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Accioncine - Tu revista de cine y series - Películas de acción

La producción ha sufrido un parón debido a la lesión sufrida por el protagonista Daniel Craig, quien ya rodaba en Jamaica la nueva entrega de Bond, la número 25 en la saga.

Aunque, eso sí, debemos esperar a confirmación oficial por parte de la producción, porque la noticia viene por parte del tabloide The Sun, que a veces ha exagerado algunas situaciones, por decirlo suavemente. Al parecer el rodaje está centrado en unas de las escenas de acción del final de la película, que todavía anda cerrando su guión (no tenemos ni título) por lo que aprovechan para centrarse en las escenas de acción, según indican los rumores.

Los productores Michael G. Wilson y Barbara Broccoli presentaron el inicio oficial de la producción de Bond 25.

Tras años de incertidumbre sobre si Daniel Craig repetiría como James Bond, y varios retrasos en el inicio de rodaje y en la fecha de estreno con la marcha de Danny Boyle como director por diferencias creativas y la llegada de Cary Joji Fukunaga nuevo responsable de la película. Ahora desde Jamaica, desde GoldenEye donde Ian Fleming vivió, los productores Michael G. Wilson y Barbara Broccoli han anunciado oficialmente el reparto, la sinopsis y el inicio de la producción. Aunque se rumorea que el rodaje ya comenzó en Noruega en secreto, para filmar en localizaciones antes del deshielo.

Dos rumores distintos apuntan a que el rodaje de la entrega 25 de James Bond podría haber comenzado casi en secreto en Noruega recientemente.

No ha sido nada sencillo llegar hasta aquí. Primero no se sabía si Daniel Craig repetiría su papel de Bond por quinta vez o abandonaría el personaje, tras unas sus declaraciones en las fechas previas al estreno de Spectre, y luego la película perdía a su director previsto, Danny Boyle, sustituido a última hora por Cary Fukunaga, lo que retrasaba el estreno hasta 2020, del previsto estreno a finales de otoño. Ahora parece que las cosas han empezado a funcionar y que ayer mismo comenzó el rodaje de la película, o al menos eso garantizan el Daily Mail y una web sobre Bond bastante fiable en este tipo de asuntos, Mi6-HQ, quienes han asegurado que el rodaje de la película ha comenzado en secreto en Noruega, donde han sido vistos el director y su estrella protagonista, y donde se han levantado varios sets de rodaje.

Entrega 25 de la saga, que volverá a contar con Daniel Craig como protagonista y que, por supuesto, cuenta con Barbara Broccoli y Michael G. Winslow como productores. Y ahora con Cary Fukunaga como director. En un anuncio que se ha hecho oficial hace unas horas, los productores, entre los que se incluye el propio Craig, han comunicado que Fukunaga es el director elegido para ponerse al frente de la película, convirtiéndose así en el primer director americano de la saga.

Crítica de la película Spectre

Gran espectáculo para amantes de Bond, algo inferior a Skyfall.

Entre referencias y ganas de recuperar algunas de las claves de la saga original anda este nuevo Bond, muy potente a nivel visual y de pirotecnia, algo inferior a su predecesora en desarrollo de personajes y drama humano, donde Skyfall bordaba una de las mejores películas de la saga Bond, si no la mejor, y esta prefiere retornar al espectáculo más propio de Connery o Brosnan, sin por ello dejar de lado aquello en lo que Daniel Craig como 007 había alcanzado la excelencia. Un tono más brutal, más terrenal, más cercano a la saga de Jason Bourne, más realista… Pero dentro de todo eso, el asunto con esta nueva película es que es la más “bondiana” de las que Craig ha protagonizado, la más despreocupada incluso, la que más guiños de humor incluye. Sam Mendes regresa tras las cámaras, lo que es una acierto, y hace no mucho comentaba su interés por hacer que Skyfall fuese la lucha de dos hijos por el amor de una madre, y Spectre que sea la lucha de dos hijos por el amor de un padre. En este caso una figura ausente, y no llega a convencer tanto ese drama como en la anterior. Aunque quizá incluso sea más entretenida que las anteriores, más espectacular, más explosiva. Se nota que es la película más cara de la saga y que ha costado más de 250 millones de dólares. Es una pasada incluso para una película como esta. Pero el dinero luce en pantalla.

Sí es cierto que hay algo en la etapa de Daniel Craig como James Bond que acaba de quedar ciertamente curioso en esta nueva entrega, la cuarta ya, es la continuidad. Las películas de Bond eran elementos separados, individuales, exclusivos, únicos, que no continuaban ni se relacionaban entre unas y otras, incluso con el mismo actor, más allá de algunos guiños de los personajes y algunos actores. Ahora hay un cambio radical, algo que ya se intuía en Casino Royale y Quantum of Solace, teniendo en cuenta que Solace continuaba la historia de la primera, mientras que Skyfall tomaba elementos de ambas, aunque parecía menos una secuela de ambas, pero con Spectre se intenta hilvanar la historia de las cuatro películas, a veces más acertadamente que otras, pero dando una sensación final de que todo lo visto en las tres películas anteriores nos lleva a este momento. Podría haber sido simplemente una secuela de Skyfall, pero Spectre lo lleva un paso más allá, lo une todo y lo convierte casi en un círculo perfecto con las cuatro películas vistas en perspectiva. No es perfecto, es casi, pero además hay que tener en cuenta que Craig podría volver a interpretar a Bond una vez más (tiene contrato para otra película, ya veremos si decide seguir o no). Pero al finalizar esta nueva película uno tiene casi la sensación de que podría ser un buen broche final no sólo para Craig, sino incluso para toda la saga de Bond.

Eso sí, el problema recae en que Skyfall era tan redonda (y, lo repetiré mil veces, siendo seguramente la mejor película Bond, me sigue gustando más Casino Royale, siendo algo inferior. Cosa de gustos, no de calidad), que Spectre no llega a ese nivel. Repito también, no es una mala película, ni mucho menos. No es aburrida, es espectacular, es brillante por momentos, tiene momentos de acción sensacionales, gotas de humor brillantes y un desarrollo de algunos personajes muy potente, como es el caso de M, Q y Moneypenny. A veces la trama recuerda demasiado a Misión Imposible Nación Secreta, lo cual nos lleva de vuelta a Sherlock, la serie de la BBC, y encima aquí con Andrew Scott en un papel quizá algo previsible pero con un gran toque del actor. El reparto está en su salsa la verdad, Craig le tiene muy cogido el tono al personaje, y nadie pone cara de asesino como él cuando se pone en marcha, sin importarle lo que se lleve por delante. Cada vez más cómodo con Bond, una pena que lo deje, ahora o dentro de una película. La chicas Bond están a la altura, tanto una impresionante Belluci, como Seydoux, aunque le pesa la sombra de Eva Green, por la trama en sí… Finnes, Whishaw y Harris, como mencionábamos, ven crecer sus personajes y lo hacen muy bien. El único punto débil es, curiosamente, Christoph Waltz, quizá debido a que el guión no dedica lo suficiente a que el personaje tome forma.

El inicio en México es arrollador, con una entrada en acción que es puro espectáculo (el plano secuencia en el tejado es una obra de arte en sí misma), y la película asciende poco a poco durante su primera hora y media de forma brillante en todos los frentes. Es una soberbia muestra de cine de acción y espías. El tiempo pasa volando, las tramas tienen fuerza y mucha potencia, los guiños son geniales. Pero a partir de esa hora y media, pasada la trama en la nieve, a mitad de África, la película pierde fuelle en el aspecto dramático. No en el espectáculo, donde sigue siendo una película excelente. Es en el drama con la presencia en primer plano del villano donde la película pierde algo de ritmo. Se disfruta muchísimo, es una excelente muestra de cine, pero no termina como lo hacía Skyfall. Le falta peso. Un poco, nada más, pero el suficiente. Sobre todo cuando ciertos clichés de la saga se repiten demasiado (la de veces que se puede matar al protagonista y le dejan vivir sin motivo real…). Pero son detalles menores. En conjunto está al nivel de Casino Royale, más o menos. La saga sigue estando en su mejor momento creativo de su historia y esperemos que siga así muchos años, con grandes directores y guionistas ligados al proyecto, y con un James Bond que si no es Craig esperemos que esté a la altura de un hombre que está a punto de hacernos olvidar al resto de Bonds. Pasen y disfruten.

Jesús Usero

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©accioncine

Crítica de la película Skyfall

Skyfall, el mejor Bond de Daniel Craig, Bardem mejor villano de toda la saga. Un reebot del reebot que fue Casino Royale.

Muerte y resurrección. Ese es tema central que aborda la tercera entrega de Daniel Craig como James Bond, completando una trilogía, poniendo fin a un ciclo, haciendo un original y complejo ejercicio de reboot del reboot. Me explico: Casino Royale era ya un reboot o relanzamiento del personaje de 007. Y ahora esta película no sólo le pone punto final a ese relanzamiento, sino que plantea un nuevo punto de partida para el personaje, configurándose como un fin de ciclo para la reescritura de las aventuras del agente con licencia para matar.

De ahí que la película pueda dividirse fácilmente en dos partes bien diferenciadas y que se complementan. En la primera, desde el trepidante principio de persecución hasta el encuentro de Bond con el villano interpretado por Javier Bardem, tenemos la historia habitual de 007 en la era Daniel Craig: persecuciones, acción tajante y resolutiva, peleas cuerpo a cuerpo que transmiten brutalidad, chicas bond con las que acostarse, y el resto de los condimentos de esa mezcla de cine de aventuras e intriga que siempre ha caracterizado el periplo cinematográfico del personaje. Incluso hay viaje exótico a Shangai, Macao, etcétera. Propio de la saga. Pero a partir del momento en que Bardem, que no aparece en esa primera parte, hace acto de presencia, la película inicia su giro hacia algo distinto con un tono claramente más siniestro y más serio en el que no habrá lugar ya sólo para la aventura. La entrada en ese otro territorio narrativo, que no es habitual en la saga de 007, en el que no hay ya chicas Bond sino una historia de “madre-hijo” muy interesante entre el agente y su superior, M (Judi Dench) se produce tras la secuencia en la que se da resolución a una de las “chicas Bond” de esta entrega poniéndole sobre la cabeza un vaso de whisky… Se cumple así con una seña de identidad de toda la saga cinematográfica del agente con licencia para matar, y al mismo tiempo se abre la puerta a otra cosa. Dicho sea de paso, la manera en que Bond repasa la vida de la chica en un monólogo que es un flashback verbal para presentarnos ese personaje femenino en tiempo récord y con la máxima economía de metraje y medios narrativos, plano contra plano, es una lección de buen uso de los recursos del guión.

La primera secuencia del villano interpretado por Bardem en el cuartel general del MI6, además de hacerse eco astutamente del estilo de algunas de las producciones que han marcado el género de espionaje en la ficción en los últimos años en series como Alias o Nikita, culmina con una transformación física posible, no fantástica, y precisamente por ello mucho más terrorífica, del antagonista, completando la presentación del mismo con unos tonos que recuerdan tanto a Hannibal Lecter como al Joker de El caballero oscuro, película con la cual Skyfall tiene mucho en común por su ritmo de narración y giros constantes en los puntos de agotamiento de la narración capaces de renovar la misma y mantener impecablemente el interés del espectador en los momentos clave. No es casualidad que este cambio de tono se produzca en Londres, en lugar de en una localización más exótica y lejana, y que uno de sus puntos álgidos sea una persecución en el metro de la capital británica que es una especie de versión 007 de la persecución que propusiera William Friedkin para The French Connection. Más tarde la película nos reserva aún una nueva sorpresa, pasando de esa clave de cine de acción urbanita a un planteamiento de western en Escocia con el que el arco argumental camina hacia su desenlace, y llegando a unas escenas en el páramo que enlazan directamente con las propuestas visuales de los títulos de crédito iniciales con la canción de Adele, que se cuentan entre los mejores de toda la serie Bond. Las secuencias en el páramo iluminado por las llamas son la materialización de la promesa de viaje al inframundo del protagonista que ya estaba en dichos títulos de crédito y constituyen un ejemplo perfecto de la cuidadosa y estilizada resolución visual y propuesta estética que acompaña a 007 en esta aventura y brilla especialmente en otras secuencias que parecen estallar visualmente para contrastar con los tonos más realistas del resto del relato, como la pelea cuerpo a cuerpo en Shangai, con las siluetas recortándose en el anuncio luminoso de neón, o esa isla abandonada en la que habita el villano, una especie de Chernóbil en el lejano oriente, entorno monumental que recuerda también las creaciones oníricas del desenlace de origen y de algún modo rinde homenaje a la isla de Scaramanga, el villano de El hombre de la pistola de oro. Eso me lleva a destacar que los guiños de homenaje al pasado del personaje a través de objetos y referencias varias a otras entregas de la serie muestran también la elegancia y la estilización de esta entrega que celebra el 50 aniversario de James Bond, sin entorpecer la narración, antes al contrario: sirven como oportuno refuerzo de la misma. La pistola Walter PPK, el Martini agitado, la Beretta, el Aston Martin, la señorita Moneypenny… son ecos de otras entregas, pero al mismo tiempo reafirman esa declaración de principios a favor de la supervivencia del personaje de Bond como icono de la cultura popular y el cine de acción, así como de la propia saga. Es una declaración de principios que puede resumirse en una frase de guión: “perro viejo, trucos nuevos”, pero también está en ese guiño al pasado estableciendo los cuarteles del MI6 en el que fuera cuartel general de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial, en el poema de Tennyson que recita M en la vista sobre su competencia como directora del MI6 y también, por qué no, en esa figura de perro bulldog con la bandera británica que adorna la mesa de la jefa de 007 y contiene un mensaje final muy claro para el agente. Todo ello alude a otro elemento esencial de esta nueva entrega de la saga de 007 junto a la muerte y la resurrección: la memoria.

O lo que es lo mismo: muerte y resurrección de Bond, reboot del reboot.

He dejado para el final un rotundo aplauso y una advertencia.

El aplauso es para Javier Bardem, que con todos mis respetos para quienes le han precedido en el azaroso empeño de ser un villano de la serie Bond, ha puesto el listón muy alto en este terreno. Tan alto que me atrevo a calificarle como el mejor villano de toda la serie. Es difícil encontrar los matices que Bardem le ha dado a este tipo de personaje con tendencia a caer en el tópico y la fórmula en otros antagonistas anteriores de la saga, no obstante haber contado ésta con notables actores dedicados a esta parcela. Lo que ocurre es que Bardem vuelve a demostrar y lucir su curiosa mezcla de arrollador talento, pura animalidad cinematográfica liberada que no entiende de tópicos y fórmulas y vuelve a desarrollar un trabajo de todoterreno muy complejo, aunque él lo haga fluir con una aparente facilidad de fluidos gestos e indicaciones mínimas, pequeños detalles en situaciones aparentemente tan convencionales y tópicas como lanzar una granada dentro de un edificio.

Jamás tuvo James Bond enfrente un villano más competente e inquietante que éste.

El aviso está relacionado también con el papel de Bardem: hay que ver la película en versión original para apreciar el trabajo del actor. Yo la he visto así en el pase de prensa. Desconozco qué va a ocurrir con la voz de Bardem en la copia doblada al castellano, pero aviso que si es la misma del tráiler, no tiene nada que ver con el original. Así que no se dejen guiar por ese tráiler.

En conclusión: una entrega de cinco estrellas en el seno de la saga de 007.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres

La versión Fincher es mejor que la versión anterior y más fiel a la novela, es además más clara en su desarrollo y desenlace.

Tal y como ya expliqué cuando hablaba de la versión europea de esta misma novela, Millenium no me parece precisamente un dechado de originalidad, por mucho que  haya tenido éxito notable en las librerías de todo el mundo. Lo que sí hace es acertar a mezclar dos variantes de la narrativa policiaca, el relato whodunit estilo Agatha Christie, también conocido como “¿quién lo hizo?”, donde impera la intriga, el enigma y la resolución del mismo sobre la acción, y el relato hardboiled, enmarcado en la serie y el cine negro, protagonizado por un detective duro, metiéndose en todo tipo de enredos, al mismo borde de la frontera del crimen, a punto de saltársela e incluso dispuesto a enfrentarse a las autoridades de turno, esencialmente corruptas. Es el tipo de esquema que encontraríamos en clásicos del cine negro como El halcón maltés o El sueño eterno, si nos da por rebuscar en la filmografía esencial de Bogart, pero que también puede encontrar referentes en la esencial Retorno al pasado, o en las cronológicamente hablando más próximas Chinatown y Blade Runner.

Toda la trama de la desaparición de la joven en la poderosa familia que ficha al periodista interpretado por Daniel Craig responde al esquema del whodunit, es un enigma por resolver, lo que podríamos denominar su faceta Cluedo, tomando prestado el nombre del célebre juego de mesa. Todo lo referido a Lisbeth Salander responde al esquema del hardboiled. Lo curioso de esta nueva versión de Millenium es que deja aún más claro lo más interesante de mezclar esas propuestas de relato policial esencialmente diferentes: los papeles tradicionales repartidos por sexos están invertidos. El asunto tiene aún más relevancia si contamos con la participación de Craig, el James Bond más duro y brutal de la saga de 007, que le saca aquí el mayor partido a desmarcarse de su propia imagen (curiosamente mientras el actor encargado de interpretar ese mismo papel en la versión europea ha hecho lo mismo, pero en sentido contrario, en Misión imposible: protocolo fantasma).

Digo que los papeles están invertidos respecto a lo que tradicionalmente nos ha propuesto el relato policial porque, como se las ingenia para remarcar David Fincher con mayor pericia que en la versión anterior, Lisbeth es la encargada de proteger, ayudar, investigar y ser el brazo armado de Mikael. Lo que en el cine más clásico habría hecho el protagonista masculino lo hace en esta ocasión la protagonista femenina. Fincher utiliza las escenas de sexo para dejar eso aún más claro, después de que disparen contra Mikael, o tras la escena de la tortura. Entre otras cosas, eso hace mucho más creíble los personajes y las situaciones, no tanto porque se aleja del estereotipo, de lo previsible, sino porque responde coherentemente a la manera en que han sido construidos los dos personajes. Mikael es un periodista, no un tipo duro y callejero. La dura y la callejera es ella. Lógico es que, con independencia de su sexo, sus relaciones y participación en la investigación se reconstruyan según esos parámetros. Lo contrario, además de desleal para la definición de los personajes, sonaría falso, poco verosímil y totalmente previsible para el espectador: pura fórmula. Creo que Fincher trabaja mejor y más claramente esta inversión de papeles tradicionales del relato policíaco más clásico.

Lo que diferencia aún más la versión Fincher de la versión europea de Millenium es precisamente el tercer factor que entra a relacionarse eficazmente con esa especie de alianza o encuentro entre el relato whodunit y el relato hardboiled que ya etaba presente en la novela original y en la película anterior: el propio estilo Fincher. Desde el momento en que los dos personajes empiezan a descubrir las claves del asesinato en serie, que estaba presente también en el relato original y es la columna vertebral del mismo, al menos en la primera novela, nos damos cuenta de que esta historia encaja como una pieza más del puzzle de relatos siniestros presentes en la filmografía de David Fincher. Así, Millenium se desvela como una pariente muy cercana de títulos como Seven o Zodiac, pero además, por lo referido al enigma, encontramos huellas de The Game y El club de la lucha, tanto en lo estético como en lo argumental.

Tomemos como ejemplo el elemento más obvio que pone de manifiesto ese encaje perfecto en la filmografía de Fincher ya desde el principio: los títulos de crédito, mercuriales y potentes, tan cercanos a los de cualquier otra película del director, especialmente Seven, en su manera de desplegar parte de la historia, aunque en el caso que nos ocupa el ritmo de los mismos y la música que los complementa responda más a la personalidad de Lisbeth y presente y anticipe no al villano, como en aquella sino la compleja y tempestuosa relación que vincula a los dos protagonistas. El desarrollo creativo de los créditos encaja en el excelente uso que suele hacer Fincher de esa herramienta narrativa tantas veces desperdiciada o mal utilizada para presentar o anticipar elementos esenciales de la trama.  Es el primer ladrillo de un edificio que demuestra ser otra adaptación distinta de la novela original, comercial, sin duda, pero igualmente clasificable dentro de las claves de su director como autor.

Me ha gustado bastante la manera de respetar los momentos más escabrosos de la trama, sin recrearse en la violencia y la tortura innecesariamente, manera morbosa. Son tan brutales como deben ser, pero dejando que cada espectador recomponga el puzzle según le cuadre o prefiera, sin automutilarse pero sin dejar que esos fragmentos tengan más protagonismo del estrictamente necesario para componer el arco de desarrollo de la trama y los personajes.

Pero además hay un elemento que me ha llamado poderosamente la atención en esta versión y que no estaba presente, o al menos no tenía la importancia en la trama que se le da en ésta: el triángulo sentimental. Se construye sobre las relaciones de Mikael con Erika, la directora de la revista -Robin Wright en un papel breve pero decisivo- y da pie a dos de las imágenes más definitorias de los vínculos que se establecen entre los dos protagonistas: el plano en el que vemos a Mikael hablando en la calle frente a Lisbeth, con Erika en un segundo término, y un plano final que me parece muy superior, más resolutivo y explícito, más contundente, que el de la versión europea de la novela de Stieg Larsson.

Finalmente hay otro tema que es inevitable abordar antes de acabar este comentario: las comparaciones odiosas entre los protagonistas de la versión europea y la norteamericana. A la pregunta: ¿devora el estrellato de Daniel Craig a Mikael? Contestaría que no, muy al contrario: Craig encuentra en el juego a la contra de su imagen como 007 un elemento positivo, que da pruebas de su talento como actor y su capacidad para escapar al encasillamiento. A la pregunta:  ¿Qué Lisbeth es mejor, la de Noomi Rapace o la de Rooney Mara? Contestaría que son distintas. Ni mejor ni peor. Dos versiones diferentes de un mismo personaje, cada una ajustada al tipo de película en el que tiene que habitar. La Lisbeth de Rapace era la mejor posible para la versión europea, del mismo modo que la de Mara es la mejor imaginable para la versión norteamericana.

A modo de resumen: estamos ante una película distinta, cuyas diferencias sabrán apreciar los aficionados al buen cine, quienes se entienden que esto no es tanto un remake como una nueva versión de la novela de Stieg Larsson, en mi opinión más fiel a la misma en algunos aspectos fundamentales de la misma, y conste que no me refiero sólo a que aparezca la hija de Mikael o se haga el debido hincapié en su relación con Erika.

Miguel Juan Payán

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Crítica de la película Cowboys and Aliens

Palomitera y veraniega total, Cowboys y Aliens lleva escrita su naturaleza en su título, no engaña, da lo que promete: uno de los ratos más entretenidos que he pasado en el cine este verano. En referencia a su mezcla de géneros, acierta a manejar los elementos de los dos géneros principales que la habitan, de manera que nunca deja de ser del todo un western para convertirse en película de ciencia ficción. Eso sí, es un western más cercano a las variantes practicadas sobre dicho género en los años sesenta y setenta que a la etapa clásica del mismo, con las películas del retorno de Clint Eastwood a Estados Unidos como modelo principal para el personaje encarnado por Daniel Craig. En lo referido al elemento de ciencia ficción, estamos ante una variante de las películas de invasiones más tradicionales, las que habitaron el cine de los años cincuenta en Estados Unidos, con algunos elementos de terror incorporados en las grutas alienígenas y un aroma de serie B con presupuesto de serie A.  De todo ello se traduce un digno entretenimiento que personalmente no me ha defraudado.

La mezcla es definitivamente la baza elegida por el cine comercial y de entretenimiento de nuestros días para llevar a cabo sus asaltos a la taquilla, y en ese sentido, desde su naturaleza de híbrido movido en según las claves de la sinergia entre varios géneros, Cowboys y Aliens funciona a distintos niveles genéricos. Eso podría despistar al espectador, pero no es el caso, porque la dosificación de elementos está muy clara desde el principio y sus artífices han sabido gestionar con notable coherencia y equilibrio los elementos que forman esta especie de puzzle genérico.  La claves es que domine un género concreto como guía esencial para no desorientar o confundir al espectador, y en este caso todo se construye sobre un andamio central  formado por el western. Desde ahí, con una presentación del personaje principal que es una aceptable actualización de las claves del género para los tiempos que corren, ayudada por el carisma de Daniel Craig, que en esta ocasión recuerda incluso más que en otras al gran Steve McQueen, la película va creciendo cuando tiene que crecer incorporando elementos que sin renunciar a ese punto de partida en el cine del oeste la llevan a convertirse en una peripecia con invasiones extraterrestres capaz de recordar las claves más atractivas de los más disparatados cómics de ciencia ficción, por ejemplo en la línea de algunas historias publicadas en la revista británica 2000 A.D. Dicho sea de paso, en una revista especializada en ciencia ficción británica he leído algún que otro chiste sobre qué va a ser lo próximo que nos proponga Hollywood, y entre las propuestas estaban soldados y dinosaurios, monos y robots, piratas y ninjas, vampiros y monjas y cavernícolas y astronautas. Cachondeo al margen, la revista 2000 A.D. publicó una serie de peripecias en viñetas que en mi opinión bien merecerían su correspondiente adaptación al cine en una línea similar a la que nos ha propuesto Cowboys y Aliens, Flesh, una historia de cowboys del futuro y dinosaurios bastante curiosa y visualmente muy jugosa. Dicho cómic estaba además inspirado por otro híbrido notable en el paisaje de la ciencia ficción cinematográfica que de algún modo podríamos decir es un antecedente de Cowboys y Aliens, Almas de metal (Westworld), dirigida por Michael Crichton en 1973 con Yul Brynner encarnando a un antecedente del Terminator de James Cameron en un parque de atracciones del futuro en el que los visitantes pueden viajar al mundo del oeste para medirse con pistoleros robóticos, lo que permite al director hacer una mezcla de géneros entre western y ciencia ficción bastante curiosa y en muchos aspectos antecedente de la que ahora nos propone Jon Favreau.

La otra mezcla que preside Cowboys y Aliens es de carácter industrial. Si argumentalmente sabe sacarle partido a la mezcla poniendo en pantalla un espectáculo de evasión bastante conseguido, que tampoco aspira a más, industrialmente es ejemplo perfecto de cómo los argumentos, personajes y situaciones más tradicionales de la serie B se aplican en el cine actual a presupuestos y repartos de serie A para dar a luz esa especie de monstruos de Frankenstein cinematográficos que domina en la cartelera de la era del blockbuster. Dicho ejercicio no siempre sale bien. De hecho la mayor parte de las veces deja bastante que desear y suele defraudar, pero creo que en esta ocasión el asunto ha quedado bastante aseado y la película sabe combinar sus elementos esenciales para que nuestra atención no decaiga durante un metraje largo que no lo parece, porque se hace corto. Ello se debe a la alternancia de su arranque como western con su posterior pincelada de invasión, seguida rápidamente de un planteamiento de aventuras con viaje en el que progresa desde el protagonismo único inicial a un protagonismo más coral que administra a su grupo de personajes con acierto. El acierto al que me refiero consiste en darle cancha a los personajes secundarios a través de breves pinceladas, escenas cortas, que van construyendo cierta personalidad para los mismos buscando que sean algo más que meros comparsas del trío principal formado por Craig, Harrison Ford y Olivia Wilde. Ocurre así en la relación breve pero eficaz que se establece entre el predicador y el cantinero, o entre el niño y Ford y también en la historia del indio adoptado por Dollarhyde.

Pero a pesar de haberme resultado entretenida, la película tiene también algunos defectos, al menos en opinión de quien esto escribe. Por ejemplo, nunca debes plantear una muerte de un personaje principal en un guión si no estás dispuesto a mantenerla hasta sus últimas consecuencias. Lo contrario será visto por el espectador, con lógica aplastante, como un retroceso, una bajada de pantalones, una forma de recular ante una situación extrema que tú mismo has creado. No voy a decir más sobre el particular, pero si aclaro que esa situación pone al límite la suspensión de credibilidad del espectador frente a la historia, restándole eficacia a la película a partir de ese momento, por haber introducido en la mezcla de géneros demasiado tarde una clave más de corte fantástico que de ciencia ficción traída por los pelos, que huele a deus ex machina y nos saca totalmente de la película.

En general el guion gestiona bien casi todos sus personajes secundarios, pero llegado un momento, tras la impactante presentación de Craig, parece no saber qué hacer con ese personaje principal inicialmente tan potente, que poco a poco queda convertido en mero boceto y es el que peor gestionan y menos crece de toda la trama. Los viajes a su pasado no son suficientemente interesantes como para sustentar el crecimiento del personaje y hacer que vaya a más. Si alguien ha visto la serie Fringe, por poner un ejemplo, entenderá que un buen ejercicio de introducción del pasado para hacer crecer los personajes lo tenemos allí en toda la historia de Walter y Walternativo. Además en ese caso se cumple un axioma esencial: haz crecer bien un personaje y harás crecer bien toda la trama. En este caso, el personaje de Craig se va frenando y acaba por ser menos de lo que podría haber sido. Gestionan además mal     la peripecia romántica. Desde ese punto de vista sale mejor parado el personaje de Harrison Ford,  aunque un poco más de coherencia con su presentación inicial, más oscura, y la permanencia de la misma en el resto de la aventura no habría estado mal. En cuanto al personaje de Olivia Wilde está mal aprovechado, se desdibuja entre una función de consorte de los papeles masculinos y crece demasiado tarde en la trama para engancharnos.

Finalmente creo que la película habría ganado mucho dándole mayor protagonismo al elemento extraterrestre, que ciertamente entra en escena arrolladoramente pero demasiado hacia el final. El ejercicio me recuerda nuevamente otra película en la que trabajaron mejor ese aspecto: la primera entrega de Depredador.

Dicho todo lo anterior, insisto: no me ha defraudado, aunque podría haber llegado a mucho más. Me convence sobre todo como entretenimiento y evasión y sobre todo por su gestión de la mezcla de géneros dándole al western el mayor protagonismo. Pero en lo referido a sus personajes, gestiona mejor los secundarios que los principales.

Miguel Juan Payán

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