Miguel Juan Payán

Miguel Juan Payán

Profesor de Historia del cine, Géneros cinematográficos y Literatura dramática

Crítica de la película Downton Abbey

Buena prolongación de la serie original que gustará a los seguidores de la misma.

Entre 2010 y 2015 la serie de televisión Downton Abbey se destacó en la oferta televisiva por su calidad y consiguió abrirse un hueco en las preferencias de los espectadores. Era televisión de calidad, y aunque su tema y propuesta no eran tan novedosas como algunos de sus “fans” incondicionales pretenden, no era nada nuevo (revisen la serie Arriba y abajo, de 1971), sin duda merecía estar siempre citada entre las producciones de mayor calidad de la pequeña pantalla.

Otra cosa es que a algunos nos interesen poco o nada las peripecias de la aristocracia británica de medio pelo y sus entregados y felices sirvientes, como es el caso de quien esto escribe.

Frente al largometraje que aquí comento me encuentro en la misma situación de obligado reconocimiento de la calidad de algo cuyo contenido no solo no me interesa absolutamente nada, y tiro de obligada objetividad, aparcando mi intenso desapego personal frente a toda esta fauna de personajes que tan poco inspiradores me resultan.

A Downton Abbey le reconozco en positivo el buen ritmo de la narración y la manera de mover elegantemente el protagonismo compartido de todos estos personajes sumidos en ese laberinto de falsas apariencias. El lenguaje visual se gana mi atención y mi aplauso sobre un guion que en realidad revisita y explota sin arriesgar las claves de la serie original, abusando de la baza del previsible interés de los seguidores de la serie por seguir metiéndose en las vidas de esta pintoresca fauna que constituyen los habitantes de esa mansión británica entregada a las tensiones y pequeñas intrigas que promueve el festejo de la visita real al lugar.

Crítica de la película It. Capítulo 2

Más floja que la primera, repitiendo claves de la misma y demasiado larga.

La película enfrenta un serio problema de ritmo y aunque sus casi tres horas de metraje no son aburridas, desperdicia algunas de sus mejores claves y lo sembrado en el primer largometraje, dejando algunos flecos particularmente crispantes. Por ejemplo, ¿qué ocurre con lo planteado con el marido del personaje de Jessica Chastain? ¿Qué ocurre con el secreto de Richie Tozer?

Lo que ocurre es que incluso en esa duración tiene elementos para resultar entretenida y puede permitirse vivir de las rentas de lo sembrado en la primera película, pero no progresa, no profundiza en las claves de los personajes adultos, en sus neuras y sus complejos, en los miedos y culpas que son el alimento de de Pennywise.

De hecho una de las flaquezas de la película es que no le saca tanto partido como podría a Bill Skarsgaard en el personaje de Pennywise. Lo que nos ofrecen en el payaso es más de lo mismo que ya vimos en la primera película. No hay progreso e incremento de la inquietud. La resolución y todo el tercer acto de este Capítulo 2 es reiteración de lo visto en el desenlace del 1. Por comparación con sus equivalentes infantiles, los personajes y actores adultos salen perdiendo. El único que mantiene el tipo es Bill Hadder. Lo que hace gracia o resulta simpático en los críos no lo es tanto, e incluso llega a ser repetitivo, en estos adultos que están dibujados como niños grandes y cuya madurez no opera en sus reacciones ante la amenaza de Pennywise. Eso perjudica el trabajo de actores. Jessica Chastain está como desdibujada, corriendo de un lado para otro, gritando, en un papel por debajo de sus posibilidades. Otro tanto puede decirse de James McAvoy. Siendo unos perdedores, manteniendo ese perfil de hechos polvo, cabría pensar que la madurez sin madurar de estos personajes fuera más interesante psicológicamente en su construcción, pero no lo es, es muy plana, excesivamente simple en la manera en que se comportan y supuestamente superan los retos, con recursos muy obvios. El tema del ritual es poco original en la manera de presentarse en pantalla.

Crítica de la película Quien a hierro mata

Paco Plaza factura una perfecta, enérgica y valiente muestra de cine negro.

Un reparto en estado de gracia capaz de vendernos todo lo que haga falta en cada uno de sus planos, un guión que sabe cómo cruzar los caminos paralelos de los personajes en un todo con un ritmo perfecto y tres líneas de acción casi en paralelo -el padre anciano, el enfermero vengador, los hijos traficantes metidos en una operación que les viene muy grande-, dosificando el drama cotidiano del  paciente en el asilo con dos líneas de tensión creciente del enfermero y los hijos en su laberinto criminal, una utilización del sonido notable en su densidad expresiva, capaz de materializar para el espectador todas y cada una de las corrientes psicológicas subterráneas que van destruyendo a los personajes, una puesta en escena sencilla pero eficaz y en algunos momentos plenamente consciente de la doble identidad genérica de su relato como drama e historia criminal, con algunos planos que resumen perfectamente esa dualidad de vida y muerte que preside toda la trama. Todo ello se da cita para poner en la cartelera la que en mi opinión va a ser una de las mejores películas del año, previsible receptora de nominaciones a premios Goya muy merecidas para sus artífices.

Paco Plaza ha facturado con este largometraje su mejor trabajo, y a través del mismo entra en una etapa de madurez en su cine que, crucemos los dedos, se me antoja muy prometedora de buenos ratos y buen cine para el futuro si sigue por este mismo camino.

Crítica de la película Objetivo: Washington D.C.

Mejor que la primera, con una trama más interesante y Butler en su salsa.

No era muy difícil dada la inclinación de la saga a entregarse a la pirotecnia gratuita, pero lo cierto es que esta tercera entrega me parece más sólida en su propuesta de equivalente más crepuscular del personaje de Mike Banning que interpreta Gerard Butler. Además le viene bien el refuerzo de Nick Nolte en un momento clave de la trama en la que la que podría haber caído en un frenazo en seco. Le da otro aire en el momento justo, y permite además darle cierta pátina de solidez a esa reentrada del personaje de Nolte en la vida del protagonista. No sorprende lo que hace, se ve venir de lejos, como muchos otros movimientos o propuestas narrativas de la película, desde su principio, pero al menos nos mantiene interesados en la historia.

El caso de la incorporación de Nolte me permite comentar que con un guión que no sorprende y transita por los lugares comunes propios de este tipo de producto, siguiendo la pista alternativamente a la serie televisiva 24 y combinando luego una primera parte del relato tras la pista de El fugitivo y la segunda nuevamente en la fórmula de Jungla de cristal que saqueó a placer en la primera entrega de la saga, sale adelante con un ritmo aceptable y resulta funcional como entretenimiento en la liga en la que juega merced a que los personajes principales están defendidos por actores sólidos.

Crítica de la película Fast & Furious: Hobbs & Shaw

Funcional comedia de acción gamberra con mucho dinero y guión muy flojo.

Le pongo tres estrellas, pero podrían ser dos estrellas y media. Es todo acción, espectáculo, exageración, en la línea de Fast and Furious, pero con el mismo problema de guión flojo, repetitivo, adicto a lo obvio -ejemplo: hombre grande, camión muy grande, bromas con el tamaño del pene y el tamaño del coche, y otras ocurrencias similares-, y que prolonga las secuencias supuestamente cómicas entre los dos protagonistas hasta que dejan de serlo. Y eso que tampoco es que fueran especialmente desternillantes. He visto a Jason Statham y Dwayne Johnson más divertidos y cómicos en otras de sus peripecias del cine de acción. De hecho lo eran más en alguna que otra entrega de Fast and Furious, y eso es un tanto sorprendente porque en esta película tenían la ocasión de explotar a tope la química entre los dos protagonistas.

Falla en eso el guión, que no les da cancha. Hay algún chiste que funciona, pero el tono no acaba de ser el de disparate gamberro que cabría esperar, y cuando dejan la acción aparcada unos segundos para meter escenas de diálogo más “dramático”, naufragan. Shaw hablando con su hermana sobre su distanciamiento. Hobbs hablando con su hija del árbol genealógico. Son muy obvios. Perfil bajísimo y muy apegado al tópico, adicto al lugar común, sin salirse ni un momento de lo previsible. Como algunos diálogos francamente sonrrojantes, aquel de “Tú cree en la máquina, yo creo en la gente”… Y en ese plan.

Crítica de la película Alcanzando tu sueño

Pura fórmula pero manejada con solvencia para ser un entretenimiento eficaz.

Es competente, aunque no haya nada renovador o arriesgado en este largometraje que sigue escrupulosamente, paso por paso, la fórmula de la pelea por el éxito. Si lo haces en el ambiente de boxeo, te sale Creed. Pero si lo haces en el ambiente de los concursos te sale Alcanzando tu sueño. Los elementos vienen a ser los mismos: reto, aspirante joven al éxito procedente de una vida difícil, mentor en horas bajas reinsertándose en el mundillo en cuestión, etcétera. La diferencia para mejor o para peor está en cómo se manejan esos elementos en la narración. Y la verdad es que con el tema de los concursos de cantantes que proliferan para mi gusto en exceso en las cadenas de televisión en todo el mundo, todo indicaba que la película podría ser un melodrama tontorrón mucho menos eficaz y sólido de lo que realmente es. Max Minghella, actor que debuta aquí en la dirección y también se ha ocupado del guión, se las ingenia para pasar de puntillas y sin caer en la trampa de los subrayados innecesarios por todos los lugares comunes obligados en este subgénero.

Crítica de la película Érase una vez en Hollywood

Tarantino hace su mejor trabajo en un brillante homenaje emocional al cine.

Salgo de ver esta película con la intención clara de ponerla la primera entre las mejores de su director. La madurez de Tarantino como narrador audiovisual alcanza en este su último trabajo niveles que en mi opinión superan los de películas anteriores. La tendencia al exhibicionismo de su filmografía, que forma parte de su carácter como autor y precisamente por ello no le reprocho, queda matizada y pulida hasta el límite para dejar paso a una elegancia en el juego con la historia, el trabajo con la alteración de la cronología, los guiños, la parodia y los personajes que había lucido ya en uno de sus mejores trabajos, Jackie Brown, quizá la película más cercana en distintos aspectos entre todas las del director a este último trabajo. Pero aquí la madurez de Tarantino como director obra muy a favor de la película y se hace notar muy positivamente. Da lugar al trabajo más equilibrado, más sólido, más interesante en lo referido al dibujo de los personajes y sus conflictos, más matizado en todos los rasgos definitorios de su cine, con mejor ritmo, y sin duda, tanto por su contenido como por su fábula, más interesante de cuantas películas ha dirigido Quentin Tarantino.

Crítica de la película El emperador de París

Entretenida reconstrucción de época en una clave de intriga y aventuras.

En 2001, Pitof dirigió Vidocq, protagonizada por Gerard Depardieu y tomando como base el mismo personaje a caballo entre la historia y el mito que destacó en la formación de las fuerzas policiales galas en época napoleónica. Era aquella una película más confusa y menos divertida que la que ahora se estrena con el título de El emperador de París, y a decir verdad al personaje le presta una vida más trepidante y dinámica para el género de acción el fichaje de Vincent Cassel. Sin desmerecer el carisma de Depardieu en cualquier personaje que pueda interpretar, en este caso me quedo con esta versión Cassel.

En realidad las dos películas están bastante empatadas en lo referido a calidad, pero Vidocq me parece más pedante, con aspiraciones a ser celebración de un tono de relato pulp o de cine de explotación en el que en realidad no cree. No le ocurre eso a El emperador de París, que desde el primer momento se quita la máscara y deja claro que piensa transitar por el camino del entretenimiento, en su segundo acto con algunos detalles argumentales, como la formación del pintoresco grupo de “agentes” de Vidocq que  por su desempeño posterior parece querer emular, la francesa y con menos fuerza de seducción del espectador, a los Intocables de Eliot Ness reclutados para la película de Brian De Palma, pero cambiando la ciudad de Chicago en la prohibición por una París napoleónica.

Crítica de la película Venganza bajo cero

Peripecia de acción con toques de cine negro y comedia. Lo mejor Neeson.

Lo primero que hay que aclarar en el caso de esta película es que por mucho que los responsables de promocionarla en España la haya bautizado como Venganza bajo cero, no tiene nada que ver con la franquicia de Venganzas que protagonizara Liam Neeson bajo el sello Fox. Dejando de lado el oportunismo un tanto obvio -Neeson=Venganza-, que además no tiene mucho sentido, porque la película es mejor y tiene más personalidad como relato de intriga y acción que las tres películas juntas de la citada saga, así que ya son ganas de confundir al espectador, lo que en el original se titula Cold Pursuit (tampoco es un título muy pensado, la verdad), es más bien un intento de moverse entre las novelas policíacas de uno de los últimos maestros de la serie negra, Elmore Leonard, algunas pinceladas del cine de los hermanos Coen y el condimento de algunos personajes y detalles que en la estructura de enredo del guión recuerdan fórmulas de películas de Quentin Tarantino. Pero, ojo, todo esto mirado desde mucha distancia, con un desequilibrio de ritmo que hace que la película se desplace de una gama de tonos a otra en forma un tanto anárquica.

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