Crítica de la película Transformers: La Era de la Extinción

Puro espectáculo y entretenimiento veraniego, no le den más vueltas. Quien busque algo más que eso en Transformers, anda muy, pero que muy equivocado. Porque otra cosa no será, pero la franquicia dirigida por Michael Bay es honesta con todos y cada uno de sus millones de seguidores a lo largo y ancho del mundo. Y ya van cuatro películas como para empezar a llevarse las manos a la cabeza y sorprenderse ahora o esperar algo distinto a lo que esta película es. Robots gigantes, humanos que pasaban por allí, ruido, explosiones, épica de baratillo, más explosiones, acción trepidante, más acción todavía, y, en esta ocasión, un cambio de decorado muy acorde con los tiempos que corren en Hollywood, que nos lleva de Estados Unidos a China para finalizar la película y convencer al espectador de aquél país de que merece la pena ir al cine a ver películas americanas. Y vaya si lo han conseguido.

Michael Bay genera entre los cinéfilos más exquisitos una especie de sensación de urticaria incómoda que les hace sentirse atacados y ofendidos con casi todas sus películas. Como si fuese un insulto a sus personas. Y lo entiendo, es lo más normal del mundo. Los guiones sobre los que suele trabajar son malos, sin remisión ni excusas. Cargados de chistes absurdos, frases lapidarias y sin el desarrollo dramático o de personajes suficiente como para que nos preocupe qué les sucede a los protagonistas, que los humanos nunca terminan de serlo, realmente le interesan (o parece que le interesan) los asteroides, los robots gigantes o similares más que los humanos. Salvo contadas excepciones (Dolor y Dinero, La Roca), no encontramos muchas cosas dentro del guión a las que aferrarse en el cine de Michael Bay. Pero tiene sus fans y es honesto con lo que ofrece. Porque, a veces, es muy sano dejar el cerebro en la calle y entrar en una película a disfrutar sólo del espectáculo audiovisual. Nada más. Puro entretenimiento. Evasión pura. Pero nada más. Y eso es más que suficiente.

Y sí, hay formas distintas de hacer las cosas. Mejores. Mejores guiones, incluso en los blockbusters veraniegos. Y este año ha sido un buen ejemplo de ello. Películas mejor construidas, con mejores guiones, actores o directores. Por supuesto que las hay, y las respetamos todas. Y las disfrutamos también. Pero dejémonos de monsergas, cuando entramos a ver Transformers 4 ya sabemos perfectamente a lo que venimos todos. Relájense, dejen los prejuicios fuera, pasen y disfruten de una de las películas con más acción y mejores efectos visuales del verano, que en esta ocasión sigue los hechos de la tercera entrega, tras la destrucción de Chicago, con un nuevo grupo de protagonistas humanos. La película nos traslada a una situación en la que los Transformers, Autobots y Decepticons, son perseguidos por las autoridades americanas, que los cazan sin piedad. Una familia recoge un abandonado camión que resulta ser Optimus Prime y comienza la aventura, entre quienes buscan cazar a Optimus y su grupo, los Decepticons y los Autobots que intentan evitar el fin de nuestra civilización.

El reemplazo de actores es quizá lo que mejor funciona en esta película, que es muy superior a las dos primeras entregas en absolutamente todo, y anda a la par con la tercera parte, aunque por un camino distinto. Mark Wahlberg tiene más carisma que cualquiera de los protagonistas anteriores, juntos o por separado, y también mejor actor. Nicola Peltz, la joven que sustituye a bellezas como Megan Fox, es mejor actriz (vean Bates Motel) que las anteriores sin levantarse de la cama. Y nombres como Titus Welliver, Kelsey Grammer, Sophia Myles o Stanley Tucci ayudan a dar peso dramático a la trama, que en muchos puntos copia la historia padre/hija que tenía Armageddon, lo cual da más desarrollo de personajes. Siempre apoyado por actores, que, con dos líneas, son capaces de dar cierta miga a sus personajes. El humor también ayuda cuando Bay se dedica a reírse de sí mismo y de sus tics y manías, o de las cosas de las que suelen acusarle, como el tema de las chicas guapas que parecen modelos.

Además Bay parece haber heredado la forma de rodar y editar las escenas de acción de la anterior entrega de Transformers, debido al 3D, que obliga a que haya planos de mayor duración para que el público pueda entender lo que sucede en las batallas, que son muchas y son gigantescas. Y que tienen cada vez más planos a cámara lenta, que en 3D se disfrutan bastante. Incorpora nuevos robots, algunos realmente brillantes (los Dinobots, espectaculares, Hound, con una batalla sensacional, o Lockdown, el villano cazarrecompensas de la película). La batalla final en Hong Kong es una pasada que nos convierte en críos de nuevo, como lo es el asalto a la nave de Lockdown, la caza de Ratchet o la entrada de los Dinobots en la ciudad con Optimus a lomos de Grimlock. El resultado, pese a todos sus defectos, son casi tres horas de película que pasan volando ante nuestros ojos si hacemos lo que se supone que tenemos que hacer, ser adolescentes de nuevo, sentarnos con los amigos y disfrutar con el espectáculo. Ni es muy complicado, ni la película exige más. Ni busca más. Se encuentra a caballo de la primera y la tercera entregas, y sabe explotar las cualidades de este tipo de películas. Entretiene y nos olvidamos de los chistes malos, de algunos diálogos imposibles, de los personajes desdibujados como el de Bingbing Li o el de Sophia Myles, algunos traspiés con el ritmo, sobre todo en la granja, o que Bumblebee empiece a resultar algo… cargante (también hay que cuidar a los robots). Pero como relanzamiento de la saga con una nueva trilogía, es puro escapismo servido en bandeja de plata con grandes efectos especiales, grandes batallas y mucha acción. No le den más vueltas, no busquen más explicaciones. Es Transformers. Sorprenderse ahora suena ingenuo. O quizá alguno quiera ponerse intelectual con algo que no es precisamente Haneke. Pasen y disfruten.

Jesús Usero

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Nuevas batallas, nuevos Transformers, nuevas alianzas y enemigos más poderosos que nunca. Humanos y Autobots tendrán que proteger a la humanidad de la extinción. Cade Yeager, tendrá que salvar a su familia.

Transformers: la Era de la extinción, el próximo 8 de agosto en cines. Protagonizada por Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Jack Reynor, Li Bingbing, Stanley Tucci.

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Jesús Usero

Crítica de la película Transformers, El Lado Oscuro de la Luna

A ver, con la mano en el corazón y la mayor honestidad posible, ¿cuántas veces hemos dicho que el cine de Michael Bay es malo? ¿Qué es un mal director o que sus películas no tienen guión y sólo son una acumulación de cuerpos Danone y explosiones? Más de uno y más de dos, creo. Ahora, siguiendo con la honestidad, ¿cuántas películas de Michael Bay no hemos ido a ver al cine? Desde Dos Policías Rebeldes a la saga Transformers sus películas son, con excepción de La Isla, algunos de los éxitos de taquilla más importantes de los últimos años. Y no, no estoy diciendo que eso las convierta en buenas películas, pero algo tendrá su cine cuando, pese a las críticas, sigue llenado salas de cine. Y lo seguirá haciendo.

Bay es el más listo de la clase. O de los más listos. Sabe lo que el público desea en una producción veraniega y se lo ofrece en cantidades industriales. Da lo que promete. Adrenalina, efectos visuales de última generación y un tipo de empatía con el espectador que convierte su cine en muchas ocasiones, en un placer culpable. Al menos a mí me sucede así. Su cine no es bueno (a excepción de La Roca), pero tiene algo que engancha. Como la comida basura. Pueden decirnos que las verduras son mucho más sanas, pero eso no implica que no sigamos cenando pizza de vez en cuando. Y que, sabiendo que no es buena ni saludable, encima la disfrutemos.

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Su última película, Transformers, El Lado Oscuro de la Luna, cumple con rigor con todos los preceptos del cine de Bay. Escaso desarrollo de guión o personajes, muchos efectos visuales y pirotecnia, esa épica de andar por casa tan habitual en sus películas y un reparto que mezcla actores consagrados con jóvenes de muy buen ver o prometedor futuro. Y mucha desvergüenza a la hora de mezclarlo todo en la pantalla. Pero también mucho saber y conocer al público. Es, sin lugar a dudas, la mejor entrega de la saga, la que tiene el argumento más trabajado (sin ser nada del otro mundo) y ofrece al personaje central de Sam Witwicki mayor desarrollo dramático. Es la que mejor dirigida está, seguramente para evitar marear con el 3D, así que hay mucha cámara lenta para que podamos ver cómo explotan los robots y media ciudad de Chicago sin perdernos detalle. Y cambia por completo el escenario de las dos entregas anteriores, con menos viaje por el mundo y sin un objeto que todos buscan y sólo Sam puede utilizar para salvar el día. Intenta cambiar de registro para ofrecer algo distinto a las otras dos películas y consigue uno de los espectáculos visuales más salvajes, brutales y geniales del año. Ojo, sólo como espectáculo visual, nada de guión o interpretación. No nos confundamos. Pero tampoco le hace falta y eso lo sabe el director a la perfección.

La hora final de proyección, con esa batalla que arrasa Chicago, con los buenos en inferioridad y con cientos de robots poblando el panorama, es una de las batallas más impactantes que se han rodado en los últimos años. Demencial, violenta, grandiosa y diferente a todo lo que hemos visto antes, en la saga y en la mayoría de películas que llegan a nuestras pantallas. Tiene momentos que son simplemente geniales por exceso, como ver a Optimus Prime arrasando enemigos a cámara lenta y en 3D, en un plano secuencia que te deja sin aliento y pidiendo más. De hecho, termina la película y uno acaba deseando ver más. Más de todo.

Cierto es que la película tarda un poco en arrancar y que a la hora y media de proyección se hace un pelín pesada de digerir. Marea demasiado la perdiz y uno no termina de cogerle el tranquillo a tanto ir y venir de personajes sin mucha enjundia ni rumbo. Pese a escenas de acción como la de Chernobil. Y cierto es que el guión y el director no se preocupan por presentar a los personajes de forma realista o creíble, pero no le hace falta, ni mucho menos. Todo eso lo suple Bay con mucha caradura y simpatía genuina. Si no me creen observen cómo es presentado el personaje de la nueva protagonista femenina y lo entenderán. Michael Bay es como un adolescente con las hormonas revolucionadas y quizá por ello el público, sobre todo el joven, sigue acudiendo en masa a ver sus películas.

Por cierto, hablando de Rosie Huntington-Whiteley , una mujer de bandera que alegrará las corneas de todo heterosapiens de pro, como diría mi compañero Miguel Juan Payán, pero que carece de algo que Megan Fox tiene, ese aire de animal de la pantalla que hipnotiza y hace que se te olvide cualquier otra cosa que haya en pantalla cuando ella está en el plano. Esta chica es preciosa, pero no es Megan Fox. El resto del reparto cumple con creces ante los pocos mimbres que se les da. Desde el siempre convincente Shia LaBeouf, líder indiscutible de la película, a un divertidísimo John Malkovich o un Ken Jeong que roba la película en los 10 minutos que aparece en pantalla. Todos ellos dan la impresión de que se lo están pasando en grande. Y se nota.

Además la película aprovecha que sus protagonistas no son humanos para ser ultraviolenta y casi gore, lo cual la hace aún más divertida. Eso sin contar con ese brillante e impresionante 3D que nos mete dentro de la película, sobre todo en el tramo final, y que hace que merezca la pena pagar un poco más por la entrada.

Antes de que despedacemos Transformers 3, seamos honestos y veamos a qué clase de película nos enfrentamos. Ni Bay es Christopher Nolan ni lo pretende. Sólo quiere que pasemos un rato a lo grande dejando el cerebro desconectado o en casa. Y lo consigue. De una forma incontestable. Y si alguien quiere ver algo con más enjundia o un guión impecable, quizá tendría que optar por ver la última de Woody Allen.

Los que vamos a ver Transformers sabemos a lo que venimos. Digo yo…

Jesús Usero

 

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