Se confirma que Robert De Niro y Leonardo DiCaprio serán los protagonistas de la nueva película de Martin Scorsese, Killers of the Flower Moon, la siguiente a El Irlandés.

Con diez nominaciones a los Oscar, considerada una de las mejores películas de 2019, una de las más vistas de Netflix y una de las obras maestras de su director, Martin Scorsese (lo que no es decir poco), El Irlandés ha hecho que los siguientes proyectos de Scorsese sean de los más esperados que hay, y uno de ellos tiene a los fans encandilados. Se trata de Killers of the Flower Moon, proyecto en el que tanto él como Leonardo DiCaprio llevan años involucrados y que parece que finalmente llegará en 2021. Eric Roth se encargaría del guión que adaptaba un hecho real, basado en el libro de David Grann.

Después de trece años sin tocar el tema de la mafia en sus películas, desde El infiltrado (2006); Martin Scorsese regresa al ecosistema de los ilegales clanes italoamericanos e irlandeses asentados en Estados Unidos, donde transcurrían parte de sus mejores obras, como Uno de los nuestros (1990) y Casino (1995).

El irlandés es un largometraje que vuelve a unir al maestro de Taxi Driver con el denominado imperio del crimen, y lo hace dentro de un esquema de clasicismo voluntario y absorbente. Un contexto que Scorsese sabe manejar como pocos, y en el que su estilo y lenguaje audiovisual encajan como un guante.

No obstante, los años transcurridos en otros géneros cinematográficos pueden hacer pensar en una cierta pérdida de empaque e inspiración en el director neoyorquino, a la hora de desarrollar los entornos mafiosos en los que se sustenta la trama de El irlandés. Un miedo que parece diluirse, ante las esperanzadoras coordenadas concitadas por el responsable de La edad de la inocencia.

Heat ★★★★

Febrero 02, 2019

Crítica de la película Heat de Michael Mann

Director: Michael Mann; Interpretes: Al Pacino, Robert De Niro, Tom Sizemore, Val Kilmer, Ashley Judd, Hank Azaria, Wes Studi, Jon Voight, Danny Trejo, Natalie Portman ; Año de producción: 1995; Nacionalidad: USA; guión: Michael Mann; Director de fotografía: Dante Spinotti; Banda Sonora: Elliot Goldenthal; Color; Duración: 170 minutos.

En un suburbio de Los Angeles un furgón blindado recorre varios tramos de la autopista sin que ninguno de sus ocupantes sospeche que van a ser víctimas de una emboscada mortal. En una intersección del recorrido, al amparo de un puente, varios hombres enmascarados que se mueven con la precisión propia de un grupo de combate de elite ha preparado todo para detener el vehículo de la forma más expeditiva posible,. En cuestión de segundos el furgón es atacado con un potente explosivo que hace que su conductor pierda el control. La secuencia es vertiginosa, y en un abrir y cerrar de ojos los hombres armados que esperaban ocultos consiguen acceder al interior del furgón y robar todo su contenido. Mientras tanto, en el exterior, los empleados de la empresa de seguridad levantan las manos aturdidos por el efecto de la explosión y sin saber muy bien lo que está ocurriendo. En ese momento todo lo que parecía una operación cuidadosamente milimetrada parece irse de las manos: uno de los atracadores se encara con los vigilantes y desata un fugaz arrebato de furia que culmina cuando abre fuego contra uno de los hombres desarmados y atónitos. Los compañeros del hombre que ha hecho los disparos no pueden evitar el fatal desenlace, pues en ese momento, tras eliminar a los que pudieran actuar como testigos, se afanan por iniciar la huida. Cuando finalmente consigan desparecer en medio del endiablado tráfico de la ciudad llevarán consigo millones de dólares en valores negociables en la bolsa y habrán dejado a su paso un reguero de muertos.

La Misión

Enero 25, 2019

Crítica de la película La Misión

Parece difícil de creer, pero hubo un tiempo no muy lejano en el que algunos estrenos cinematográficos se convertían de la noche a la mañana, y en más de una ocasión sin mediar una enorme y concienzuda campaña promocional con la que animar al respetable, en verdaderos fenómenos sociológicos capaces de despertar la reflexión y el debate, de ahondar en las dudas y las certezas, casi siempre frágiles cuando no directamente falsas, de la sociedad occidental o, como es el caso, de la sociedad española. En ese tiempo, nada menos que 2.851.566 personas acudieron al cine para ver con sus propios ojos una historia épica de redención, lucha y fracaso que tenía como trasfondo una de las páginas más negras de la historia de España en su relación con el continente americano. El año era 1987 y la película origen de ese encuentro entre la industria del espectáculo y el despertar, por más efímero que fuera, de la conciencia, llevaba por título La misión.

Plan en Las Vegas **

Noviembre 22, 2013
Soso remedo de Resacón con un reparto salido del geriátrico. Y que nadie me entienda mal, los cuatro protagonistas son cuatro pedazo de actores como la copa de un pino. Leyenda viva del cine que han proporcionado al espectador algunos de los mejores papeles que se pueden recordar en los últimos 40 años de la historia del cine. Son grandes, enormes, monstruos de la pantalla, pero aquí en esta película, verles en este fregado que nunca termina de arrancar ni de cuajar, ni de ofrecer lo que prometía… pues es una pena, un desperdicio casi completo de talento para hacer cuatro chistes sobre la vejez y mirar al pasado con ojos demasiado moñas.

La idea es similar a la de Resacón en Las Vegas como punto de partida. Cuatro amigos, una despedida de soltero en Las Vegas, una locura de fiesta… pero con un grupo de personas que superan los sesenta años. Así que, lo que podía convertirse en un auténtico desparrame de cuatro amigos que se niegan a envejecer aunque les quieran obligar, se transforma en una historia melancólica de arrepentimientos y caminos a medio recorrer, que ni convence por la comedia porque es demasiado light ni tampoco por el camino del drama que nunca está bien explotado, sobre todo en los personajes de Kevin Kline y Morgan Freeman. Algo mejor lo tienen Michael Douglas y Robert de Niro, pero tampoco es como para tirar cohetes, porque las promesas de humor gamberro y abuelos salvajes y desatados, pronto quedan convertidas en simplemente eso, promesas.

Lo mejor de la película es sin duda ver a los actores pasárselo en grande entre ellos. Cada vez que los cuatro comparten plano la historia sube enteros porque hay suficiente talento en la pantalla como para llenar todas las salas de cine del mundo. Pero cuando los separan o cuando el humor no termina de funcionar (la película es más de sonrisas que de risas en el mejor de los casos), se resiente, se hace larga y no convence. Basta decir que el mejor chiste es el cameo de 50 Cent (en lugar de Mike Tyson) y que no implica a ningún protagonista de la película.

Pero con todo, pese a que no es ni la mitad de lo gamberra que promete ser, la película se deja ver, tiene ese pedazo de reparto, no ofende a nadie… pero esa moralina barata, esa baba de andar por casa… lastra todo sobremanera. Un señor de 60 años no puede liarse con una joven, no hay valor para hacer eso (hay un par de momentos de auténtica vergüenza ajena al respecto por la bajada de pantalones). Todo se dulcifica, todo se vuelve blandito, todo es edulcorado. Como si los actores no pudiesen mascar algo más duro. Ya sea más dramático o más cómico. No les dan chicha que mascar y se quedan en tonos pastel, aparezcan travestis, drag Queens, jovencitas descolocadas o esposas que esperan o que ya no están. Una pena y una oportunidad perdida. Podía haber dado muchísimo más de sí.

Jesús Usero

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Crítica de la película Asesinos de élite

Potente propuesta de cine de acción e intriga con sabor a cine de los setenta y secuencias espectaculares. Asesinos de élite es cita ineludible para los que seguimos pensando que el cine trepidante tiene un sitio entre los títulos interesantes de cada temporada y merece ocupar un puesto destacado en la cartelera como herramienta de diversión y evasión rodada con calidad.

Basada en parte en hechos reales y tomando como punto de partida el libro de Ranulp Fiennes, miembro de las SAS, fuerzas especiales del ejército británico, que participó en una misión de eliminación de los miembros de la familia de un jeque para facilitar una maniobra de gestión y control del petróleo, Asesinos de élite no tiene nada que ver con aquella otra película de Sam Peckimpah titulada The Killer Elite, que en España conocimos como Los aristócratas del crimen, filmada allá por 1975 y que a decir verdad resultó ser una de las más flojas del director de Grupo salvaje o La huida. Sin embargo comparte con ella la profesión arriesgada de sus protagonistas, que también tienen cierto aire familiar a los que protagonizaron otra película con Robert De Niro en el reparto, Ronin, dirigida en 1998 por John Frankenheimer.

La historia arranca en los años 80, un retorno al pasado que nos sitúa en un momento de caos geopolítico y facilita el caldo de cultivo para la primera escena del largometraje, que gira en torno a un asesinato que permite comprobar el pulso firme y la solvencia con la que el director va a manejar las secuencias de acción de una película que en contra de lo que pudiera sospecharse no va a volcarse sólo en lo trepidante, sino que prefiere seguir una fórmula más próxima a la de la saga de Jason Bourne, haciendo que la acción sea el complemento de una competente trama de intriga. Para ello el director ha elegido una estrategia que no suele fallar: el protagonismo bicefálico. Esto es: la trama queda dividida según dos protagonistas principales que lógicamente están en lados opuestos de la misma y por tanto se enfrentan durante todo el metraje.

Por un lado tenemos al asesino a sueldo encarnado por Jason Statham, que sale de su retiro dejándose en el horno sentimental una relación a medio cocer para ayudar a su mentor y colega, interpretado por Robert De Niro en uno de los papeles de secundario-estrella más sólido que le hemos visto en los últimos años, auténtico eco de sus personajes más completos de antaño, y que además se complementa con buena química con Jason Statham. Dicho sea de paso, sobre éste último después de Blitz y de Asesinos de élite va llegando la hora de que sus detractores más recalcitrantes empiecen a reconocerle talento y méritos que le ponen por encima del simple monigote de acción trepidante.

En el otro extremo tenemos a un ex militar veterano de las fuerzas especiales británicas al que da vida Clive Owen, empeñado en proteger a las víctimas del nuevo encargo del asesino, un grupo de comandos de las SAS.

La película se construye por tanto como un juego de caza del gato y el ratón, con Owen ocupándose casi siempre de la parte más ceñida a las claves de la intriga, en un registro similar al que ya cubriera en The International: dinero en la sombra, y que le encaja como un guante. Mientras Statham hace lo que mejor sabe hacer, habitar en las claves de la acción. La bicefalia permite además que cada uno de estos dos protagonistas incursione en el territorio del otro, generando una tensión que añade partes de intriga en la sucesión de asesinatos que va cometiendo el personaje de Statham del mismo modo que el de Owen incursiona en momentos de acción, hasta que ambos acaban cruzándose, dando lugar a un varios enfrentamientos filmados con la misma energía intensa de frenético intercambio de golpes que caracteriza los combates incluidos en la saga de Jason Bourne. En ese juego del ratón y el gato no hay buenos ni malos, sino que todos son lo que afirma el título de la película, asesinos.

Hombre, está claro que no estamos ante un ejercicio de intriga del nivel de la excelente Munich de Steven Spielberg, pero sí se trata de una competente película de intriga y acción bastante completa y con un ritmo que en ocasiones recuerda el de destacadas muestras del género en los años setenta, como Scorpio (Michael Winner, 1973), o algunas intrigas del policíaco británico protagonizadas en esa misma década por Michael Caine, como Asesino implacable (1971) o El molino negro (1974). Además, como ya he dicho, me recuerda otro buen ejemplo intriga y acción de los noventa, Ronin y a caballo entre ambas cosas, por completar la telaraña de referencias que me vinieron a la memoria mientras la veía, también Chacal, con un ritmo a medio camino entre la gran versión dirigida por Fred Zinnemann en 1973 y la actualización rodada por Michael Caton-Jones en 1997 con Bruce Willis y Richard Gere (otro caso de protagonismo bicefálico) al frente del reparto.

“Matar es fácil. Vivir con ello es lo difícil”, afirma uno de los personajes en esta recuperación del cine de intriga y acción con claves sólidas y sin tomarle el pelo al público, con actores que convencen y ayudan a que aceptemos sus personajes aportando verosimilitud a la trama. Si es caso, falla algo ese empeño algo reiterativo de utilizar el flashback para construir una historia de amor que resulta ajena al resto, como impuesta a título de adorno de cara a la taquilla, aunque  ciertamente sirva para darle a De Niro la oportunidad de lucirse en la escena de la persecución en el metro, una de las mejores de la película, lo cual redime todo el embrollo sentimental que le buscan al personaje de Statham y prácticamente hasta ese momento podíamos pensar que no viene a cuento. Casi se diría que la película contiene una especie de reconocimiento de la flojera que afecta a esos flashbacks sentimentales sin los que podría pasar perfectamente el resto de la trama en ese diálogo donde un personaje le dice a otro: “Enséñame una mujer guapa y te enseñaré a un hombre hasta las narices de la chica”.

En todo caso puede perdonársele esa innecesaria guinda romántica porque toda la parte de intriga y acción es sólida, está bien servida y es interesante.

Miguel Juan Payán