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John Krasinski consigue elaborar una película de terror más centrada en crear atmósferas asfixiantes, que en provocar el susto fácil.

Algo se está moviendo en el género del miedo a 24 fotogramas por segundo, que invita a pensar en una especie de renovación de un estilo de obras en las que el discurso teen había imperado durante décadas. No obstante, esta nueva ola no se está gestando en las raíces de los terrores sobrenaturales ni psicopáticos, sino en la variante apocalíptica.

Series como Walking Dead y Fear the Walking Dead abrieron el camino a producciones audiovisuales dirigidas a públicos animados a reflexionar frente a la pantalla, más que a comer palomitas sin control, en espera de la descarga habitual de efectos especiales.

John Krasinski es uno de los últimos creadores en subirse al carro de los filmes que tratan el tema de la supervivencia de la especie humana a través de un esquema imaginativo y profundo, con elementos que recuerdan a los utilizados por Ridley Scott en Alien, el octavo pasajero.