Goyas 2012: yo, el rifle, la biblia, John Wayne y los premios Goya

Miguel Juan Payán Febrero 20, 2012 38390

Hoy lunes, 8 de la mañana, puerta del metro de mi barrio, veo en la portada de los dos dos periódicos gratuitos que han conseguido sobrevivir a la crisis a José Coronado besando el Goya y caigo en la cuenta de que para ser sincero no esperaba otra cosa, ni por deducción profesional ni por inclinación personal como espectador.  Pero tal como va el año en lo que a nominaciones y premios se refiere, me temía que los académicos volverían a pillarnos fuera de juego a la mayoría votando otra cosa.

El arranque musical de los Goya 2012

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Las favoritas a los premios del cine español, si nos atenemos a número de nominaciones, eran, en principio, La piel que habito (16), No habrá paz para los malvados (14), Eva (12), Blackthorn: sin destino (11) y La voz dormida (9)… y Antonio Banderas tenía tan claro que iba a perder frente a José Coronado y su Santos Trinidad que le dijo a Melanie Griffith que no fuera con él, pero ella insistió replicándole una frase que parece sacada de un guión de Hollywood: “precisamente por eso”: ¡qué bonito es el amor!

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Es sólo una de las muchas anécdotas que empezaron a escupir ayer domingo por la tarde las redes sociales activadas como un resorte enloquecido ante el evento, de manera que había un montón de gente presente en el lugar sacando fotos, tecleando opiniones, chistes y gracietas varias en el móvil, contando la gala a su manera o atacando a los Goya de forma inmisericorde, a degüello, con inquina, no sé si con alevosía, pero desde luego a partir de cierta hora, con nocturnidad. Había de todo y para todos en esas opiniones del Facebook y el Twitter, incluido el propio Álex de la Iglesia tecleando sus primeras impresiones de la llegada a la gala en el interior de un coche engullido por un atasco.

El grupo Anonymous se cuela en la Gala de los Goya 2012

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Las redes sociales echando humo. Lo cual me recuerda la metralleta Gatling que operaban Katharine Hepburn y John Wayne en El rifle y la Biblia, la película que estuve viendo a trozos mientras veía también a trozos la gala. ¿Qué cómo es posible que estuviera viendo a Wayne y Hepburn en el lejano y salvaje oeste al mismo tiempo que la gala del cine español dedicándome a esto de escribir sobre cine? Pues miren ustedes, porque ante este tipo de ceremonias, independientemente de la calidad del guión o el talento del presentador o presentadora, no espero milagros. Esto es: que por astuto y hábil que sea el guionista y el presentador, el resultado es siempre el mismo: hay más agradecimientos y palabras que espectáculo. De manera que suelo montarme un trío, esto es: yo, una película que sepa que no va a absorberme la atención en exceso –El rifle y la Biblia es una secuela flojeras de Valor de ley, con el Duque y la Hepburn repitiendo el esquema argumental de La reina de África con mucha menos gracia que Humphrey Bogart y Hepburn a las órdenes de John Huston…-, y la gala de los premios Goya. De ese modo puedo alternar los momentos que me interesan de la gala con las peripecias que me interesan de la película, y si ambas cosas coinciden –lo cual es raro-, paro la película, atiendo a los Goya y cuando vuelven a frenarse, le doy al play en el dvd y sigo viendo a Wayne con su parche intentan do ligarse a la Hepburn con su sombrerillo gracioso.

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Ayer la fórmula funcionó especialmente bien, porque, como siempre, los premios tienen menos de espectáculo que de ceremonia de agradecimiento, un error que se repite inevitablemente en muchas galas de entregas de premios. Yo pondría dos guardias de discoteca vestidos de stormtroopers de Star Wars, eso sí, por aquello de darle un puntito cinematográfico al asunto, para que una vez recibido el premio los premiados no pudieran decir más que: “Gracias a mi equipo y a mi familia, que me ha apoyado mucho en todo esto”, y luego sacarlos del escenario a la voz de ya antes de que pudieran seguir articulando palabras. Entiendo que es su momento, que quieren ajustar cuentas con la realidad, que tienen que recordar a mucha gente que les ha ayudado a llegar hasta allí, pero soy un cabronazo y quiero espectáculo. Me pasa con los agradecimientos lo mismo que con las escenas en las que Wayne intenta ligarse a Hepburn en El rifle y la Biblia… ¡con un puñado de forajidos persiguiéndoles! ¡sentado en un carro cargado con varias cajas de explosivos! ¡con una metralleta Gatling a menos de medio metro del dedo con el que el Duque aprieta el gatillo!

Y en la gala hablan, y hablan, y hablan. Y en la película hablan, y hablan, y hablan… Comprenderán ahora porque me monto un trío.
De ese modo al final retengo de la gala lo que más me ha llamado la atención: Belén Rueda bailando en el número con el que empieza el espectáculo, la emotiva aparición de Silvia Abascal, Belén Rueda como la mujer de rojo más impresionante de la noche  junto con Leonor Watling, Santiago Segura haciendo de las suyas con un monólogo que me lleva a pensar que alguien debería plantearse darle la presentación completa de la gala en alguna ocasión, Salma Hayek luciendo belleza, Paco y María León en la alfombra roja, el recuerdo a los caídos, momento imprescindible, aunque algunos piensen lo contrario -ya me dirán ustedes qué tipo de grupo humano es tan miserable como para no molestarse ni en honrar a sus muertos-, y  Eva Hache peleándose consigo misma para no dar rienda suelta a su talento para la improvisación y sujetarse a un guión que tuvo el acierto de introducir ciertas recomendaciones para el uso y disfrute de la gala de los Goya a las que sospecho que no les hizo caso nadie.

Silvia Abascal, muy emocionada, presenta los Goya al mejor actor de reparto

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María León, Goya a la mejor actriz revelación por 'La voz dormida'

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Y entre esos momentos y algún otro que se me puede haber olvidado, John Wayne cabalgando con el parche en el ojo, Katharine Hepburn apretando el gatillo de la metralleta Gatling y recitando pasajes de la Biblia, un joven indio dando saltos por la pantalla para ahuyentar a los caballos de los forajidos, John Wayne emborrachándose, John Wayne en una barca con el indio y con la Hepburn, algunos tiros, y fin.

Terminó la película antes que la Gala, en la que seguían los agradecimientos de los premiados, incluyendo dos que me llamaron especialmente la atención: el discurso de Isabel Coixet a favor del juez Baltasar Garzón cuando recogió el premio al mejor largometraje documental por Escuchando al juez Garzón (sí, a mí también me suena a tautología desde el punto de vista de la retórica), y el recuerdo, inevitable y esencial, de Lluís Homar, mejor actor de reparto por su papel como robot en Eva, a su trabajo con Montxo Armendáriz en No tengas miedo, una de las películas inexplicablemente peor tratadas de la noche, empezando porque Homar bien podría haber sido nominado con más coherencia por su papel como padre pederasta en la misma que en su calidad de robot. Dado que el impresionante trabajo de Michelle Jenner, premio del Círculo de Escritores Cinematográficos a la mejor actriz principal por No tengas miedo, tampoco mereció ser reconocido en el apartado de mejor actriz revelación –casi me parece lógico, esta mujer no tiene que revelar nada a estas alturas, para empezar deberían haberla nominado al Goya como mejor actriz principal y dejarse de historias, y reconozco los méritos de María León para llevarse el galardón por La voz dormida, simplemente porque Jenner tenía que haber sido nominada como protagonista-, me atrevo a decir que la película de Montxo Armendáriz es, junto con Cinco metros cuadrados, de Max Lemcke, con un trabajo sensacional de Fernando Tejero y Malena Alterio, una de las injustamente olvidadas de este año en los premios del cine español. Soy consciente de que no pueden estar todas las películas, pero sí creo que tienen que estar por lo menos las muy buenas, porque hay ausencias especialmente llamativas frente a presencias igualmente llamativas.

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Y en cuanto a los premios propiamente dichos, encuentro lógico y saludable que el mejor actor, director, película y guión le hayan caído a No habrá paz para los malvados. Es la reivindicación del cine hecho con calidad pero sin perder de vista al espectador, la renovación del cine de autor por la vía de los géneros, y el reconocimiento a un trabajo muy bien hecho y a un actor que ha ayudado a crear uno de esos personajes míticos del cine, Santos Trinidad. Es la muestra de que el cine español puede ser más ambicioso y no quedarse estancado contando siempre lo mismo. Que en las nominaciones de este año hayan brillado e incluso dominado los géneros –Blackthorn, sin destino de Mateo Gil, La piel que habito de Pedro Almodóvar, Eva, de Kike Maíllo-, me parece una buena señal, lo mismo que reconocer el trabajo de los  guionistas de una película, aunque sea de animación, caso de Arrugas, porque el cine de animación también es cine.  

'No habrá paz para los malvados', Goya a la mejor Película

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Enrique Urbizu, Goya al mejor Director por 'No habrá paz para los malvados'

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José Coronado: Goya 2012 al Mejor Actor

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En cuanto al premio a la mejor actriz principal,  yo también las habría pasado canutas para elegir entre las nominadas, así que no pongo pegas a que se lo haya llevado Elena Anaya por La piel que habito en una noche donde me hubiera parecido igualmente justo que besara el Goya Inma Cuesta por La voz dormida, Verónica Echegui por Katmandú o Salma Hayek por La chispa de la vida, aunque reconozco mi inclinación por Cuesta y Hayek. Lo mismo me pasa con José Mota, que habría sido mi elección como actor revelación por La chispa de la vida, pero sin ánimo de discutirles a los demás sus méritos. Y con todos mis respetos para el resto de las nominadas, en mi opinión es justo que el premio a la mejor actriz de reparto se lo haya llevado Ana Wagener por La voz dormida.

Elena Anaya gana el Goya a la mejor Actriz

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Como película europea lo de The Artist empieza a sonar ya a tópico, especialmente cuando se dejan en el tintero dos películas que me parecen claramente superiores en todos los sentidos, Melancolía y A un dios salvaje. De las hispanoamericanas mis afectos estaban divididos entre Un cuento chino, que ha ganado, y Miss Bala, así que no me quejo.

Eso sí, por favor, la próxima vez dejen hablar a los chavales que salen a pedir ayuda, como el de Extremadura. No pasa nada si alguien mete alguna palabra pidiendo ayuda después de una noche con tantas palabras de agradecimiento y tanto machacar con que estamos en crisis.

Un espontáneo se cuela en la Gala de los Goya 2012

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Miguel Juan Payán

 

Modificado por última vez en Lunes, 20 Febrero 2012 11:07