Pinocho ★★★

Septiembre 16, 2020

Crítica de la película Pinocho

Mateo Garrone nos trae uno de los Pinochos más personales que recordamos.

      No el mejor, claro, pero sí uno muy personal, extravagante, personal, único y por momentos memorable. Para bien o para mal, porque es una película que divide a la audiencia y que puede maravillar o causar repulsa, que puede dejarnos helados o puede hacer que nos emocionemos. Sin duda un proyecto personal más allá de adaptar la historia de Carlo Collodi. Y además contando con la presencia de Roberto Benigni, quien hace ya muchos años casi acaba con su carrera tras intentar levantar su propia visión de Pinocho en la que él daba vida al muñeco. La rodó en 2002, y desde entonces sólo ha aparecido en cuatro películas, tras arrasar con La Vida es Bella. Quizá su visión fue demasiado… arriesgada.

      Aquí Benigno es Geppetto, papel en el que encaja mucho mejor que en el del muñeco, aunque aquella película se rodase hace casi 20 años. La historia, de sobra conocida por todos, nos lleva a una Italia rural del siglo XIX donde el carpintero Geppetto consigue finalmente ser padre dando vida a un niño de madera que acaba marchándose a vivir aventuras mientras su padre intenta buscarlo sin descanso. En esta versión encontramos elementos que son realmente magníficos y que no suelen aparecer en otras versiones, por lo que podemos aplaudir a Garrone la habilidad para incorporar las partes más turbias del relato, las más adultas y siniestras, aquellas que no están hechas para toda la familia ni para que los niños se sientan lanzados a ver la película. De hecho los más pequeños no la entenderán.

      Y una vez se supera la arrolladora personalidad de Benigni, que no ayuda a la película, con Pinocho volando en solitario, la historia se hace más interesante. Atrevida, pero también resbaladiza. Por momentos a punto de caer. Esos maquillajes y disfraces que parecen sacados de una feria, esos momentos que bordean el ridículo y que nos dejan elementos como Gato y Zorro, que no terminan de encajar. Esa visita al Hada y esas insinuaciones en la historia sobre la explotación infantil, el asesinato, la venta de niños… Todo puede suceder en el mundo de Mateo Garrone, ese director que es capaz de saltar entre géneros con tanta sencillez como demuestra en esta película y siempre con personalidad.

      Pinocho es una historia que juega con la lucha social, con esa Italia rural devastada del siglo XIX, con ese mundo donde los pobres son explotados, burlados, sometidos, que tanto se parece al mundo real. La película es brillante en ese sentido. También aterradora, como la escena de los burros. Demasiado. Porque no termina de decidirse. ¿Quiere ser para adultos o cine familiar? ¿Quiere lanzarse a divertir o a provocar? ¿Es su maquillaje tradicional efectivo o es una película completamente disparatada? Ahí radica todo su problema, en su indefinición, en pasar de momentos sublimes de diseño, narración o guión a otros realmente infantiles y hasta ridículos. De dejar historias sin completar o de mostrar elementos que no encajan. Mucha personalidad, pero también muy fallida por momentos. Se queda en tierra de nadie.

Jesús Usero

 

Add to Flipboard Magazine.

  

COMENTA CON TU CUENTA DE FACEBOOK

 

©accioncine

 

Revista ACCION

haga clic en mí para abrirlo

cierre la etiqueta tanto en la parte superior como en la parte inferior

texto dentro del spoiler

Modificado por última vez en Viernes, 18 Septiembre 2020 18:00
Jesús Usero

Periodista cinematográfico experto en televisión