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Accioncine - Tu revista de cine y series - Películas de acción

Crítica de la película Tu Hijo

Cine con galones y una historia llena de ambigüedad moral.

Una película que continuamente nos remite al cine de los setenta, a sus temáticas y a su compromiso por contar historias duras, para nada autocomplacientes, llenas de complejidad ética y moral. Repletas de grises creados por la violencia y, en esta ocasión, por un padre justiciero que en realidad no es más que un cobarde. Donde Hollywood nos ofrece Venganza o El Justiciero (la primera entretenidísima, la segunda un remake innecesario y carente de interés o fuerza), nosotros ofrecemos Tu Hijo, que no pretende simplemente entretener, sino plantear una serie de preguntas difíciles, complejas, duras, que nos llevaremos a casa una vez termine la proyección. Porque además la película no da todas las respuestas… Esas tendremos que darlas nosotros y sopesar el resultado.

Crítica de la película Hunter Killer

Cine de acción con submarinos para pasar un rato trepidante y entretenido.

Grata sorpresa para los devoradores del cine de submarinos y el cine de acción trepidante al estilo ochentero, sin más aspiraciones. Ni falta que le hace. Es una película de acción bien presentada y competente. A ver, no es La caza del Octubre Rojo de John McTiernan, y tampoco llega a la ligeramente inferior a aquella Marea Roja de Tony Scott, que son las dos más representativas del género en las últimas décadas, pero sabe explotar el mimetismo y el conocimiento del espectador de los lugares comunes de este subgénero convirtiéndolo en recurso válido para implicar en la historia al espectador. Es como si hubiera mezclado un resumen de esas dos películas mezcladas con una operación de comando en paralelo que toma como referente El único superviviente.

Crítica de la película The Night comes for Us  

Artes marciales y violencia extrema nos llegan de la mano de Netflix.

Es la última película que se ha estrenado en el servicio de streaming Netflix y es una de las más esperadas del año por muchos seguidores, al volver a unir en cine de acción y artes marciales, a dos de los protagonistas de Redada Asesina, Joe Taslim e Iko Uwais, y además sumándole a Julie Estelle, quien ya ha protagonizado varias películas de acción con Uwais, como Headshot o Redada Asesina 2. Curiosamente, o no tanto, uno de los responsables de Headshot, Timo Tjahjanto, es el director y guionista de esta película también. Y en comparación, Headshot era un paseo por el parque en lo que a violencia se refiere… Si aquella era brutal, esta lo es mucho más…

Crítica de la película La sombra de la ley

Cine de género muy nuestro, con un acabado visual insuperable. Si alguien me preguntase cuánto ha costado La Sombra de la Ley, posiblemente le dijese que parece una producción de Hollywood de más de 50 millones de dólares, en cuanto a diseño de producción, escenas de acción, efectos visuales… Eso sin mencionar a su reparto. Conocer de boca de su director el coste real de la película es quedarse pasmado con lo que han conseguido, con la forma de exprimir hasta el último céntimo para hacer de esta nueva película de Dani de la Torre, una superproducción en toda regla, una de esas películas que uno espera que tenga un enorme éxito, para que sigan haciendo más. No será fácil, pero es un primer paso.

Crítica de la película Ánimas

Curiosa propuesta de terror milennial con varios puntos de interés.

Limitada en medios pero valiente en algunos aspectos, más floja en otros, Ánimas me parece interesante sobre todo porque es un pulso entre el uso de los tópicos del género de terror y al mismo tiempo intenta escapar de los mismos por otros caminos que buscan darle más fuerza a la propuesta.

Explora por un lado la vía de la psicología. Cierto es que en lo referido a su propuesta psicológica me quedo antes con su capacidad para querer jugar visualmente con ese asunto que por el contenido narrativo de todo ese aspecto, demasiado previsible. En ese terreno de la psicología Ángela Molina presta una solidez necesaria pero no del todo aprovechada. Creo que ese personaje, independiente del papel o peso que tenga en la novela de la que parte la película, merecía en el cine, y contando con esa actriz que siempre te lo da todo ante la cámara, ser más importante en el desarrollo general de la trama. A veces el cine y su lenguaje pide desarrollar más los personajes que en otros medios no requieren o pueden proponer tanto juego. De ahí que la adaptación novela a cine nunca sea fácil. En otros aspectos, como el empeño de juego con recursos visuales como la puerta en el suelo, creo que la película puede caer en el tópico, o incluso mostrarse ingenua, pero aplaudo la decisión de atreverse a jugar con la ilustración que hace Ánimas de lo psicológico desde lo visual, algo que nunca es fácil y que se le resistió incluso a Hitchcock en Recuerda incluso contando con Salvador Dalí para solventar todo el asunto onírico. Me parece no obstante que en ese proceso un mayor protagonismo del personaje de Ángela Molina habría sido muy beneficioso. No me canso de decir que los actores son el mejor recurso, la mejor herramienta y el mejor efecto especial con que puede contar el cine.

Crítica de la película El Pacto

Belén Rueda se echa a las espaldas esta intriga con pinceladas de terror.

No es nada nuevo. Belén Rueda puede hacer que historias más o menos convencionales y tópicas salgan adelante simplemente estando ahí, ante la cámara, defendiendo su personaje y lo que se cuenta como una loba defendiendo a sus cachorros. Es lo que ocurre en este caso, donde además encuentra buen respaldo con el trabajo de Dario Grandinetti y la breve pero contundente aparición de Antonio Durán “Morris”, al que habría estado bien ver en más metraje de la historia, sobre todo porque su personaje se interesante pero entra demasiado tarde en el asunto, restando más peso a la trama de intriga.

Todo gira no obstante en torno a la presencia y el personaje de Belén Rueda, y eso en cierto modo presta cierto tono de endeblez a la trama en su conjunto. Solo otro personaje en la trama, el de Grandinetti, llega para ejercer como contrapeso y como resultado de este equilibrio la trama y la película ganan puntos. Queda desdibujado el personaje de la hija, interpretada por Mireia Oriol, que en una clave más ambiciosa para la historia habría tenido sin duda más desarrollo.

En cualquier caso, es elección del director y co-guionista cómo va a conducir su historia y su película, y hay que decir que El pacto funciona correctamente como producto de intriga, y si tiene alguna pega en todo caso responde a la ambigüedad sobre su verdadera naturaleza que pueda transmitirse al espectador a través del tráiler. Es un relato interesante, curioso a su manera, eficaz en su desarrollo, pero no es una película de terror como quizá puedan esperar algunos espectadores a tenor del tráiler que se ha difundido sobre la película. Tiene pinceladas de terror, pero su manera de desenvolverse en la mayor parte de su metraje la sitúa sobre todo en el territorio de la intriga. Quiero decir que la película en sí misma no engaña en ningún momento en ese sentido. Tiene muy claro lo que es y se desarrolla coherentemente por el camino que ha elegido. Pero la promoción puede jugarle una mala pasada llevando al espectador a buscar en ella otro registro narrativo que no posee.

De hecho, una de las cosas que me ha gustado de El pacto es precisamente esa capacidad para arriesgarse y tirar por el camino menos fácil a la hora de plantear su trama. Podría haber tirado por el espectáculo fantástico dominado por el terror y con pinceladas de intriga, pero invierte su carga genérica para buscar por un camino de intriga con pincelada de terror que la lleva por ejemplo a potenciar más el peso de la interpretación de sus actores y asentar su propuesta sobre el eficaz dúo Rueda-Grandinetti. Me parece una opción interesante, aunque ya he comentado que habría sido interesante desarrollar más algunas subtramas con personajes como el de la hija y el de Antonio Durán. En lo referido al argumento propiamente dicho, opta por la simplificación de la anécdota y por un perfil de rapidez y brevedad que lleva a los personajes a tener poco desarrollo más allá de lo imprescindible para que sirvan como herramientas de la trama. Por eso pienso que es tan destacable el trabajo de Belén Rueda y Darío Grandinetti, así como el de Antonio Durán: porque estamos ante uno de esos casos donde es el actor el que presta casi toda la “carne” al personaje, cuyo desarrollo esquemático en una trama bastante esquemática y que va al lío del asunto sin desviaciones ni subtramas puede producir la sensación de excesiva sencillez buscando la máxima eficacia. Quizá por eso El pacto me produce la sensación de tener prisa por contarnos su propuesta y no querer complicarse la vida, y pienso que desperdicia algunos elementos interesantes que incluye en su conjunto pero desdibujados como en un segundo plano.

No me parece mal del todo. Una industria que se precie tiene que producir este tipo de historias de género sencillas y eficaces, y en eso me ha recordado todo el tiempo el tipo de relatos con más intriga que terror que consumíamos en las revistas de cómics de terror tipo Creepy y Dossier Negro, relatos breves y contundentes a los que no cabe pedirles más que precisamente esa eficacia como vehículo de entretenimiento bien defendido por sus protagonistas y correctamente resuelto en lo visual.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película Mentes poderosas

Entretenido relevo de la saga de El corredor del laberinto con superpoderes.

Todo parece indicar que esta película es el comienzo de una franquicia llamada a sustituir, en la oferta de productos de ocio audiovisual de Fox, a la saga de El corredor del laberinto, con la que tiene muchos puntos de contacto argumentales en propuesta de conflicto y personajes. Pero ya que estaban metidos en el lío, los responsables de este proyecto, adaptado de la novela de Alexandra Bracken, incorporan al mismo el tema de los superpoderes y revisten todo el asunto, siguiendo la pista del material original, de una especie de mensaje de integración racial y liberación con fémina empoderada como protagonista.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no es difícil entender que estamos, ya desde el origen literario de la trama, ante una especie de traje fabricado en serie, eficaz para lo que ha sido fabricado, pero fruto de un proceso de creación cuidadosamente pautado por una fórmula que replica cuidadosamente los elementos presentes en otros productos anteriores de esa misma “especie” o “familia”, con poca posibilidad para la sorpresa.

Hay un factor de serialización en la fórmula que impide que pueda haber una sorpresa real en el espectador, y se observa una inevitable inclinación hacia lo previsible y la réplica de esquemas. Nada de ello impide que todo el asunto resulte eficaz como entretenimiento, aunque nos encontramos con más de lo mismo que hemos estado viendo en las sagas de Los juegos del hambre, Divergente, Percy Jackson, El corredor del laberinto, La quinta ola y alguna otra producción de ese mismo tipo. Naturalmente con diferencias en cuanto a resultados, porque está más cerca de La quinta ola que de Juegos del hambre o El corredor del laberinto, de las que está lejos en cuanto a espectáculo. La publicidad intenta vincular la película a otras propuestas que, independientemente de los trabajos anteriores de sus artífices, le pillan bastante más lejos, como la serie Stranger Things y La llegada. Es una lástima que realmente no esté más cerca de estas dos, sobre todo de la primera, que habría podido encajar bien en un planteamiento de alternativa a la fórmula de jóvenes adolescentes buscando su propia identidad en un mundo en el que se sienten traicionados por los adultos, tema recurrente en todas las sagas que he citado anteriormente. De haber tirado por el camino de Stranger Things, y considerando el cruce argumental con superpoderes el asunto podría haber tenido mayor interés acercándose al territorio de Chronicle, Josh Trank, pero en lugar de arriesgar por ese camino los responsables del proyecto han decidido ir a lo seguro, y al hacerlo creo que han cometido un error, porque la fórmula de Juegos del hambre y sus emuladoras está bastante sobrexplotada y la propuesta está bastante agotada. Es lástima que no hayan preferido jugar la baza de darle otra vuelta, al cine de superhéroes franquiciados desde fuera de las franquicias, aunque por lo demás cualquiera que haya leído tres cómics de X-Men o Nuevos mutantes sabe perfectamente que en lo esencial Mentes poderosas no es precisamente original o innovadora. Según veía la película pasaba ante mis ojos la oportunidad perdida de haber fabricado un híbrido con elementos de Cuenta conmigo y Stranger Things cruzados con superpoderes y arriesgando algo más estilo Chronicle, todo ello teniendo como referencia una aplicación de la fórmula de niños y adolescentes en una pesadilla de adultos que tan bien tratara Mark Twain en Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn… pero supongo que eso ya va a ser mucho pedir para los tiempos de reciclaje sistemático de propuestas que vive el cine estadounidense actualmente, así que toca conformarse con un moderado nivel de entretenimiento y repetición de la fórmula. El caso es que incluso en la repetición de la fórmula tiene algunos puntos flacos, como la falta de aprovechamiento de personajes como los del presidente interpretado por Bradley Whitford y la cazadora de recompensas Lady Jane interpretada por Gwendoline Christie. Dicho sea de paso es en esos personajes donde está lo verdaderamente interesante de la historia, pero incomprensiblemente son poco más que cameos para adornar una trama que en su primer y segundo acto, aun siendo presa de la repetición y la fórmula, sale adelante como historia de viaje y aventuras juveniles pero en su ecuador se convierte en una atropellada carrera hacia un desenlace en el que revela torpemente su verdadera naturaleza como historia de amor que se come casi todo lo demás, en una propuesta argumental que desde los libros posee elementos para resultar más entretenida y trepidante en su paso al cine.

Miguel Juan Payán

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VENGADORES: LA GUERRA DEL INFINITO XXXXX

Crítica de la película El Bar de Alex de la Iglesia

Álex de la Iglesia mezcla surrealismo apocalíptico y thriller asfixiante, en esta excéntrica comedia urbana.

Un cierto aroma a El ángel exterminador, del incomparable Luis Buñuel, cruza por la atmósfera voluntariamente malsana de El bar desde el primer fotograma; mientras los personajes pelean por escapar de un lugar sin salidas de emergencia. Álex de la Iglesia conforma así un guion enclaustrado dentro de una propuesta espartana, compuesta por los mínimos elementos escénicos con los que barajar el misterio que planea en el ambiente.

Al lado de Jorge Guerricaechevarría, el responsable de El día de la bestia imagina una historia plagada de altibajos, y carente de momentos muertos o de estaciones de servicio en las que descansar las neuronas. A modo de filme de hornada catastrofista, el cineasta bilbaíno comienza la película con la presentación de un cuadro de tipos diferentes y totalmente desconocidos, diferentes y vecinos de entornos diferentes de la ciudad.

Crítica de la película El vuelo

Denzel Washington se echa encima un drama vibrante gracias a su director. Ahí reside la clave de los grandes momentos de cine que tiene El Vuelo, sus actores y su director. Un director, Robert Zemeckis, que no rodaba una película de acción real desde Náufrago, estrenada hace ya más de 12 años, dedicado como estaba a sus proyectos de animación con captura de movimiento, que resultaron mediocres en el mejor de los casos (Beowulf, Cuento de Navidad y Polar Express no pasarán precisamente a la historia del cine de animación y sus avances tecnológicos han quedado… obsoletos en gran medida, como demostró Avatar), mientras que en el cine de imagen real al siempre considerado heredero natural de Steven Spielberg, aunque eso quede ya muy lejos en el tiempo, le debemos películas como Tras el Corazón Verde, la trilogía de Regreso al Futuro, Forrest Gump o La Muerte os Sienta tan Bien. No es que siempre fuese brillante, pero mucho mejor que en el campo de la animación creo que podemos concretar que era. Y es. Y se encarga de demostrarlo en El Vuelo, que no pasaría de ser un telefilm de no ser por su trabajo y por el del reparto liderado por Whasington. Eso es lo que hace a esta película algo especial, diferente, vibrante por momentos, sobre todo en su primera parte, donde lo que vamos a ver es menos previsible, menos conocido. Y donde se demuestra que el cine es un arte visual, que el guión es la base imprescindible, pero que un director con pulso puede sacar adelante un guión normalito con mucho más que solvencia.

Y aquí muchos dirán que la película flaquea, que no sorprende, que el guión es blandito… Que sí, que es cierto, pero se olvidan de lo importante que es la narrativa en una película, el arte de contar una historia, saber hacerlo y plasmarlo de forma interesante y novedosa en pantalla. Todas las historias están ya contadas desde el tiempo de los griegos, pero depende de cada narrador el hacer esas historias interesantes y aparentemente nuevas para todos. Aquí tenemos una historia de un tipo que tiene todas las adicciones del mundo (le falta esnifar pegamento), y pese a ello sigue trabajando como piloto comercial. En un vuelo, tras pasar lo peor de una tormenta, el avión falla y sólo su pericia impide que la catástrofe acabe con la vida de todos en el avión. Una proeza de héroe, pese a estar borracho y colocado. Algo irrepetible que, pese a todo, le dejará expuesto cuando se descubran todas sus miserias. Y lo que podría convertirse en un drama judicial sobre la culpa de un hombre o lo que nos convierte en héroes, en realidad da paso a un viaje en la vida de un hombre a su propio infierno, hasta que toca fondo y no puede más.

Vamos, que esto no es un thriller, sino un drama personal sobre un adicto, como podrían serlo otras joyas del cine, superiores a ésta, como Días sin Huella o Días de Vino y Rosas, añadiendo el tema de las drogas, como si eso fuese lo que la convierte en una película más madura y oscura. Como he mencionado antes el guión es correcto, nada más. Se excede en el tema religioso y como presenta a los personajes creyentes, que provocan más de una sonrisa, me temo. Y también deja colgada la relación del protagonista con su ex y su hijo, para centrarse en una historia romántica que realmente es la parte más débil de la película, incluso pese al gran trabajo de Kelly Reilly, a quien recordamos de las películas de Sherlock Holmes actuales como la mujer del Doctor Watson, aquí bellísima pese a la adicción. Tiene buenos momentos como la charla del padre y el hijo al final de la película, el momento en el hospital escondiéndose en las escaleras para fumar, con el enfermo de cáncer, la charla en el hangar con el abogado y el amigo del sindicato de pilotos, la habitación de hotel… El resto del guión es telefílmico y poco más. Perfecto para una tv movie de esas que vemos en la sobremesa del fin de semana…

Pero, y es un grandísimo pero, ahí están los actores para levantar la película. Por supuesto un Denzel Washington magnífico en su camino al olvido, pero escoltado brillantemente por nombres como Bruce Greenwood, Don Cheadle, John Goodman, Kelly Reilly o Melissa Leo, aunque algunos de ellos no estén todo lo aprovechados que deberían estar. Y además de eso, por si fuese poco, tenemos un director que durante la primera hora larga de película nos introduce en un vuelo de pesadilla, un viaje que bien podría ser el último, que resuelve con un pulso y una brillantez que te dejan pegado a la butaca durante el accidente, los momentos anteriores y los posteriores. Simplemente sensacional. Un portento narrativo que te mete de cabeza en la película y la hace algo más, algo especial. Algo que merece la pena ser visto y que elevan la película muy por encima de la media.

Sí, luego el ritmo se resiente y es cuando todo se convierte en previsible y visto antes. Todo discurre por caminos conocidos. Pero por esa primera hora y por los actores, se salvan con creces los muebles. Ya rodó Zemeckis una escena de accidente aéreo espeluznante en Náufrago y aquí lo convierte en todo un arte. Es la cumbre de una película interesante e intensa, que nunca llega a aburrir pese a lo antes mencionado. Por mucho que algunos se empeñen en mirar sólo lo más obvio. Quien vaya al cine sin prejuicios se encontrará con una película entretenida, dramática y muy bien contada e interpretada, sobre un hombre obligado a aceptar la verdad sobre sí mismo. Y puede que haya películas mejores sobre el mismo tema, pero difícilmente las habrá mejor narradas. Esperemos que le sirva a Robert Zemeckis para dar un paso al frente en su carrera y dejar las películas animadas para quien realmente las sabe hacer.

Jesús Usero.

Opiniones del público a cargo de nuestro redactor Víctor Blanco.

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Encontrar La Deuda en la cartelera actual supone una sorpresa y un alivio. Por un lado es sorprendente que una película que lleva un año dando vueltas por el mundo a su paso por festivales y tras su estreno en varios países, llegue al fin a las carteleras de todo el mundo, no sólo la española, porque en USA se estrenó la semana pasada. Y digo que es una sorpresa porque llegados a este punto todo el mundo pensaba que la película acabaría siendo un estreno limitado o directo al DVD con poca repercusión mediática pese a su excelente reparto y su inteligente trama. Pero sobre todo es un alivio ver lo bien que ha reaccionado el público americano a su estreno. Eso quiere decir que aún hay gente interesada en este tipo de películas, lo que siempre deja espacio para que otras vengan tras ella.

Lo que está claro es que La Deuda es una película de esas que no suelen aparecer muy a menudo en nuestra cartelera, con un tono mucho más maduro y adulto, sin excesos ni explosiones por doquier. Tiene sus escenas de acción, pero centra casi todo su peso dramático en los personajes y las acciones que deben acometer. En las dudas y las deudas que adquieren. No suele dejarse llevar por escenas de pirotecnia visual vacías, sino en un auténtico thriller de estilo muy particular pero claramente reconocible. Un tipo de cine que, como decía, ya no se ve tan a menudo.

La historia gira en torno a tres personas que a finales de los 90 son consideradas héroes en Israel, debido a una complicada misión que llevaron a cabo 30 años antes, cuando se infiltraron en la Alemania del Este para capturar a un criminal de guerra nazi que vivía allí. Las consecuencias de sus actos y lo que ellos pensaban que era una misión exitosa se convierten en nuestros días en una historia en la que nada es lo que parece y en la que los fantasmas regresan para reclamar lo que se les debe.

Hay un aire en la película que la aleja de las típicas producciones de Hollywood. Por un lado es un producto de capital americano pero conuna base creativa intrínsecamente británica, lo que hace que a todos los niveles, sea algo distinto a lo que acostumbramos a ver. Más áspero y más sereno a la hora de ser narrado. Más interesante que la mayoría de películas de suspense netamente americanas a la hora de desarrollar su guión. Los principales culpables, los guionistas, entre los que se encuentran el director y productor Matthew Vaughn (Kick Ass), y Jane Goldman, su socia habitual.

Pero sería injusto no hablar de la excelente labor que hace John Madden, un director con cierto prestigio pero que habitualmente suele hacer películas más bien blanditas y carentes de garra. Shakespeare enamorado o La Mandolina del Capitán Corelli son buenos ejemplos. Aquí el hombre parece haberse empapado de los thrillers políticos de los años 70 para hacer un producto mucho más duro de lo que suele hacer. La brillante escena de acción del secuestro serviría como ejemplo perfecto de cómo crear tensión sin que sucedan demasiadas cosas ni la acción se desborde.

Aunque no es un trabajo perfecto. Durante gran parte del metraje uno se plantea por qué no ha tomado y la ha contado de forma paralela, no tan lineal. Hay un enorme tramo de película en el que uno echa de menos a Helen Mirren y Tom Wilkinson y su ausencia hace que la historia no sea perfecta y deambule unos minutos. Es una decisión comprensible y que se acopla perfectamente a la película, pero uno se pregunta si de la otra forma no habría resultado una película incluso mejor.

También es cierto que hay un ave que planea continuamente sobre las imágenes de La Deuda, y es sin duda la película Munich, una de las mejores de la carrera de Spielberg (no me cansaré de repetirlo). Aunque ambientadas en décadas distintas, es innegable que la sombra de aquella se posa continuamente sobre ésta, no sólo en una temática similar, sino también en el tono, la forma en que lo enfoca el guión y la historia cargada de tristeza. Son dos películas hermanas, en muchos sentidos e incluso comparten la presencia de un pedazo de actor como es Ciaran Hinds, aunque en esta aparece menos de lo deseado.

Lo que me lleva a un reparto que te lleva a lo largo y ancho del metraje con unas maravillosas interpretaciones, tanto los jóvenes, con Jessica Chastain y Sam Worthington a la cabeza (Marton Csokas anda algo más revolucionado, pero su personaje lo exige), como los adultos, donde una maravillosa (¿cuándo no lo está?) Helen Mirren nos traslada todo ese miedo, esa tristeza, esa felicidad nunca vivida del todo que experimenta su personaje. Su ausencia durante gran parte del metraje es lo que más se echa en falta en La Deuda, porque ella es, a fin de cuentas, el motor de una película que llena porque tiene unos personajes con algo que contar. Y con un pasado del que todos se enorgullecen menos ellos.

La película tiene varios giros dramáticos que la hacen más interesante, y tiene el suspense perfectamente dosificado hasta llevarnos a su inesperado desenlace, pero ante todo lo que permanece es ese aire de tristeza, de profunda melancolía, de lo peor de lo que es capaz el ser humano aspirando a un mundo mejor. O a una venganza. Toda la etapa del cautiverio transmite muy bien esa sensación.

Uno sale de La Deuda con la sensación de haber visto una muy buena película. No perfecta, pero sin duda muy buena. Siempre que uno sepa lo que va a ver al cine. Si esperamos tiros, explosiones y escenas de acción por doquier, nos decepcionará seguro. Pero si buscamos una de suspense a la antigua usanza, nos llevaremos una muy grata sorpresa.

Y seguramente nos quedarán ganas de repetir la experiencia.

Jesús Usero

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