La segunda parte, titulada Ready Player Two, llega nueve años después del estreno de la primera, una novela de ciencia ficción obsesionada con la nostalgia y la cultura popular.

      Los detalles de la trama de Ready Player Two se han mantenido bajo llave hasta ahora, pero el escritor Ernest Cline ha aparecido hoy en un panel virtual de la Comic Con de Nueva York y finalmente ha dado una idea a los lectores sobre qué esperar del libro. Wil Wheaton, quien prestó su voz para el audiolibro de la primera parte, y hará lo mismo con la secuela, inició su conversación con Cline preguntándole sobre sus experiencias escribiendo el primer libro y viajando alrededor del mundo en la gira de prensa, su trabajo con Steven Spielberg y la adaptación cinematográfica, su DeLorean (que está adornado con un logotipo de Los cazafantasmas) o sus experiencias en la realidad virtual.

Spielberg firma la mejor película de videojuegos, pero podría ser mucho mejor.

La celebración de la cultura popular, los iconos de los ochenta –y alguno de los setenta, por ejemplo Fiebre del sábado noche, de 1977-, sirve eficazmente como motor de arranque en esta historia de ciencia ficción a la que pienso que el mejor Steven Spielberg, el de Minority Report, podría haberle sacado mucho más jugo. A pesar de eso, Ready Player One puede contarse entre lo más logrado del director, es mejor que su otra peripecia de animación más señalada, la película de Tintín, y cuenta argumentalmente con contenido suficiente para ser algo más que simplemente una batallita de videojuego, aunque en algunos momentos se convierta en eso. En positivo hay que apuntarle a Spielberg un arranque de la historia y un despliegue visual manejado con habilidad para cruzar las peripecias del mundo virtual con lo que le ocurre a los personajes de carne y hueso. No es ejercicio fácil hacer ese cruce, pero el director se las ingenia para ir tramando un cruce de estos dos mundos paralelos en uno solo, de modo que miramos a los personajes de animación como personajes reales. Mérito tiene la cosa. Todo un reto conseguido.