Críticas usuarios de la película Érase una vez en... Hollywood

J. Almirante ★★★★

Érase una vez en Hollywood representa lo mejor y lo peor de una época, contado a través de los ojos de Quentin con una preciosa fábula. Podría estar 10 horas con estos personajes de un lado a otro, con sus diálogos y sus caóticas vidas, y no me cansaria. DiCaprio sigue siendo un titán, Brad Pitt hace el papel de su vida, y Robbie, hace una Sharon Tate llena de luz y bondad, representada como siempre ha merecido. 


Iván C.V. 

Preciosa carta de amor al cine.

Soberbio trabajo el que consigue el genio Tarantino en su último trabajo, tiene tantos momentos brillantes que es imposible quedarte con uno sólo.

Excelente mezcla de géneros que maneja de forma impresionante el maestro Quentin, pasando del drama a la comedia (que son los más utilizados) o viceversa provocando un mar de emociones que te dejará pasmado.

Rebosa maestría al tocar cámara, como también su fotografía, tiene muchísimos momentos que prueban lo mencionado, como por ejemplo la secuencia en el rancho, la conversación en un salón o la irrupción de unos personajes. Un trabajo impecable.

Y el propio guión, que demuestra por qué Tarantino es uno de los mejores realizadores que tenemos en la actualidad.

Descomunal.


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Revista ACCION

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El homenaje de Bruce Lee en la ultima película de Tarantino está rodeada de polémica.

El esperado regreso de Tarantino se ha empañado con la polémica de la aparición de Bruce Lee y el retrato que ha hecho el cineasta de la mayor estrella del cine marcial de la historia. En ella el Pequeño Dragón aparece sumamente arrogante, algo que, a la hija de Lee, Shannon, le ha parecido insultante. Incluso en el film el personaje de Bruce, interpretado por Mike Moh, se jacta de ser capaz de tumbar a Muhammed Ali, algo impensable dado el respeto real que Lee sentía por el mítico boxeador. Al margen de no haber pedido permiso para usar la imagen de Bruce, que gestiona la propia Shannon a través de la empresa Bruce Lee Family Company, ha incomodado y enfadado tanto a la familia como amigos y fans de Lee. Sentarse en el cine y ver y oír cómo la gente se ríe de Bruce ha resultado bastante más que incómodo según Shannon.

Entrevista Quentin Tarantino, Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Margot Robbie que nos hablan de Érase una vez en Hollywood

Convertida para muchos en película del año ya desde su paso por Cannes, Érase una vez en... Hollywood llega a nosotros el próximo 15 de agosto de la mano de Sony y lo hace con toda la mística de una época y un Hollywood en plebo cambio de era. Quentin Tarantino, su director, y sus estrellas Margot Robbie, Leonardo DiCaprio y Brad Pitt nos hablan aquí de esa era y de una película superlativa, llena de humor, guiños y referencias. Y sobre todo una mirada muy peculiar a una tragedia como fue el asesinato de Sharon Tate y sus acompañantes a manos de los seguidores de Charlie Manson.

La primera pregunta es para vosotros dos, chicos, ¿qué referencias usasteis…? Quiero decir, ¿investigasteis algo para los papeles o teníais alguna referencia?

LD: Bueno, No habiendo crecido en aquella época, fue algo fascinante entrar en el catálogo de Quentin (Tarantino) de series de televisión y películas que ver. Muchas eran westerns de serie B y series de tv con las que no estaba familiarizado, muchos actores que se han perdido históricamente pero que él, como una especie de historiador y cinéfilo, los aprecia artísticamente. Y en cierto modo esta película es una carta de amor y un homenaje a esos que han trabajado en esta industria, que él aprecia, pero que quizá han sido olvidados con el paso del tiempo.

El cineasta asegura que sigue planeando retirarse tras su décima película mientras promociona la novena en estos momentos.

Cuesta asimilarlo pero parece completamente determinado a llevarlo a cabo, aunque no lo comprendamos del todo. Quentin Tarantino sigue con su plan de abandonar el cine una vez termine su décima película, y lo ha mantenido durante la promoción de Érase una vez en... Hollywood, la novena película de su carrera. Así lo ha declarado a GQ Australia el cineasta recientemente y no parece que nada vaya a hacerle cambiar de opinión, e incluso bromea con el hecho de que si esta película que estrena ahora sale realmente bien, podría retirarse con ella y no esperar a la décima.

El director ha hablado del universo Marvel y de sus películas, con las que se ha puesto al día recientemente, y ha hablado de cuál es su favorita de todas las películas del Universo Marvel.

Quentin Tarantino estrena este verano Once Upon in Hollywood, película protagonizada por Leonardo DiCaprio, Brad Piit y Margot Robbie, y por supuesto ha comenzado con la promoción de la película después de presentarla en Cannes con excelentes resultados. En una reciente entrevista con Empire con motivo de ese estreno, le preguntaron a Tarantino, que sigue interesado en rodar una película de Star Trek, cuál era su película favorita del universo cinematográfico de Marvel.

El actor Bruce Dern es el elegido para reemplazar a Burt Reynolds en la nueva película de Tarantino tras el fallecimiento del actor.

No ha debido ser fácil, pero los engranajes de la industria del cine no dejan de funcionar y por mucho que a los fans les pueda doler o por mucho que haya afectado a la producción de Once Upon a Time in Hollywood, o al propio Tarantino, la realidad es que un actor iba a reemplazar a Reynolds, quien falleció el pasado 6 de Septiembre sin haber llegado a rodar ni una sola de las escenas de la película.

Crítica de la película Django desencadenado

Casi tres horas del mejor cine de Quentin Tarantino mezclando el western mediterráneo con la blaxploitation.

Más que de Django desencadenado, hay que hablar de Tarantino desencadenado. Claramente superior en sus resultados a Malditos bastardos, la revisión del mítico personaje de Django, clave en la historia del western europeo, permite al director de Reservoir Dogs lucir la panoplia completa de sus recursos narrativos, jugando mejor que nunca con esa fórmula de reciclaje cinematográfico que tan buenos resultados le ha rendido durante toda su carrera.

En Django desencadenado ese juego con lo que ya existe previamente en forma de guiño, nunca de plagio descarado, aunque como siempre el descaro y el gamberrismo forma parte de la fórmula Tarantino, arranca con la música original compuesta por Luis Bacalov para la película original dirigida por Sergio Corbucci en 1966. A partir de ahí, Tarantino va acumulando distintos elementos y características de las historias originales del western mediterráneo, tanto en situaciones como en personajes, diálogos, paisajes e incluso expresión plástica (los primeros planos o esos zoom en momentos clave, la presentación del villano encarnado por Di Caprio…). Incluso demuestra que entiende el western mediterráneo en sus claves esenciales como variante europea del western clásico americano incorporando a su relato la mezcla de los personajes y paisajes del lejano y salvaje oeste con la mitología clásica europea. Si el western mediterráneo incorporaba personajes y argumentos universales desde la mitología griega y romana, Tarantino hace lo mismo pero añadiendo al relato una leyenda nórdica, la de Brunhilda, hija de Odín, rescatada de la vigilancia de un dragón por el héroe. La escena de justificación de la venganza en flashback o la paliza y maltrato del héroe a manos de los villanos como paso previo a su retorno de redención por el camino de la venganza, una especie de ceremonia de resurrección vinculada al argumento universal del mesías que regresa de la muerte para imponer justicia, son también dos elementos clásicos del western mediterráneo que Tarantino incorpora hábilmente a su Django desencadenado.

Naturalmente el director no se queda sólo en ese trabajo de emulación o réplica de las claves del western mediterráneo, sino que las transforma en materia prima esencial para su propia fábula, añadiendo sus propias notas y estilo al relato (como las largas secuencias de diálogo, la verborrea de sus personajes, sobre todo en el personaje del dentista reciclado en cazador de recompensas interpretado por Waltz, y el contrapunto de esas secuencias de diálogo con estallidos de violencia brutal copiosamente regada con sangre).

En Django desencadenado Tarantino encuentra un mejor equilibrio en esa hibridación de las características del western mediterráneo que toma como inspiración y sus propias constantes de estilo como director-autor del que presentaba Malditos bastardos. De hecho, explota con más habilidad y solvencia en la dirección de actores a Christoph Waltz, que fue la gran baza de Malditos bastardos pero aquí puede lucirse aún más potenciando esa faceta de pícaro parlanchín que se convierte en el guía o maestro del héroe. La relación y la química entre Waltz y Jamie Foxx (Django) es mucho más interesante que las episódicas secuencias de diálogo con distintos personajes que mantenía el nazi cazador de judíos en Malditos bastardos. Igualmente Waltz brilla mucho más en su duelo interpretativo con el gran villano que compone Leonardo Di Caprio de lo que pudo brillar frente a Brad Pitt.

Otra característica habitual del cine de Tarantino, el humor socarrón que aparece inesperadamente en los fragmentos menos previsibles y jugando con la incorrección política como quien se mete en un campo de minas voluntariamente está también en Django desencadenado. Lo encontramos por ejemplo en su sátira sobre el Ku Klux Klan, un momento cómico perfecto. Tal y como suele hacer, Tarantino construye ese momento de comedia sobre un elemento mundano, los sacos con los que los asesinos de la horda de linchamiento se cubren la cabeza, convirtiendo lo terrorífico en cotidiano y por tanto a los monstruos en imbéciles. Es una sabia manera de introducir un elemento dramático desde el humor y superar el miedo a través de la risa. Resulta lamentable que una maniobra tan astuta haya sido malinterpretada por algunos despistados que acusan a Django desencadenado y a su director de racismo. Grave despiste. Muy al contrario: Djando desencadenado no sólo no es racista, sino que desde su tratamiento del asunto desde el punto de vista de los géneros y el cine de evasión, dibuja un paisaje del racismo mucho más temible, inquietante y menos maquillado del que nos vende, por poner un ejemplo, Steven Spielberg en su Lincoln. El motivo es claro: Tarantino desciende al infierno del racismo como en su momento hiciera Spielberg con el genocidio en La lista de Schindler, y aunque lo haga desde una perspectiva de cine de evasión, su película contiene momentos tan descriptivos sobre la esclavitud y la situación de los negros en Norteamérica como la cuerda de esclavos del principio, los flashbacks que introducen en el relato los recuerdos del protagonista, las escenas de negros encadenados con dogales en el cuello, los latigazos, el ataque de los perros, la secuencia de los luchadores (que astutamente el director organiza jugando a contracorriente de lo más habitual para este tipo de escenas, optando por una pelea en una habitación, en lugar de montar un gran despliegue al estilo de las secuencias de lucha callejera de la primera película de Sherlock Holmes dirigida por Guy Ritchie). Y, junto a esos elementos, un personaje, el interpretado por Samuel L. Jackson, que refleja a la perfección la idea del Tío Tom, el negro partícipe del racismo, la figura activa del ataque contra la gente de su propia raza, que tanto el director como el actor encargado de interpretar el papel consiguen resumir lo más inquietante del racismo, incluso con unos chistes de mal gusto (Négrules por Hércules Negro).

Ese tono decadente que impera en la mansión racista de Candyland acompaña la segunda parte de la película, que es un auténtico viaje a un mundo de pesadilla.

Pensar que eso es trivializar el racismo es un grave error.

Miguel Juan Payán

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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Crítica de la película Malditos Bastardos

Más Tarantino y menos Tarantiros.

En Malditos Bastardos Quentin Tarantino demuestra que cada vez maneja mejor el lenguaje cinematográfico y la escenificación de sus películas. A modo de ejemplo vale con ver la secuencia de interrogatorio del nazi Hans Landa al propietario de la granja que abre la película. En la misma el director demuestra su excelente pulso para narrar utilizando el encuadre y la composición con gran habilidad ( por ejemplo consigue abrir el espacio con un plano del granjero y tras él la ventana que muestra a los soldados alemanes, fuera de la casa, pero igualmente presentes e integrados, como amenaza futura, dentro del cuadro). Pero aún más significativo es el astuto uso del recurso narrativo y visual de las dos pipas que aparecen en la secuencia, cada una de las cuales marca un giro en el pulso que mantienen los dos personajes que, dicho sea de paso (y tal como insinúa la música de spaghetti western) es como un duelo verbal, sin pistolas, sólo con palabras. Los planos de detalle aplicados a la primera pipa, la del granjero, acaban con la cerilla en el cenicero y permiten mostrar brevemente la gorra de Landa con la ominosa calavera nazi –un aviso de peligro como la imagen de los soldados al otro lado de la ventana-, al tiempo que el granjero cree haber vencido el pulso y sonríe casi imperceptiblemente cuando Landa le pide una información que los nazis ya poseen –número y nombre de los miembros de la familia judía-, lo que cree le permitirá salir del problema sin convertirse en un delator. La segunda pipa, la del propio Landa, es un objeto algo fuera de lugar que atrae inmediatamente la atención del espectador, facilitando la distracción que el director necesita para hacer un salto de eje, maniobra para desorientar al público tanto como el granjero interrogado es desorientado por Landa. Previamente hay un movimiento de cámara en torno al interrogador y el interrogado tan felino y sigiloso como la estrategia de interrogatorio de Landa: el nazi rodea a su presa, esperando para saltar sobre la misma como Tarantino rodea a sus personajes dispuesto a saltar sobre el desenlace de la secuencia, al tiempo que mueve nuevamente la cámara para añadir tensión haciendo una revelación al público. A partir del salto de eje facilitado por la pipa de Landa, entramos en el camino de finalización de esa secuencia que tiene un punto de inflexión y cambio de ritmo en una sucesión de primeros planos… Ese interrogatorio es como un pulso, y equivale a los arranques en tono conversacional de Reservoir Dogs o de Pulp Fiction, uno de los sellos del director, de manera que quienes después de ver la película en Cannes afirmaron que no parecía de Tarantino deberían echarle otro vistazo, más cuidadoso. Malditos Bastardos es Tarantino cien por cien. Lo que ocurre es que no es el Tarantino que algunos habían previsto que fuera, teniendo en cuenta el título y la temática de la película: Segunda Guerra mundial, un comando de judíos americanos se dedican a meterle el miedo en el cuerpo a los soldados alemanes aplicando tácticas de guerrilla apache y haciendo el voto de entregarle 100 cabelleras de soldados alemanes a su jefe, el teniente Aldo Rayne. Quienes esperaban ver Doce del patíbulo, Los cañones de Navarone, La brigada del diablo o El desafio de las águilas quedarán inevitablemente defraudados (a pesar de que el propio Tarantino ya lo avisó en el New York Times: “Esta no es la típica película de Segunda Guerra Mundial que veía tu padre”), pero eso se debe a que la imagen que tienen del cine de Tarantino es equivocada de partida.

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