Crítica de la película Casi Imposible

Set Rogen y Chgarlize Theron son esta improbable pero efectiva pareja.

Una comedia romántica que cambia levemente algunas de las reglas del género y que por el camino nos ofrece algo más de dos horas de risas y química, sorprendente, entre los protagonistas. Una historia sencilla, sin duda, y contada mil veces, pero que sabe cambiar las tornas para que en este caso ella no sólo sea la que está en la posición de poder, sino la que toma la iniciativa en cada momento. Y eso hace el viaje por momentos sorprendente (los grandes gestos románticos los tiene ella) y en otros muy divertido. Y eso que, cuanto más tiempo pasa menos soporto a Seth Rogen, por reiterar sus tics interpretativos y no saber salir del mismo personaje, que aquí repite una vez más.

Crítica de la película Mad Max: Furia en la carretera

Mad Max furia en la carretera recupera y supera todo lo bueno de Mad Max el guerrero de la carretera. La mejor entrega de la franquicia.

Dos horas de persecuciones imparables y plenas de imaginación. Hemos tenido que esperar unos cuantos años, pero la espera ha merecido la pena: finalmente tenemos en la cartelera una digna heredera de la mejor película de la saga del loco Max, y descartando fatuos y oportunistas arrebatos de nostalgia ochentera que ademas cada vez me parecen más fruto del postureo generacional friqui, lo cierto es que teniendo las más mínimas dosis de sentido común no creo que nadie pueda discutirle a e este trepidante, espectacular y muy oportuno ejercicio de puesta al día de la franquicia cualidades que mejoran la película que toma como referencia principal, la segunda de la trilogía original, aunque en algunos momentos hace guiños a la primera, con ese antagonista de la misma tuneado para la ocasión, e incluso a la tercera, ese fallido ejercicio de lo que pudo ser y no fue, o de lo que solo era realmente Mad Max en su primera parte. Ya el hecho de que Miller haya ido directamente a buscar referente estético y argumetal en la segunda de Mad Max es toda una declaración de principios y hasta una disculpa por lo que hizo en la tercera. Rectificar es de sabios. Pero es que además, con te comentado al principio, creo que mejora algunos aspectos de aquella película. La segunda de Mad Max siempre me ha parecido casi perfecta en su astuto ejercicio de renovación de las claves del western y cruce de las mismas con la ciencia ficción de tono apocalíptico, pero era muy parca en su anécdota argumental. Lo positivo de eso es que te quedaban ganas de ver más. Y ese "más" está ahora en Mad Max furia en la carretera. De hecho ese "más" tiene nombre propio: Charlize Theron. Como digo siempre, cualquier cosa es mejor con mujeres. Y cuanto más completas y resolutivas por sí mismas sean dichas mujeres, mucho más divertido todo. Theron ya por sí misma demuestra aquí, otra vez, que se basta ella solitario para sostener lo que haga falta en una pantalla grande que ademas George Miller agiganta con su peculiar estilo de entender y filmar el cine de acción. Más claro: a mí Theron ya me vale ella solita como variante femenina de Max Rockatansky. Además mis ojos disfrutan más, no voy a negarlo. Por otra parte su personaje introduce en la trama nuevas claves que ampliando el arco de posibilidades dramáticas. Para que quede todavía más claro, George Miller ha hecho aquí lo que quiso hacer y no supo o no pudo hacer Sam Raimi con Sharon Stone y el espagueti western en Rápida y mortal (1995). La diferencia es que Miller trata a Theron y su personaje con más respeto y le da más sentido y contenido que el que le proporcionó Raimi a Stone, que a pesar de las apariencias en esa película era sólo una cáscara decorativa en una trama eminentemente masculina que se repartieron Gene Hackman, Russell Crowe y Leonardo Di Caprio.

Y así llegamos al otro punto fuerte de Mad Max furia en la carretera: Tom Hardy. Si había alguien capaz de estar a la altura de Mel Gibson en las originales era él. Este tipo es una máquina. Intenten ver la película en versión original porque la voz de este actor es única. Si hace un tiempo me hubieran preguntado quien podría heredar el personaje de Max Rockatansky de manera competente habría dicho que Russell Crowe, pero hoy sin duda es mejor Hardy, que con todos mis respetos para el de Gladiator me parece un actor mas completo, capaz de ir más a fondo con el personaje incluso en un vehículo de acción trepidante como el que nos ocupa. Creo que Hardy aporta a Max más matices y una personalidad diferente de la que propusiera Gibson. Hardy no se limita a tunear a Max para a actualizarlo y darle algún toquecillo personal. Hace mucho más. Hace que el personaje crezca, y sin faltar al respeto o renegar de su precedente, algo que no es nada fácil, especialmente teniendo en cuenta que dicha precedente es un icono de la cultura popular. Afirman los rumores que Hardy quiere interpretar al Castigador de la Marvel, y después deber Mad Max furia en la carretera no se me ocurre mejor actor para darle a ese personaje todo lo que merece en la pantalla grande, todo lo que hasta ahora no han conseguido darle ni Dolph Lundgren, ni Thomas Jane, ni Ray Stevenson.

El tercer punto a favor de MadMax furia en la carretera es su capacidad para hacer la evolución desde la personalidad más cercana a la serie b de las dos primeras películas de la trilogía original hasta el producto de era blockbuster que ahora se presenta en la cartelera. Esa evolución quedó fatalmente truncada en Mad Max III porque Miller hizo una serie de concesiones de cara a la galería que desvirtuaban el espíritu de las dos primeras películas, pero en Mad Max furia en la carretera ha sabido gestionar mucho mejor esa evolución hacia lo comercial sin perder por el camino todo lo que perdió en Mad Max III, y además nos propone algo distinto, más sólido y coherente.

Quiero ver más entregas de esta franquicia, y con eso creo que ya está dicho todo. El tope son cinco estrellas pero por diversión y entretenimiento sólido y coherente merece seis.

Miguel Juan Payan

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Crítica de la película Mil maneras de morder el polvo

Disparate de Seth MacFarlane divertido a ratos. Peor que Ted y Padre de familia.

¿Es divertida? Pues sí. ¿Te ríes? Pues también. Algunas veces. ¿Está guapa Charlize Theron? Obviamente. ¿Es buen actor Seth MacFarlane? Pues…. Uuuupsss, con eso hemos entrado en el territorio comanche de este proyecto. El primer resbalón del mismo es que Seth MacFarlane no es tan buen actor de carne y hueso como trabajando con su voz en los dibujos animados, o ejerciendo como guionista o creador de gags. Ni mucho menos. Y en esta ocasión además está entre pesos pesados que no le arropan sino que lo dejan en evidencia. Repasemos: Theron, Liam Neeson, Amanda Seyfried, Neil Patrick Harris, Giovanni Ribisi… Por favor, que alguien caritativo saque de la película al pobre MacFarlane, que está sufriendo la criatura.

Bueno, pero ¿te ríes? Que sí, que te ríes, que tiene unos cuantos chistes buenos. Y muchas ovejas. Aunque, claro, se le ha ido algo la pinza con los chistes más simplones, los escatológicos. Me explico: hay un buen chiste de pedos en la taberna. Luego hay muchos más chistes de pedos que no tienen ni puñetera gracia. Y un momento en el duelo con Neil Patrick Harris que es la mejor prueba de que a MacFarlane a veces se le pasa el arroz y le queda la paella churruscada e inservible. Muy eficaz en los chistes cortos y visuales, en este caso se le va la pinza en el gamberreo hacia el territorio infantil, de humor de parvulitos, el caca-culo-pedo-pis, que encaja mal con sus muchos más eficaces chistes de sátira y escarnio social. Hay un momento en que sus chistes de pedos dejan ya de hacer gracia, por cansinos, porque los prolonga en exceso, como si de repente se hubiera convertido en ese amiguete gamberro que no sabe cuándo hay que dejar de hacer el gilipollas. En eso esta película no tiene medida. Exprime algunas situaciones en exceso. No sólo las escatológicas. Por ejemplo le ocurre lo mismo con el chiste de los bigotes, al que incluso le dedica uno de esos números musicales que tan difíciles son de encajar en el ritmo de la comedia. Y le ocurre lo mismo con el metraje. El largometraje el sienta peor al humor de MacFarlane que las dimensiones del capítulo de televisión. La película le sale demasiado larga, tiene un bajón de ritmo cuando se pone romántica con Theron, en el entrenamiento y demás. Desaprovecha sin embargo dos de los personajes más propicios para darle un aire más disparatado y gamberro al asunto desde la sátira social, el amiguete interpretado por Ribisi y su novia prostituta interpretada por Sarah Silverman (el mayor desperdicio de la película).  Para quien esto escribe son los más divertidos y eran el mejor camino para desarrollar la fórmula que seguramente habría sido más jugosa desde el punto humorístico que meterse en el huerto de la peripecia romántica. Esa fórmula está en el título: Mil maneras de morder el polvo… en el oeste. Si MacFarlane se hubiera mantenido en la explotación de esa especie de manual o guía de sátira cínica sobre la mitificación del pasado de los Estados Unidos a través del western que impone en los primeros compases de esta película, repasando esas mil maneras de morder el polvo, es muy posible que le hubiera ido mejor. Habría obtenido mejores resultados que con esta especie de actualización de las claves de la sátira del cine del oeste que ya propusiera hace muchos años, allá por 1974, Mel Brooks, en Sillas de montar calientes.

De manera que sí, te ríes. Sí, hay algunos chistes muy buenos, y unos cameos muy divertidos. Pero a la película se le atraganta el protagonista, el metraje, la historia de amor y los chistes de pedos.

Es el típico fenómeno en el que los actores se deben haber divertido mucho haciendo la película, por ejemplo en la escena de Theron, la flor y Neeson, pero esas risas no consiguen trasladarse al patio de butacas.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Blancanieves y la leyenda del cazador

Blancanieves y la leyenda del cazador, entretenida aventura con Charlize Theron como lo mejor, ritmo desigual y algo larga. Poniendo toda la carne en el asador en lo referido a despliegue visual y efectos especiales, acercándose al terror en algunos planos, jugando con las claves del cuento con cierta flexibilidad y originalidad, y contando como mejor aliada con un gran trabajo interpretativo de Charlize Theron, esta nueva versión cañera y guerrera de Blancanieves da una visión del asunto no revolucionariamente innovadora, pero si suficientemente competente como para entretenernos con competencia durante la mayor parte de su metraje. Tiene a su favor un arranque interesante, que engancha, con Theron echándose la película sobre sus bellas espaldas como una especie de variable brujeril de la Cersei Lannister de Juego de Tronos, y tirando para arriba con el asunto sin problemas, totalmente eficaz en su encarnación de la mala de la historia, que a ratos parece haber estudiado en la academia del lado oscuro de la fuerza del Emperador Palpatine de Star Wars y en otros momentos recuerda a la vampiresca condesa Bathory que buscaba la juventud consumiendo la sangre de jóvenes doncellas.

Terrorífica y bella hasta hacer que sea totalmente absurda la pregunta al espejo, porque la más guapa de toda la película es ella, sin duda, Theron es el plato fuerte de este largometraje que además en su primera parte funciona bastante bien como película de evasión convirtiéndose en una historia de fuga y persecución donde Kristen Stewart sigue poniendo algunas carillas que recuerdan en principio a la Bella de la saga Crepúsculo pero finalmente consiguen encontrar una personalidad propia para su versión guerrera de Blancanieves, y Chris Hemsworth interpretando un personaje que recuerda mucho al de Val Kilmer en Willow, pero con menos sentido del humor.

Es una lástima que ese arranque y esa primera hora de metraje, como digo bastante completa en lo referido a entretenernos, empiecen a perder ritmo en el momento en que se produce el inevitable encuentro con los enanos, que no obstante son un excelente trabajo de efectos visuales sobre actores reales, en una línea que anticipa lo que se va a hacer con los enanos de El Hobbit. La entrada en el Santuario que sigue al paso por el Bosque Oscuro, mucho más interesante, se pierde en un paisaje de colorines como si de repente tuvieran que rendir pleitesía a la versión Disney del mismo asunto y, para mi sorpresa, se produce un innecesario frenazo en el ritmo de la narración que con la aparición del ciervo me ha sacado totalmente de la película. A parte de que el ciervo me recuerde mucho algunos bichejos míticos de la filmografía del maestro de dibujos animados japonés Hayao Miyazaki, concretamente La princesa Monoke, me ha recordado también al león Aslan de El león, la bruja y el armario, y si a eso añadimos la entrada en funciones del príncipe como una especie de Robin Hood y el desenlace con Blancanieves convertida en algo así como una especie de Juana de Arco, el puzzle de referencias se hace ya notar en demasía quitándole protagonismo e identidad propia al tema central.

He echado también de menos el sentido del humor. No tiene. Ni una gota. Todo es trágico, siniestro, serio, y finalmente épico… Pero de humor nada de nada. Eso perjudica la creación de una química más directa, estilo guerra de sexos, entre el cazador y Blancanieves, algo que habría beneficiado un desarrollo más dinámico de la historia evitando la caída de ritmo que he mencionado antes. En lugar de eso, se plantea un extraño requiebro a la versión original del relato con el beso del príncipe que merced a un juego de miradas entre Blancanieves y el cazador deja en el aire en plan intriga si hay rollito o no entre ellos y haciéndome sospechar que se les ha pasado por la cabeza facturarse una secuela si el rendimiento en taquilla de ésta les convence.

En la manera de desenvolverse visualmente camino de su desenlace la película no duda en tirar de un recurso algo manido, el plano aéreo y paisajístico, buscando una especie de tono épico heredado de El señor de los anillos, con varios planos que recuerdan los paseos por la Tierra Media de la Hermandad del Anillo. Menos mal que consigue levantar otra vez el vuelo en la parte final, proponiéndonos el enfrentamiento definitivo entre la heroína y la villana, en una fase de la historia en la que ya ha quedado muy lejos el relato original y parece abrirse paso a otro tipo de historia que, si ustedes me lo permiten, me hace sospechar que caso de haber una secuela podría ser, con relativa facilidad, más interesante que esta primera película.

Porque el problema con Blancanieves u otro cualquier cuento infantil es que, nos gusten o no, nos los conocemos del derecho y del revés, lo cual reduce la posibilidad de sorprender, por novedosa que sea la versión.

He de reconocer que han sabido darle una personalidad propia a esta versión, proporcionándonos además numerosos momentos de acción trepidante y la oportunidad de ver a una Charlize Theron en plenitud, pero por otra parte creo que se les ha ido un poco de tiempo, me sobra el desvarío ecológicofestivo del ciervo, las hadas y la tortuga florero, y alguien debería decirle a Kristen Stewart que está mucho más guapa en cámara cerrando los labios en lugar de tener la boca abierta continuamente como si siguiera esperando que Edward Cullen venga a hacerle una visita. A la escena en de la muerte posterior a morder la manzana me remito.

Resumiendo: moderadamente entretenida, más aún en su trepidante primera parte que en la segunda, con un trío de cazador, Blancanieves y príncipe al que creo que podrían haberle sacado más jugo en el guión, porque los actores cumplen, si bien la parte del león en lo referido a lucimiento se la lleva Charlize Theron.

Miguel Juan Payán

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