Crítica de la película El séptimo hijo

Divertida propuesta de cine fantástico al estilo Percy Jackson. Evasion y aventura para toda la familia.

Mejor que Hansel y Gretel, cazadores de brujas, y en una línea de aventuras con monstruos al estilo de las aventuras de Percy Jackson, el ladrón del rayo y demás, El séptimo hijo tiene todo el aire de esas aventuras de Simbad el Marino que cocinaba Ray Harryhausen con sus monstruos legendarios para adornar las navidades de los jóvenes aficionados al cine hace tres o cuatro décadas. Mezclando elementos del género de terror con los de las historias de espada y brujería, a ratos resulta incluso cercana a los paisajes de las aventuras de Conan el Bárbaro o Solomon Kane. Tiene además a su favor la contribución en los papeles de maestro del héroe y principal antagonista a dos pesos pesados de la interpretación que animan con su trabajo un argumento que peca de previsible y algo monótono en sus distintas fases del relato, pero bien interpretado y adornado con las criaturas creadas por JohnDykstra, resulta mucho más trepidante y divertido de lo que muchos nos esperábamos. Jeff Bridges en el papel del cazador de brujas que entrena al héroe hace una competente mezcla del Rooster Cogburn que interpretó a las órdenes de los hermanos Coen en Valor de ley y el clásico personaje tipo Obi Wan Kenobi de Star Wars o Gandalf de El señor de los anillos y El hobbit, y le añade un sentido del humor que acompaña la narración desde el primer momento haciéndola más digerible y amena. Dicho sea de paso, el esquema argumental de todo el asunto presenta, sobre todo en su principio, un parentesco mucho más que casual con la fórmula de Star Wars (la escena de la pelea en la taberna es un buen ejemplo de ello, si bien no el único). La parte del villano, villana en este caso, está muy bien servida por Julianne Moore, que para mi gusto supera en su encarnación de la pérfida reina bruja los intentos similares desplegados en fecha reciente por Charlize Theron en Blancanieves y la leyenda del cazador y Angelina Jolie en Maléfica, películas de las que también recibe algunas influencias esta que nos ocupa. Todas las comparaciones son odiosas y estamos hablando de tres de las mejores actrices de nuestros tiempos, pero lo cierto es que el trabajo de construcción del personaje que hace Julianne Moore supera, al menos en mi opinión, al que hicieron en su momento las otras dos, y por supuesto está mucho mejor que el que hiciera otra de mis féminas favoritas pero no obstante menos atinada, Famke Janssen en Hansel y Gretel

Otra ventaja es que la inevitable subtrama romántica no lastra el desarrollo de la trama aventurera central, y además los protagonistas de la misma me resultan mucho menos empalagosos que los de otros intentos similares extraídos de las novelas juveniles que se estilan en nuestros días como fuente de inspiración para el cine. Esperaba más leña por ese lado, pero me ha sorprendido ver la sobriedad y rapidez con el que solventan ese asunto para mantener en primer término siempre el código de aventuras, dejando el romance propiamente dicho en un segundo término.

Conclusión: una muy recomendable película de entretenimiento, evasión y aventuras para toda la familia, con cierto puntito siniestro que quizá inquiete a los más pequeños de la casa pero no a cualquier chaval adicto a los videojuegos o amiguete de las películas con monstruo.

Miguel Juan Payán

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Carrie, versión inferior a la de Brian De Palma en la que no obstante destaca el trabajo de Chloe Grace Moretz y Julianne Moore.

Ver a las dos protagonistas reinterpretando los personajes de la novela de Stephen King es la mejor aportación de esta nueva versión de Carrie que resulta entretenida y hasta plantea alguna interesante aportación propia, pero que finalmente no consigue alcanzar el nivel que tenía la versión de esta misma trama dirigida en 1976 Brian De Palma con Sissy Spacek y Piper Laurie en los dos papeles que ahora defienden con solvencia y luchando contra todos los elementos dos de las actrices más capaces y dotadas con mayor talento en el cine de nuestros días, Chloe Grace Moretz y Julianne Moore son lo más interesante de esta revisión del clásico del terror setentero y consiguen algo nada fácil, que es darle su propia personalidad a personajes que Spacek y Laurie convirtieron en inolvidables.

No lo tenían fácil y el director porque estamos claramente ante una maniobra eminentemente comercial, de explotación por la vía de la actualización de una trama que en opinión de quien esto escribe estaba mejor dotada de lenguaje cinematográfico en la película de Brian De Palma.

En todas sus novelas de terror, King instaló el tema del maltrato y el abuso de las minorías y los más débiles como clave del nuevo terror literario que conquisto las librerías y más tarde el cine en los años setenta y cuya influencia sigue manifestándose en la actualidad, por ejemplo en la serie American Horror Story, que, dicho sea de paso, en cualquiera de sus capítulos de las tres primeras temporadas que ahora conocemos me parece más inquietante que lo que nos propone esta nueva versión de Carrie. En las novelas de King, como en American Horror Story, lo fantástico y sobrenatural sirve sólo como telón de fondo sobre el que se pintan historias de maltrato, violencia de género, abusos infantiles, xenofobia y homofobia. Y eso es lo que mantiene joven este tipo de historias. Ese aspecto del maltrato y las relaciones madre-hija son lo más interesante y a ratos incluso lo más inquietante de esta nueva visión de Carrie, que no obstante corre el riesgo de caer, por repetición, en el ridículo cuando abusa de los momentos de cabezazos estilo Zidane del personaje interpretado por Julianne Moore.

Me ha parecido mejor de lo que me esperaba, pero en la parte negativa nos encontramos ante una visión visualmente más fabril, estandarizada y sometida al proceso de chapa y pintura de los personajes principales y secundarios. Chloe Grace Moretz hace un gran trabajo sobreponiéndose al notable antecedente marcado por Sissy Spacek, pero tras ella encontramos a un grupo de personajes, sus maltratadoras, que no superan la verosimilitud y cercanía de sus antecedentes. Hagan memoria (o vean, si aún no la han visto) de la película anterior y recuerden la contribución de actrices como Amy Irving o Nancy Allen, mucho más cercanas y verosímiles que sus equivalentes en la nueva versión. Además la película no tiene el mismo pulso y personalidad visual de la película de De Palma. Basta repasar la escena mareante del baile en aquella, frente a la visión más plana de ese mismo fragmento en esta para entender las diferencias entre una y otra, pero podemos encontrar además en esta nueva versión cierta tendencia a caer en lo obvio, como por ejemplo en la asociación visual de la máquina de coser en la que la protagonista da los últimos toques a su vestido para el baile de promoción a la maquinaria de la trampa creada para ridiculizarla en el momento en que la proclamen reina. Creo además que los personajes secundarios, esa especie de coro de maltratadores, está menos y peor desarrollado que en la película anterior, como demuestra esa escena breve de videoclip tópico con los jóvenes probándose sus vestidos para el baile, o la llegada de la limusina a la puerta de la casa de la protagonista. El propio “galán” de esta versión está bastante lejos de los matices que le otorgara a ese mismo personaje William Katt en la versión de De Palma. Me atrevería a decir que sólo en el caso del personaje del gamberro siniestro que monta la trampa con la sangre de cerdo, que interpretara Travolta en la película anterior, me parece mejor en ésta otra.

De manera que el resultado me parece una versión algo ligera de la más poderosa e interesante película de Brian De Palma, con menos gancho visual, más en la línea o tono superficial de producciones de cine fantástico para jóvenes, estilo Crepúsculo, salvando la distancias, cuando debería haberse acercado más al tono siniestro, grotesco y gótico inquietante de la serie American Horror Story, que es lo que piden estos nuevos tiempos para el terror audiovisual.

El resultado es una película entretenida pero seguramente prescindible para quienes disfrutaron, con razón, de la versión de Brian De Palma, pero que sin embargo puede ser un buen pretexto para revisar aquella otra y redescubrir el cine de terror de los años setenta, que en la mayor parte de los casos era mucho más siniestro e inquietante que el que disfrutamos hoy en día y además estaba mucho más cerca de reproducir en el cine el tono siniestro e inquietante de las novelas de Stephen King.

Me quedo por tanto, sin duda, con la versión de Brian De Palma, si bien reconozco el trabajo de interpretación de Chloe Grace Moretz y Julianne Moore al frente del reparto, que por otra parte creo podrían haber aprovechado más y mejor en el conjunto de la película.

Miguel Juan Payán

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