El actor ha renovado su contrato con Marvel para seguir interpretando al personaje al menos dos películas más.

Todos sabemos que con la llegada de la Fase 4 de Marvel muchas cosas van a cambiar y perderemos personajes por el camino. De hecho si no han visto Endgame todavía lo mejor es que dejen de leer la noticia y pasen a otra cosa porque hay SPOILERS de Vengadores Endgame... Avisados están. Porque coml ya sabemos es complicado por el momento que Robert Downey Jr. regrese tras la muerte de Tony Stark. Distinto es el caso de Chris Evans cuyo personaje envejece, pero que podría regresar para contar las aventuras vividas hasta su vejez. Con Thor la cosa quedaba bastante más clara con el final del personaje junto a los Guardianes de la Galaxia, pero quedaba hacerlo oficial.

Tráiler de MEN IN BLACK: INTERNATIONAL protagonizada por Chris Hemsworth, Liam Neeson, Tessa Thompson y Rebecca Ferguson

Nuevo tráiler de 'MEN IN BLACK: INTERNATIONAL', la nueva aventura de los Hombres de Negro dirigida por F. Gary Gray ('Fast & Furious 8'), y protagonizada por un fantástico y renovado reparto encabezado por Chris Hemsworth, Liam Neeson, Tessa Thompson y Rebecca Ferguson, que vuelve a contar con Emma Thompson en el papel de “Agente O”. Los Men In Black se enfrentarán a su mayor amenaza hasta la fecha el próximo 14 de junio en los cines de toda España.

El biopic, una producción de Netflix, tendrá a Chris Hemsworth en la piel del luchador de la WWF, Hulk Hogan, y contará con Todd Philips tras las cámaras.

Conocido luchador de la mítica WWF, que sigue siendo de los más populares, y polémicos, Hulk Hogan es un icono de la cultura popular de los ochenta y los noventa, que cogió su nombre de uno de los personajes que han acompañado a Chris Hemsworth como Thor en las películas de Marvel, por supuesto. Ahora un informe reportado por Collider, indica que Hemsworth es el actor elegido para dar vida al personaje y al hombre detrás del mismo, en un biopic de Todd Phillips que estará producido por su amigo y Bradley Cooper, actor con el que Philips ha trabajado en varias ocasiones. .

La nueva película de Netflix, Dhaka, cuenta con Chris Hemsworth como protagonista y ahora suma al reparto al nuevo Hellboy, David Harbour.

Netflix sigue con la intención de producir tantas películas como series, y películas que sean capaces de competir a todos los niveles con los grandes estrenos que nos llegan a la cartelera cada fin de semana. Así nace Dhaka, película de acción que protagoniza Chris Hemsworth y que producen los hermanos Anthony y Joe Russo, ni más ni menos, los responsables de Infinity War.

Crítica de la película Blackhat, amenaza en la red

Michael Mann vuelve a su mejor cine con buena intriga y acción.

Michael Mann ha conseguido que le levante la nota negativa que le había puesto después de ver Corrupción en Miami y Enemigos públicos con esta película, que me ha gustado y convencido mucho más que las dos citadas. Creo que es mejor que ambas. Y por poco no es tan buena como Heat. Bueno, por poco no, es que no tiene en el reparto a dos gigantes como Al Pacino y Robert De Niro, aunque el reparto con el que cuenta me parece eficaz y creo que cumple de sobra con su cometido. El nivel de Michael Mann como director vuelve a subir al de sus mejores tiempos con esta mezcla de intriga y acción en la que manteniendo sus claves y preocupaciones esenciales como director no ha dejado que el esteticismo devore la trama, el conflicto y los personajes como le ocurriera en sus trabajos anteriores más recientes. Aquí el virtuosismo que siempre exhibe, incluso en sus trabajos más flojos, está perfectamente compenetrado y equilibrado con la historia que nos cuenta y sus exigencias narrativas. De manera que además de visualmente notable, Blackhat es un buen entretenimiento, con buen ritmo y una buena resolución de las secuencias de acción. Tiene varios momentos en los que el virtuosismo visual y de montaje de Mann a la hora de plantear sus secuencias más trepidantes vuelve a tener el vigor de Heat. Me refiero por ejemplo al tiroteo en los túneles y el puerto, al ataque tras la explosión, o a esa escena final que tiene resonancias de western urbanita que en su manera de plantear el cruce de lo exótico con lo espectacular está muy bien servida en rodaje por la pasión de Mann por las nuevas tecnologías, pero al mismo tiempo me ha recordado lo que en los años cincuenta hiciera el gran Samuel Fuller en un clásico como La casa de Bambú.

Los primeros compases de la película ya nos proponen los ataques informáticos del hacker que ejerce como villano en una clave visual que parece replicar los ataques del escualo en Tiburón de Spielberg. Y a partir de ese momento Mann deja claro que no piensa proponernos otra peripecia de intriga con ordenadores más bien sedentaria y estática con escenas de gente mirando una pantalla de ordenador. Ese era el miedo que tenía al acercarme a ver la película y queda despejado de inmediato. Tras esos dos primeros ataques informáticos, la película va cobrando energía y ritmo a medida que la intriga progresa y se adereza con varias secuencias de acción trepidante sin frenar su ritmo ascendente en ningún momento. Al contrario de lo que le ocurriera en  Corrupción en Miami y Enemigos públicos, aquí Mann no deja que la subtrama romántica devore y sea un lastre contra natura para la intriga policial de su relato. Muy al contrario. No sólo hay un cuidadoso equilibrio entre la historia de amor y lo que realmente interesa, que es la persecución del hacker narrada como si se tratara de la persecución de un asesino en serie, sino que el director solventa esa subtrama romántica con un alarde de economía de planos y metraje casi minimalista que le permite no perder ritmo ni velocidad en la trama policíaca propiamente dicha.

Respecto a dicha trama, creo que Blackhat Amenaza en la red es la mejor película que se ha estrenado hasta el momento sobre esa nueva moda en el crimen que son los delitos informáticos. Es de hecho la puesta de largo de dichos delitos en la ficción policial cinematográfica, con gran calidad en la propuesta y notable eficacia como cine de evasión y entretenimiento. Salvando todas las distancias que les parezcan oportunas, algunos de sus momentos incluso han llegado a hacerme pensar que sería una buena  compañera de viaje de la saga de Jason Bourne, por su tono y planteamientos de renovación del género. Pero dejando eso de lado, lo que está claro es que se trata de lo mejor que ha rodado Mann en los últimos años y me ha devuelto al confianza casi perdida en este director que a su vez se nos había perdido en los laberintos del alarde tecnológico y visual sin llegar a encajar los logros de dicho campo con las necesidades del relato propiamente dicho. En esta ocasión ha conseguido conjugar ambas cosas y demuestra que todavía tiene mucho buen cine que ofrecernos en su cabeza.

La parte más endeble del relato llega no obstante en el tercer acto del mismo, aproximadamente los últimos cuarenta minutos, que de no ser por ese duelo final en la celebración callejera que he mencionado antes y devuelve su vigor visual a la película en sus últimos compases, habría quedado mucho más endeble que el resto del largometraje. A Mann suele ocurrirle que los remates de sus películas no son, en lo referido a la acción, tan potentes o espectaculares como el resto de las mismas. Recuerden ese final de Heat en el aeropuerto, que aún recordando a un clásico como Bullit, se nos quedaba algo parco por comparación con el brillante despliegue de acción exhibido previamente por dicho filme.  Los adictos a la trepidación pueden caer en la trampa de pensar que esto es un fallo, pero no es el caso. Muy al contrario. No hay nada de anticlimático en este tipo de resoluciones más sobrias de los conflictos que se les plantean a los protagonistas y antagonistas de Mann. Es simplemente una muestra de madurez argumental no cerrar las historias con un alarde de pirotecnia como el que podemos encontrar en otros fragmentos del relato, sino con un despliegue de violencia más reflexiva. En el cine de Mann, esos desenlaces acaban siempre en enfrentamientos cercanos, en algunos casos cuerpo a cuerpo, que se liberan de la cuidadosa coreografía exhibida en las secuencias previas de tiroteo, cambiando esos ballet de la muerte que recuerdan y toman el relevo de la muerte en tres tiempos de las películas de Sam Peckimpah por el caos incontrolable. De ello es un muy buen ejemplo el desenlace de Blackhat, que se configura así como un muy recomendable título que bajo su primera lectura o capa como eficaz vehículo de acción y entretenimiento nos propone además una reflexión sobre lo muy expuestos que estamos a los peligros inherentes de las nuevas tecnologías y la red de redes.

Miguel Juan Payán

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©accioncine

Crítica de la película Thor, el mundo oscuro.

Mejor que Thor, me gusta más que Iron Man 3 y es más cercana a Los Vengadores.

Esta segunda película sobre Thor tiene las cosas más claras sobre su identidad como producto Marvel que la primera. Dicho de otro modo: es más cercana a los comics en que se basa en todos sus aspectos. Y conste que la película dirigida por Kenneth Branagh siempre me ha parecido buena, aunque personalmente me divirtiera más viendo la película de El Capitán América. Además Thor el mundo oscuro tiene gran habilidad para administrar el protagonismo de sus distintos personajes en diferentes fases del relato, lo que fue sin duda uno de los mayores aciertos de Los Vengadores y es una característica que define los comics de superhéroes de la editorial Marvel. En éstos los superhéroes propiamente dichos son sin duda los principales protagonistas, pero nunca son los únicos protagonistas. Por eso la película nos propone primero el reencuentro con Loki, antes de saltar a un momento que deja claro que Thor el mundo oscuro es mucho más cercana a las viñetas de la Marvel que la película anterior: la batalla en Vannaheim. Ahí es donde empieza a hacerse patente que Sif va a tener mayor peso en la trama, lo mismo que los compañeros guerreros del protagonista. Esa apertura de carácter épico marca la pauta del resto de la película, que mezcla con habilidad elementos de las historias de Espada y Brujería y el género de aventuras con la ciencia ficción. Además deja claro que estamos ante una visión del universo Marvel en el cine perfectamente conjuntada con las estrategias narrativas y de explotación cinematográfica de los cómics de esa editorial aplicadas en Los Vengadores. Continuidad total que se extiende tanto a una broma visual entre Thor y Loki a mitad de la película en clave de cameo de otro personaje como al primer fragmento post-créditos en el que se deja bastante claro cuál será el tema y el villano de Los Vengadores 2. La continuidad que toma como epicentro del universo Marvel en el cine Los Vengadores es probablemente lo que buscaba la productora cuando cambió al autor de la música de la película propuesto por el director por el compositor de Iron Man 3, Brian Tyler. Otro elemento de continuidad de las claves que propiciaron el éxito de Los Vengadores lo encontramos en el uso del sentido del humor. Tras el comienzo en Asgard con los “dioses”, entra en el relato la Tierra y los humanos aportando la parte más humorística al argumento, antes de convertir a Jane Foster (Natalie Portman) nuevamente en el puente entre el mundo de Thor y nuestro planeta y al mismo tiempo en una especie de variante de Alicia en el país de las maravillas que pasa al otro lado del espejo.

Thor, el mundo oscuro desarrolla un papel más interesante para Loki, y con un conflicto que da más juego que el tradicional encuentro entre protagonista y antagonista.  En esta película, Loki se confirma como el gran villano o antagonista de las producciones de superhéroes producidas por Marvel. Además los elfos oscuros son más sólidos y tienen más personalidad que los gigantes del hielo de la primera entrega. Frente a la primera entrega, ésta cuenta con más secuencias de acción (la batalla de Vannaheim, las mazmorras, el ataque a Asgard en plan batalla de Inglaterra, el enfrentamiento final …), saca el máximo partido a la misión imposible de Thor y sus compañeros en la línea de explotación del grupo de personajes, cada cual con su momento de protagonismo. Además la película exhibe una gran capacidad para aportar información con un solo plano a modo de viñeta de cómic (por ejemplo el plano de Thor, Odin, Frigga y Jane Foster después del ataque de los elfos a Asgard). Y para completar el trabajo cierra su trama con una batalla espectacular y con un final de cliffhanger imposible de superar que además encaja perfectamente con la personalidad del relato y los personajes del comic en el que se basa la película. El guión se mueve con más libertad y ritmo que en la primera entrega una vez que presentara en aquella a los personajes, los actores están más cómodos en sus papeles, Hiddleston tiene totalmente dominado su papel como Loki y sus secuencias con Hemsworth interpretando a Thor son mejores que las de la primera entrega. Todos los actores del reparto sacan partido del mejor aprovechamiento de sus personajes en el guión, empezando por Stellan Skarsgaard y su breve pero hilarante papel como contrapunto cómico o Idris Elba dando vida a la clave más épica de su papel como Heimdall, el guardián del puente, o Kat Dennings ejerciendo como la chispeante becaria/amiga de la protagonista.  

Aviso: es preciso quedarse hasta el final de todos los títulos de crédito para conocer el verdadero desenlace de este relato. Además del guiño de anticipo para próximos proyectos Marvel, esta es la primera película de los superhéroes de la compañía que termina el arco dramático de su argumento después de los créditos finales. Sospecho que más de un impaciente se va a quedar sin ver el verdadero desenlace de la película.

En cuanto a verla o no en 3D, opino que ésta es una de esas ocasiones en las que merece pagar el sobreprecio por la carga de acción constante que nos propone el argumento. Thor el mundo oscuro tiene más acción y de forma más continuada que cualquier otra película producida por la Marvel, excepto Los Vengadores. Y realmente en las escenas de batalla saca buen partido a la aplicación del 3D.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Blancanieves y la leyenda del cazador

Blancanieves y la leyenda del cazador, entretenida aventura con Charlize Theron como lo mejor, ritmo desigual y algo larga. Poniendo toda la carne en el asador en lo referido a despliegue visual y efectos especiales, acercándose al terror en algunos planos, jugando con las claves del cuento con cierta flexibilidad y originalidad, y contando como mejor aliada con un gran trabajo interpretativo de Charlize Theron, esta nueva versión cañera y guerrera de Blancanieves da una visión del asunto no revolucionariamente innovadora, pero si suficientemente competente como para entretenernos con competencia durante la mayor parte de su metraje. Tiene a su favor un arranque interesante, que engancha, con Theron echándose la película sobre sus bellas espaldas como una especie de variable brujeril de la Cersei Lannister de Juego de Tronos, y tirando para arriba con el asunto sin problemas, totalmente eficaz en su encarnación de la mala de la historia, que a ratos parece haber estudiado en la academia del lado oscuro de la fuerza del Emperador Palpatine de Star Wars y en otros momentos recuerda a la vampiresca condesa Bathory que buscaba la juventud consumiendo la sangre de jóvenes doncellas.

Terrorífica y bella hasta hacer que sea totalmente absurda la pregunta al espejo, porque la más guapa de toda la película es ella, sin duda, Theron es el plato fuerte de este largometraje que además en su primera parte funciona bastante bien como película de evasión convirtiéndose en una historia de fuga y persecución donde Kristen Stewart sigue poniendo algunas carillas que recuerdan en principio a la Bella de la saga Crepúsculo pero finalmente consiguen encontrar una personalidad propia para su versión guerrera de Blancanieves, y Chris Hemsworth interpretando un personaje que recuerda mucho al de Val Kilmer en Willow, pero con menos sentido del humor.

Es una lástima que ese arranque y esa primera hora de metraje, como digo bastante completa en lo referido a entretenernos, empiecen a perder ritmo en el momento en que se produce el inevitable encuentro con los enanos, que no obstante son un excelente trabajo de efectos visuales sobre actores reales, en una línea que anticipa lo que se va a hacer con los enanos de El Hobbit. La entrada en el Santuario que sigue al paso por el Bosque Oscuro, mucho más interesante, se pierde en un paisaje de colorines como si de repente tuvieran que rendir pleitesía a la versión Disney del mismo asunto y, para mi sorpresa, se produce un innecesario frenazo en el ritmo de la narración que con la aparición del ciervo me ha sacado totalmente de la película. A parte de que el ciervo me recuerde mucho algunos bichejos míticos de la filmografía del maestro de dibujos animados japonés Hayao Miyazaki, concretamente La princesa Monoke, me ha recordado también al león Aslan de El león, la bruja y el armario, y si a eso añadimos la entrada en funciones del príncipe como una especie de Robin Hood y el desenlace con Blancanieves convertida en algo así como una especie de Juana de Arco, el puzzle de referencias se hace ya notar en demasía quitándole protagonismo e identidad propia al tema central.

He echado también de menos el sentido del humor. No tiene. Ni una gota. Todo es trágico, siniestro, serio, y finalmente épico… Pero de humor nada de nada. Eso perjudica la creación de una química más directa, estilo guerra de sexos, entre el cazador y Blancanieves, algo que habría beneficiado un desarrollo más dinámico de la historia evitando la caída de ritmo que he mencionado antes. En lugar de eso, se plantea un extraño requiebro a la versión original del relato con el beso del príncipe que merced a un juego de miradas entre Blancanieves y el cazador deja en el aire en plan intriga si hay rollito o no entre ellos y haciéndome sospechar que se les ha pasado por la cabeza facturarse una secuela si el rendimiento en taquilla de ésta les convence.

En la manera de desenvolverse visualmente camino de su desenlace la película no duda en tirar de un recurso algo manido, el plano aéreo y paisajístico, buscando una especie de tono épico heredado de El señor de los anillos, con varios planos que recuerdan los paseos por la Tierra Media de la Hermandad del Anillo. Menos mal que consigue levantar otra vez el vuelo en la parte final, proponiéndonos el enfrentamiento definitivo entre la heroína y la villana, en una fase de la historia en la que ya ha quedado muy lejos el relato original y parece abrirse paso a otro tipo de historia que, si ustedes me lo permiten, me hace sospechar que caso de haber una secuela podría ser, con relativa facilidad, más interesante que esta primera película.

Porque el problema con Blancanieves u otro cualquier cuento infantil es que, nos gusten o no, nos los conocemos del derecho y del revés, lo cual reduce la posibilidad de sorprender, por novedosa que sea la versión.

He de reconocer que han sabido darle una personalidad propia a esta versión, proporcionándonos además numerosos momentos de acción trepidante y la oportunidad de ver a una Charlize Theron en plenitud, pero por otra parte creo que se les ha ido un poco de tiempo, me sobra el desvarío ecológicofestivo del ciervo, las hadas y la tortuga florero, y alguien debería decirle a Kristen Stewart que está mucho más guapa en cámara cerrando los labios en lugar de tener la boca abierta continuamente como si siguiera esperando que Edward Cullen venga a hacerle una visita. A la escena en de la muerte posterior a morder la manzana me remito.

Resumiendo: moderadamente entretenida, más aún en su trepidante primera parte que en la segunda, con un trío de cazador, Blancanieves y príncipe al que creo que podrían haberle sacado más jugo en el guión, porque los actores cumplen, si bien la parte del león en lo referido a lucimiento se la lleva Charlize Theron.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Thor

Tan buena como X-Men y X-Men 2, mejor que Iron Man e Iron Man 2. No es la mejor adaptación del cómic al cine, porque sigue estando ahí arriba, muy arriba, El caballero oscuro de Christopher Nolan, pero no cabe duda de que Thor es un encuentro mucho más acertado del talento de un director con estilo propio y personalidad (Kenneth Branagh) a un personaje de la Marvel de lo que fue la versión Ang Lee de Hulk. Creo que con estas pistas sitúo más o menos a Thor en el lugar que me parece ocupa dentro de las adaptaciones del universo superheróico de la Marvel al cine, concretamente a la altura de los logros de Bryan Singer con sus dos películas sobre los mutantes.

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Seamos sinceros: el tema de las adaptaciones de las viñetas al cine en lo referido a la Marvel está necesitado de que directores de talento y experiencia, con productos de calidad a sus espaldas y una formación clásica, le metan mano a los personajes de superhéroes. Es por ello una pena que Darren Aronofsky se haya bajado del proyecto de filmar la segunda entrega de Lobezno, ya que sin duda de ese choque entre el talento veterano y con imaginación y características de cine de autor y las fantasías de la Marvel pueden salir cosas muy buenas…

Thor es un buen ejemplo de los resultados positivos que se derivan de ese tipo de encuentros, incluso con sus pequeño defectos, tanto más pequeños cuanto que es una película trepidante, visualmente espectacular, con una buena construcción de la historia y un ritmo ejemplar, que resulta muy entretenida y llega al tope en lo que a verosimilitud de las peripecias superheróicas en la pantalla se refiere sin renegar o traicionar en modo alguno la fuente original de los cómics que le sirven como base.

Mi opinión general sobre la película es por tanto muy positiva. Si ahora mismo tuviera que elegir comprarme tres películas de adaptación de los personajes Marvel al cine esta trilogía la formarían sin duda las dos de Singer con los mutantes y este trepidante y muy logrado encuentro de Branagh con el universo de Thor (vale, luego sacaría pasta de donde fuera para añadir las dos de Iron Man porque me parecen muy divertidas, aunque sé que están algo por detrás de las otras tres).

En Thor concretamente creo que han trabajado muy bien esa mezcla de mundo real y fantasía, y visualmente la recreación de Asgard, que no era nada fácil, y de los nueve reinos unidos por el árbol Yggdrasil, está muy lograda, adornándose además con una mezcla de mitología y ciencia ficción que es una de las mejores maniobras de hibridación entre géneros que he visto en el cine en los últimos años. Branagh ha sabido además exorcizar todos los fantasmas que sobrevolaban su participación en el proyecto. Los seguidores de Thor en el cómic temíamos que pudiera convertirse en otra víctima de su natural inclinación por las obras de Shakespeare, tal y como ocurrió en su versión de Frankenstein (que reconozco que a mí me gustó, aunque le hayan dado tantos palos), y eso no ha ocurrido. En manos de Branagh, Thor sigue siendo Thor, y para ser sincero, hay menos Shakespeare que guerra de sexos tipo screwball comedy, hay más de Howard Hawks en La fiera de mi niña, o más de Preston Sturges en Los viajes de Sullivan, porque todo el largometraje funciona bastante bien como mezcla de aventuras, comedia y una pincelada de romance. Es en la dosificación de elementos de todo el proyecto en lo que Branagh ha tenido más acierto, ya que la parte épica y de acción no resta un ápice de funcionalidad a la creación de personajes y al mismo tiempo el contenido mitológico y trágico, más shakespeariano, de la familia real de Asgard, no resta efectividad a la peripecia de Thor en la Tierra. Branagh sabe decir mucho sobre los personajes con muy poco, y además tiene bastante controlado el tema de la dirección de actores para sacar el máximo partido a las herramientas humanas de su narración en un reparto que está suficientemente bien pertrechado de talento para sacar adelante con muy pocas apariciones personajes que en las viñetas tienen un largo recorrido y un más amplio arco de desarrollo.

Creo además que Branagh ha sabido salir con la habilidad que le otorga su veteranía de las trampas a que están sometidos todos aquellos directores enfrentados al encargo de trasladar las fantasías de las viñetas de la Marvel al cine. Las trampas son muchas, pero entre todas ellas destacan especialmente la necesaria presentación de personajes al público que no sigue sus peripecias en el cómic, que en algunos casos ha operado como lastre de la propia historia. La otra traba destacada es el aparentemente insoslayable carácter episódico de estas producciones, heredado sin duda de su anterior vida en el mundo de las viñetas. Concebidas en clave de trilogías, y con ese entramado entre las distintas sagas (Hulk, Iron Man, Thor, Capitán América…), en las que ejerce como cemento unificador o vínculo común la organización Shield y las apariciones de Samuel L. Jackson ejerciendo como Nick Furia, las películas que adaptan las peripecias de los superhéroes Marvel tienen un ritmo y una forma de narrar que se basa más en la acumulación de episodios y la construcción de personajes a pinceladas breves, sin profundizar, lo que conduce todas las tramas a una inevitable superficialidad episódica que en el cómic no es un lastre, porque número a número va construyendo un arco de desarrollo de personajes más complejo del que puede permitirse una película en más o menos dos horas de metraje. Simplemente el cine no tiene tiempo suficiente para profundizar más en estas historias si quiere mantener su personalidad como producto de evasión y entretenimiento, de manera que es imprescindible que los guionistas y realizadores sean muy hábiles para contar mucho en muy poco tiempos sobre las situaciones y personajes. Es por eso que seguramente la televisión sería mejor medio para adaptar este tipo de producto al audiovisual que el cine. No obstante, creo que en ese sentido Branagh en Thor ha hecho un gran trabajo. La película se sostiene como relato independiente, y aun haciendo gala de la inevitable característica episódica de este tipo de producciones, consigue incluso  levantar unos personajes secundarios eficaces más allá de los papeles protagonistas. Y si hay algo de Shakespeare, está de forma coherente expresado en Loki, el Yago de la historia, y en esos guerreros amigos del héroe, que personalmente tanto me recuerdan al grupo protagonista de la obra Mucho ruido y pocas nueces

Miguel Juan Payán

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