuvo, retuvo, y a lo mejor poco a poco les recuperamos para la gran pantalla.

Eso sí, Merchant se merece una película para él solo a la voz de ya. Si acaso acompañado por su amigo Gervais.

Jesús Usero



Crítica de la película Agua para elefantes

Otra nueva película con Robert Pattison de protagonista y otro nuevo intento de colocar al actor como ídolo romántico a raíz de su papel en la saga Crepúsculo. Aún no está claro si Pattison conseguirá tener una carrera alejado del vampiro que le ha dado fama, pero está claro que sus intentos van encaminados en esa línea de imagen romántica de príncipe de cuento de hadas. Al menos eso intentaron vendernos en su anterior película, aunque fuese más un drama familiar, y al menos eso es lo que se desprende de esta nueva película que llega a nuestras carteleras.

No sé si se trata de una prueba de fuego o no de cara a la taquilla (en USA ha funcionado correctamente, no de forma espectacular, pero sí correctamente), pero está claro que el actor puede caer en cierto encasillamiento si no deja pronto este tipo de papeles. A finales de año llega una nueva entrega de la saga vampírica que no le va a ayudar en esa labor. El chico necesita un cambio de rumbo y de imagen lo antes posible si quiere que su carrera avance de verdad.

Como siempre en estos casos, no podemos juzgar la película con respecto a la novela en la que se basa, porque no sería justo para ninguna de las dos. Son dos medios completamente distintos y todo lo que aparece en una novela no puede ser incluido en una película. Se convertiría en una serie de televisión. El libro de Agua para Elefantes cuenta con muchos seguidores a lo largo del mundo. Para ellos una recomendación, la misma que para cualquier lector que ve convertida una obra que adora al cine, no hacer comparaciones. Mejor quedarse con la esencia de lo que cuentan. Y que sea fiel a eso.

La historia de un joven estudiante de veterinaria que lo pierde todo con la muerte de sus padres y se une a un circo buscando trabajo es la esencia de la historia de la película. Todo ello narrado desde los ojos de un anciano que lo recuerda todo con nostalgia y melancolía y que nos traslada a la América de la gran Depresión con un circo en un tren recorriendo el país. Y por supuesto con Marlene, la mujer de la que se enamora, la fruta prohibida sobre la que gira toda la trama. No vamos a creer que la película va sobre limpiar elefantes.

Aunque servidor tiene cierta debilidad por este tipo de historias, las de un anciano que recuerda un tiempo mejor, un tiempo de magia y en el que todo era posible, la película no sabe manejar del todo ambos tiempos y lugares y sólo se centra en el pasado, mientras que el tiempo futuro con la presencia del siempre excelente Hal Holbrook no queda apenas desarrollado más allá que por su voz y las escenas de inicio y final, que saben a poco, la verdad.

El problema de Agua para Elefantes, a fin de cuentas, no es la menor presencia de Holbrook. Es el exceso de ñoñería que inunda la cinta. Para gente que busque el drama más facilón y sin demasiada garra, es posible que la película les dé justo lo que pedían. Pero para espectadores algo más exigentes el nivel de azúcar en sangre que la película despliega puede ser excesivo y hacer la proyección demasiado larga. No tengo nada en contra del romanticismo y de las películas románticas. De hecho disfruto de las tramas románticas cuando están bien planteadas y desarrolladas (mi compañero Miguel Juan Payán me llamaría moñas sin lugar a dudas), es cuando se superan los límites permisibles sin ofrecer nada a cambio cuando uno empieza a fijarse en las flaquezas de la película. Y Agua para Elefantes recae demasiado en los cruces de miradas lánguidas y los quiero y no puedo, para hacer avanzar la trama. Y eso no hace avanzar la trama, la hace desaparecer.

El otro problema recae no en las interpretaciones, sino en la falta de química entre la pareja romántica, entre los dos protagonistas de la película. Ahí es donde realmente pierde fuerza la historia de amor. Pattison y Whiterspoon no transmiten pasión, no transmiten fuerza o un entendimiento más allá de las palabras. Y cuando basas tu historia de amor central en la química entre ambos y sus miradas en lugar de en el guión y las situaciones, los diálogos y el desarrollo de personajes. Eso es lo que impide que sea verdaderamente una buena película.

Porque mala tampoco es. Maneja bien el ritmo pausado de una historia de este estilo y sobre todo mantiene con interés la historia sobre el circo y el mundo que rodea ese peculiar universo de payasos y contorsionistas que conforman una gran familia. Eso lo mueve de forma excelente y siempre nos deja con ganas de más (como la huida del elefante a la ciudad, los viajes en tren o el momento debajo de la tienda cuando el elefante busca bebida pese a estar encadenado al suelo).

Y por supuesto está Christophe Waltz, esa fuerza de la naturaleza capaz de coger a un supuesto villano de la historia y darle una profundidad y una tridimensionalidad a través de su rabia, de su inteligencia y de sus pequeños gestos que convierten a este actor en uno de los mejores del momento. No sé por qué pero cada vez que le veo pienso en el gran Mark Strong también…

En definitiva, una película para ver en pareja y con ganas de achucharse, inofensiva y quizá algo larga, con sus pros y sus contras, a la que los lastres le pesan demasiado en cierto sentido, pero que posee momentos muy interesantes y a Waltz, por el cual ya merece la pena ver la película. No llega a cansar ni ofende, pero se observa entre bambalinas que esa historia de circo y amor podía haber dado mucho más de sí si se la hubiesen currado un poco más.

Eso sí, a las fans de Pattison les va a encantar seguro…

Jesús Usero

Crítica de la película Fast and Furious 5

Confieso que nunca he sido demasiado aficionado a la saga de A todo Gas (o Fast and Furious, como ustedes prefieran). No soy muy fan de los coches y quien me conoce sabe que hasta hace bien poco no tenía siquiera carnet de conducir. Así que toda la fiebre desatada por Vin Diesel y compañía en sus competiciones callejeras con sus coches “tuneados” me motivaba de inicio más bien poco, la verdad. Y vistas hoy día, no es que sean precisamente joyas del séptimo arte. Es más, alguna de ellas es un tostón de padre y muy señor mío.

No sólo porque carezcan de personajes interesantes, una mínima construcción argumental, algún giro de guión interesante o algo de verosimilitud en lo que cuentan. Es que muchas veces, las estrellas de la función, las escenas de acción, quedaban desdibujadas por falta de empatía con los personajes o de calidad en la puesta en escena y la narración. Sí, lo sé, me estoy poniendo tiquismiquis con una saga que sólo pretende entretener al espectador durante dos horas con chicas guapas, tíos recién salidos del gimnasio y coches potentes. Pero Tokio Drift, por ejemplo, había que cogerla con pinzas y muchas ganas para no dormirse.

Por cierto que lo curioso es que tras esa tercera entrega, resulta que su director, quien ha seguido al cargo de la saga, ha decidido hacer como si la película nunca hubiese existido, como si fuese el futuro lejano de la saga, o sacándola de la línea temporal oficial de la misma, haciendo que uno de los personajes de aquella resucite para esta. Un cacao argumental que, lejos de sentarle mal al productor, ayuda en su composición interna dándole un aire a la franquicia que hasta ahora no había tenido. O no del todo. El aspecto de la continuidad.

Fast Five nos revela que toda la saga al completo, es una serie de cómics. Una suerte de Vengadores de los coches potentes y los robos a toda mecha. Viendo esta película uno tiene la curiosa sensación de que todo dentro de las cinco películas cobra sentido. Todo tenía un por qué. Todo cuadra más o menos entre los personajes centrales y sus relaciones. Es curioso porque no creo que nadie pensase en ello cuando comenzó todo con la primera película. Pero aquí lo consiguen. Y la escena final de los títulos de crédito (Sorprendente y original, sin duda) refuerza esa sensación.

Porque, admitámoslo, Fast Five es la más entretenida, imposible y divertida, de las cinco películas. La mejor, vamos. O quizá la menos mala. La más compacta y bien llevada. La menos boba, dentro de la credulidad que tenga cada espectador. Porque hay que recordar que esto es A todo Gas, y aquí las reglas de la física no existen o existen muy poco, y bien puede uno saltar a un río desde un cañón de cien metros de altura, o recorrer las calles acarreando una cámara acorazada de varias toneladas, que aquí todo es posible. Lo bueno es que los personajes se lo toman con envidiable sentido del humor. Como conociendo ese carácter de cómic que ha adquirido la película.

No hay mucho momento para el respiro en la película. Entre asaltos al tren, peleas, tiroteos, carreras y demás zarandajas, se cumplen de sobra las más de dos horas de metraje que no dejan descansar a nadie en su butaca. No hay tiempo para pensar mucho las cosas. Todo es frenético y extremo. Y divertido, qué demonios. La película conoce sus limitaciones artísticas y se dedica a extraer lo mejor del puro entretenimiento. Esta vez dejando algo más de lado los coches para centrarse en otro tipo de escenas de acción. Y todo ello desde el marco incomparable de Rio de Janeiro. Es mucho mejor tarjeta de presentación de la ciudad esta película que la animada Rio, que venía dirigida por un brasileño. Cosas del cine.

Y sí, todo son personajes títeres, muñecos de trapo, acción imposible, diálogos de risa y poses de chuleta contra el capó del coche. Pero está servido a un ritmo tan tremendo que resulta entretenida. Y trata de poner mimbres hasta a los personajes más secundarios, como la tragedia personal del personaje de Elsa Pataky, el lío amoroso entre dos secundarios, las charlas entre los músicos Tego Calderón y Don Omar, o la cena en el sillón del garaje compartiendo sueños de Ludacris y Tyrese Gibson. No es que haga mucho, pero tiene más información esta película sobre sus personajes que toda la saga junta.

Es decir, que el guión de Chris Morgan se acerca más a su excelente trabajo en Wanted que a Tokio Drift. Salvando las distancias. La película ni es ni quiere ser Wanted. No busca tener una doble lectura, un trasfondo (más allá del tema favorito de Disney, la familia es lo que más importa), busca ser entretenida, divertida y crear una coherencia de continuidad más propia de los tebeos o de las series de televisión.

Por supuesto los actores no tienen ni que actuar y les sirve la pose de rigor para meterse en el papel que, de tanto repetirlo, se saben de carrerilla. Destaca, cómo no, la presencia arrolladora de Dwayne Johnson, realmente impagable, y la llegada de Elsa Pataky a la franquicia. Los demás, saben perfectamente a qué se están enfrentando. Y se lo pasan en grande, cosa que el espectador agradece.

La gente corea las escenas de acción, se ríe, aplaude… El público de la saga sale contento, aunque algunas escenas de acción están montadas de tal forma que no te enteras de nada (¿eran necesarios 3 montadores?). Aunque hay un tramo de película que se hace largo como un día sin pan. Aunque la película sea simplona y boba. La gente se lo pasa en grande. Así que ya saben, si son fans de la saga o buscan un entretenimiento de acción descerebrada, ésta es su película. Si quieren algo más de miga en el género, en la sala de al lado echan Thor. Yo no soy fan de la saga y ésta me ha entretenido.

Es la mejor de las cinco, repito. Aunque eso no sea mucho decir…

Jesús Usero

Crítica de la película Scream 4

Parece mentira la de años que han pasado desde que aquella primera Scream apareciese en los cines convirtiéndose en uno de los éxitos revelación de la temporada y una de las películas más taquilleras del cine de terror, dando lugar a una saga que ahora, cuando todo el mundo pensaba que la serie había muerto, regresa con todos sus responsables a la cabeza y con unas supuestas nuevas reglas. Claro que tras cuatro películas, lo de las reglas y la originalidad puede que no sean tan importantes como quieren hacernos creer.

Wes Craven siempre me ha parecido un director de carácter artesanal. Con muy buenas ideas, pero no siempre bien ejecutadas. Buenos proyectos, buenas presentaciones, buenas ideas, pero a la hora de desarrollar la trama, todo quedaba a medias, más o menos. Artesano del suspense, que creó uno de los iconos del cine de terror moderno, Freddy, y puso en pantalla a otro icono del cine de miedo, el asesino Ghostface de Scream. Pero sus películas nunca terminan de encajar, de funcionar por completo. Le falta algo de chispa, de inventiva visual. De magia del cine. Por eso creo que Pesadilla en Elm Street nunca estuvo a la altura de otros clásicos del género y acabó derivando en las gracias y coñas de Freddy a la hora de matar adolescentes. Y por eso Scream funcionaba mejor como broma que como suspense. Aunque Scream 2 tiene un par de secuencias de suspense muy conseguidas…

Pero no desvariemos demasiado. Scream 4 llega ahora, una década después de la última entrega, y recupera las mejores cosas de la serie, mientras que en aquellas en las que funcionaba con cierta consistencia, como el miedo y las sorpresas, empieza a hacer más aguas que el Titanic. Vamos que la supuesta sorpresa de quién es el asesino (o asesinos, que en esta saga suelen venir de dos en dos…) se ve venir de lejos por puro imposible. O lo que viene a ser lo mismo, Scream 4 tiene lo mejor y lo peor de toda la saga en menos de dos horas de proyección. Y lo que en la primera película eran suspense y cierta tensión, aquí sólo produce tedio.

Que no, que no es que sea una mala película. Tiene un inicio fascinante, divertido, lleno de cine dentro de cine dentro de cine. Una especie de broma metalingüística que no deja de ser brillante en su concepción y realización, con seis estrellas de la televisión siendo acosadas y asesinadas, por supuesto, una detrás de otra, desde Stab 6 con las protagonistas de 90210 y Pretty Little Liars, a Stab 7, con Anna Paquin y Kristen Bell (impagables las dos) a la historia real de Scream 4, con las chicas de Friday Night Lights y Life Unexpected. Seis estrellas de la tele, seis, asesinadas en menos de 10 minutos. ¿Un mensaje claro de que la televisión debe morir?

Pues no sé si andaremos muy desencaminados, cuando el resto del metraje más estrellas televisivas aparecen una detrás de otra. Parece como si Kevin Williamson y Wes Craven, guionista y director, hubiesen hecho acopio de todas las estrellas televisivas habidas y por haber para felicidad del espectador, que verá a Hayden Panettiere, Mary McDonnell, Adam Brody, Anthony Anderson o Allison Brie, pasear por la pantalla con papeles más o menos importantes. Desde Héroes a The OC pasando por Galactica o Community… aquí no falta nadie.

Eso consigue hacernos sonreír. Incluso reír en muchas ocasiones. Las continuas bromas y referencias al cine dentro del cine, a la saga que dentro de la propia película se ha generado, a las nuevas normas del juego, las de los remakes… Todo ello, para los aficionados al género y al cine en general, conseguirá arrancarnos muchas sonrisas. Porque ni ellos mismos se toman en serio. Porque saben que todo es un juego y que ya van por la cuarta entrega y aquí nadie se cree ya nada.

Simplemente la norma de que en los remakes ya no hay normas y que para sobrevivir hay que, sencillamente, ser gay (Williamson es uno de los miembros de la comunidad gay más respetados de Hollywood), o la perfecta definición de Neve Campbell de la otra clave de los remakes “Don’t fuck with the original”, hacen que merezca la pena ver la película entera. Pero por el camino se cae todo lo demás.

El suspense nunca funciona del todo, sólo en la escena del asesinato al otro lado de la calle hace pensar que existe algo de tensión, los sustos están fuera de lugar y no asustan a nadie. La película se alarga hasta lo indecible con giros y más giros imposibles sin llegar a ninguna parte, los personajes son meras marionetas y ni siquiera las estrellas originales nos hacen más creíble la historia. Porque, si alguien lo dudaba, Neve Campbell sigue viva. No, no su personaje. La actriz.

Es como ver de nuevo las tres películas anteriores, como caer una y otra vez en los mismos lugares previsibles y comunes (el ataque en el parking… lamentable) y uno acaba animando normalmente al asesino. Que, de nuevo, tiene los huesos de goma y nada puede dañarle.

Más que una película estamos ante una caricatura. Y si esto es el inicio, como se pretende, de una nueva trilogía, apañados estamos, porque entonces ya está todo visto. Y tampoco es plan de que el público siga pagando por lo mismo una y otra vez. A veces hay que dejar morir a las sagas.

Lo dicho. Mucha coña limonera, mucho homenaje a Halloween y Carpenter, que se nota que Williamson ha vuelto a la saga como guionista, pero cero tensión y suspense. Para una película de terror, eso nunca es bueno. Si lo toman medio en broma, tiene sus momentos cinéfilos. Si buscan miedo… Parece que Wes Craven no estaba muy interesado en asustar a nadie. Una película simpática y harto predecible que sobrevive mejor gracias a su innegable sentido del humor, aunque no llega a las cotas de Piraña 3D, por ejemplo. Casi que la próxima entrega se la pueden guardar… o lanzarla directa a video.

Jesús Usero

Crítica de la película Águila Roja

Sírvase el lector de esta pequeña introducción si lo desea o salte directamente a párrafos posteriores donde desgranaremos la película a fondo. Pero no puedo irme sin mencionar que puede que sea uno de los pocos que vayan a defender Águila Roja, La Película, en los próximos días o semanas. Lo digo por la sensación que me ha producido a la salida del pase de prensa donde he podido verla y donde la impresión generalizada no era demasiado buena. Vamos, que no habían pasado dos minutos cuando empezaban a llover los cuchillos.

Esto en sí no es malo, cada cuál es libre de decir lo que piense y de opinar con cierto fundamento, al menos. Pero es que me sigue dando la impresión de que medimos con distinto rasero lo de casa a lo que nos llega de fuera. Águila Roja es una producción española de aventuras. Pero de aventuras clásicas, con capa y espada, batallas, duelos a muerte y héroes románticos. Vamos, lo que viene siendo la serie de televisión con formato panorámico, más presupuesto y mayor duración. Ni engaña ni pretende engañar a nadie. Va a intentar ganarse en las salas de cine al público, cerca de 6 millones de espectadores, que ya se ha ganado en casa, en la pequeña pantalla. No es una tarea fácil, que la gente no acostumbra a pagar por lo que tiene gratis, pero es un notable esfuerzo.

Quiero decir, parece mentira que no sepamos a qué nos enfrentamos. Yo no soy un gran seguidor de la serie, aunque la he visto bastante a menudo y me resulta la mar de distraída. Con escenas de acción, coreografías y tramas superheroicas para la televisión española moderna. Que se dice pronto. A mí si la película me ha convencido es porque creo que el rasero con el que ha de medirse es justamente ese, el del público al que va dirigida la película. El de la gente que va a disfrutarla por mucha moto que le vendamos los críticos. No, Águila Roja no es mala. Es que le exigimos el doble que a las demás.

No puedo creerme que quienes sepan dónde se están metiendo y los fans de la serie de televisión, salgan demasiado decepcionados de la sala de cine cuando vean esta película. Si acaso habrán pasado un buen rato en el cine, con una película muy cuidada a nivel de producción y además entretenida. Con defectos, que los tiene y algunos son bastante remarcables, pero también con muchos aciertos y con una sensación que me ha dejado bastante peculiar. Creo que a sus fans les va a encantar. Y digo que es peculiar por eso mismo, porque yo no soy fan de la serie, sólo un televidente distraído.

Águila Roja, La Película, mezcla los elementos que han hecho popular a la serie con otros quizá algo olvidados, pero no por ello menos apreciables. Con un esfuerzo notable por homenajear a los clásicos de Alejandro Dumas (mosqueteros, reyes de Francia y cardenales incluidos en conspiraciones con cárceles perdidas y luchas imposibles) sin nunca perder el norte de lo que realmente le interesa a sus seguidores. Tratando de que todos los personajes tengan su momento de gloria, en una especie de película coral que, en este caso sí, no siempre acaba de funcionar.

Ese reparto coral es la mayor de sus deudas, porque acaba por no centrarse en lo que importa del relato y se preocupa por divagar buscando esos momentos mágicos de los personajes. No se puede satisfacer a todo el mundo, y muchas de esas historias quedan relegadas al olvido o resueltas deprisa y corriendo, como ocurre con la Marquesa y su hijo o con el personaje de Francis Lorenzo. Quizá sus seguidores sean los que más tengan de qué quejarse con la película.

A veces la historia se atropella y se acelera, con ese momento que (sin destripar la sorpresa a nadie) desmonta lo que los trailers y lo que nos habían contado, prometían con la película, resolviendo antes de tiempo una de las novedades más interesantes que planteaba el salto de la tele al cine. Sabe a poco y sabe a algo que sucede antes de tiempo, sin venir a cuento. Pese a que la escena en que sucede es una de las mejores escenas de acción de la película.

También al final la cosa se desmelena un poco con la batalla campal en el camino y con la aparición de un animal que ni pinta nada ni acaba de crear tensión. O cuando el ritmo decae seriamente a mitad de la cinta para darle vueltas a la conspiración palaciega. Pero es quizá lo de menos. La sensación que me ha dejado la película es la mar de positiva.

Y lo es porque me lo he pasado muy bien. Porque las escenas de acción están bien rodadas, coreografiadas y resueltas. Porque la intriga se mueve con bastante soltura y con la suficiente inteligencia como para no terminar de aburrir. Porque la química entre Janer y Klein es interesante y apetece ver al personaje de nuevo en la serie. Porque se nota el presupuesto (ojo a los ejércitos acampados, al rodaje en exteriores y a los muchos decorados). Porque, en definitiva, la película no tiene ningún complejo y sabe perfectamente que es cine de evasión, de entretenimiento, de escapismo puro y duro.

Y, lo que es entretener, entretiene. Hay cosas mejorables, por supuesto, y cosas que quizá deberían suavizarse, como el humor de Satur que a veces chirría. Pero no podemos, por ejemplo, pedirle rigor histórico a una película de aventuras. Ni pedir Gladiator con los presupuestos que tenemos aquí. Se puede y se debe disfrutar de Águila Roja porque para eso está. No le busquen tres pies al gato. Eso sí, si al final le hubiese echado agallas la nueva temporada se podía haber planteado de una forma más que suculenta. Pero son las ganas de contentar a todo el mundo. A lo mejor es eso. Quien no siga la serie, quizá no vaya a disfrutar la película.

O a lo mejor es que nos pasamos de exigentes.

Jesús Usero

Crítica de la película Encontrarás dragones

Nuevamente nos encontramos con una película ambientada en la guerra Civil española, al menos durante la mayor parte de su metraje, con todo lo que eso conlleva para gran parte del público español que está, reconozcámoslo, un poco hasta el moño de tanta historia de la guerra, normalmente partidista o decantada hacia un bando, nunca imparcial, siempre llena de clichés. No se trata del caso de Encontrarás Dragones en gran parte de su metraje porque aborda un tema poco conocido, que causará polémica sin duda, y que para mucha gente será motivo de curiosidad, enfrentamiento o incluso duda. Encontrarás Dragones habla sobre la vida de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, figura de la Iglesia Católica canonizada en 2002. Aunque la película no llega a esa fecha.

A través de un largo flashback, la historia de Encontrarás Dragones se centra en los primeros años de la vida de Escrivá hasta su huida al sur de Francia a través de los Pirineos para regresar posteriormente a Burgos. Son los primeros años del Opus Dei, su nacimiento, su creación en tiempos convulsos y sus ideales en un país en guerra. Todo ello a través de la historia que le narra un padre a su hijo escritor, que empieza una biografía sobre el sacerdote y descubre que su padre tuvo una estrecha y peculiar relación con él. Así, viajamos continuamente de la España de 1982 a las dos historias, la del padre y la de Escrivá, durante la infancia y la guerra Civil.

No voy a entrar en polémicas, debe creerme el lector, en torno a la importancia o la crítica posible sobre la figura del Opus Dei y su creador, porque no es el momento y el lugar. Y no trata sobre ello la película. Habla de muchas cosas, sí, pero intenta hacerlo de un modo neutral, sin juzgar ni hacer mayores las heridas que existen y nunca parecen vayan a cerrarse. Si sirve de algo, dejo claro que soy creyente liberal y que creo que debe respetarse a todo el mundo, por lo que no acudí a la película con ganas de hacer sangre de ella vía cuchillo jamonero ni de ensalzarla pobremente sólo porque es una película religiosa. Aquí venimos a charlar de cine, ¿no creen?

Tampoco vamos a hacer mucha mención a las varias (múltiples, claro) discrepancias históricas, que van desde los títulos de crédito, con ese error sobre el gobierno de la república en España, a la fábrica que tenía el padre de Escrivá, que era textil y no de chocolate como cuenta la película. Eso sí, aprovechando el hecho para hacer una metáfora sobre el grano del cacao y las personas. Curiosamente tampoco se llama nunca al protagonista Josemaría Escrivá de Balaguer. Esa última parte se la ahorran. Pero es cine extranjero sobre nosotros, así que hay que comprender que ni entienden ni entenderán muchas de las cosas que se ven y viven aquí. Ellos son así. Se quedan con la España de pandereta, con el flamenco y las peculiaridades hispanas (ese camión de mudanzas de la empresa España Cañí, esa música cansina y repetitiva con guitarras a saco sobre todo cuando viaja al bando republicano, ese cartel del mundial de fútbol del 82…).

Lo que quiero decir es que me esperaba mucho más a nivel cinematográfico de una película dirigida por un nombre de peso como Roland Joffé. Me esperaba más chicha, más fuerza y más convencimiento de la historia que se trae entre manos. Porque el director y guionista no encuentra un punto medio entre el ritmo aplicado a sus tres historias y el peso de cada una de ellas. La historia real, la de Escrivá está contada con estilo, elegancia y sentido del humor (la zapatería, la magnífica escena en el zoo que además humaniza al personaje como ninguna, la escena de las huellas en la nieve…) y tiene una fuerza que las otras dos historias no poseen. La de Manolo, interpretado por Wes Bentley, sobre todo en su arco de la guerra, resulta recargada, excesiva, hasta absurda, como una opereta que tiene momentos que hacen reír sin intención, como el encuentro en la cama entre Olga Kurylenko y Rodrigo Santoro. Peca por exceso, por desgracia, pese a las bien rodadas secuencias de acción bélica donde se nota el dinero. Y la del salto al futuro, con Dougray Scott, descentra, no tiene foco y acaba perdiendo el hilo de su historia, porque regresa a ella a destiempo, con motivos vagos y sin darle un verdadero foco.

Esas lagunas de ritmo y de guión son el gran lastre de una más que competente película de trasfondo bélico y religioso que resulta por momentos muy entretenida, pero que en sus saltos espacio-temporales pierde foco y pierde fuelle. Es un continuo devenir de situaciones y personajes que nunca acaban de cuajar ni siquiera en sus motivos, como con la escena de Manolo en la llegada de Escrivá a Andorra, motivos que nunca se explican del todo, mucho menos los saltos de alegría del grupo al pisar suelo extranjero como si un muro invisible fuese a impedir pasar a las balas… Cualquiera habría seguido corriendo.

Pese a ello la fotografía es magistral y no cabe duda del esfuerzo de sus actores (con Wes Bentley, Charlie Cox como Escrivá de Balaguer y Dougray Scott) por hacer aún más interesantes sus personajes, con especial mención a Derek Jacobi y, cómo no, a Olga Kurylenko, pero desaprovechando personajes y actores como Jordi Mollá, Geraldine Chaplin (que es como el Guadiana) o Ana Torrent.

En conjunto es una interesante película que intenta convertir en un acto épico el nacimiento de una figura importante de la Iglesia moderna, mientras decae en otros aspectos y en el ritmo. No intenta causar polémica, aunque lo hará, y muchos detalles controvertidos los obvia, y lo hace muy bien, pero no es ahí donde falla, sino en las historias que rodean la historia real que son el verdadero problema de una película que podía haber dado muchísimo más de sí.

Jesús Usero

Crítica de la película Sucker Punch de Zack Snyder

Zack Snyder vuelve a la cartelera con uno de los títulos más esperados de la temporada, y no defrauda en absoluto. Sucker Punch es, en mi opinión, una de esas películas que no quieres perderte si de verdad te gusta el cine.  Es un paso adelante en la carrera de su director y cuenta con una historia prodigiosamente desarrollada mediante un guión milimétricamente ajustado para ser capaz de hacernos vivir tres películas en una al mismo tiempo, visitando varios géneros en una compleja estructura dramática. Debería coronarse como reina de la taquilla no sólo por la espectacularidad indiscutible de sus secuencias de acción, sino también por hacer una reflexión de gran madurez sobre cómo han cambiado las claves de las fábulas fantásticas con las que adornamos nuestras vidas y trazar un perfil psicológico de gran interés sobre cómo cada vez más las nuevas tecnologías van difuminando las líneas de separación entre la realidad y la ficción, dando lugar a la creación de paraísos e infiernos artificiales, inmateriales, esquivos, caóticos, hedonistas y autoparódicos con los que nos gusta engañarnos en una fase especialmente infantiloide de nuestra civilización.

Jugando con claves musicales, Snyder se permite además mantener su relato no sólo en un permanente pulso de gran tensión en la ficción dentro de la ficción que viven sus protagonistas, sino que también baraja varios géneros a la vez con manos expertas de cineasta convertido en una especie de tahúr de la fabulación dispuesto a desplegar todas las claves de su talento en lo que es principalmente un homenaje musical al moderno cine de acción y una reescritura de las señas de identidad de la hibridación entre las distintas forma de ocio de nuestro tiempo: videojuegos, cómic, videoclip musical…

Trailer

{youtube}w4c3iYERxMY{/youtube}

Sucker Punch se convierte así en un auténtico puzzle de referencias múltiples y multiculturales que Snyder inicia con una presentación que nos recuerda la secuencia de créditos iniciales de una obra maestra menos apreciada de lo que debiera, Watchmen. A partir de la misma, haciendo gala de gran economía narrativa para situarnos rápidamente y con una serie de secuencias encadenadas en el drama que vive la protagonista, empieza a construir una especie de variante de Moulin Rouge de Baz Luhrman, cambiando los modos y maneras del melodrama que lucía aquella por el cine de acción trepidante. No contento con eso, da otra vuelta de tuerca a su argumento y encuentra hueco para incorporar a esa propuesta una serie de fragmentos que nos hacen pensar también en la doble vida de realidad y ficción en la que existía el personaje encarnado por la cantante Björk en la película de Lars Von Trier Bailando en la oscuridad. Finalmente, y para completar su oferta, rellena la misma con una múltiple colección de guiños y referencias cruzadas que nos permite encontrar momentos propios del cine más clásico, desde la película de ambiente carcelario, con fuga incluida, a los cuentos de hadas del Hollywood clásico: la historia inicialmente podría ser una especie de variante de Alicia en el país de las maravillas, pero en su desenlace nos sitúa en las proximidades de El mago de Oz.

Todo ese puzzle está orquestado en torno a una serie de misiones (cinco, aunque la cuatro primeras son las reveladas y la última es un secreto que el propio público tendrá que desvelar), que permiten a Snyder desarrollar su propia propuesta de análisis de la estética del cómic y el videojuego sin perder en ningún momento de vista lo puramente cinematográfico.

Tan ambicioso en su arco de desarrollo y personajes como se mostró en Watchmen, pero trabajando con material propio, Snyder aplica a sus secuencias de acción una estética que las acerca a las de 300, pero además aplica una forma de narrar visualmente que como se demuestra en esa secuencia de prólogo de la que hablaba antes, manifiesta una gran pericia para manejar con carácter de cine de autor la puesta en escena de un gran espectáculo de explotación comercial.

Todo ello hace de Sucker Punch una grata sorpresa especialmente para el público física o mentalmente más joven, aunque incluso los apasionados del cine más clásico no podrán reprocharle a la película de Snyder que sea confusa, porque muy al contrario es modélicamente diáfana en su planteamiento de realidades paralelas. Además hay mucho cine clásico en los pasillos de su historia.  Podemos tropezar con momentos que son un guiño a Frank Capra mezclados con algunas gotas del cine de gánsters y con otros fragmentos que homenajean el cine de Alfred Hitchcock. De hecho los objetos que las protagonistas tienen que conseguir en sus misiones son un guiño múltiple al concepto de macguffin aplicado por el llamado “mago del suspense”, una genial broma cinéfila que además nos sirve en bandeja una pista para explicarnos qué es realmente Sucker Punch. Además de un musical de acción con ritmos que pasan de lo mejorcito de Jefferson Airplane o Jefferson Starship al rap e ilustran combates que parecen salidos de los cómics de Frank Miller, el autor de 300, esta película es un brillante ejercicio de autoexamen y reflexión que su director hace sobre el cine de acción tal y como se expresa en nuestros días, y sobre el impacto en la estética y la narrativa del medio derivado de la hibridación con otros recursos de ocio. O, dicho de otro modo: un completo manual de cómo operan las películas comerciales y de explotación de la era blockbuster.

No es arriesgado que puede convertirse en un título de culto, aunque, como todas las grandes películas, como los más brillantes ejercicios cinematográficos, no faltará quien la ponga a caldo por incapacidad para advertir sus aciertos y la pertinencia de algunas de sus reflexiones, quizá esperando algo más convencional a la hora de entrar a verla en un cine.

Por cierto, todas la películas deben verse en un cine para disfrutarlas como corresponde, pero aún más ésta, que es de verdad un espectáculo para gozar en pantalla grande.

Miguel Juan Payán

Crítica de la película Los próximos tres días 

Es más que interesante encontrarse una película como Los Próximos Tres Días por varios motivos. Primero porque siempre merece la pena encontrarse cine adulto, tanto en su contenido como en sus protagonistas y desarrollo, servido de la mano de un muy buen guionista como Paul Haggis. segundo porque así podemos comprobar si el cine dedicado al público más maduro sigue de capa caída, salvo éxitos puntuales, o logra remontar de alguna forma el vuelo.

Porque la verdad sea dicha, cada vez menos cintas consiguen interesar a la audiencia mayor de 35 años, que es a quien en principio van destinadas estas películas, convirtiendo en fiascos o éxitos menores, en el mejor de los casos, películas como Wall Street 2, Más Allá de la Vida, La Sombra del Poder (también con Crowe, por cierto) y otras tantas. De hecho en los últimos meses solamente The Town puede considerarse un éxito rotundo en este aspecto. La Red Social podría encontrarse dentro de los éxitos. Pero la temática y la calificación por edades de la misma ayudaron bastante en USA.

Incluso con la llegada de los premios, que suelen levantar la taquilla de estos títulos, ya no es lo que era y comienza a dejar algo que desear. El año pasado The Hurt Locker, la flamante ganadora del Oscar, se las vio y se las deseó para alcanzar los 10 millones de recaudación, mientras que este año sólo Origen ha sido ha conseguido una recaudación de lujo entre las nominadas a los Globos de Oro. The Black Swan y The Fighter andan en menos de 50 millones por cabeza, mientras El Discurso del Rey se conforma con la mitad de eso. Son cifras que van a mejorar, obviamente, en cuanto cualquiera de ellas arrample con un par de galardones importantes. Pero de ahí a asomarse a la recaudación de películas como Origen o incluso La Red Social, va un abismo. Un abismo de muchos millones de dólares que provoca que cada vez se produzca menos cine para el mercado adulto y que cuando se produce los presupuestos se reduzcan para reducir riesgos. Es decir, un marrón.

Así ocurre que películas como Los Próximos Tres Días se convierten en productos que el público general termina por ignorar, sea por falta de interés o de premios. Y no, no es que se merezca ningún premio, pero es una buena película de suspense, sólida y bien escrita, que consigue entretenernos sin ninguna complicación durante sus dos horas de metraje. Bien pensado quizá sí que se merezca un premio...

Si alguien no conoce la trama de la película esta gira en torno a un matrimonio que parece perfecto, pero vive una tragedia cuando la esposa es arrestada y condenada por asesinato. Tras tres años de lucha en vano, su marido, la única persona que cree en la inocencia de ella, tomará una decisión radical intentando acabar con la situación de su esposa. Una decisión que puede terminar con su matrimonio o consigo mismo.

Y es en esa creencia casi religiosa en la inocencia de su esposa en donde radica el verdadero interés de la película. Por encima del suspense, el drama de ese hombre, su obsesión sin límites por la inocencia de su esposa, que le lleva a cometer él mismo diversos crímenes en su intento por liberar a su esposa. A perderse y quizá perder lo que más ama. La solvencia del guión de Paul Haggis se demuestra en el tiempo que tarda en presentarnos a los personajes, sobre todo al protagonista, con paciencia, sin prisa. Haciendo comprensible motivaciones, sentimientos... Pero más aún, no juzgando las acciones del protagonista. Permitiendo entenderle y decidir si queremos creer que lo que hace es una estupidez o algo coherente a lo que le lleva la desesperación.

Haggis sabe aprovechar la puesta en escena para ayudar en su narración al relato, permitiendo que ciertas escenas.ni siquiera necesiten de diálogo, como por ejemplo la sobrecogedora secuencia entre Russell Crowe y Elizabeth Banks en la prisión cuando le va a dar la noticia de que la apelación ha sido rechazada. Ojo al juego de planos, a la importancia de lo que está fuera plano y aparece y a los actores. Y sin una sola línea de diálogo.

Claro que todo ello sería imposible sin un reparto a la altura. Por un lado tenemos a un brillante Russell Crowe capaz de mostrar todo lo que lleva el personaje dentro, desde la determinación a la obsesión pasando por el patetismo, con una simple mirada. Aunque la película peca de dejar todo el peso de la misma en el actor, convirtiendo otras geniales apariciones casi en cameos de lujo, como Liam Neeson, una intermitente Olivia Wilde (en el personaje peor escrito de la película y más tópico, pero del que ella saca petróleo) y un magnífico Brian Dennehy, por poner algunos ejemplos.

Además la trama goza de un excelente ritmo in crescendo que se va elevando poco a poco hasta llegar al último tercio de película, la fuga en sí, convertida aquí en una trepidante y emocionante persecución que, si bien se alarga demasiado, deja un excelente sabor de boca. No así la última secuencia de los policías, una bajada de pantalones en toda regla en lo que parece la necesidad de Paul Haggis por limpiar su conciencia y la del espectador, justificando sin necesidad a su personaje central. No hacía falta, para nada.

Suele sucederle a este hombre que a veces tiene ciertas lagunas de guión de peso, que dejamos pasar porque el hombre se aplica en lo que realmente importa. Los personajes. Y aquí consigue lo que pretende, una buena pieza de suspense perfectamente conducida aunque con ciertos problemas en algunos aspectos que la alejan de la perfección, algo que nunca fue su intención. Una película entretenida y adulta, convincente y que deja un buen sabor de boca. Es una pena que en USA la hayan ignorado y sería una pena ignorarla aquí. Aunque sólo sea por Crowe y Haggis merece la pena hincarle el diente.

Jesús Usero

Crítica de la película La red social

Cuando La Red Social empezó a tomar forma como película las cosas pintaban más que bien. Un película de David Fincher siempre es apetecible. Pero si además viene guionizada por Aaron Sorkin, creador de series como El Ala Oeste o Studio 60, y películas como Algunos Hombres Buenos, bueno, la mezcla parecía perfecta a priori. Pero ya sabemos cómo son estas cosas y cómo es Hollywood. Por una parte pensábamos que era un caballo ganador. Por otra teníamos miedo de que estos dos genios no llevasen a buen puerto un proyecto en principio tan interesante como este.

Gracias a Dios los miedos desaparecen durante los cinco primeros minutos de proyección.

La mezcla funciona como un reloj y la película apunta desde un principio maneras de gran cine. Y no se pierde por el camino. Mejora.

La historia de Facebook, de su creador (o creadores, según se mire), no es fácil de encarar. Puede parecer interesante desde lejos, curiosa, entretenida con todos los problemas legales que Mark Zuckerberg, el principal responsable del invento, pero podía muy fácilmente haberse convertido en una tv movie de esas que echan los fines de semana a la hora de la siesta. Basada en hechos reales y esas monsergas. Vamos, que podría haberles salido un tostón de padre y muy señor mío. Y no lo hace en ningún momento.

No lo hace porque Fincher le tiene tomado el pulso narrativo a la película desde el minuto uno. Porque los diálogos de Sorkin, como de costumbre, son balas disparadas en todas las direcciones a velocidades de vértigo (ver la película en versión original es un reto hasta con los subtítulos de marras) y porque los actores, todos ellos, están a un nivel de aúpa, con todos los premios que el lector desee incluidos.

Disfrazada entre los mimbres de una historia de lucha de poder y ambición, yace una historia sobre la soledad, la amistad y la traición con la que cualquiera puede sentirse identificado, aunque no posea los 4000 millones de dólares que Zuckerberg posee. Una historia compleja y fuerte, a la vez que refleja el patetismo de un hombre, quizá el nuevo Bill Gates, que no sabe cómo ser aceptado por los demás, no porque sea un friqui, sino porque no sabe tratar a la gente si no es al ritmo que él desea.

Prueba de ello es que la película narra desde un flashback el nacimiento de Facebook. Más que un flashback, dos en realidad, las dos reuniones entre partes enfrentadas en demandas millonarias, Zuckerberg contra el mundo o el mundo contra él. Tanto da. Fincher aprovecha esas escenas en el presente para mostrarnos a un personaje orgulloso y soberbio, brillante, inteligente, único, perfectamente interpretado por Jesse Eisenberg.

No es el único. Andrew Garfield, el nuevo Spiderman, está impresionante, perfecto, lo mismo que Justin Timberlake, como el fundador de Napster, o Max Minghella, otro rostro joven muy a tener en cuenta. El reparto está de órdagp en todas y cada una de las escenas de la película lo que la hace más creíble y más real. Sobre todo cuando se realizan diálogos sobre informática de esos que sólo los verdaderos expertos en el tema consiguen comprender. Si cuando los actores hablan de eso no te lo crees, poco hay por hacer con el resto.

La Red Social habla de un sueño y de cómo se levantó de la nada, pero también de las cosas que quedaron por el camino, lo que perdimos. Si la oferta o promesa que el personaje de Timberlake hace a Zuckerberg en el club realmente tiene sentido o no. Si un sueño merece la pena tantas cosas perdidas por el camino. Y la principal meta del protagonista, ser aceptado, no se consigue. Es la persona con más amigos del mundo, y a la vez la más solitaria.

Gran parte del interés de la película recae en la pericia visual de David Fincher, quien logra mantener el ritmo en la historia como si se tratara de un thriller trepidante, lleno de giros bien planteados e inventiva visual. Como ejemplo valga esa magnífica escena en la regata, donde logra imprimir de una fuerza a las imágenes que nos hace pensar que nosotros mismos vamos remando con los equipos. O la magnífica manera de plantear los pensamientos del protagonista, ya sea en imágenes o a través de voz en off.

Y, por supuesto, el guión de Sorkin, junto al de Inception probablemente dos de los mejores guiones del año. Sobrio y comedido, sutil cuando ha de serlo y directo cuando lo requiere. Con frases que definen a los personajes como si leyesen su alma. Como cuando un personaje le dice a un Zuckerberg que se queda solo “No eres gilipollas, simplemente te esfuerzas enormemente para que todos piensen que lo eres”.

Esa frase define toda la película con una precisión que ya quisieran para sí otros supuestos genios de la escritura.

Aunque no termina de ser perfecta la película, lo cual le añade aún más encanto. Los personajes femeninos están desaprovechados en el mejor de los casos, eso cuando no son simples bocetos de personajes y no personas reales. Lo mismo sucede con el exceso de charla técnica, que para quiénes no entiendan de informática les dejará algo perdidos en algunos momentos de la película.

Son un par de pequeños detalles que hacen pensar que podría haber sido incluso mejor. Más redonda. Sin restarle méritos al trabajo final que vemos en pantalla, que resulta soberbio. De lo mejor del año.

Ni siquiera deberíamos plantearnos si La Red Social es fiel a lo que sucedió en realidad o es más ficción. La película no pretende eso. Es una historia de sueños, genios, venganzas, pasiones, amistades rotas, soledad y éxito rodada con exquisitez e interpretada maravillosamente. Es la historia de una generación, una cultura y una sociedad que nos ha tocado vivir. No es una historia de buenos y malos, sólo una historia de personas, hay reside su brillantez. No os la perdáis.

Y, nos vemos en el Facebook…

Jesús Usero

Crítica de la película Origen (Inception) de Christopher Nolan

Origen (por motivos del propio argumento me cuesta no llamarla por su nombre real, Inception), es sin duda la joya de la cartelera del verano. Una lección de cine total y envolvente que reinventa los códigos del relato de intriga y supera cualquier otra película de acción que hayamos visto este año. Origen es original, inteligente y sorprendente, y demuestra que Christopher Nolan es un cineasta imprescindible en estos tiempos en los cuales tantos de sus colegas se limitan a prodigarse en la repetición, la falta de originalidad y el exceso visual sin contenido.

Nolan no. Nolan sabe lo que hace. Es un maestro, como demostró con El caballero oscuro, y ésta película es una nueva prueba de ello. Habrá algunos desnortados y desnutridos de ideas propias que dejándose guiar cual rebaño de borregos por sus “guías espirituales” de la caverna “progre” e intelectualoide caigan en la misma trampa en la que ya cayeron a la hora de juzgar El caballero oscuro, y no viendo más allá de sus narices, se despisten y obvien todo el gran cine que lleva dentro esta maravilla de película  simplemente porque es una producción norteamericana.

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

Contacto

 
Telf. 91 486 20 80
Fax: 91 643 75 55
 
© NOREA Y ALOMAN EDICIONES, S.L.
c/ La Higuera, 2 - 2ºB
28922 Alcorcón (Madrid) NIF: B85355915
 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

En caso de duda para pedidos, suscripciones, preguntas al Correo del lector o cualquier otra consulta escríbenos por WhatsApp