El actor Jeremy Renner repetirá su papel en una serie para Disney + que seguirá la linea de la de Loki, según una filtración.

Creo que muchos lo esperábamos desde que se anunció la serie de Loki con Tom Hiddelston y se empezó a hablar de las series sobre La Bruja Escarlata y La Visión, y la de Halcón y el Soldado de Invierno. Quizá la importancia del personaje en Vengadores: Endgame ha hecho que no sepamos mucho antes la noticia que ahora revela The Wrap en exclusiva, anunciando que fuentes internas ligadas al proyecto han confirmado que Ojo de Halcón tendrá una serie de televisión en Disney + con Jeremy Renner de protagonista, y que además nos será una precuela.

Crítica de la película Wind River 

Un increíble thriller policíaco que te atrapa desde los primeros minutos

En 2017 vio la luz este maravilloso thriller policíaco dirigido por Taylor Sheridan, quien a nivel de dirección no es demasiado conocido al ser esta su segunda película como director pero que, sin embargo, como guionista tiene un currículum espectacular con títulos como Sicario 1, Sicario 2 El día del soldado y Comanchería. En esta ocasión también hace la labor de guionista demostrando su increíble talento para construir buenas historias partiendo de ideas sencillas, las cuales ya han sido bastante explotadas, haciendo aún más admirable su labor al conseguir hacer un film tan interesante a la par que entretenido.

En esta película Sheridan combina perfectamente diferentes géneros: drama, thriller, policíaco, suspense y acción… todo ello con unos exteriores maravillosos en las montañas nevadas de Wyoming, dentro de una reserva india.

Y es precisamente en esos exteriores donde comienza la película, con una joven corriendo por la nieve en plena noche mientras huye de algo o de alguien... y mediante una elipsis llegamos a Wind River, una reserva india en las montañas de Wyoming en la que Cory (Jeremy Renner), un padre que hace años perdió a su hija provocando que su matrimonio quedase roto por aquel terrible suceso, trabaja como agente de caza y pesca, cazando a los depredadores que matan el ganado, principalmente coyotes.

El actor protagonista de la franquicia de Misión Imposible iba a abandonar su protagonismo al final de la película para dejar paso a Jeremy Renner como nuevo líder de la saga.

Parece que la historia podía haber sido muy distinta a cómo la recordamos. Desde hace mucho tiempo se rumorea que Tom Cruise podía haber abandonado la franquicia Misión Imposible tras la cuarta entrega, Protocolo Fantasma, pero finalmente no sucedió, y nunca llegó a confirmarse… hasta la fecha. Al parecer la situación entre Paramount y Cruise se había deteriorado debido a varias polémicas públicas (el momento del sofá de Oprah Winfrey, por ejemplo…) y pensaron en cambiar de dirección con la franquicia. Obviamente Paramount necesitaba a Cruise una última vez, y las cosas se arreglaron para Protocolo Fantasma, con la intención de que inicialmente Jeremy Renner fuese el sustituto.

Crítica de la película La llegada

Una de las mejores películas del año. Dennis Villeneuve vuelve a fascinar con una arriesgada e inteligente propuesta de ciencia ficción, que sirve como tantas veces en el género, como metáfora de la propia condición humana, de quiénes somos o lo que somos, lo que podemos conseguir y destruir. Lo hace además sin subirse a ningún púlpito para sermonear al personal, sin discursos ni proclamas, con mucha sencillez y anclando la historia en un personaje, el de Amy Adams, que es en muchos sentidos todos y cada uno de nosotros. Una bellísima película sobre el lenguaje y la comunicación o falta de la misma, sin dejar de lado nuestros miedos, nuestros deseos… Quizá no sea para todo el mundo, quizá el público no tenga la paciencia necesaria para disfrutar de una película con “invasión” alienígena que no se centra en los efectos visuales, ni en la acción, ni en los diálogos épicos o similares. Es una historia intimista, que he leído al guionista Max Landis, que es un cruce entre El Árbol de la Vida y Encuentros en la Tercera Fase. Puede ser una buena comparativa, pero en realidad tiene más que ver con Interstellar, aunque alguno no quiera verlo…

Villeneuve ha demostrado ser uno de los más brillantes directores de la actualidad. Uno de esos talentos que son capaces de maravillar con cada una de sus nuevas propuestas, y que además es capaz de saltar de un género a otro con una facilidad pasmosa (aunque personalmente lo que hace con el policíaco y el thriller en Prisioneros y Sicario es lo que más me gusta de su trabajo. Y mira que me encantan Enemy o Incendies. Pero esas dos… son el tipo de cine que me hace vibrar en la butaca de un cine). Aquí pasa a la ciencia ficción, aunque en realidad no deja de ser una excusa para tratar otros temas, algunos recurrentes en su filmografía. Pero si teníamos algún tipo de miedo de lo que podía suceder con Blade Runner 2049, la esperada secuela de Blade Runner, podemos perder ese miedo por completo. Villeneuve va a hacer una película que sorprenderá a todo el mundo, lo tengo más que claro. Como ha sorprendido a todos esta historia donde el tiempo y la realidad se mezclan para dar una sensación tanto de viaje como de sueño, de mezcla de realidad y fantasía. Y de una humanidad aplastante.

Inteligente guion sobre la investigación de un periodista de raza llamado Gary Webb. La película es como un manual activo sobre los problemas de un informador para sacar adelante una historia demasiado polémica.

Ver el nombre del neoyorquino Michael Cuesta encabezando los títulos de crédito de este filme no resulta nada extraño. El director de la serie Homeland es un experto en levantar reflexiones sobre las manipulaciones de los organismos gubernamentales, y la historia de Gary Webb fue básicamente eso.

Enrolado en el poco glamuroso San José Mercury News por distintos tumbos y conflictos con jefes de redacción apoltronados en sus despachos, Webb era un trabajador incansable, con un instinto para la noticia muy por encima de sus compañeros de cabeceras de tiradas millonarias, tales como The L.A. Times o The Washington Post. Así dio con el scoop aparentemente inofensivo, y sin peso para la mayoría de sus colegas, de un narcotraficante en cuyo juicio había implicaciones sospechosas de la C.I.A.

A partir de ahí, Gary consiguió establecer una relación bastante complicada entre el tráfico de drogas en Estados Unidos y la agencia de espionaje norteamericana más importante de la nación. En concreto, sus sospechas establecían que las autoridades compraban grandes cantidades de heroína y cocaína para introducirlas en el territorio de las barras y estrellas. Operación que proveía de dinero negro para la compra de cargamentos de armas con destino a la Contra nicaragüense.

Cuesta afronta los hechos desde la perspectiva de un thriller montado como si fuera un fastuoso mecano de revelaciones sorprendentes, en el que cada pieza es esencial para componer la figura resultante. Sin obsesionarse con identificar documentalmente todos los pasos seguidos por el protagonista, la película funciona en la misma línea en la que lo hacían producciones del estilo de Todos los hombres del presidente y El informe Pelícano. Siempre avalada por una trama altamente emocional, en donde la conexión con el periodista solitario es tan sólida como una roca.

En este terreno, la adrenalítica interpretación de Jeremy Renner (quien encarna a Gary Webb) se atisba como necesaria para establecer la demandada empatía con el espectador. La estrella de El legado de Bourne diseña un personaje en continuo movimiento, espoleado por sus ansias en la búsqueda de la verdad (o lo más parecido a ella). Aunque el resto del elenco también contribuye para que la tarea del protagonista llegue a las metas planteadas. Un cuadro dramático que incluye nombres tan carismáticos como el de Paz Vega, Andy Garcia, Michael Sheen o Ray Liotta.

Sin embargo, un elemento contribuye a que los efectos de Matar al mensajero se queden por debajo de otros títulos con similar factura. Y este se centra en la imposibilidad del libreto para dotar de peso efectivo a los papeles secundarios. Dentro del organigrama proyectado por Cuesta, queda muy claro que Webb es el auténtico leitmotiv, pero no habría estado de más que prestara mayor atención a la galería de implicados; ya que esa suele ser la fórmula ideal para lograr una obra mucho más contundente y demoledora.

Jesús Martín

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Crítica de la película El legado de Bourne con Jeremy Renner

El legado de Bourne hace honor a la saga y abre nuevos horizontes para la misma con solvencia y un trío protagonista impecable. Un espectáculo de intriga muy logrado. Muy entretenido. Visualmente espectacular desde su primera secuencia. Y lo que es más importante: fiel a la trilogía protagonizada por Matt Damon. No debemos olvidar que su director y guionista, Tony Gilroy, ha estado en la construcción y gestión de la franquicia de Bourne desde su principio, trabajando en los guiones de la misma. De manera que le ha resultado bastante asequible construir esta especie de pieza complementaria de la trilogía compuesta por El caso Bourne, El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne, integrando con fluidez El legado de Bourne en el resto.

Entre las cosas que más me han gustado de la película destacaría especialmente a Jeremy Renner, uno de los grandes descubrimientos del cine de acción de los últimos años, que ha completado una temporada brutal de creciente protagonismo con sus brillantes intervenciones en Protocolo fantasma (casi se come a Tom Cruise, jefe de pista del asunto) y Los Vengadores (donde no le perdió la cara al resto del amplio reparto convocado para la ocasión). Renner es un actor que me recuerda el estilo “cool” de Steve McQueen. Además aquí le acompaña una de las mujeres más atractivas del cine de nuestros días, Rachel Weistz, que no ha hecho más que crecer y madurar como actriz desde su simpático pero tópico papel de la heroína de las dos primeras entregas de La momia y a estas alturas de su carrera cuenta con títulos suficientes en su filmografía como para ser tomada muy en serio como intérprete, además de haberle sacado un impresionante partido de atractivo físico con la madurez. Completando el trío nos encontramos a uno de los rebeldes de Hollywood, un enorme actor, grande de verdad, en mi opinión el legítimo heredero de Robert De Niro, sino le hubieran puesto encima la etiqueta de conflictivo, cuando quizá su gran pecado es ser un tipo perfeccionista y exigente: Edward Norton. Un tipo que aparece corriendo por una calle, mira a cámara y ya se ha metido al público en el bolsillo construyendo el 90 por ciento de su personaje sólo con esa mirada. Y la mirada se la lanza a un veterano de los que también llena el plano sólo con aparecer y abrir la boca: Stacy Keach. Quienes se empeñan en recordarle sólo por aquella entretenida serie de televisión en la que interpretó una de las versiones más macarras del muy macarra detective Mike Hammer, creado por Mickey Spillane, deberían tener en cuenta que también ha protagonizado joyas como Fat City, de John Huston, o Forajidos de leyenda, de Walter Hill, y eso por citar sólo dos de las más destacadas contribuciones a su filmografía, donde no puede faltar tampoco su anterior encuentro con Edward Norton interpretando a un líder nazi oportunista y francamente siniestro en American History X. A estas aportaciones se añaden en clave de cameo para unir esta película al resto de la saga y darle continuidad a la trama las de algunos de los co-protagonistas de la trilogía de Bourne, Joan Allen, David Strathairn y Scott Glenn.

El director saca el máximo partido a ese reparto de lujo, sólido y solvente como pocos, manteniendo la forma de narrar de la cámara en movimiento y los planos muy cercanos en las escenas de diálogo, trabajando las escenas de interiores con notable dinamismo y desarrollando un estilo que consigue una perfecta comunión entre el fondo y la forma. Citaré sólo un par de ejemplos para no alargar esta crítica más de lo necesario o desvelar algún spoiler que pueda reventarle la intriga a los lectores.

El primero precede a una de las escenas de más tensión, una tensión que llega precedida por un plano muy significativo en el que el personaje de Rachel Weisz baja por una escalera cuya espiral provoca vértigo, descendiendo hacia el caos en el que va a convertirse su vida.

La otra está algo más adelante, hacia la mitad de la película, en un punto de inflexión clave de la trama, Gilroy nos muestra a los Renner y Weistz desdoblados en cuatro figuras frente a un espejo. Es un momento en el que él le dice a ella que no puede llamar a nadie por teléfono. Es el momento de ruptura definitiva con la vida que ella conoce hasta ese momento. Y la manera elegida por el guionista y director para mostrar ese punto de inflexión, con esas dos figuras que se desdoblan, como una metáfora visual sobre el cambio de identidad, es un detalle que evidencia la coherencia y el cuidado con el que se ha concebido toda la película, y una gran solvencia de la misma a la hora de hacer que el guión escrito cobre vida visualmente en la pantalla.

Y no olvidemos que la pérdida de identidad es uno de los temas centrales de toda la franquicia que aquí se asocia también en el personaje de Weisz al tema de la responsabilidad sobre los propios actos, especialmente en el caso de los avances científicos, y tanto en el caso del personaje de Weisz como en el de Norton, al tema del autoengaño. La doctora se engaña diciéndose que ella sólo es una científica y ella y el personaje de Norton se engañan diciéndose que están justificados por su patriotismo

Otra cosa que me gusta de la película es su manera de desarrollar toda la trama de intriga primando la claridad y la fluidez en la exposición, sin por ello renunciar a recursos como el flashback que ayudan a explicar los vínculos previos establecidos entre sí por los tres personajes principales incorporando fogonazos narrativos de su pasado. Ello contribuye a darle mayor solidez, verosimilitud y complejidad a toda la trama.

El legado de Bourne sustituye el protagonismo más claro de Matt Damon en la trilogía anterior por un astuto protagonismo compartido. Así convierte al espectador al mismo tiempo en perseguidor y perseguido, adaptando a esta trama de acción y espionaje la fórmula de verdugo y víctima que hace funcionar el cine de terror. Asistimos tanto a los intentos de cazar al agente fugado y desmantelar a base de asesinatos toda la estructura de la conspiración que lleva a cabo el personaje de Norton con su equipo de analistas y al mismo tiempo somos partícipes de la peripecia de los fugitivos. Además me parece que en esta ocasión el personaje de la acompañante femenina es más sólido que el de las féminas de la trilogía anterior, básicamente porque introduce esa componente de responsabilidad, culpa y autoengaño de la que he hablado anteriormente.

Miguel Juan Payán

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