Crítica de la película Tu Hijo

Cine con galones y una historia llena de ambigüedad moral.

Una película que continuamente nos remite al cine de los setenta, a sus temáticas y a su compromiso por contar historias duras, para nada autocomplacientes, llenas de complejidad ética y moral. Repletas de grises creados por la violencia y, en esta ocasión, por un padre justiciero que en realidad no es más que un cobarde. Donde Hollywood nos ofrece Venganza o El Justiciero (la primera entretenidísima, la segunda un remake innecesario y carente de interés o fuerza), nosotros ofrecemos Tu Hijo, que no pretende simplemente entretener, sino plantear una serie de preguntas difíciles, complejas, duras, que nos llevaremos a casa una vez termine la proyección. Porque además la película no da todas las respuestas… Esas tendremos que darlas nosotros y sopesar el resultado.

Crítica de la película The Night comes for Us  

Artes marciales y violencia extrema nos llegan de la mano de Netflix.

Es la última película que se ha estrenado en el servicio de streaming Netflix y es una de las más esperadas del año por muchos seguidores, al volver a unir en cine de acción y artes marciales, a dos de los protagonistas de Redada Asesina, Joe Taslim e Iko Uwais, y además sumándole a Julie Estelle, quien ya ha protagonizado varias películas de acción con Uwais, como Headshot o Redada Asesina 2. Curiosamente, o no tanto, uno de los responsables de Headshot, Timo Tjahjanto, es el director y guionista de esta película también. Y en comparación, Headshot era un paseo por el parque en lo que a violencia se refiere… Si aquella era brutal, esta lo es mucho más…

Crítica de la película Searching

Thriller sorprendente en sus formas, al que finalmente traiciona el fondo… Dicho de otro modo, Searching es una película que si durase sólo 90 minutos, sería uno de los mejores thrillers del año. Una película casi redonda, dura, inquietante y, sobre todo, adictiva. Un viaje frenético que nos deja enganchados a través de una serie de pantallas que cuentan la historia de forma poco convencional pero extremadamente convincente. Una magnífica pieza de orfebrería que esconde en su aparente sencillez una enorme complejidad a todos los niveles, con un reparto que funciona a las mil maravillas, sobre todo gracias a su protagonista principal, John Cho, quien aparece en pantalla casi todo el tiempo. Lo dicho, sería una película sensacional si no fuese por los últimos cinco minutos o diez minutos…

Crítica de la película El Pacto

Belén Rueda se echa a las espaldas esta intriga con pinceladas de terror.

No es nada nuevo. Belén Rueda puede hacer que historias más o menos convencionales y tópicas salgan adelante simplemente estando ahí, ante la cámara, defendiendo su personaje y lo que se cuenta como una loba defendiendo a sus cachorros. Es lo que ocurre en este caso, donde además encuentra buen respaldo con el trabajo de Dario Grandinetti y la breve pero contundente aparición de Antonio Durán “Morris”, al que habría estado bien ver en más metraje de la historia, sobre todo porque su personaje se interesante pero entra demasiado tarde en el asunto, restando más peso a la trama de intriga.

Todo gira no obstante en torno a la presencia y el personaje de Belén Rueda, y eso en cierto modo presta cierto tono de endeblez a la trama en su conjunto. Solo otro personaje en la trama, el de Grandinetti, llega para ejercer como contrapeso y como resultado de este equilibrio la trama y la película ganan puntos. Queda desdibujado el personaje de la hija, interpretada por Mireia Oriol, que en una clave más ambiciosa para la historia habría tenido sin duda más desarrollo.

En cualquier caso, es elección del director y co-guionista cómo va a conducir su historia y su película, y hay que decir que El pacto funciona correctamente como producto de intriga, y si tiene alguna pega en todo caso responde a la ambigüedad sobre su verdadera naturaleza que pueda transmitirse al espectador a través del tráiler. Es un relato interesante, curioso a su manera, eficaz en su desarrollo, pero no es una película de terror como quizá puedan esperar algunos espectadores a tenor del tráiler que se ha difundido sobre la película. Tiene pinceladas de terror, pero su manera de desenvolverse en la mayor parte de su metraje la sitúa sobre todo en el territorio de la intriga. Quiero decir que la película en sí misma no engaña en ningún momento en ese sentido. Tiene muy claro lo que es y se desarrolla coherentemente por el camino que ha elegido. Pero la promoción puede jugarle una mala pasada llevando al espectador a buscar en ella otro registro narrativo que no posee.

De hecho, una de las cosas que me ha gustado de El pacto es precisamente esa capacidad para arriesgarse y tirar por el camino menos fácil a la hora de plantear su trama. Podría haber tirado por el espectáculo fantástico dominado por el terror y con pinceladas de intriga, pero invierte su carga genérica para buscar por un camino de intriga con pincelada de terror que la lleva por ejemplo a potenciar más el peso de la interpretación de sus actores y asentar su propuesta sobre el eficaz dúo Rueda-Grandinetti. Me parece una opción interesante, aunque ya he comentado que habría sido interesante desarrollar más algunas subtramas con personajes como el de la hija y el de Antonio Durán. En lo referido al argumento propiamente dicho, opta por la simplificación de la anécdota y por un perfil de rapidez y brevedad que lleva a los personajes a tener poco desarrollo más allá de lo imprescindible para que sirvan como herramientas de la trama. Por eso pienso que es tan destacable el trabajo de Belén Rueda y Darío Grandinetti, así como el de Antonio Durán: porque estamos ante uno de esos casos donde es el actor el que presta casi toda la “carne” al personaje, cuyo desarrollo esquemático en una trama bastante esquemática y que va al lío del asunto sin desviaciones ni subtramas puede producir la sensación de excesiva sencillez buscando la máxima eficacia. Quizá por eso El pacto me produce la sensación de tener prisa por contarnos su propuesta y no querer complicarse la vida, y pienso que desperdicia algunos elementos interesantes que incluye en su conjunto pero desdibujados como en un segundo plano.

No me parece mal del todo. Una industria que se precie tiene que producir este tipo de historias de género sencillas y eficaces, y en eso me ha recordado todo el tiempo el tipo de relatos con más intriga que terror que consumíamos en las revistas de cómics de terror tipo Creepy y Dossier Negro, relatos breves y contundentes a los que no cabe pedirles más que precisamente esa eficacia como vehículo de entretenimiento bien defendido por sus protagonistas y correctamente resuelto en lo visual.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Mentes poderosas

Entretenido relevo de la saga de El corredor del laberinto con superpoderes.

Todo parece indicar que esta película es el comienzo de una franquicia llamada a sustituir, en la oferta de productos de ocio audiovisual de Fox, a la saga de El corredor del laberinto, con la que tiene muchos puntos de contacto argumentales en propuesta de conflicto y personajes. Pero ya que estaban metidos en el lío, los responsables de este proyecto, adaptado de la novela de Alexandra Bracken, incorporan al mismo el tema de los superpoderes y revisten todo el asunto, siguiendo la pista del material original, de una especie de mensaje de integración racial y liberación con fémina empoderada como protagonista.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no es difícil entender que estamos, ya desde el origen literario de la trama, ante una especie de traje fabricado en serie, eficaz para lo que ha sido fabricado, pero fruto de un proceso de creación cuidadosamente pautado por una fórmula que replica cuidadosamente los elementos presentes en otros productos anteriores de esa misma “especie” o “familia”, con poca posibilidad para la sorpresa.

Hay un factor de serialización en la fórmula que impide que pueda haber una sorpresa real en el espectador, y se observa una inevitable inclinación hacia lo previsible y la réplica de esquemas. Nada de ello impide que todo el asunto resulte eficaz como entretenimiento, aunque nos encontramos con más de lo mismo que hemos estado viendo en las sagas de Los juegos del hambre, Divergente, Percy Jackson, El corredor del laberinto, La quinta ola y alguna otra producción de ese mismo tipo. Naturalmente con diferencias en cuanto a resultados, porque está más cerca de La quinta ola que de Juegos del hambre o El corredor del laberinto, de las que está lejos en cuanto a espectáculo. La publicidad intenta vincular la película a otras propuestas que, independientemente de los trabajos anteriores de sus artífices, le pillan bastante más lejos, como la serie Stranger Things y La llegada. Es una lástima que realmente no esté más cerca de estas dos, sobre todo de la primera, que habría podido encajar bien en un planteamiento de alternativa a la fórmula de jóvenes adolescentes buscando su propia identidad en un mundo en el que se sienten traicionados por los adultos, tema recurrente en todas las sagas que he citado anteriormente. De haber tirado por el camino de Stranger Things, y considerando el cruce argumental con superpoderes el asunto podría haber tenido mayor interés acercándose al territorio de Chronicle, Josh Trank, pero en lugar de arriesgar por ese camino los responsables del proyecto han decidido ir a lo seguro, y al hacerlo creo que han cometido un error, porque la fórmula de Juegos del hambre y sus emuladoras está bastante sobrexplotada y la propuesta está bastante agotada. Es lástima que no hayan preferido jugar la baza de darle otra vuelta, al cine de superhéroes franquiciados desde fuera de las franquicias, aunque por lo demás cualquiera que haya leído tres cómics de X-Men o Nuevos mutantes sabe perfectamente que en lo esencial Mentes poderosas no es precisamente original o innovadora. Según veía la película pasaba ante mis ojos la oportunidad perdida de haber fabricado un híbrido con elementos de Cuenta conmigo y Stranger Things cruzados con superpoderes y arriesgando algo más estilo Chronicle, todo ello teniendo como referencia una aplicación de la fórmula de niños y adolescentes en una pesadilla de adultos que tan bien tratara Mark Twain en Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn… pero supongo que eso ya va a ser mucho pedir para los tiempos de reciclaje sistemático de propuestas que vive el cine estadounidense actualmente, así que toca conformarse con un moderado nivel de entretenimiento y repetición de la fórmula. El caso es que incluso en la repetición de la fórmula tiene algunos puntos flacos, como la falta de aprovechamiento de personajes como los del presidente interpretado por Bradley Whitford y la cazadora de recompensas Lady Jane interpretada por Gwendoline Christie. Dicho sea de paso es en esos personajes donde está lo verdaderamente interesante de la historia, pero incomprensiblemente son poco más que cameos para adornar una trama que en su primer y segundo acto, aun siendo presa de la repetición y la fórmula, sale adelante como historia de viaje y aventuras juveniles pero en su ecuador se convierte en una atropellada carrera hacia un desenlace en el que revela torpemente su verdadera naturaleza como historia de amor que se come casi todo lo demás, en una propuesta argumental que desde los libros posee elementos para resultar más entretenida y trepidante en su paso al cine.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El vuelo

Denzel Washington se echa encima un drama vibrante gracias a su director. Ahí reside la clave de los grandes momentos de cine que tiene El Vuelo, sus actores y su director. Un director, Robert Zemeckis, que no rodaba una película de acción real desde Náufrago, estrenada hace ya más de 12 años, dedicado como estaba a sus proyectos de animación con captura de movimiento, que resultaron mediocres en el mejor de los casos (Beowulf, Cuento de Navidad y Polar Express no pasarán precisamente a la historia del cine de animación y sus avances tecnológicos han quedado… obsoletos en gran medida, como demostró Avatar), mientras que en el cine de imagen real al siempre considerado heredero natural de Steven Spielberg, aunque eso quede ya muy lejos en el tiempo, le debemos películas como Tras el Corazón Verde, la trilogía de Regreso al Futuro, Forrest Gump o La Muerte os Sienta tan Bien. No es que siempre fuese brillante, pero mucho mejor que en el campo de la animación creo que podemos concretar que era. Y es. Y se encarga de demostrarlo en El Vuelo, que no pasaría de ser un telefilm de no ser por su trabajo y por el del reparto liderado por Whasington. Eso es lo que hace a esta película algo especial, diferente, vibrante por momentos, sobre todo en su primera parte, donde lo que vamos a ver es menos previsible, menos conocido. Y donde se demuestra que el cine es un arte visual, que el guión es la base imprescindible, pero que un director con pulso puede sacar adelante un guión normalito con mucho más que solvencia.

Y aquí muchos dirán que la película flaquea, que no sorprende, que el guión es blandito… Que sí, que es cierto, pero se olvidan de lo importante que es la narrativa en una película, el arte de contar una historia, saber hacerlo y plasmarlo de forma interesante y novedosa en pantalla. Todas las historias están ya contadas desde el tiempo de los griegos, pero depende de cada narrador el hacer esas historias interesantes y aparentemente nuevas para todos. Aquí tenemos una historia de un tipo que tiene todas las adicciones del mundo (le falta esnifar pegamento), y pese a ello sigue trabajando como piloto comercial. En un vuelo, tras pasar lo peor de una tormenta, el avión falla y sólo su pericia impide que la catástrofe acabe con la vida de todos en el avión. Una proeza de héroe, pese a estar borracho y colocado. Algo irrepetible que, pese a todo, le dejará expuesto cuando se descubran todas sus miserias. Y lo que podría convertirse en un drama judicial sobre la culpa de un hombre o lo que nos convierte en héroes, en realidad da paso a un viaje en la vida de un hombre a su propio infierno, hasta que toca fondo y no puede más.

Vamos, que esto no es un thriller, sino un drama personal sobre un adicto, como podrían serlo otras joyas del cine, superiores a ésta, como Días sin Huella o Días de Vino y Rosas, añadiendo el tema de las drogas, como si eso fuese lo que la convierte en una película más madura y oscura. Como he mencionado antes el guión es correcto, nada más. Se excede en el tema religioso y como presenta a los personajes creyentes, que provocan más de una sonrisa, me temo. Y también deja colgada la relación del protagonista con su ex y su hijo, para centrarse en una historia romántica que realmente es la parte más débil de la película, incluso pese al gran trabajo de Kelly Reilly, a quien recordamos de las películas de Sherlock Holmes actuales como la mujer del Doctor Watson, aquí bellísima pese a la adicción. Tiene buenos momentos como la charla del padre y el hijo al final de la película, el momento en el hospital escondiéndose en las escaleras para fumar, con el enfermo de cáncer, la charla en el hangar con el abogado y el amigo del sindicato de pilotos, la habitación de hotel… El resto del guión es telefílmico y poco más. Perfecto para una tv movie de esas que vemos en la sobremesa del fin de semana…

Pero, y es un grandísimo pero, ahí están los actores para levantar la película. Por supuesto un Denzel Washington magnífico en su camino al olvido, pero escoltado brillantemente por nombres como Bruce Greenwood, Don Cheadle, John Goodman, Kelly Reilly o Melissa Leo, aunque algunos de ellos no estén todo lo aprovechados que deberían estar. Y además de eso, por si fuese poco, tenemos un director que durante la primera hora larga de película nos introduce en un vuelo de pesadilla, un viaje que bien podría ser el último, que resuelve con un pulso y una brillantez que te dejan pegado a la butaca durante el accidente, los momentos anteriores y los posteriores. Simplemente sensacional. Un portento narrativo que te mete de cabeza en la película y la hace algo más, algo especial. Algo que merece la pena ser visto y que elevan la película muy por encima de la media.

Sí, luego el ritmo se resiente y es cuando todo se convierte en previsible y visto antes. Todo discurre por caminos conocidos. Pero por esa primera hora y por los actores, se salvan con creces los muebles. Ya rodó Zemeckis una escena de accidente aéreo espeluznante en Náufrago y aquí lo convierte en todo un arte. Es la cumbre de una película interesante e intensa, que nunca llega a aburrir pese a lo antes mencionado. Por mucho que algunos se empeñen en mirar sólo lo más obvio. Quien vaya al cine sin prejuicios se encontrará con una película entretenida, dramática y muy bien contada e interpretada, sobre un hombre obligado a aceptar la verdad sobre sí mismo. Y puede que haya películas mejores sobre el mismo tema, pero difícilmente las habrá mejor narradas. Esperemos que le sirva a Robert Zemeckis para dar un paso al frente en su carrera y dejar las películas animadas para quien realmente las sabe hacer.

Jesús Usero.

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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Curiosa propuesta la de la última película de Jim Sheridan, un director que se está convirtiendo en todoterreno dentro del cine americano y que ha dejado atrás sus tiempos como director de cine social con mucho peso en la industria. Ahora lo vemos dirigiendo películas como Detrás de las Paredes o la película del rapero 50 Cent, quizá para poder costear el rodaje de películas más personales. El caso es que la elegancia de Sheridan y su cuidado por el detalle están presentes en toda la película, un producto entretenido y curioso que no llega a ser perfecto, pero que tampoco lo pretende.

La idea de la película gira en torno a la vida de un hombre que deja su trabajo en la gran ciudad para mudarse a los suburbios con su familia y perseguir su carrera como escritor desde la casa de sus sueños. Aunque pronto comienza una pesadilla en la que alguien acosa la casa asustando a su mujer y sus hijas. Sobrenatural o real, quizá nada es lo que parece y todo sea producto de una mente perturbada incapaz de lidiar con los pecados del pasado.

El mayor problema de Detrás de las Paredes es que quiere ser muchas películas en apenas 90 minutos de metraje y eso termina por dejar demasiados cabos sueltos y muchas historias inconclusas para que la historia termine de cuajar. Vamos, que a partir de cierto momento todo está cogido demasiado por los pelos en un deseo casi desesperado por sorprender al espectador. Primero con el asunto de las casas encantadas, más adelante con el acosador que vigila y acecha a la familia, para luego dar un giro (cuando uno espera que Daniel Craig empiece a repartir cera y espante al acosador a base de jarabe de palo) y volcarse en una película donde la locura, lo real y lo imaginario, tienen más peso del que uno suponía al inicio. Sin dejar nunca de lado el campo del suspense.

En ese campo Sheridan se mueve con mucha soltura resaltando los aspectos más convincentes de la historia, proponiendo curiosas muestras visuales que nos interesen un mínimo y mostrando una película de suspense que se degusta con ritmo y que resulta siempre entretenida, pese a las aguas que hace el guión. Para ello cuenta con un sólido reparto que se sustenta en tres pilares como son Daniel Craig, Rachel Weisz y Naomi Watts, perfectos protagonistas que dan vida a unos personajes del montón (y encima con Elias Koteas como sombría presencia). Sólo por ver a los tres en acción merece la pena la película.

Luego hacia el final se les va un poco la mano con la pirotecnia y las debilidades del producto se hacen más evidentes, culpa ante todo de ese imposible guión, pero eso no quita que al salir de la sala hayamos pasado un muy buen rato en compañía de un gran director y de unos excelentes actores. Y hoy en día eso bien merece el precio de una entrada.

Jesús Usero

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Crítica de la película En tierra hostil

A Kathryn Bigelow la recordaré siempre como la conocí en su visita a Madrid para presentar K-19: una mujer muy atractiva y tan espigada como un Clint Eastwood femenino que puso un gesto a medio camino entre el “Anda, alégrame el día” de Harry el Sucio y  una partida de risa en toda regla cuando los fotógrafos, crecidos por su belleza con personalidad y entregados a la orgía de la fotogenia, le pidieron que se tumbara en la lujosa alfombra de la sala del hotel en el que se celebraban las entrevistas para sacarla como si fuera una diva erótico-agresiva de la pantalla.

Craso error.

Dijo adiós y se fue con la majestuosidad de una jirafa entretenida en mirar desde su altura de rascacielos al resto del personal, pero sin mal rollo, todo con una media sonrisa de saber moverse en un mundo básicamente controlado por los hombres, como es el cine, y nadar en la piscina de pirañas más machista que dentro del mundo del cine se pueda imaginar, como siempre ha sido Hollywood.

En cierta ocasión escribí: ¿Alguien dijo que las mujeres no podían o no estaban interesadas en dirigir relatos con claro estilo masculino? La filmografía de Kathryn Bigelow demuestra que tal afirmación es sólo un tópico y básicamente erróneo. Y sigo pensando lo mismo, aún más después de ver En tierra hostil, que es como  han titulado aquí The Hurt Locker.

Una joya de película, la que mejor y más intensamente ha recreado en la pantalla la guerra que se sigue librando en Irak en este momento, porque, amigos, lo queramos olvidar o no, vivimos en un mundo en guerra, por mucho que la catástrofe de Haití haya quitado el protagonismo por unos días al goteo de muertes y atentados que se siguen produciendo en Afganistán e Irak…

Es por eso que esta película me parece más que oportuna. Como digo, la más acertada de las que se han rodado hasta el momento sobre este conflicto, junto con la muy recomendable miniserie de televisión Generation Kill.

Bigelow siempre ha demostrado ser una directora enérgica y de gran potencial en lo referido a la filmación de cine de acción y sin dejarse amilanar por las exigencias del mercado de blockbusters en el que se desenvuelve desde hace unas décadas el cine norteamericano, pero algunos momentos de la mágica aunque incomprendida Días extraños y otros de la turbadora El peso del agua apuntaban ya las buenas maneras de narradora tanto en la acción como en el suspense e igualmente en lo intimista que estallan plenamente y con gran brillantez en la que sin duda es su mejor película hasta el momento. En tierra hostil es la consagración definitiva del talento de esta mujer que le ha echado más agallas a recuperar el cine bélico con las nuevas claves que impone esta nueva guerra que muchos de sus compañeros de oficio masculinos.

Es sabido que cada nueva guerra engendra un nuevo tipo de cine bélico, forzosamente similar y al mismo tiempo discrepante de los que precedieron. Bigelow ha dado con la clave para contarnos la guerra en Irak en pantalla grande, con elevadas dosis de suspense y tensión y con un pulso firme como pocos a la hora de narrar las escenas de diálogo y construir personajes.

El protagonista de su historia, interpretado con maneras de gran actor por Jeremy Renner, que debería empezar a subir como la espuma después de este trabajo en lo que a nuevos papeles protagonistas se refiere, merece incorporarse a la lista de los grandes personajes que han llevado a cabo su propia bajada a los infiernos en la pantalla grande, gentes como Travis Bickle en Taxi Driver, Jake La Motta en Toro salvaje, el poli interpretado por Harvey Keitel en El teniente corrupto o el alcohólico encarnado por Nicolas Cage en Leaving Las Vegas. El sargento artificiero de la película de Bigelow es un adicto a la adrenalina, a la droga del peligro, esto es, a la propia guerra. Su historia es una manera de plasmar de la forma más intensa y a ratos incluso algo salvaje el viaje de ida sin vuelta hacia el abismo de la adicción, pero al mismo tiempo, en un fragmento breve pero contundente de retorno a casa que resume en pocos minutos de metraje todo el sentimiento y la poesía de un clásico del tema como fue Los mejores años de nuestra vida de William Wyler, es todo un poema sobre cómo los veteranos del frente quedan definitivamente desubicados de la realidad cotidiana, enfrentando un proceso de reinserción muchas veces fallido. La secuencia con el sargento intentando decidir qué marca de cereales comprar en el supermercado es todo un poema sobre la angustia del veterano que se siente como pez fuera del agua cuando no le rodea el peligro de muerte.

No es fácil que una película te atrape desde el primer fotograma y ya no te suelte hasta que la pantalla se queda en blanco y las luces se encienden. En tierra hostil consigue eso y además casi no te permite parpadear en sus primeros 45 minutos.

Bigelow ha firmado una gran película. Una de cinco estrellas, nada menos.

Miguel Juan Payán

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