La actriz ha aparecido en televisión y ha hablado de la película, y de una escena en particular que describe como la más sangrienta jamás rodada en el cine de terror.

Aunque a veces nos perdamos entre cine de acción y superhéroes que arrasa en las salas de cine, no hay que olvidar que en septiembre nos llega It: Capítulo 2, la secuela del que es el mayor éxito del cine de terror de la historia, y que continua con el grupo de amigos de la infancia, en su etapa adulta, enfrentándose nuevamente a Pennywise, el payaso asesino. Como ya sabemos el grupo de adultos cuenta con nombres tan interesantes como James McAvoy y Jessica Chastain. Ha sido ella quien ha acudido al The Tonight Show que presenta Jimmy Fallon y ha hablado de una escena que rodaron en la película.

Primer tráiler de Interstellar de Christopher Nolan con Matthew McConaughey, Jessica Chastain, Anne Hathaway, Michael Caine, Casey Affleck y Wes Bentley

Noviembre 2014 en cines.

Crítica de la película Criadas y señoras

Criadas y señoras tiene todos los ingredientes para ser una de las candidatas a los Oscar de este año. La pregunta ¿Qué se siente al criar a un niño blanco cuando al tuyo tiene que criarlo otra persona? es suficientemente expresiva de todo lo que posteriormente se nos va a ir desvelando a lo largo de la trama como para mantenernos atentos a este dibujo de una parte de la sociedad norteamericana en un momento del siglo pasado que a ratos recuerda la serie británica Arriba y abajo. El tema del Plan de Saneamiento que suelta la líder de la reunión de señoras blancas mientras juegan a las cartas, combinado con su posterior campaña de beneficiencia en Navidad “para los niños africanos y hambrientos” es toda una declaración de principios sociales, sí señor. Acuérdense de los filántropos/as en Plácido de Berlanga, aunque aquí hay menos humor negro y sólo algún que otro guiño cómico.

Vitriolo elegante es lo que vierte esta producción que gira en torno al racismo y las clases sociales. Una inteligente película que sabe poner sobre la pantalla con una puesta en escena muy sencilla, práctica, sólida, y por ello más contundente, una visión de la relación entre criadas y señoras. La frase “Nunca había tenido en mi casa a una persona blanca” que pronuncia Aibileen, una de las dos protagonistas, interpretada por Viola Davis, es un buen resumen de la hábil manera en la que la película aborda el tema de la segregación racial y la consiguiente miseria social: “separados, pero iguales”, como dice en uno de sus alardes de hipocresía social la villana de la película. HIlly, gran trabajo de Bryce Dallas Howard.

Sin entregarse excesivamente a lo panfletario (aunque tiene sus momentos en la frontera del melodrama, especialmente en sus últimos diez minutos), la película fija nuestra mirada en su asunto central uniéndose a la colección de títulos destacados que trataron el conflicto racial anteriormente, En el calor de la noche, Adivina quién viene a cenar esta noche, Lejos del cielo, Arde Mississippi, Historia de un soldado, Hombres de honor… , y mucho antes que todas ellas un clásico dirigido por Douglas Sirk que convendría volver a ver: Imitación a la vida. Pero todas ellas eran fruto de una industria blanca intentando dar cabida en su repertorio de argumentos y personajes a la negritud socialmente emergente de una sociedad que empujaba hacia el inevitable final de la segregación racial. Sin embargo, en Criadas y señoras, y a pesar de la maniobra de aparente distracción que impone el co-protagonismo del personaje de Emma Stone, la verdadera protagonista es la narradora, una mujer negra, y eso queda aún más claro cuando el relato alcanza su parte más inquietante y amarga, astutamente introducida tras el apunte cómico de las tazas de retrete. En la noche en que se producen los disparos, Minny, el descarado y entrañable complemento cómico de la protagonista interpretado por Octavia Spenser deja más clara esa cuestión cuando dice: “Vivimos en el infierno, atrapadas. Nuestros hijos atrapados”. Lo dicho: sospecho que no sería nada raro ver a Viola Davis nominada al Oscar de este año como mejor actriz principal y a Octavia Spenser como mejor actriz de reparto, ya que esta es película propicia a recoger ese tipo de reconocimiento en forma de galardones y encaja bien en el tipo de material que suele estar en las listas de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood.

En cuanto a las protagonistas blancas, puede parecer que ante el personaje de Abileen, que ejerce como narradora poniendo voz en off a la película, el de la joven aspirante blanca a periodista encarnada por Emma Stone es menos interesante simplemente porque a Stone le ha tocado encarnar un personaje que resulta más tópico comparándolo con el de la criada a la que da vida Viola Davis, pero lo cierto es que no es así. Nos damos cuenta de ello en el momento en que se introduce en la historia esa cita para buscarle novio aparentemente frena la parte interesante del relato, que es la criadas y las señoras propiamente dichas. Sin embargo, ese fragmento, como todos los que aluden al personaje de Stone en solitario, tienen una función en el relato, que de ese modo une el tema de la segregación racial y el conflicto de clases la situación de sometimiento en la que se encuentra la mujer blanca de esa misma época. Queda así expresado que todas las obras “filántropicas” y las preocupaciones sanitarias de las féminas blancas no son sino una manera de intentar escapar a la idea de que en el fondo están tan sometidas como sus criadas negras. Eso queda no obstante mejor expresado en el personaje de Celia Foote interpretado por Jessica Stein, con esa escena sencilla pero al mismo tiempo terrible en el jardín de su mansión (en la que se nos muestra la mayor parte del tiempo aislada como náufraga exiliada de la comunidad).

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película El árbol de la vida

Posiblemente Terrence Malick sea uno de los directores más peculiares, únicos e inclasificables que quedan. Un tipo que pasó 20 años retirado del cine simplemente para dedicarse a dar clases en Francia. Ha declinado dirigir películas como El Hombre Elefante, por ejemplo, y cuando se involucra en un proyecto, que suele ser muy de cuando en cuando, lo hace de una forma única y tan personal que no es difícil identificar sus películas de todas las demás. Es un personaje complejo y único dentro de Hollywood, donde lo habitual es que se produzcan películas como churros y que un director no haya terminado de completar un proyecto cuando ya está embarcándose en el siguiente.

En cierta medida su persona recuerda a la de Stanley Kubrick, aunque normalmente la gente que lo conoce dice que es una persona amable y encantadora, humilde y dulce, muy alejada de la figura de Kubrick. Pero sí hay algunos paralelismos en su manera de entender y acercarse al cine por parte de ambos. Al menos en El Árbol de la Vida, porque durante las más de dos horas de proyección no podía quitarme de la cabeza la obra maestra de Kubrick 2001, Odisea en el Espacio. Quizá sean imaginaciones mías pero creo que a fin de cuentas hay ciertos paralelismos entre ambas películas y que ambas terminan hablando de temas similares. O al menos eso me ha parecido a mí.

Una advertencia antes de ver la película. No es una película fácil de ver. No sólo por la complejidad de la historia que se nos cuenta, que en principio podría ser la más sencilla del mundo, sino por cómo se nos cuenta. Es una película complicada de ver y de asimilar. En ocasiones hipnótica, en ocasiones incómoda. Muchas veces profunda y otras veces ligera como esas cortinas y sábanas tras las que tantas cosas suceden en la pantalla. Su forma de plantearnos la historia, su forma de enredarnos inconexamente en la vida de esta familia, sus continuos saltos en el tiempo sin previo aviso… Todo ello la convierten en una película densa, en el mejor sentido de la palabra. Un film que hay que desgranar y pelar casi como si se tratase de una cebolla. Capa a capa.

También, como bien decía hace unos días mi compañero Miguel Juan Payán, no conviene guiarse por las estrellas que le he puesto en la crítica, entre otras cosas porque no son estas cuatro estrellas las mismas que puedo darle a una película como La Deuda, y porque no serían las mismas que le diese mi compañero.

Siempre me ha maravillado de Terrence Malick la habilidad que tiene para convertir las imágenes en poesía. Es un director de arte y ensayo, alejado completamente de los parámetros más comerciales, que cuenta historias de una forma tan portentosa y única que, incluso cuando no gusta, no se le puede negar su talento. Aquí aprovecha para contarnos la historia de una familia, o más concretamente del hijo mayor de la misma, a lo largo de su infancia, pasando por una horrible tragedia, hasta el presente, en el que intenta reconectar con su padre, con el que tiene una relación tortuosa.

Cuando la historia es tan inconexa y da los saltos que da, lo que menos importa, realmente, son los diálogos. O, mejor dicho, los pocos diálogos que hay importan muchísimo, pero la película no los emplea casi para narrar la historia. El Árbol de la Vida transcurre entre imágenes y sonidos, entre música y silencios, con la intención de componer una sinfonía, una banda sonora particular para esta historia pequeña, que acaba convertida en la historia de la vida. Desde los orígenes del mundo, literalmente.

La forma en que Malick mueve la cámara (casi continuamente pero para narrar), el poder de la luz, sobre todo en una casa siempre iluminada que esconde tanta oscuridad y tristeza. La puesta en escena, el poder de las imágenes, la iluminación… todo ello pesa tanto como la historia y es lo que hace que, por ejemplo, las interpretaciones de los actores sean casi lo de menos. Teniendo en cuenta, eso sí, que Brad Pitt como el padre y Jessica Chastain como la madre están brillantes, lo mismo que Hunter McCracken como el joven Jack. La pena es que la presencia de Sean Penn casi parezca un cameo.

Y toda esa complejidad y esa densidad narrativa, toda esa fuerza, para contar una historia de padres e hijos. Padres que no entienden a sus hijos e hijos que no perdonan a sus padres. Como después de todo, desde el origen del universo hasta ahora, todo se reduce a padres e hijos. Ese árbol de la vida que lleva tanto tiempo ahí y sigue creciendo con ramas nuevas. De cómo siempre acabamos pareciéndonos a nuestros padres, incluso más de lo que desearíamos. Y de cómo la tragedia nos marca por igual. A fin de cuentas todos pertenecemos a ese árbol.

Aunque nadie es perfecto y a Malick se le va un poco la mano con tanta milonga sobre el origen del mundo y demás. La película acaba siendo demasiado inaccesible para el público y no deja que cualquiera pueda disfrutarla. Porque es demasiado densa (aquí en el mal sentido de la palabra). Y confunde a veces complicada con compleja. Acaba siendo más complicada de lo que debería, creyendo que eso la hace más compleja. Le sobra algo de metraje y algo de intelectual. Debería ser más emocional que cerebral, lo que hace que a veces parezca una película fría y distante. O incluso aburrida y contemplativa.

Entre medias nos queda una película poderosa y especial. Diferente. Una película que plantea preguntas complicadas, esas que un hijo le hace a su padre sin que este sepa responderlas. Espiritual e incluso llena de fe. Una melodía arrastrada por las imágenes y la música que nos habla del principio y del fin. De lo terrenal y de nuestro propio cielo. Del perdón y la esperanza. Fascinante, bella e indescriptible.

Ahora, como una vaya buscando la última de Jackie Chan, lo lleva claro.

Jesús Usero

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