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Crítica de la película Las Aventuras del Doctor Dolittle

Fallida película de aventuras familiar que no aprovecha su enorme potencial.

Situar a Robert Downey Jr. como líder de un proyecto como éste, parecía todo un acierto. Una película sobre el personaje del Doctor Dolittle, una nueva adaptación del mismo, que supone cine para toda la familia, con animales parlantes y un protagonista estrafalario en una aventura única. Y todo eso aparece en esta nueva versión… simplemente no en la medida adecuada. Por exceso o por falta, la película falla en casi todos sus niveles, convirtiéndose en un chasco, no sólo por todos sus fallos, sino por el sabor que deja a oportunidad perdida. A película que podía haber sido mucho más en otras manos, y que se escapa a nuestra comprensión en qué momento salió mal.

La aventura comienza con un Dolittle alejado del mundo, que sólo se relaciona con sus animales y no quiere saber nada de los humanos. Pero una grave enfermedad de la reina le obligará a embarcarse en una peligrosa misión junto a algunos de estos animales y a un joven aprendiz al que no tiene más remedio que aceptar. En este punto podemos decir que mucha gente, al ver la película doblada, no tendrá que enfrentarse a uno de los problemas de la película, el trabajo de su productor y protagonista. Robert Downey Jr. está tan obsesionado con crear su propio Jack Sparrow que no se da cuenta de que ese no es el camino, y por ejemplo con el acento del personaje, convierte al mismo en un caos que a ratos es inglés, otras veces escocés, otras tantas americano… y así.

Crítica de la película Para toda la muerte

Simpática y surrealista comedia, donde la exageración de las situaciones planteadas contribuye a generar el elemento humorístico.

La sensación de estar ante un sainete del siglo XXI –convenientemente alargado en extensión- asalta rápidamente la mente, al contemplar las idas y venidas que efectúan los personajes de esta esforzada y colorista cinta, del actor y director Alfonso Sánchez (Superagente Makey).

Entre las costuras del guion de Para toda la muerte hay restos actualizados de Miguel Mihura y de Jardiel Poncela, aunque en su resolución se observe un componente de artificialidad colectiva, que no existía en la mayoría de las obras de los citados dramaturgos.

El argumento de esta alocada movie de Sánchez sigue los pasos de José (Alberto López): un hombre que ha pasado ocho años estudiando unas oposiciones, para acceder a un trabajo decente y seguro en España. Sin embargo, cuando le comunican por Internet que ha pasado el examen, y que se puede considerar a sí mismo como funcionario del Estado; una llamada le alerta de que ha habido un error en las listas publicadas, y que él es el primer suplente y no un reconocido trabajador en plantilla. Incapaz de contar a su esposa y a sus parientes y amigos la delirante situación, el aspirante a servidor público decide ir a casa del opositor que le precede en el puesto demandado, y acabar con su vida. Pero una concatenación de despropósitos hace imposible esta tarea criminal, sobre todo porque hay más de una persona que quiere acabar con la existencia del sujeto en cuestión.

Crítica de la película Judy

Rupert Goold dirige este biopic algo convencional, sobre la estrella que protagonizó El mago de Oz.

La caída a los infiernos de la bebida y el abandono profesional son los resortes utilizados por el cineasta Rupert Goold para acercarse a los últimos años de vida de la actriz Judy Garland. Un periodo coincidente con la gira que la que fuera pareja profesional de Mickey Rooney llevó a cabo por los escenarios de Londres, durante el invierno de 1968.

La estética de un glamur decadente prende en cada fotograma que compone este recorrido por los recuerdos y padecimientos de una Judy Garland encarnada, con esfuerzo y artificiosidad, por Renée Zellweger. La actriz de El diario de Bridget Jones efectúa una correcta caracterización de una señora tan complicada y poliédrica, como era la madre de Liza Minnelli; lo que genera un repertorio de gestos milimétricos y maquillajes excesivos, con los que pretende retratar a la movie star. Sin embargo, en todo momento da la sensación de que se está viendo a un doble intentando convertirse en Judy Garland, y nunca hay atisbos de que la estrella de Cita en Saint Louis se expanda a través de la mirada y los movimientos de Zellweger.

Crítica de la película Adú

Salvador Calvo filma una emotiva película, sobre un niño que tiene que escapar de su país de origen con su hermana

Adú es ante todo una obra necesaria, máxime en un mundo en el que el fenómeno migratorio es satanizado por muchas de las fuerzas políticas que campan en Europa y el resto del planeta. De las concertinas de Melilla a las odiseas iniciadas en lugares en los que la muerte está en cada esquina y pueblo, el filme presenta distintos escenarios y posturas personales, frente a lo que supone reflexionar sobre la inmigración ilegal.

A modo de mosaico coral, el guion se compone de tres historias, entrelazadas por las circunstancias y la casualidad. La primera tiene lugar en Melilla, donde un grupo de guardias civiles es sometido a juicio, por la muerte de un refugiado que pretendía saltar la valla -coronada con alambre de espino- que separa España de Marruecos. El segundo relato transcurre en África, y lo protagoniza un activista en favor de los animales, que intenta preservar la vida de unos elefantes, amenazados por los cazadores furtivos y los tratantes de marfil. Y por último, aunque no por ello la menos potente, está la trama que da título al largometraje, y que la lidera la mirada deslumbrante de un niño llamado Adú, que debe huir de su lugar de origen con su hermana, después de la muerte de su madre a manos de una organización criminal.

Crítica de la película Aguas oscuras

Inquietante y muy bien dirigida película de intriga sobre caso real.

Todd Haynes nos cuenta con gran habilidad y personalidad una trama de intriga corporativa y envenenamiento de la población que aún siguiendo cuidadosamente los pasos de este tipo de películas de denuncia y fórmula del viaje del héroe, gana puntos por el trabajo de dirección. Está muy bien contada y con un muy buen ritmo. No llega a tener el gancho de Spotlight, pero engancha por su solidez a la hora de plantearse un relato que fácilmente podría haberla llevado al lenguaje visual del telefilme o hacerla perecer en las aguas del tópico.

Hay muchas películas que pueden haber abordado temas similares al que aquí se nos cuenta, pero Haynes le aporta un juego visual a su propuesta que le hace ganar distancia de las mismas. Le pasa lo contrario que a Cuestión de justicia, que partiendo de un caso real pierde fuerza al entregarse a una fórmula a medio camino entre la denuncia temática del abuso racista y la pena de muerte y la entrega a la fórmula de intriga típica de las novelas de John Grisham. Nada de eso ocurre en este caso porque Haynes consigue desarrollar una propuesta muy seria, y por tanto inquietante, siguiendo el recorrido de la fórmula, cierto, pero sin entregarse al tópico.

Crítica de la película Bad Boys for life

La mejor de toda la franquicia. Divertida y cumple bien con su cometido.

Las paradojas del cine: ha hecho falta que Michael Bay no dirigiera esta entrega para que sea la más sólida de las tres que ahora mismo integran la saga, con el guión mas solvente, haciendo el mejor uso posible de las características de la franquicia, y añadiendo con acierto el elemento del grupo de jóvenes policías.

A los protagonistas les sienta bien envejecer en esta tercera entrega que cuenta con el mejor Martin Lawrence de toda la saga y curiosamente le da más protagonismo y peso que en las anteriores, dejando que sea el motor de la película en muchos momentos, sirviendo para refrescar la propuesta en los momentos en que podría resultar reiterativa.

Crítica de la película Jojo Rabbit

Sátira, comedia negra y metáfora sobre nuestra sociedad se dan la mano en esta revisión de los últimos días del nazismo.

Cualquiera que nos siga en nuestros diversos medios, ya sea esta web, la revista o las redes sociales, sabrá que no le tenemos, o no le tengo, precisamente un cariño especial a Taika Waititi, director de Jojo Rabbit. Pese a que Thor Ragnarok me parece muy buena película, no me gusta en absoluto, y su tono humorístico no es lo que buscaba en una película de ese personaje. Sin embargo sus trabajos lejos de Marvel son fascinantes y Jojo Rabbit se suma a esa lista de películas inclasificables y únicas, aportando una mirada ácida y bastante negra al nazismo y a la figura de Adolf Hitler, interpretado por el propio Waititi.

La película nos cuenta cómo en los últimos días de la Alemania nazi, cuando perdían la guerra, un niño llamado Jojo es ferviente seguidor de Hitler, con quien tiene charlas imaginarias de lo más delirante. Pero cuando descubra que su madre esconde a una chica judía detrás de las paredes de su casa, todo lo que creía saber sobre su mundo y sobre los judíos, sobre Hitler sobre el nazismo, empieza a tambalearse. Y el joven descubre que no sabe nada y que tiene mucho, mucho que aprender. Junto al niño Roman Griffin Davis y a Waititi, encontramos un reparto lleno de rostros nuevos muy interesantes, como Thomasin McKenzie como Elsa, la adolescente judía refugiada en casa de Jojo, o Archie Yates, su mejor amigo, y otros más que conocidos como Sam Rockwell, Stephen Merchant, Alfie Allen, Rebel Wilson o Scarlett Johansson.

Crítica de la película Malasaña 32

Competente cinta de terror patrio con muchas referencias y una impecable factura.

Siempre que hablamos de cine de género acabamos denostando nuestro cine, o considerando cine español como un género en sí mismo, cuando cualquier género se trata en nuestro país con mayor o menor fortuna. La calidad del producto final vendrá determinada por los guiones. Por su dirección. Por sus actores… Pero, para entendernos, me siento mucho más identificado con las marismas del Guadalquivir de La Isla Mínima que con los pantanos de Luisiana de True Detective. Son cine negro y policíaco (aunque una sea serie, tiene factura de cine) ambas. Y como tal deben juzgarse. Sirve lo mismo para un producto de terror tan bien realizado como Malasaña 32. Una película que nos lleva a una piso de Madrid poseído por un peculiar fantasma.

La historia comienza en 1972 pero pronto nos traslada a 1976, cuando una familia se muda del campo a Madrid, a pleno centro, en un piso enorme y precioso que lleva años sin ser habitado. Está en la calle Malasaña 32 y la familia ha salido del pueblo sin tener más remedio, invirtiendo todo en la casa y con una hipoteca sobre sus cabezas. Pronto los sucesos misteriosos empiezan a suceder y una presencia comienza a acosar a la familia, aterrorizando sobre todo al hijo pequeño, Rafael, y a la mayor, Amparo. La familia corre un peligro mayor del que creen. Una historia de fantasmas tradicional, pero con un giro, permitan la expresión, cañí, que la hace mucho más cercana que cualquier producto internacional.

Crítica de la película Los niños del mar

Una pieza de arte visual con una interesante trama, pero extravagante final

Que larga se ha hecho la espera. Desde allá por 2011 cuando finalizaba la publicación del manga creado por Daisuke Igarashi, muchos de los seguidores de éste esperaban que alguna productora de cine se hiciese cargo de la adaptación animada, y hemos tenido que esperar hasta este mismo año para poder ver nuestro sueño hecho realidad. Ayumu Watanabe, cuyos trabajos habían estado más centrados en series de televisión y películas animadas de la franquicia de Doraemon, es el encargado de dirigir esta adaptación en formato largometraje, trabajo que no era nada fácil y que ha sabido dirigir con bastante estilo. La historia sigue a Ruka, una estudiante con ciertas inseguridades en su persona cuya vida dará un pequeño cambio tras conocer a Umi y Sora, dos chicos provenientes del mar.

Su premisa resulta interesante, pues nos hace querer saber más acerca de este misterioso suceso que envuelve a los dos personajes marinos, y poco a poco nos va adentrando más en su mundo, pudiendo observar las diferentes conexiones entre ellos mismos, Ruka, el mar, y la mismísima humanidad. Ya adelanto que no es una película para todo el mundo, pues para quien no preste demasiada atención a lo que está viendo (incluso si se lo prestas en algunos casos), supondrá un reto difícil de asimilar, puesto que, llegado a un punto, la cinta empieza a introducir elementos de tipo filosófico e incluso trascendental, sobre todo en su acto final donde los acontecimientos os harán explotar la cabeza. A mí personalmente me ha resultado complicado entender todo lo que se pretende explicar en el climax de la película, porque, aunque como he mencionado anteriormente su comienzo y premisa captan nuestra atención, su desenlace es bastante ambiguo, incluso tras ver la escena post-créditos. Me ha recordado a la primera vez que vi la serie original de Evangelion y la película que finaliza ésta, pues había tanto que asimilar que había que verla varias veces para poder comprender todo. “Los niños del mar” tiene una trama potente y original que se cuece a fuego lento y te invita a seguir con ella para conocer a los personajes, su relación entre ellos y su desarrollo (muy bien plasmado hay que decir), pero un final algo complicado a mi parecer.

Crítica de la película La guerra de las corrientes

Imaginativa e interesante aproximación de Alfonso Gomez-Rejon a la batalla inventora que mantuvieron Thomas Edison y George Westinghouse, para liderar el imperio de la energía eléctrica.

Entre sueños de grandeza y deseos de permanecer en la historia hasta el fin de los tiempos, así es como el cineasta Alfonso Gomez-Rejon ha querido plasmar la llamada guerra de las corrientes, que se libró en Estados Unidos en las décadas finales del siglo XIX. Sin perder de vista el componente económico, el responsable de American Horror Story: Coven lleva a cabo un ejercicio fílmico de intensidad apremiante, donde el duelo interpretativo mantenido por Benedict Cumberbatch (Thomas Edison, en el filme) y Michael Shannon (en la piel de George Westinghouse) se erige como el elemento principal y omnipresente, a lo largo de una trama frenética y un tanto neurótica, conjuntada como un mecano de visiones determinantes.

El guion comienza con un objetivo: llevar la electricidad a los hogares estadounidenses, con el menor cargo impositivo y los mínimos riesgos para la salud y el consumo. En esa carrera por lograr la luminosidad perfecta, los experimentos de Thomas Edison y George Westinghouse se convierten en las alternativas más agresivas y competentes para alcanzar el monopolio empresarial en el floreciente sector. Mientras el primero de ellos considera la corriente continua como el método predominante para llegar a la meta planteada, el segundo propone un sistema de corriente alterna, soportado por bombillas con filamentos de mayor duración que las de su competidor. Traiciones, declaraciones poco honorables a la prensa, juicios y problemas familiares se suceden sin cesar a lo largo de esa batalla por dar con la energía del entonces futuro inmediato. Una guerra en la que se introduce un joven inmigrante llamado Nikola Tesla (Nicholas Hoult, en la película), con sus ideas sobre cómo ir más allá de lo estudiado por los proyectos de Edison y Westinghouse.

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