Crítica de la película Watchmen (2009)

Una de las mejores adaptaciones de cómic y de las mayores obras del género.

Uno de los grandes saltos a la madurez del género de superhéroes que adaptaba una de las obras cumbres del mismo, y que llegaba a nosotros sólo meses después de la que quedó como la gran obra del mismo, El Caballero Oscuro, de Christopher Nolan. Con el paso de los años, Watchmen no sólo sigue siendo una de las muestras más elegantes y brillantes de las adaptaciones superheroicas, sino que además ha ido ganando un estatus de película de culto, con cada vez más admiradores y seguidores, con una versión extendida de más de tres horas y un montaje llamado Ultimate de casi cuatro, que incluye Los relatos del Navío Negro, la producción animada que incluía esa parte del cómic.

Zack Snyder, director de la película, se encargó de que la misma fuese una adaptación fiel en gran medida a la novela gráfica, mostrando elementos que le garantizaron la categoría R y que en aquellos momentos no eran nada comunes en este tipo de producciones. Watchmen cuenta con un elemento visual que es parte habitual de Snyder, como la fotografía o el uso de la cámara lenta, pero al contrario que en películas como 300 o Sucker Punch o incluso lo que intuimos de Liga de la Justicia, esta película está más cerca de lo que vimos en El Hombre de Acero. El uso de los efectos visuales es continuo y sin ellos no se entendería la película, pero no se busca tanto la pantalla verde, sino las localizaciones y sets reales, los espacios abiertos, los lugares reales y no generados por ordenador.

Crítica de la película El silencio de la ciudad blanca

Daniel Calparsoro diseña con brillantez la adecuada atmósfera tenebrosa que requiere el filme, pero naufraga cuando intenta dotarla de un aura mucho más inquietante de lo que permite el guion.

Tras la adaptación de El guardián invisible, ahora le toca el turno a la primera entrega de la trilogía creada por Eva García Sáenz de Urturi: un relato de asesinatos rituales y salvajes, que transcurre en Vitoria Gasteiz. No resulta baladí comparar la versión cinematográfica de El guardián invisible con esta historia dirigida por Daniel Calparsoro; ya que ambas siguen una pauta más o menos coincidente, que tiene en el folclore autóctono su piedra angular.

La trama de El silencio de la ciudad blanca recrea la investigación llevada a cabo por Unai y su compañera Estíbaliz, para dar con el responsable de una serie de crímenes esotéricos que asolan la urbe de la Virgen Blanca. Estos asesinatos tienen por víctimas a parejas de distinto sexo, cuyos componentes acreditan la misma edad. Los elegidos llevan un intervalo ascendente de cinco años, y los nuevos cadáveres suponen el regreso de una serie de homicidios ocurridos veinte años atrás. De hecho, el encarcelado entonces (un misterioso escritor de familia rica) está a punto de ser puesto en libertad. Unai se encuentra perdido, y el asunto no mejora con la llegada de su nueva jefa: la subcomisaria Blanca.

Crítica de la película Secretos de estado

Una buena película que hace del género de intriga un campo de reflexión.

Basada en hechos reales, Secretos de estado sigue la estela de propuestas en la línea de Todos los hombres del presidente o Los archivos del Pentágono, y comparte con las mismas la difícil fórmula de desenlace y hechos ya conocidos por el público convertidos en intriga a la inversa. Es una especie de vuelta de tuerca del género en el que los creadores del relato asumen que buena parte del público ya conoce el desenlace de la historia, pero no obstante trabajan igualmente las claves esenciales del género partiendo de ese previo conocimiento. No renuncian estas películas a generar suspense. Al contrario. Lo generan igualmente rizando el rizo por el procedimiento de situar en el punto de mira de la tensión creciente no tanto el qué pasa o va a pasar sino el cómo pasa o va pasar lo que ya conocemos.

En ese camino, como digo nada fácil, el director, que en 2015 ya dio pruebas de su eficacia en el género de intriga con la interesante Espías desde el cielo (hay crítica en esta misma página), tiene un equilibrado guión y tres actores principales como sus mejores aliados.

Crítica de la película Amundsen

Sobrio y algo convencional biopic sobre la vida del explorador noruego Roald Amundsen, que dirige Espen Sandberg (Kon-Tiki).

Roald Amundsen era un hombre serio, parco en palabras y con un carácter un tanto singular. Sin embargo, su naturaleza se transformaba, cuando se ponía a surcar las superficies heladas del planeta. Esta obsesión por aventurarse hacia geografías desconocidas convirtió al primer humano acreditado en alcanzar el Polo Sur en una auténtica celebridad, dentro del reino de Noruega; pero los destellos estelares no parecían acompañarle en la parcela más íntima y sosegada de su existencia.

El cineasta Espen Sandberg (quien ya recreó las hazañas del también aventurero Thor Heyerdall, en Kon-Tiki) se acerca a la escurridiza y pétrea personalidad de Amundsen, desde una perspectiva un tanto opaca. La necesidad de quedarse en el envoltorio, y hurgar poco en las capas menos mediáticas de tan ilustre protagonista, lleva al director a mostrar un retrato algo frío, donde los conflictos con su hermano Leon están rebajados en intensidad, y en el que las peleas por sacar adelante las expediciones son meras anécdotas, eclipsadas por la grandeza de los proyectos emprendidos.

Bajo semejantes premisas, el actor Pål Sverre Hagen (que igualmente prestó su físico para encarnar al antes citado Thor Heyerdall, en Kon-Tiki) modifica sus facciones convenientemente, para parecer el envejecido individuo que se dio a conocer por su espectacular viaje al temido Paso del Noroeste (el mismo en el que encallaron los navegantes de la serie El Terror). Un trabajo que se aprecia mejor desde el punto de vista estético, ya que su caracterización no consigue traspasar en ningún momento la dura epidermis del aventurero nacido en Borge al que representa. De esta manera, el intérprete refleja la faz de un individuo atrapado en su propio universo, al que únicamente le mueve su pasión por ir donde los demás mortales aún no se habían atrevido a trasladarse.

Crítica de la película La familia Addams (2019)

Divertida versión animada del tétrico y humorístico clan, que alcanzó la fama televisiva en los años sesenta y arrasó en las taquillas cinematográficas en los noventa.

Un simple chasquido de dedos y unas teclas evocadoras de ambientes góticos fueron elementos suficientes para poner en el firmamento audiovisual a la familia liderada por Morticia y Gómez, desde su bautismo mediático a principios de los años sesenta. Desde entonces, las tiras cómicas creadas por Charles Addams (destinadas en un inicio a ser publicadas semanalmente) han dado para horas inolvidables de televisión en blanco y negro, a la par que para una saga en formato de celuloide; la cual hizo célebres a los siniestros Addams entre el público de los noventa.

Después de las citadas estaciones creativas, La familia Addams regresa con el apoyo de la animación por ordenador propia del tercer milenio, de la mano de Greg Tiernan y Conrad Vernon.

La trama de esta esperada vuelta a las pantallas arranca con una boda de tintes esotéricos y espiritualistas, protagonizada por unos jóvenes Morticia y Gómez. Un enlace que no hace felices a todos, ya que los aldeanos aprovechan la ocasión para enfrentarse a los extraños vecinos, y acabar con su estancia en la zona. Expulsados del lugar, los recién casados buscan un hogar en el que establecerse. Un sitio que encuentran por casualidad en un manicomio abandonado, que se eleva en lo alto de una apartada localidad de Nueva Jersey. Tras unos años en paz, Morticia y Gómez crían a sus dos hijos (Miércoles y Pugsley), dentro de un horror home convenientemente amueblado. Pero los antiguos recelos no tardan en aparecer, y los habitantes de la aldea más próxima empiezan a ver una amenaza en los Addams. Un problema que la ambiciosa vendedora de casas llamada Margaux está dispuesta a solventar, por las buenas o por las malas.

Crítica de la película Maléfica: Maestra del Mal

Terrible secuela con dos brillantes maestras de la interpretación.

Si algo podemos sacar positivo de la secuela de Maléfica es el trabajo de sus dos principales actrices, Angelina Jolie y Michelle Pfeiffer (vamos a olvidarnos de Elle Fanning quien en esta película está, como en la anterior, muy perdida y desaprovechada. Ni ella con su enorme talento puede salvar los muebles de su Aurora). Son el principal efecto especial de la película y su simple presencia eleva esta pequeña tontería de, seguramente, coste desproporcionado, y la salva de ser una completa mamarrachada. Eso y una excelente factura que se le supone siempre a una película de un coste enorme, como son siempre estas superproducciones. Quizá algunos niños disfruten con el colorido, los personajes animados (los hay) o la ñoña historia romántica. Pero serán los menos…

LA historia de la secuela nos presenta el romance entre Aurora y el príncipe Philip, que ya se empezaba a intuir en la primera película, pero sin amor en aquel momento (ya saben lo que pasó con el beso del príncipe). Un matrimonio de amor que además unirá a dos reinos, acabando con cualquier posibilidad de guerra. Pero Maléfica no parece muy contenta con la noticia, y cuando toque conocer a los padres del novio, las cosas se torcerán de tal forma que acabará con el rey bajo una maldición de sueño, que podría ser culpa de Maléfica. De ahí a la guerra entre el reino y los seres mágicos hay sólo un paso. Nada nuevo, nada original y nada que pueda emocionar al espectador.

Crítica de la película Zombieland, mata y remata

Buen y esperado regreso a Zombieland 10 años después.

Recuperando a todo el equipo creativo de la primera entrega, estrenada hace ya diez años, tanto delante como detrás de las cámaras, esta tardía pero esperada secuela cumple con lo que ofrecía aquella primera película. Humor algo gamberro, situaciones surrealistas, personajes bizarros y sangre, litros de sangre. Es una fórmula, la del humor con muertos vivientes, que lleva en uso más de treinta años, y que sigue funcionando tanto en cine como en televisión, a veces con más o menos fortuna, pero funcionando. Y no es sencillo, porque cuando la fórmula se repite tanto, cuesta encontrar motivos para que el espectador siga interesado y responda al producto. Cuesta no caer en la repetición. Ese aspecto, quizá, es el menos pulido de Zombieland.

Una película que ya desde la promoción se encarga de señalar continuamente que de sus cuatro protagonistas, tres han sido nominados al Oscar, y la cuarta lo ha ganado. Aunque la promoción, los tráileres, tengan un aroma a peli de hace 20 o 30 años. Sea como sea, los cuatro están de regreso, Woody Harrelson, Emma Stone, Jesse Eisenberg y Abigail Breslin. Hay otro personaje que regresa de 2009, y aunque su momento/cameo es sensacional, les hace un flaco favor a los protagonistas, porque es mucho, mucho más divertido e interesante que el resto de la película. No digo más, pero no se vayan de la sala hasta que acaben los créditos y disfruten. La historia es sencilla, suficiente para estos casos, para seguir el esquema de la primera entrega. Una separación en el grupo que lleva a la búsqueda de uno de los personajes que decide volar en solitario…

Crítica de la película El asesino de los caprichos

Verdú, Garrido y Álamo lo mejor. Actores frente a un policíaco flojo.

Encuesta policial peleada consigo misma. Así podría definirse esta película que parece dividida entre ser un relato de asesinatos en serie y al mismo tiempo una exploración del personaje de Maribel Verdú, que como Aura Garrido y Roberto Álamo tira de oficio para sacar adelante una historia que no acaba de decidirse por enfocarse en ser un relato en profundidad sobre su personaje o atender al enigma de intriga que nos propone. Resultado de esa aparente indecisión es que no acaba de definirse y además cae en una precipitación en su tercer acto que resulta un poco decepcionante. El problema de servir a dos amos sin alcanzar un equilibrio e imponer claramente el tema que debería ser el corazón que diera sentido a la trama y el argumento. Tiene cosas interesantes en el argumento, pero es desigual en su trama y no acaba de dejar claro su tema, que debería haber sido lo que le otorgara fuerza y personalidad.

Verdú consigue a base de miradas y trabajo muy astuto de actriz forjada en mil batallas insuflar vida y personalidad a su personaje, que por lo demás está construido como con retazos de varias cosas amontonadas pero no ordenadas, algo que podría decirse también de la intriga que se nos cuenta. Lo mismo se puede decir en el caso de Aura Garrido. Es precisamente el juego de los actores, y su trabajo en común,  lo que levanta interés y presta algo de solidez a la película, que por otra parte resulta repetitiva en algunos elementos -el karaoke, la llamada de teléfono no respondida a tiempo en dos ocasiones, las visitas del personaje de Verdú al baño que no sirven como definición del personaje-, plana y muy previsible en sus claves de intriga -obvia la manera de señalar al asesino con precipitación y en un estadio muy inicial del relato-, de manera que cuando maneja todo lo referido a la intriga propiamente dicha se observa cierta precipitación o desinterés por sacar adelante el laberinto policial para poder centrarse en el personaje de Verdú. Sin embargo, éste tampoco está demasiado desarrollado más allá de la pose, y su vida le llega por la actriz.

Crítica de El Camino, Una película de Breaking Bad

Uno de los regresos televisivos más esperados cumple en su salto al cine.

Porque si algo queda completamente claro, cristalino, viendo El Camino, es que se trata de una película de los pies a la cabeza. No es un episodio alargado, no es una parte de la serie de televisión. O sí lo es, pero es mucho más. Como hace unos meses cuando se estrenó la película de Deadwood. Sí, era un magnífico homenaje y secuela, pero tenía identidad propia y narrativamente era cine con todas las de la ley. Es incluso más marcado visualmente en El Camino que se trata de una película. No deja de ahondar en el universo de la serie de televisión, pero el salto visual entre la serie o Better Call Saul y esto, es simplemente espectacular.

El Camino es una historia que narrativamente juega con varios tiempos y lugares. Es una historia de Jesse Pinkman, justo tras el final de la serie Breaking Bad (si no han visto la serie, dejen de leer en este momento, porque El Camino es una película que hay que ver sólo si se ha visto la serie, si no, no sólo no tiene sentido, sino que además se haría uno Spoilers sobre la serie. Muchos), liberado por Walter White antes de que este se dirija a su cita con el destino. Jesse, de nuevo con los rasgos de Aaron Paul, se encuentra buscado por la policía y relacionado con una masacre que puede suponer su muerte, así que necesita escapar como sea… Esta es la historia de su intento de fuga. Si lo consigue o no… Es cosa de ver la película.

Crítica de la película La luz de mi vida

Casey Affleck se convierte en hombre orquesta para este relato casi postapocalíptico.

Una historia de supervivencia que nos lleva en realizad a descubrir la relación entre un padre y su hija, mucho más compleja debido al estado del mundo en el que viven. Affleck es conocido en su faceta como actor, y recientemente también fue motivo de polémica debido a las acusaciones de acoso que recibió poco antes de ganar el Oscar por Manchester Frente al Mar. Pese al premio la imagen del actor se vio afectada por la situación y, en gran medida, da la sensación de que la película es la forma de Affleck de demostrar su amor, respeto y cariño por las mujeres, reflejadas en la imagen del personaje de su vida y en un mundo futuro, muy cercano, en el que las mujeres han desaparecido…

Ese es el punto de partida, un padre y una hija viviendo en continuo movimiento, viajando a través del país, en un mundo en el que una enfermedad casi ha terminado con las mujeres, pero su hija ha sobrevivido al ser inmune a la plaga, lo que la convierte en algo deseado, codiciado y por lo que merece la pena matar en este triste y gris futuro. Por eso debe pasar por su hijo, algo que puede hacer debido a que es preadolescente y podría ser confundida con un chico. Los problemas les seguirán pese a sus esfuerzos por mantenerse apartados del camino de los hombres y por vivir en paz.

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