Crítica de la película American Gangster  

Pese a su sobriedad, estamos ante una de las mejores películas del maestro Ridley Scott

En el año 2007 el director Ridley Scott (Alien el Octavo Pasajero, Balde Runner, Gladiator, Red de mentiras, Black Hawk Derribado…) estrenaba American Gangster, una historia basada en hechos reales en la que cuenta el ascenso a finales de los 60 de un hombre negro que llegó a dominar el hasta entonces negocio liderado por los hombres blancos: el tráfico de heroína en las calles de Nueva York, especialmente en Harlem.

El director contó con un guionista de renombre, Steven Zaillian (La lista de Schindler, Gans of New York, Hannibal…) y supuso el reencuentro en pantalla de dos estrellas que ya habían sido pareja protagonista en la película Virtuosity, Russell Crowe y Denzel Washington, y que en esta ocasión las tornas dan un giro de 180º y el que fuera el fiel defensor de la ley ahora se convierte en villano (Washington) y el que fuera el villano en aquella ocasión ahora es el inquebrantable justiciero (Crowe) al que no le temblará el pulso a la hora de meter entre rejas a uno de los mayores criminales de la ciudad de Nueva York.

Pero antes de llegar a ese punto, debemos situarnos en el año 1968 cuando las calles de esta ciudad (NY) eran un hervidero de drogas dominado por mafiosos y es en uno de esos barrios, en Harlem, donde el Capo Bumpy Johnson (Clarence Williams III) muere repentinamente de un ataque al corazón, dejando un vacío de poder en las calles que rápidamente será ocupado por el que fuera su hombre de confianza, Frank Lucas (Denzel Washington). El resto de criminales que acuden al funeral de Bumpy, creen que con la muerte del capo sus deudas económicas con el difunto quedarán saldadas pero Lucas no piensa dejar que esos oportunistas aprovechen la muerte de su querido mentor para eludir sus obligaciones.

Crítica de la película The Equalizer 2 

Mejor que la primera, con un Denzel Washington soberbio y en su salsa.

Antonie Fuqua y Denzel Washington le han pillado totalmente el pulso al personaje de Robert McCall en esta segunda película, y se nota que ambos están más cómodos para abordarlo, más relajados, con menos lastres de presentación de personaje, y acercándose a una trama donde mantienen varios “casos” a la vez en el aire, como malabaristas hábiles del cine de intriga salpicado ocasionalmente con secuencias de violencia rápida y brutal donde de paso encuentran y explotan cierto tono de autoparodia -el tema del reloj- sin por ello descascarillar la tensión.

Creo que en esta segunda película consiguen equilibrar mejor esas dos identidades que conviven en las historias de la serie The Equalizer tal como las han repensado para el cine. La alianza entre una forma de abordar la intriga que remite al tono de cine setentero con historias de conspiración se da aquí la mano mejor que en la primera película con la parte de acción trepidante. Y el encuentro de Denzel Washington con Pedro Pascal funciona bien, aunque sin grandes sorpresas. El juego de los actores en general es el mejor aliado de la película para salir adelante y hacer sólidas e interesantes las partes más frágiles del relato. Esa fragilidad deriva del hecho de que en realidad tampoco es que no estén contando nada nuevo. Es una película de acción e intriga sólida, solvente y resolutiva en su contenido, que como muchas de las que habitaron la cartelera en la etapa de clásicos del género en los años setenta sale adelante porque tiene un guión bien organizado y bien equilibrado en sus partes esenciales, porque Fuqua sabe cómo sacarle el máximo partido a Denzel Washington, su actor-fetiche, en este género -no se le dio tan bien en el flojo remake de Los siete magníficos, pero incluso en aquella las partes más sólidas derivaban de la química director actor entre Fuqua y Washington, una de las mejores asociaciones de director-actor del cine actual, como vienen demostrando desde Día de entrenamiento-, y porque sabe cómo reforzar a su protagonista con la contribución de un cuadro de actores de reparto en el que además de Pascal saca muy buen partido a las breves pero contundentes contribuciones de Melissa Leo y Ashton Sanders en papeles más relevantes, pero también, y esto es aún más llamativo y sin duda esencial para darle solidez y madurez a la propuesta, en contribuciones más breves pero esenciales de Bill Pullman, Orson Bean y Sakina Jaffrey para revestir de mayor solvencia las partes más de tránsito y acompañamiento de otros momentos más esenciales de la historia. Derivado de todo ello, esta segunda película tiene más personalidad que la primera, tiene un final de acción más interesante y dinámico, y en su conjunto todo está más conseguido. Además puede profundizar más en el pasado del personaje incorporando información sobre el mismo de manera dinámica a la trama, lo que le proporciona más base y desarrollo al trabajo de Washington dando como resultado un personaje más completo.

Se preguntarán ustedes por qué si todo esto está tan bien no le he atizado cuatro estrellas en lugar de tres. Pues porque ahí algunas cosas que me chirrían especialmente. Vamos con ellas. Primero ese “buenismo” cargante que impregna algunos momentos particularmente babosos de la película. A ver, tengo clarísimo, y lo advierto antes de que salga el listillo/a de turno a tirarse del tirante, que el tema del buenismo forma parte de la propia personalidad del personaje. Lo acepto, no me lo trago ni por un segundo, ojo, me crispa y me parece un lastre que se empeñen tanto en convertirlo en una especie de banderita de buen rollo, pero, como decían en el anuncio aquel de los juegos de mesa: aceptamos barco como animal de compañía. Me gustaría que el tema de la redención lo llevaran por un lado menos simplón, sobre todo porque me parece una manera de justificar que el menda se ponga las botas cada vez que se lía a repartir leña con consecuencias particularmente brutales y sangrientas. Da la sensación de que la previsible satisfacción sádica del espectador por ver tan expeditivo reparto de tollinas quedara liberada de toda responsabilidad o mal rollo por la vía del buen rollo. Me parece algo farisaico el asunto. Pero lo que me ha aniquilado en esta película es el desenlace del abuelete que busca el cuadro. Creo que ahí se les ha ido la mano. Mucho. Es un final de telefilme, modo “El equipo A” y creo que no pega nada con la interesante y narrativamente saludable amargura y tristeza que transpira todo el resto de la película. Tampoco me convence el “momento mensaje” metido con calzador entre Denzel y su joven vecino en el edificio de los camellos, pero al menos en ese caso lo bien que funcionan los actores hacen que lo pueda hacer pasar por la garganta y me lo trague a regañadientes sabiendo que es más falso que el alma del propio Judas. Otro arrebato de telefilme. Y, bueno, lo de ese Deus ex machina del golpe de viento en la torre ha conseguido que escuche incluso el mecanismo de poleas de guión como si estuviera rascándome la toga en un teatro griego mientras me tatúan en el antebrazo apò mekhanês theós. Esperaba que resolvieran ese interesante huerto de estrategia en el que se habían metido sin salirse por la tangente. Ah, y bueno, lo del pasajero con pinta chunga que, ¡sorpresa!, resulta ser un chungo, no puedo decir que me haya sorprendido especialmente. En general, la parte de intriga propiamente dicha, me ha sorprendido poco, principalmente porque pescan peces de plástico en el mismo barril de siempre y no arriesgan, pero tampoco voy a pedirle más a este tipo de producto que, insisto, en todo lo demás me parece bastante sólido y me ha proporcionado un buen rato de cine de acción e intriga, tomándose además el tiempo necesario para construir su historia abordando personajes y asuntos de carácter más secundario, cosa que es muy de agradecer.

Al contrario que otras películas de intriga y acción, The Equalizer 2 sí es una película, película. Y bastante completa.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Los siete magníficos

Floja y decepcionante en varios aspectos, es entretenida pero no convence.

La asociación de Antoine Fuqua y Denzel Washington en una película del oeste merecía más. Su visita a la mitología de la icónica Los siete magnificos merecía más. Ye esperaba más de un guión del creador de True Detective, Nic Pizzolatto. El personaje de Chris Pratt merecía más desarrollo del que tiene, no puede ser simplemente un comparsa humorístico de Denzel. El propio Denzel merecía más porque su personaje, aún teniendo todo el apoyo del director, que parece haber devaluado el resto de “magníficos” para reforzar la “magnificencia” de su protagonista, está dibujado con trazos desiguales y como a todo el resto de sus compañeros le falta una escena definitoria que marque al personaje similar a la que tuviera Yul Brynner en la versión de John Sturges en los años 60 en el cementerio, junto a Steve McQueen, lo que podríamos llamar la clave épica. En lugar de esa presentación de clave épica, Fuqua y sus guionistas prefieren darle al personaje una explicación final que además de innecesaria incluye una especie de giro al modo del western europeo con sus historias de venganza que llega demasiado tarde al relato para proporcionarle al personaje una motivación sólida para su conducta, y tampoco ejerce bien el rol de elemento de intriga sobre su pasado, aunque lo pretenda.

El tándem Denzel Washington/Antoine Fuqua nos trae un buen thriller de acción. Un tándem que es más conocido por los espectadores por habernos brindado aquella magnífica película a camino entre el thriller y el policíaco, llamada Training Day, que supuso un Oscar para el actor y que se quedó en la memoria del espectador. Años después, el listón estaba tan alto que no les perdonamos ni una, y por eso The Equalizer, que juega en una liga completamente distinta, no tiene ni las mismas metas ni las mismas bases que Training Day. En este caso sólo busca entretener y, en caso de funcionar en taquilla como lo está haciendo, crear una saga basada en el personaje, heredado de la serie de tv del mismo título.

Para empezar, el guión de aquella era de David Ayer, y eso se nota, y aunque el trabajo de Richard Wenk al adaptar la serie es más que competente, no está al mismo nivel. Un hombre con un misterioso pasado, que intenta pasar desapercibido por el mundo, resulta ser un agente de la CIA retirado que no puede dejar atrás quién fue cuando se decide a ayudar a una joven prostituta en manos de unos mafiosos rusos. Algo que desencadenará una serie de eventos casi impredecibles. Podría decirse que la película es una suerte de origen para el personaje de Robert McCall, aquí interpretado por el siempre magnífico Denzel Washington. El actor se bebe el papel, con sus frases lapidarias, su parquedad de palabras, su determinación y esa mirada que tan bien describe el personaje de Chloë Grace Moretz, una joven que cada vez es mejor actriz.

Ni qué decir que poner de villano a Marton Csokas es otro acierto de la película, que va generando tensión poco a poco, haciendo crecer la trama de forma interesante sobre todo en su primera hora de metraje, pero a la que finalmente le sobran kilos y termina por agotarse durante algunos tramos. Digamos que sus casi dos horas y cuarto de duración terminan teniendo demasiados valles, demasiadas historias innecesarias (el compañero que quiere ser guardia de seguridad, por ejemplo, esa historia debería haber sido muy podada) y apariciones estelares, las de Bill Pullman y Melissa Leo, sin casi ningún peso.

Por eso el resultado finalmente es descompensado. El personaje de Moretz desaparece a mitad de película sin explicación hasta el final de la misma, y no está tan aprovechado como debería. Cuando la investigación avanza, cuando McCall entra en acción (de una u otra forma, no sólo a golpes), recuerda a los mejores papeles de Liam Neeson en el cine reciente de acción y suspense. Pero cuando pretende abarcar demasiado se despista y cansa al espectador hasta que retoma el rumbo. El conjunto final es una película muy satisfactoria, sobre todo en su primera parte, entretenida y potente por momentos (tiene escenas de una fuerza incontestable y Fuqua es un gran director de escenas de acción, grandes y pequeñas), pero a la que terminan sobrándole algunas cosas. Con todo, es perfectamente disfrutable.

Jesús Usero

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Crítica de la película 2 Guns

2 Guns, Posiblemente la mejor y más divertida película de acción policial que he visto este año.

Baltasar Kormákur es un director al que le sigo la pista desde que vi Verdades ocultas, y que ya demostró su capacidad para adaptarse a las exigencias del mercado americano dirigiendo Contrabando. En mi opinión con su trabajo de adaptación de la novela gráfica al cine en 2 Guns demuestra que es uno de los valores en alza entre los narradores del género policial del cine de nuestros días. Además 2 Guns confirma lo que ya se anunciaba en sus largometrajes anteriores, que entre sus cualidades se cuenta la capacidad para desatascar el género de acción policíaco de sus tópicos y reiteraciones y renovarlo con una mezcla cool de estilo setentero bien combinada con una puesta en escena más actual y trepidante. Como ocurría en el cine de los setenta, su principal herramienta, su mejor efecto especial, el mejor resorte para hacer funcionar el guión, son los actores. La química entre Denzel Washington y Mark Wahlberg es como la de una pareja de baile bien conjuntada, una especie de Fred Astaire y Ginger Rogers del cine de acción que ha reescrito las normas de las buddy movies para poner al día este tipo de tramas con renovada vitalidad y sobrados recursos. Una química que se advierte desde la primera secuencia de la película y que automáticamente te engancha como espectador esperando qué es lo próximo que les va a ocurrir a esos tipos. Es el mismo efecto que tenían los grandes clásicos del cine policial de los sesenta y setenta, y ambos actores demuestran la misma eficacia para engancharnos  a la trama que en su momento tuvieron los grandes astros del género, los Lee Marvin, Clint Eastwood, Charles Bronson, Steve McQueen, etcétera. Esos dos tipos ya te caen bien desde que los ves salir del coche y deambular por la cafetería: te caen bien porque son el anticipo de que van a pasar un montón de cosas a su alrededor en la que es sin duda una de las películas más entretenidas que he visto este año en el cine.

A partir de ahí, incluso cuando la película se acerca a los tópicos –por ejemplo Méjico sique siendo el patio trasero de juegos de los Estados Unidos, un lugar para vivir aventuras y retroceder a los paisajes lejanos del western clásico-, el guión y el director se las ingenian para darnos algo distinto, siempre partiendo de la personalidad de sus actores. Es el caso de Papi, el jefe del cartel mejicano interpretado con la solvencia que le caracteriza por Edward James Olmos, o del agente norteamericano que persigue a los protagonistas interpretado por Bill Paxton, o de esa especie de variante latina de Jessica Lange cuando era joven que es Paula Patton en el papel de Deb… ¡Si hasta el habitualmente sosainas James Marsden consigue levantar el vuelo en su papel como oficial de la Marina de los Estados Unidos!

De manera que primer punto a favor de la película, o primera pista de por qué funciona tan bien: construir sobre los actores. Pero, claro, los actores necesitan construir a su vez los personajes sobre un buen guión, y en ese aspecto 2 Guns también está bien servida con un planteamiento argumental que nos mete de cabeza en la trama partiendo de una narración en flashback que bajo su peripecia de enredo policial, persecuciones y tiroteos oculta además una interesante fábula sobre la recuperación de la identidad por parte de los dos protagonistas, y la corrupción y el enmascaramiento como medio de vida y subsistencia para nuestra sociedad.

Pondré un ejemplo de por qué me parece que sobrevive a todos los tópicos por los que transita resolviendo con habilidad situaciones sobradamente vistas: la conversación telefónica que mantienen los dos protagonistas utilizando como puente visual la mira telescópica del arma que empuña Wahlberg. Ese momento de “ventana indiscreta” sirve para ejemplificar cuáles son las claves y cómo opera la mezcla de intriga y acción de 2 Guns. El final de esa conversación no sólo forja con elegancia y eficacia la identidad del vínculo entre los dos protagonistas, sino que además culmina en una secuencia de acción que, como todas las de la película, posee su propia personalidad, su sello frente a otro cualquier momento de acción que hayamos podido ver recientemente en la pantalla: es dinámica y al mismo tiempo interesante, se ve todo lo que tiene que verse, sin montajes rápidos que escamoteen el intercambio de golpes o disparos. Y desde esa secuencia pasamos al picado en la casa del oficial de la DEA, Jessup.

Segundo punto a favor de la película: el dinamismo visual que llega precedido por esa interpretación en clave de coreografía entre los dos protagonistas, más bailarines de la acción que cualquier otra cosa, se combina con un dinamismo igual en la hibridación del género policíaco trepidante con la comedia. Toda la película habita continuamente en ese territorio híbrido, con personajes que se ríen de su papel como lugares comunes del cine de géneros. Un buen ejemplo de lo bien que funciona esa fórmula de autoparodia y de la química entre Washington y Wahlberg lo encontramos en la pelea entre ambos en el desierto, culminando la persecución en los coches, y el momento: “a la de 3 nos soltamos”, que me ha recordado el momento del salto al río de Newman y Redford en Dos hombres y un destino… con su puntito más friqui de comedia disparatada estilo Le llamaban Trinidad con Bud Spencer y Terence Hill.  

Tercer punto a favor: la forma de manejar la narración de la trama de intriga como si fuera una comedia de enredo, ejemplificada entre otros muchos momentos por ese diálogo a tres bandas de Wahlberg, Washington y Patton en la casa de la agente de la DEA… discutiendo por un yogur.

Cuarto punto a favor: diálogos que en dos líneas definen todo un personaje, como el de Bill Paxton cuando afirma: “Es un mercado libre, no un mundo libre”.

Y finalmente la capacidad para cambiar de tono cómico a dramático sin perder por ello la personalidad general de enredo cómico que preside el total del largometraje.

Resumiendo: 2 Guns es un blanco perfecto en todo el centro de la diana del cine de acción, y como he dicho antes, de lo mejor y más recomendable que se puede ver en el género policíaco en estos momentos.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El vuelo

Denzel Washington se echa encima un drama vibrante gracias a su director. Ahí reside la clave de los grandes momentos de cine que tiene El Vuelo, sus actores y su director. Un director, Robert Zemeckis, que no rodaba una película de acción real desde Náufrago, estrenada hace ya más de 12 años, dedicado como estaba a sus proyectos de animación con captura de movimiento, que resultaron mediocres en el mejor de los casos (Beowulf, Cuento de Navidad y Polar Express no pasarán precisamente a la historia del cine de animación y sus avances tecnológicos han quedado… obsoletos en gran medida, como demostró Avatar), mientras que en el cine de imagen real al siempre considerado heredero natural de Steven Spielberg, aunque eso quede ya muy lejos en el tiempo, le debemos películas como Tras el Corazón Verde, la trilogía de Regreso al Futuro, Forrest Gump o La Muerte os Sienta tan Bien. No es que siempre fuese brillante, pero mucho mejor que en el campo de la animación creo que podemos concretar que era. Y es. Y se encarga de demostrarlo en El Vuelo, que no pasaría de ser un telefilm de no ser por su trabajo y por el del reparto liderado por Whasington. Eso es lo que hace a esta película algo especial, diferente, vibrante por momentos, sobre todo en su primera parte, donde lo que vamos a ver es menos previsible, menos conocido. Y donde se demuestra que el cine es un arte visual, que el guión es la base imprescindible, pero que un director con pulso puede sacar adelante un guión normalito con mucho más que solvencia.

Y aquí muchos dirán que la película flaquea, que no sorprende, que el guión es blandito… Que sí, que es cierto, pero se olvidan de lo importante que es la narrativa en una película, el arte de contar una historia, saber hacerlo y plasmarlo de forma interesante y novedosa en pantalla. Todas las historias están ya contadas desde el tiempo de los griegos, pero depende de cada narrador el hacer esas historias interesantes y aparentemente nuevas para todos. Aquí tenemos una historia de un tipo que tiene todas las adicciones del mundo (le falta esnifar pegamento), y pese a ello sigue trabajando como piloto comercial. En un vuelo, tras pasar lo peor de una tormenta, el avión falla y sólo su pericia impide que la catástrofe acabe con la vida de todos en el avión. Una proeza de héroe, pese a estar borracho y colocado. Algo irrepetible que, pese a todo, le dejará expuesto cuando se descubran todas sus miserias. Y lo que podría convertirse en un drama judicial sobre la culpa de un hombre o lo que nos convierte en héroes, en realidad da paso a un viaje en la vida de un hombre a su propio infierno, hasta que toca fondo y no puede más.

Vamos, que esto no es un thriller, sino un drama personal sobre un adicto, como podrían serlo otras joyas del cine, superiores a ésta, como Días sin Huella o Días de Vino y Rosas, añadiendo el tema de las drogas, como si eso fuese lo que la convierte en una película más madura y oscura. Como he mencionado antes el guión es correcto, nada más. Se excede en el tema religioso y como presenta a los personajes creyentes, que provocan más de una sonrisa, me temo. Y también deja colgada la relación del protagonista con su ex y su hijo, para centrarse en una historia romántica que realmente es la parte más débil de la película, incluso pese al gran trabajo de Kelly Reilly, a quien recordamos de las películas de Sherlock Holmes actuales como la mujer del Doctor Watson, aquí bellísima pese a la adicción. Tiene buenos momentos como la charla del padre y el hijo al final de la película, el momento en el hospital escondiéndose en las escaleras para fumar, con el enfermo de cáncer, la charla en el hangar con el abogado y el amigo del sindicato de pilotos, la habitación de hotel… El resto del guión es telefílmico y poco más. Perfecto para una tv movie de esas que vemos en la sobremesa del fin de semana…

Pero, y es un grandísimo pero, ahí están los actores para levantar la película. Por supuesto un Denzel Washington magnífico en su camino al olvido, pero escoltado brillantemente por nombres como Bruce Greenwood, Don Cheadle, John Goodman, Kelly Reilly o Melissa Leo, aunque algunos de ellos no estén todo lo aprovechados que deberían estar. Y además de eso, por si fuese poco, tenemos un director que durante la primera hora larga de película nos introduce en un vuelo de pesadilla, un viaje que bien podría ser el último, que resuelve con un pulso y una brillantez que te dejan pegado a la butaca durante el accidente, los momentos anteriores y los posteriores. Simplemente sensacional. Un portento narrativo que te mete de cabeza en la película y la hace algo más, algo especial. Algo que merece la pena ser visto y que elevan la película muy por encima de la media.

Sí, luego el ritmo se resiente y es cuando todo se convierte en previsible y visto antes. Todo discurre por caminos conocidos. Pero por esa primera hora y por los actores, se salvan con creces los muebles. Ya rodó Zemeckis una escena de accidente aéreo espeluznante en Náufrago y aquí lo convierte en todo un arte. Es la cumbre de una película interesante e intensa, que nunca llega a aburrir pese a lo antes mencionado. Por mucho que algunos se empeñen en mirar sólo lo más obvio. Quien vaya al cine sin prejuicios se encontrará con una película entretenida, dramática y muy bien contada e interpretada, sobre un hombre obligado a aceptar la verdad sobre sí mismo. Y puede que haya películas mejores sobre el mismo tema, pero difícilmente las habrá mejor narradas. Esperemos que le sirva a Robert Zemeckis para dar un paso al frente en su carrera y dejar las películas animadas para quien realmente las sabe hacer.

Jesús Usero.

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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Crítica de la película El Invitado

Cine de acción con nervio y dos grandes protagonistas, a veces pasado de revoluciones. El Invitado nos propone una curiosa mezcla dentro del género de acción más trepidante, que se degusta como un caramelo debido a la escasez que tenemos últimamente dentro del género y más si es de calidad. O con unos mínimos aceptables de calidad que demuestren que no nos toman por tontos. En este caso tenemos lo que podría considerarse una buddy movie, dos tipos contra el mundo y contra ellos mismos, pero pasado por el tamiz de la daga Bourne, que es sin duda el referente del cine de acción de mayor peso en la actualidad. Aquí se aprovecha todo de la saga de Matt Damon, desde la estética y la imagen a la narración. Con dispares resultados, eso sí.

Pero es cierto que el aficionado al cine de acción lleva un tiempo algo abandonado por las productoras. Me refiero al cine de acción más “clásico”, no a productos derivados que caen en la acción, como Sherlock Holmes o Misión Imposible. Una película del estilo de las mencionadas de Jason Bourne, o los últimos James Bond, La Jungla de Cristal… Cosas de esa terna. Nos lo ofrece El Invitado con una trama que implica a la CIA y un piso franco, su controlador, un invitado y un grupo de asesinos detrás de ambos. No conviene decir mucho más para que el público no vaya a la sala sabiendo demasiado. Aunque sus giros de guión sean algo toscos y previsibles.

Pero la película es como una descarga de adrenalina en vena. Ambientada en Sudáfrica, la textura con exceso de grano y demás de la que hablábamos antes, le sienta genial a la ciudad, que desde los pocos minutos se convierte en un laberinto de gente, asesinos, persecuciones y violencia, un territorio hostil del que nunca sabes de dónde puede venir el peligro (balas perdidas, coches que surgen de la nada o explotan sin previo aviso). Es una forma de darle realismo y tensión a la trama y funciona. No funcionan tan bien  las escenas de acción, montadas de esa forma que cuando se pelean dos tipos, no sabes qué demonios sucede en pantalla. Las persecuciones y tiroteos quedan mejor, pero las peleas… Cuenta pendiente de la película. Hay una en una barriada de chabolas, por la noche, que no sabes si está peleando Denzel Washington o se está apareando un león o están remodelando un piso. Cualquier opción podría ser.

Los actores principales se defienden solos con su nombre, lo mismo que los secundarios, aunque Denzel tiene un par de momentos que suele tener últimamente en sus películas en los que a su personaje, sin motivo aparente, se le va la pinza, empieza a hablar en plan jeroglífico. Reynolds ya ha demostrado con creces que es un gran actor (ojo a su primera muerte con sus propias manos), y estar acompañados de nombres como Brendan Gleeson, Vera Farmiga o Sam Shepard ayuda mucho. Aunque la presencia de Robert Patrick y Rubén Blades sea sólo testimonial, por desgracia.

Le falta algo de personalidad propia, de no mimetizar otras fuentes y ser una película por sí misma, pero supone un entretenimiento de lujo, más adulto de lo habitual, con un tono moral extraño hoy en día (los personajes amorales pagan sus deudas y esas cosas) y con mucha adrenalina y tensión.

Jesús Usero

Revista mensual que te ofrece la información cinematográfica de una forma amena y fresca. Todos los meses incluye reportajes de los estrenos de cine, analisis de las novedades televisivas, entrevistas, pósters y fichas coleccionables tanto de cine clásico como moderno.

     

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