Mamá, muy buen cine de terror, cuento siniestro al estilo Guillermo del Toro con una gran Jessica Chastain.

El carácter de autor de Guillermo del Toro se extiende hasta los trabajos que respalda como productor, y Mamá es una buena muestra de ello. Es una gran película de terror co-escrita y dirigida por Andrés Muschietti, al que no cabe restarle un ápice de autoría en este excelente trabajo, pero al mismo tiempo encaja perfectamente en el puzzle de lo grotesco y lo inquietante que viene construyendo Guillermo del Toro tanto cuando él mismo dirige la película, caso de Cronos, El espinazo del diablo, El laberinto del fauno, como cuando la produce. Nuevamente encontramos la infancia en el epicentro del relato, nuevamente nos sorprende una adaptación de las delicias más siniestras que encierran los cuentos infantiles clásicos llevados un punto más allá para mezclarse con los miedos de los adultos a medio madurar en que nos ha ido convirtiendo esta sociedad nuestra tan inclinada a renegar de las responsabilidades. Reaparece también en el relato esa característica esencial en el planteamiento de las historias de terror tejidas por Guillermo del Toro según las cuales el monstruo no sólo es la amenaza sino también en cierto modo una víctima. Y por supuesto tras los sustos, al margen de lo terrorífico propiamente dicho, el tratamiento del género encuentra el camino para desarrollar unos personajes que son una construcción más propia del cine de autor que del cine de evasión y consumo genérico. Es decir, que la película toma del género lo que más le interesa, juega con sus tópicos más propicios para enganchar al espectador en una fórmula que ya conoce, pero en realidad no se construye sobre éstos, sino centrándose en los personajes y en la interpretación. Si hay efectos especiales, están ahí sólo como muletas o herramientas visuales para respaldar las emociones que nos transmite la interpretación, nunca como protagonistas. Incluso el cine más comercial de Guillermo del Toro trabaja sobre esas misma premisas, y por eso esperamos con tanto interés su próxima película como director, Pacific Rim, mientras hacemos memoria de lo que ya nos dio con títulos como Blade II o Las dos entregas de Hellboy: sabemos que incluso en su cine más comercial la película siempre se construye sobre los actores, respetando al público incluso desde el uso más descarado de los tópicos del género, y administrando una sana dosis de cine de evasión con una calidad que no es en absoluto habitual en el cine comercial. El cine comercial de Guillermo del Toro siempre da algo más. Su cine como autor da mucho más. Sus trabajos como productor siempre juegan en el territorio del cine de autor de calidad. Y lo mejor de todo ello es que, como demuestra el excelente trabajo de Muschietti en Mamá: nunca olvida al espectador. Dicho de otro modo, es imposible aburrirse en este tipo de películas, y si son de miedo tienes garantizados unos cuantos sobresaltos, pero lo más importante no es eso. Mamá demuestra una vez más que lo más importante es que al salir del cine este tipo de historias te acompañan hasta tu casa y siguen dando vueltas en tu cabeza en lugar de perecer abandonadas en el momento en que te levantas de la butaca incluso antes de que acaben los títulos de crédito y te largas del cine sintiéndote un tanto vacío.

Mamá tiene además unos potentes aliados, un reparto capitaneado con la energía y solvencia que ya la caracteriza por Jessica Chastain, actriz que entre 2012 y 2013 ha dado el paso definitivo para convertirse en una de las féminas imprescindibles del cine de nuestros días y que con Mamá completa un ramillete de grandes trabajos en una etapa brillante que bien merecería culminar ganando el Oscar por su papel en La noche más oscura. Junto a ella el Matarreyes de la serie Juego de tronos, Nikolaj Coster-Waldau, y las dos niñas, Megan Charpentier e Isabelle Nélisse, completan un protagonismo a cuatro bandas que funciona como una máquina bien engrasada.

El personaje de Chastain es la materialiación de todos los miedos a la maternidad no deseada, y como en todo argumento bien construido, para ella la trama de terror que se desenvuelve inicialmente como una intriga inquietante, saca el máximo partido a una puesta en escena y planteamientos que me recuerdan el de las películas de terror asiático, jugando con sugerir más que con mostrar. La secuencia de Chastain frente a la puerta del armario a medio cerrar donde se oculta el terror (un clásico de los miedos infantiles, tan bien engarzados en este relato con los miedos adultos, como la citada maternidad no deseada o el miedo a la pérdida de los hijos en los progenitores), es todo un ejemplo de cómo sacar el máximo partido a la puesta en escena, los actores y la situación, más que al susto gratuito y perfectamente olvidable. Esos miedos que he mencionado abarcan a todo el espectro de la audiencia posible pero manteniendo un perfecto equilibrio, lo cual es otro logro de la película en unos momentos en los que el cine de terror adolescente ha dejado de ser interesante por su total estancamiento. La combinación de los miedos que acosan a público de todas las edades en un planteamiento narrativo de mayor madurez es muy saludable para este género que necesita sobre todo acumular propuestas atrevidas y de calidad para poder restablecerse como una propuesta cinematográfica interesante.

Mamá atrapa al espectador desde su prólogo jugando con los tópicos a su mejor conveniencia, pero antes de que termine esa etapa de apertura del relato ya establece su propia personalidad estableciendo con la primera aparición de la verdadera amenaza un sello creativo visualmente emparentado con el universo creativo de Guillermo del Toro. Luego incorpora narrativamente un breve apunte argumental que asienta sus raíces en El pequeño salvaje de Truffaut pero manejado como un anticipo de la amenaza al estilo documental del arranque de otro recomendable título de terror, Martyrs, progresa trabajando con una puesta en escena más cercana a la de inquietante cine asiático de terror que a la explotación del género propia del cine norteamericano y esgrime con pulso firme sus momentos de revelación de la amenaza, por ejemplo en la escena del desayuno preparado por la niña que llama a su madre…

De ese modo el director construye una película que más que terror es un viaje emocional por la historia de una familia rota que intenta reconstruirse, hasta arrastrarnos a un final en el que, algo inusitado en el cine de miedo y que demuestra la riqueza de la propuesta, las emociones se mezclan y el terror puede dejar paso en buena parte de los espectadores a un atisbo de lágrima a punto de asomar por el ojo. Hacer ese giro desde el miedo a la tragedia y poner al espectador en un nivel de emociones totalmente distinto es un broche de oro para una de las más interesantes películas de terror que hemos visto en el cine en mucho tiempo.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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