Una pequeña gran película. Producida por Guillermo del Toro, aunque alejada por completo de sus mundos de fantasía y ciencia ficción, La Delgada Línea Amarilla es una es la primera película como director de Celso García, director de cortometrajes que consigue con su ópera prima una historia emotiva, cercana, sencilla pero muy profunda, que por desgracia ha llegado tres años tarde a nuestro país. Esperemos que en el futuro sigamos oyendo cosas de un joven realizador que no es una promesa en ciernes sino una realidad capaz de contar una historia de este estilo sin pecar de sentimentalismo, ni recargar las tintas, con un aire de western de carretera, más cercana a La Balada de Cable Hogue que al drama más convencional.

La historia es sencilla en apariencia. Cinco hombres tienen 15 días para pintar la línea amarilla de una carretera, más de 200 kilómetros, lo que les unirá en un viaje que será para todos ellos un punto de inflexión en sus vidas. Cinco hombres completamente distintos, de distintas edades y procedencias, con distintos talantes y personalidades marcadas. Cinco personas en realidad, lideradas por Damián Alcázar en el papel de Toño, un hombre que parece lo ha perdido todo, al que se le presenta una segunda oportunidad, algo que nunca esperaba tener, volviendo a trabajar en aquello en lo que era realmente bueno, liderar a una cuadrilla de trabajo y obtener los mejores resultados en el tiempo estipulado. Lo dicho, parece una historia sencilla, y lo es, pero hay que saber contarla.